marzo 31, 2009

"Ritmos negros del Perú..." - reseña



Ritmos negros del Perú: reconstruyendo la herencia musical africana
Heidi Carolyn Feldman
Lima: Instituto de Etnomusicología (PUCP) : Instituto de Estudios Peruanos (IEP), 2009, 343 p. il.
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Pocos trabajos orgánicos con enfoque científico, se han hecho sobre la música popular de la población afrodescendiete en el Perú. Este es uno de ellos, desde la etnomusicología. Se publicó originalmente en inglés en el 2006 (Wesleyan University Press), con el título "Black Rhythms of Peru: Reviving African Musical Heritage in the Black Pacific" parafraseando los versos iniciales de la famosa décima de Nicomedes Santa Cruz.


La autora elabora y sustenta la siguiente hipótesis:

Existen comunidades diaspóricas de origen africano ubicadas a lo largo del Pacífico Negro, en situación de mayor dispersión y marginación histórica con relación a las que están en el Atlántico Negro. El concepto de Pacifico Negro lo deriva del trabajo del Paul Gilroy, "The Black Atlantic" (1993). Tanto el Pacífico Negro como el Atlántico Negro, son entendidos como espacios de la memoria de la diáspora africana.

En el Pacífico Negro, y específicamente en el Perú, su zona de investigación, Feldman observa la gestación, evolución, ocaso y/o permanencia de diferentes proyectos de la memoria afroperuana, sucesivos a partir de los años de 1950. De su análisis de estos proyectos, concluye que, en su búsqueda de recuperación de una memoria histórica perdida debido a que fue sistemáticamente despreciada e invisibilizada por el orden establecido, las comunidades diaspóricas del Pacífico Negro (peruanas) recrearon y reinventaron un repertorio folklórico en base a fragmentos sobrevivientes de su propia memoria y a préstamos y adaptaciones de elementos de las culturas del Atlántico Negro, principalmente afrocuabanas y afrobrasileñas. Esto convertiría al Pacífico Negro en una zona periférica respecto al Atlántico Negro. Al mismo tiempo que buscó estos referentes de "refuerzo" en "el otro lado", la conciencia diaspórica afroperuana valoró y procuró afianzar sus referentes con la cultura criolla costeña (específicamente, limeña), pero sin confundirse con ella. La autora llama a esto último, una doble conciencia afroperuana.

Los proyectos de la memoria gestados desde mediados de la década de 1950, que identifica claramente y que ocupan cada capítulo de su libro, son:

1. La nostalgia criolla de José Durand: Describe cómo un intelectual blanco criollo como José Durand (especialista en literatura hispana colonial, amante de los libros raros, acucioso garcilacista, y gran conocedor de la música popular costeña) fundó la Compañía Pancho Fierro en 1956 con el fin de rescatar y reconstruir la música y las danzas negras tradicionales que habían sido prácticamente olvidadas o absorbidas dentro de la música criolla. Al llevar al escenario danzas y canciones reconstruidas en base a fragmentos de la memoria y a los arreglos que crearon los principales artistas negros que convocó (su principal consultor, fue Porfirio Vásquez, considerado como el que recreó el festejo), generando por primera vez su celebración pública, sentó las bases iniciales para lo que Feldman llama el renacimiento de la diáspora afroperuana. Esta revaloración inédita de las expresiones culturales afroperuanas por parte de la sociedad blanco-mestiza criolla, se debió en buena medida a la amenaza que sentía ante la creciente migración que estaba andinizando la ciudad. Los bailes y danzas exploraban una memoria histórica de esclavitud -reforzando estereotipos raciales- y no precisamente una tradición de cultura viva y cambiante que afianzase una conciencia afroperuana. El espectáculo era apreciado por la sociedad blanca-mestiza criolla, no precisamente por la población afroperuana, por ello, la autora encuentra que esta propuesta estaba imbuida de "la obsesión nostálgica de Durand por la época colonial" (p. 56). De acuerdo al repertorio, más que la época colonial, dicha nostalgia apuntaba al siglo XIX. Entre los géneros rescatados y recreados destacaron el Son de los Diablos y el Festejo. Aparte de Porfirio Vásquez, estuvieron Nicomedes Santa Cruz, Abelardo Vásquez, Caitro Soto, Juan Criado, Ronaldo Campos, Olga Vásquez, entre otros. La Compañía duró sólo dos años, pero sentó un precedente decisivo; en ella se iniciaron las carreras de la mayoría de los principales artistas afroperuanos del renacimiento.

2. Las memorias ancestrales de Victoria Santa Cruz y el proyecto Cumanana: El proyecto Cumanana fue iniciado en 1959 por Victoria y su hermano Nicomedes. Era un proyecto de teatro, música, danza y poesía, con base en la investigación y recreación del folklor afroperuano. Por primera vez en la historia, artistas afroperuanos diseñaban y dirigían un proyecto cultural para reivindicar la presencia y el aporte africano en el Perú. "Mientras Victoria desarrolló un método basado en el ritmo y la memoria ancestral, Nicomedes se involucró en la investigación bibliográfica, la recolección etnográfica del folklore y los estudios literarios. Ella se volvió famosa por sus puestas en escena y su coreografía, mientras que él fue más conocido como poeta y músico (aunque Victoria también compuso música y poesía)" (p. 64). Al poco tiempo, la asociación entre hermanos se disolvió. Victoria puso en escena Zanahari (1960) y Malató (1961) con mucho éxito, obras en las que reconstruyó prácticas religiosas derivadas de África (con información que Porfirio Vásquez le dio), que despertaron lo que Feldman llama la conciencia diaspórica, el orgullo racial de los miembros de su Compañía. Después de Malató, Victoria recibió una beca para estudiar teatro y coreografía en París. Enriquecida con sus experiencias en Europa y África, regresó al Perú en 1966, para formar la compañía Teatro y Danzas Negras del Perú. En ella aplicó su técnica del ritmo y la memoria ancestral, cosechando más éxitos en presentaciones en el país y el extranjero. En 1969 fue nombrada Directora de la Escuela Nacional de Folklore y en 1973 se le dio la dirección del Conjunto Nacional de Folklore, con el cual hizo exitosas presentaciones en el extranjero. El segundo gobierno militar terminó en 1980 y con ello el apoyo al folklore. En 1982, Victoria dejó su puesto para enseñar teatro en la Universidad Carnegie-Mellon de Pittsburgh, donde se quedó hasta 1999. Regresó al Perú donde vive un relativo retiro hasta hoy. Su aporte más perdurable ha sido la recreación de danzas afroperuanas olvidadas, especialmente el landó (junto a su hermano Nicomedes) y la zamacueca, así como el despertar de la conciencia del ancestro africano en la diáspora afroperuana mediante sus técnicas del ritmo y la memoria ancestral.

3. La negritud peruana de Nicomedes Santa Cruz: Este artista es la mayor voz literaria de la negritud peruana. Aparte de poeta decimista, tiene un importante rol fundante en el renacimiento de la música afroperuana (como recopilador, arreglista, compositor y productor discográfico). Si bien en sus inicios tuvo una orientación predominantemente africanista (inserta en el movimiento internacional de la negritude postcolonialista), con el tiempo fue madurando hacia un pensamiento más intercultural e integrador. Procuró demostrar los orígenes africanos de las tradiciones criollas y afroperuanas, tomando prestadas algunas hipótesis de investigaciones sobre el legado afrocubano y afrobrasileño. Su primer viaje al Brasil en 1963 lo impactó, porque vio que la fuerza vital del aporte africano a la constitución de la nación era reconocida y celebrada (evidentemente, no ahondó en las profundas estructuras de dominación y excusión racial que han imperado y siguen imperando en Brasil). A su retorno del Brasil en 1964, grabó el doble LP Cumanana, prolijamente descrito e ilustrado en un folleto de más de 100 páginas, con una completa compilación de los géneros revividos hasta entonces. Un hito discográfico de la memoria musical afroperuana, que se distribuyó en 71 países y se reeditó en 1965, 1970 y 1994 (en CD). En una de sus teorías más polémicas (inserta en el folleto del disco), sostuvo que el lundú era un baile de pareja africano que había dado origen al olvidado landó afroperuano, el antecesor de la zamacueca, y ésta a su vez de la marinera. Sostuvo incluso, que el lundú africano había dado origen desde los siglos XV y XVI, a más de 50 bailes de pareja de Portugal, España y las Américas (p. 119). De acuerdo a la visita que hizo Feldman a la Biblioteca de Nicomedes en Madrid, los escritores brasileños Edison Carneiro y Luis da Cámara, que escribieron sobre el lundú brasileño colonial (de supuesto origen congo-angoleño), ejercieron mucha influencia en su teoría. Aunque ésta no prosperó mucho, sí quedó la idea más o menos aceptada de que el landó dio origen a todas las músicas y danzas negras del Perú (más allá de que ello se haya demostrado fehacientemente). En esta línea, el landó recuperado más emblemático del LP Cumanana, es "Samba Malató", para el cual Vicente Vásquez creó un acompañamiento de guitarra que ha quedado canonizado. Este tema se quiso "africanizar" con voces sin significado claro, lo que posteriormente Nicomedes rectificó como un error, pero igual, siguen siendo incluidas en muchas interpretaciones hasta hoy. Ante la comercialización burda que crecía en el folklor afroperuano, Nicomedes y su conjunto Cumanana grabaron el LP Socabón en 1975, documentando la manera correcta de tocar e interpretar los géneros, dando además, especial espacio a la marinera limeña. Poco después grabó Los reyes del festejo, dedicado a Porfirio Vásquez, a fin de afianzar un canon de interpretación "auténtica" del festejo. A su regreso en 1974 de un viaje a Senegal, comienza a distanciarse de la revolución militar, y se dedica a hacer frecuentes viajes internacionales. Va perdiendo audiencia en su patria hasta que en 1980 se va á a residir a España con su familia. Allí se dedicó a la radio, dio seminarios, conferencias, entrevistas, escribió artículos y terminó su libro sobre la décima peruana (1982). En 1990 la embajada del Perú lo condecoró por servicios distinguidos. Murió en 1992. El archivo "Nicomedes Santa Cruz", está albergado en La Casa de América de Madrid.

4. La estilización y canonización del folklore negro por parte de Perú Negro: Este es el proyecto de la memoria más exitoso y longevo. Se fundó a inicios de 1969 con Orlando "Lalo" Izquierdo, Víctor Padilla, Rodolfo Arteaga, y Ronaldo Campos a la cabeza, y sigue vigente hasta hoy. En su primera etapa recibió el apoyo del gobierno de Velasco Alvarado, interesado en fomentar la cultura nacional frente al imperialismo cultural norteamericano y europeo. De acuerdo a Feldman, Perú Negro estilizó y canonizó los géneros recreados en el renacimiento, reforzando tanto su carácter nacional como su "africanidad". A esto lo considera una "neofolklorización" fijada en lo premoderno, que el gobierno militar oponía a las modas de músicas y bailes extranjeros (p. 156). A los pocos meses de fundado, por recomendación de Chabuca Granda, Perú Negro es invitado al Festival Iberoamericano de la Danza y la Canción en Buenos Aires. Allí, con asesoría del poeta César Calvo, presentaron el espectáculo La tierra se hizo nuestra con el que ganaron de manera categórica. Gracias a ello, iniciaron una etapa de consolidación y reconocimiento tanto a nivel nacional como internacional. Perú Negro sumó al legado de las etapas anteriores del renacimiento, un consciente trabajo de recopilación de la memoria de sus mayores (principalmente las hermanas Lucila y Benedicta Colina, madres de Ronaldo Campos y Caitro Soto respectivamente) y en general, de pobladores rurales de El Carmen y El Guayabo (en Chincha). Como resultado, produjeron dos innovaciones que han quedado canonizadas hasta hoy: el sonido y la coreografía. El sonido lo "africanizaron" más dando particular protagonismo al cajón, seguido de otros instrumentos de percusión de origen afrocubano (bongó, congas, cencerro) que habían llegado en los años 60 a los proyectos de Victoria y Nicomedes Santa Cruz, de la mano del músico cubano Guillermo "El Niño" Nicasio Regueira. Su hijo Guillermo Macario Nicasio afianzó este aporte como miembro de Perú Negro. Por su parte, Ronaldo Campos creó los patrones de cajón para cada género, que fué madurando desde su participación en los grupos de los hermanos Santa Cruz. Se trataba de una percusión africanizada, que al mismo tiempo mantenía firmes sus vínculos con los patrones de la música criolla (la "doble conciencia" de la que habla Feldman). En la coreografía estilizaron y dieron mayor protagonismo a las performances de danza teatralizada, recogiendo de las técnicas de la "memoria ancestral" de Doña Victoria. Con la partida a inicios de los 80 de los hermanos Santa Cruz, Perú Negro quedó como el proyecto de memoria afroperuana dominante hasta el día de hoy, más allá de las observaciones que se le han hecho: Que fija la memoria afroperuana sólo en el pasado, "limitados a presentar en el escenario la parte de sus ancestros premodernos esclavizados" (p. 201), que está más orientado a una audiencia blanca criolla y extranjera, y que la mayor parte de las innovaciones hechas por los fundadores en los años 70, han permanecido casi iguales hasta hoy, mas allá de los recientes esfuerzos creativos de Rony Campos, hijo y sucesor de Don Ronaldo. Al mismo tiempo sin embargo, sus recreaciones han dado forma a una memoria histórica que fué casi destruida por la narrativa histórica oficial; llenar ese vacío es de todas maneras, para muchos/as, un acto de reivindicación.

5. La leyenda de Chincha como cuna del folklor negro: Feldman ubica la construcción de esta leyenda en "la confluencia de dos proyectos: el despertar de la comunidad diaspórica en el Perú y el proceso de construcción de un enclave de la industria del turismo cultural [afroperuano]" (p. 208). Porqué Chincha, si existieron otras muchas poblaciones negras que conservaron (aunque sea fragmentariamente) sus tradiciones. Simplemente hubo un efecto acumulativo: La mayor parte de los exponentes de la Compañía Pancho Fierro y de Perú Negro provenían de Chincha, los grupos de Cumanana acudieron allí para recolectar información, y ya en los 80's, Miki Gonzáles impulsó con éxito sus proyectos de rock desde allí (con la familia de Amador Ballumbrosio en El Carmen, más específicamente). Como sea que Chincha era el origen de la mayoría de las expresiones reinventadas y escenificadas por el renacimiento, esta relativa sobre-exposición pública la hizo icono incontestable de las más "auténticas" tradiciones afroperuanas, relegando a otras zonas importantes del legado afroperuano como Aucallama (tierra de Porfirio Vásquez, en Huaral-Lima), Zaña (Lambayeque), Yapatera (Piura), Acarí (Caravelí-Arequipa), Locumba (Tacna), etc. Sólo Cañete, le disputa seriamente a Chincha el título de "cuna" de la música negra. Feldamn toma el concepto autenticidad escenificada de Dean MacCannell (The Tourist: A new theory of the leisure class, 1976) para describir cómo es que en Chincha se ha trabajado una "auténtica" cultura negra orientada al turismo, que no reditúa en un desarrollo real para los pobladores. Un ejemplo de ello se ve con nitidez en la Hacienda San José (S. XVII), convertida en un oasis de confort para el turista, en medio de la pobreza de los pobladores; "muchos residentes del vecindario trabajan para la hacienda en una relación de poder que no dista mucho de aquella de la esclavitud" (p. 221). Las fiestas principales son el Carnaval Negro, y la Navidad Negra, que conservan tradiciones verdaderas (la Yunza en el primer caso, los Atajos de Negritos y las Pallas en el segundo), pero que acusan en mayor o menor medida, prácticas de autenticidad escenificada e "hibridez" entre lo premoderno y lo moderno. Feldman observa la paradoja de que sean los propios pobladores de Chincha, conscientes de los posibles beneficios del turismo, quienes adoptan las recreaciones e invenciones del renacimiento urbano para escenificarlas como expresiones de la "auténtica" tradición negra local (es el caso del festejo por ejemplo, una reinvención de Porfirio Vásquez, natural de Aucallama). Más allá de las fiestas principales, la vida en Chincha no se diferencia mucho de otras poblaciones rurales marcadas por los efectos desestructurantes de la globalización, tanto en los hábitos de consumo como en los gustos musicales (cumbia, rock, salsa, etc.) y en la realidad de la translocalización de sus habitantes.

6. Lo cosmopolita de la identidad negra. Susana Baca como principal exponente: En este último capítulo, la autora corrobora algo reiterativo en el resurgimiento afroperuano: la existencia de outsiders no negros que operan como "descubridores" de las esencias de la cultura afroperuana. José Durand para el caso de la Compañía Pancho Fierro, Chabuca Granda y César Calvo (temporalmente, en los inicios) para el caso de Perú Negro, Miki Gonzáles para el caso de la familia Ballubrosio, y ahora, David Byrne para el caso de Susana Baca. El "descubrimiento" se dio por cosas del destino, Byrne estaba en Nueva York, matriculado en un taller de música latinoamericana dirigido por Bernardo Palombo. Se le pidió traducir la letra de una canción titulada María landó, que Susana Baca grabó en 1980. Inmediatamente cautivado, se dedicó a indagar más sobre esta música que hasta entonces desconocía, y al poco tiempo decidió grabar una compilación de música afroperuana con su sello Luaka Bop. Susana Baca ya tenía una larga trayectoria artística en el Perú, pero no era valorada y reconocida, por ser negra y no acoplarse a los cánones folklóricos de lo afroperuano; ya antes de conocer a Byrne, "...los años de ir labrándose su propio camino habían hecho de ella una artista madura, encaminada, con una visión cosmopolita de la música afroperuana, que solo podía 'vender' fuera del Perú" (p. 272). En 1995, Luaka Bop liberó el CD "The soul of Black Perú", en la tapa, Byrne explicita que fue Susana Baca la inspiradora de ese álbum, lo que explica el hecho de que sólo ella hubiera visto catapultada su carrera a nivel internacional, en relación a los otros artistas incluidos en la compilación. Entre 1997 y 2002, ella ha sacado otros 3 discos con Luaka Bop, al tiempo que ha realizado frecuentes giras internacionales por el mundo. Permanece más tiempo en el extranjero que en el Perú, y es más conocida y reconocida allá que acá. Paradójicamente, no siendo tan reconocida en su país, es la única artista que representa "lo afroperuano" ante el vasto auditorio internacional de la World Music. Si bien Perú Negro hace giras internacionales frecuentes, en su caso se da la paradoja que sus audiencias en el extranjero suelen ser en amplio porcentaje, de origen peruano, mientras en el Perú son los turistas extranjeros y la elite criolla. Ella cuida las letras de sus canciones (muchas veces, poemas musicalizados) y el modo de interpretarlas; ha manifestado su deseo de no ser encasillada como una artista afroperuana de la World Music, sino como una artista nacida en el Perú con una individualidad en si misma que procura enriquecer sus propuestas musicales. Hoy es la artista [afro]peruana, más cosmopolita que hay, sino la única.
Luego Feldman trata brevemente sobre la identidad entre los residentes peruanos en Estados Unidos, cuya nostalgia los hace llevar desde el Perú a artistas que reinscriben incesantemente el canon estilizado de Perú Negro, y sobre algunos artistas afroperuanos que tratan de abrirse paso allá, principalmente Eva Ayllón. Para cerrar, menciona la experiencia del Teatro del Milenio, que toma mucho de las enseñanzas de la "memoria ancestral" de Victoria Santa Cruz, siendo un ejemplo de ello, la recuperación de la marimba en su obra "Karibú".

De este brevísimo recuento de lectura, surgen algunas cuestiones sueltas e incompletas:

- La idea de un Pacífico Negro en el que la diáspora africana comparte rasgos comunes necesita corroborarse con estudios similares en Bolivia, Chile, Ecuador, Colombia, Centro y Norteamérica. Precisamente porque las dispersiones e intermediaciones fueron mayores, sería menos previsible que en el caso del Atlántico Negro. De corroborarse, pueden surgir nuevos planteamientos acerca de las "periferias", acaso existan "periferias de las periferias".

- Hay países como Colombia, México y otros de Centroamérica que son bioceánicos, cuyas poblaciones afrodescendientes seguramente presentan dinámicas internas (y externas) específicas.

- El "proyecto de memoria" afroperuano canonizado desde mediados del siglo XX no abarca toda la cultura afroperuana existente. Como ya está mencionado, existen zonas donde la herencia afroperuana presenta peculiares características poco conocidas, como es el caso de la población de la costa norte (Piura, Lambayeque y Trujillo principalmente) y de la costa sur (Arequipa, Moquegua y Tacna, principalmente).  Otro aspecto a considerar es el de la vasta impronta del imaginario afro en el espacio andino.

- Pensaba en una mayor incursión en el rol que tuvieron los hermanos Augusto y Elías Ascuez y Manuel Quintana Olivares ("El Canario Negro") para la conservación de la herencia criolla de raíz africana. Ellos, siendo valiosos portadores de la memoria afroperuana, se sintieron e identificaron como criollos. Son un ejemplo de cómo la invisibilización de lo afroperuano pasó por una absorción de su legado dentro la música criolla.

- Andrés Soto es un compositor que ha aportado significativamente a la innovación de la música [afro]peruana, tanto en las letras (poéticas) como en la música; precisamente por su marcada individualidad creativa, profundamente humanista, inconforme, romántica también, no encaja en ningun "proyecto de la memoria" reseñado. Sin embargo debe estar, está, en la memoria sonora [afro]peruana.

- Algo que ya han recalcado algunos autores (como Javier León) es que hay danzas afroperuanas que tenían-tienen influencia andina-mestiza. El Son de los Diablos se acompañaba con arpa en el siglo XIX pero la Compañía Pancho Fierro no la "revivió". Actualmente se sigue practicando la Yunza de carnaval, así como el Atajo de Negritos y las Pallas en Navidad (Chincha). Al parecer, en busca de la recuperación de una memoria ancestral se ha procurado africanizar antes de identificar y resaltar los aportes andinos a la cultura afroperuana, sobretodo en los casos de "escenificación de autenticidad". Salvo el Son de los Diablos, las otras 3 danzas mencionadas (que siguen siendo parte de la cultura viva en Chincha) no suelen ser incluidas en el repertorio de los elencos folklóricos.

- La autora sitúa su trabajo, dentro de una secuencia de estudios que se complementan: The musical traditions of the blacks of coastal Perú de William Tompkins (Los Angeles : Univ, de California, 1981), su trabajo, y The aestheticization of tradiction: Professional afroperuvian musicians, cultural reclamations and artistic interpretations de Javier León (Austin : Univ. de Texas, 2003). Las tres son tesis doctorales. Tenemos en el Perú sólo la traducción al español de una de ellas (el libro aquí reseñado). Sería necesario e impostergable viabilizar la traducción y publicación de las otras dos, o mínimamente, contar con ejemplares en inglés en algunas bibliotecas locales.
//marcela cornejo



Actualización (20 ago. 2014)

En el 2011 el trabajo de Tompkins fué traducido y publicado.  Los datos completos son:

Tompkins, William David;  Raquel González Paraíso y Juan Luis Dammert (traductores)
2011    Las tradiciones musicales de los negros de la costa del Perú.  Lima :  PUCP : CEMDUC;  UNMSM : CUF,  299 p. 




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Video



"Black and woman"
Realización: Odin Teatret (1978)
Eugenio Barba entrevista a Victoria Santa Cruz

subido por karabana70



parte 2

parte 3



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marzo 20, 2009

"Morir en primavera"


Fuente:
Enrique Pinilla. Hombre y artista
Edgar Valcárcel Arze (ed.)
Lima : Universidad de Lima, 1999, pp. 85-90
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Morir en primavera(*)
Armando Robles Godoy


Nunca lo llamé Paco. Para mí siempre fue, y es, Enrique. Hay personas y nombres que se hacen más de la familia que casi todos los parientes, por cercanos que sean; y en mi casa, Enrique siempre fue un prójimo, en el verdadero sentido de la palabra, es decir, un próximo, un semejante, no en la amplitud impersonal, supuestamente cristiana, sino en la exclusividad esotérica del amor.

Cuando recién nos conocimos, hace muchos años, es decir, cuando todavía era solamente Pinilla, descubrí que tenía lo que los limeños llamamos un "mal lejos". Producía la impresión de ser una persona desdeñosa, indiferente y seca. Además, era tartamudo, de aquellos que se demoran un siglo en comenzar o completar una oración. Una noche, en el cine, se sentó delante de nosotros, y en voz muy baja le advertí a Ada, mi mujer, que no fuera a reírse si trataba de hablarnos. A los pocos minutos me vio y le presenté a Ada, que apenas se enfrentó con la tartamudez de Enrique, soltó una carcajada incontenible. Y entonces, Enrique se sonrió; y comencé a conocerlo. Y a quererlo. Pero, sobre todo, a respetarlo.

Muchas veces nos encontramos en el cine, al que amaba igual que yo. A veces, a la salida, comprobábamos brevemente que no coincidíamos acerca del filme que acabábamos de ver, y otras sí, pero siempre coincidimos en que la cinematografía era el lenguaje y el arte más completo y hermoso creado por el ser humano. Él era originalmente músico; yo, escritor. Y ambos, sin desertar del campo nativo, habíamos descubierto que pasar por la vida sin intentar una entrega incondicional y profunda a la belleza mágica del cine era una estupidez. Aun ante la terrible posibilidad del fracaso, seguía siendo una estupidez. Al fin y al cabo, éxito y fracaso son dimensiones relativas, que no limitan ni enturbian las maravillas de la búsqueda.

Un día me preguntó a boca de jarro: "¿Tú eres genio? Porque yo no lo soy". La pregunta, por supuesto, carecía de sentido; pero lo que había de genial en la frase, tartamudeada con gracia, era la evidencia clarísima de que tanto la posibilidad de mi genialidad como la afirmación de su no genialidad le importaban un pito, y constituían las dos caras de una misma imbecilidad. Junto a Enrique se sentía su indiferencia ante las payasadas que convencionalmente se llaman vida, y su interés, casi siempre solitario por algo que estaba debajo de todo, invisible e inaudible, pero que era la esencia de la vida. Por eso, su lógica parecía a veces exasperantemente ilógica.

En una época fue asesor de la Coproci, ese organismo lamentable que ha ejecutado y ejecuta lamentablemente la ley de fomento de nuestra cinematografía. Recuerdo que le pregunté cómo podía desempeñar semejante cargo, y su respuesta fue implacable: "porque me dan pase libre para los cines".

Y en otra ocasión, cuando yo había presentado un cortometraje sobre la música en el cine para su calificación coprócica, en el que había un pasaje con un aria de Aída, me llamó para darme la noticia de que había sido aprobado, pero que él había opinado desfavorablemente. "¿Por qué?", le pregunté. "Porque no me gusta Verdi", fue también su impecable respuesta.


No recuerdo por qué lo busqué cuando iba a comenzar la filmación de mi primer largometraje, Ganarás el pan. Sabía quién era, por supuesto, y me gustaba su música, pero no lo conocía personalmente; y para mí la música en el cine es mucho más importante que el diálogo, y de mi relación con el compositor depende todo, o casi todo. Seleccionar actores es un entretenimiento al lado de esto.

Fue así como comenzó nuestra amistad; muy lentamente, pero muy profundamente; tan lenta y profundamente que cuando murió el 22 de septiembre, a las tres de la tarde, "sin llegar a la primavera", como me lo anunció unos días antes, no pude evitar la sorpresa ante el hecho de que, por quinta vez en mi vida, estaba llorando por la muerte de alguien.

Toda mi filmografía, con excepción de Sonata soledad y de algunos cortos, ha sido musicalizada por Enrique Pinilla. La música que compuso para Ganarás el pan, que es desde luego muy superior a la película, tiene pasajes de una belleza muy especial, en los que supo conjugar el romanticismo más desvergonzado con su estilo moderno, lleno de disonancias y percusiones sorprendentes. Descubrí entonces que trabajar en ése o en cualquier proyecto, por ajeno que fuera a su sensibilidad o a sus aspiraciones musicales, era solamente un catalizador que lo impulsaba hacia su propia creatividad.

En la selva no hay estrellas creo que fue la película en la que trabajó con más gusto. Salvo por el Himno al Sol, de mi padre, en la secuencia de los títulos, y un pequeño motivo de Bach, todo el resto, que era mucho, estaba compuesto fundamentalmente por diversas percusiones, que era el campo donde se movía con más comodidad y placer. Compuso y luego dirigió su grabación en Buenos Aires, largas horas de percusiones dramáticas, románticas y hasta cómicas, muchas de las cuales son excepcionales, y todas, por lo menos, excelentes.

La muralla verde fue, para él y para mí (creo que para todos), un trabajo agotador. La música (más de diez horas grabadas en limpio) estaba formada por un motivo de Bach, uno de Mendelssohn, con variaciones e instrumentaciones diversas, e infinidad de motivos y percusiones originales. Cuando terminó la grabación, que también dirigió en Buenos Aires con instrumentistas seleccionados por él mismo, se sentía tan feliz y tan preocupado como me sentí yo, meses más tarde, cuando pude ver la primera copia de la película.

Espejismo fue, según él, la película mejor sonorizada en la que trabajó. Quedó feliz con todo, y las instrumentaciones que realizó con los motivos de mi padre, que constituyen la mayor parte de la música del filme, realzan enormemente la belleza original de las composiciones y, en algunos pasajes, les prestan una majestuosidad realmente asombrosa. A pesar de lo cual siempre insistió en que él no era un buen arreglista. Más adelante, sin embargo, volvió a demostrar lo contrario.

Trabajamos juntos en varios proyectos menores: unos cortos y un programa radial llamado El cóndor pasa, sobre la vida y la obra de Daniel Alomía Robles; y luego, en 1975, le pedí que se encargara de la musicalización de un proyecto sumamente ambicioso: nada menos que una telenovela de 100 capítulos de una hora, que escribí y que debía dirigir en Bogotá. Hasta allá se fue, y vivimos juntos, en familia, durante más de un mes, durante el cual pasamos largas horas ante el piano y luego en las cámaras de grabación, dando forma a una increíble cantidad de música que había compuesto o arreglado, en un verdadero alarde de inspiración y dominio de la técnica. Compuso hasta valses y marineras, con letra de su esposa, Rafaela, quien demostró una capacidad asombrosa para escribir versos para valses y marineras con una facilidad y rapidez que hasta el propio Enrique quedó atónito. Y eran versos muy lindos.

Pasaron los años y esa amistad lenta se fue convirtiendo en algo natural, que se daba por sentado. En mi casa, decir "Enrique" era referirnos a él, y sólo era necesario el apellido cuando se trataba de otro Enrique. Nos encontrábamos pocas veces, sobre todo en el cine, hasta que hizo su aparición milagrosa otro proyecto, que nos iba a juntar por última vez.

El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Concytec), ese fenómeno cultural del oficialismo peruano, tan bueno que resultaba muy difícil aceptar que fuera real, financió la publicación de la obra musical y folclórica de mi padre, dormida desde su muerte, en 1942 (**). La primera persona a quien llamé fue, naturalmente, Enrique. Le pedí que me asesorara musicalmente y que dirigiera las grabaciones que contendría la publicación. Aceptó, pero -contra su costumbre-me pidió algo: escribir, él, el prólogo de la publicación. La idea me pareció excelente y nos pusimos a trabajar.

Otra vez surgió la magia intensa de la colaboración en una tarea que se ama. Ordenamos los innumerables manuscritos de Alomía Robles, y poco a poco, mes tras mes, fueron despertando los centenares de melodías del folklore peruano, y otros centenares de composiciones de mi padre. Sentado ante el piano, al lado de Enrique, como mucho antes lo había hecho junto a mi padre, volvía a escuchar ese caudal inagotable de música peruana, en una especie de flash back, que nos llenaba a ambos de una profunda emoción. Enrique tocaba muy mal el piano, igual que mi padre, lo que hacía que este viaje al pasado fuera demasiado perfecto; y, como el autor de El cóndor pasa, se entusiasmaba cada vez que descubría una melodía, una armonía, una variación o una búsqueda de una extraña calidad. Aunque, como en este caso, fueran de otro autor. Porque, y esto constituía una de las características más hermosas de Enrique, amaba la música peruana; no a los músicos, sino a la música, venga de quien viniere.

Recuerdo su figura grande y algo pesada, cargando una grabadora monumental que funcionaba sabe Dios cómo, yendo de concierto en concierto y grabando todas las composiciones nacionales que podía, para formar un archivo de nuestra música. Él fue quien me contó que, mucho antes, Radio Nacional había grabado todos los conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional, pero que luego había borrado las cintas para grabar los discursos de Velasco.

Esta anécdota miserable, que al parecer le divertía mucho -porque sintetizaba a la perfección la triste cultura de postrado que caracteriza, en el mejor de los casos, a todos nuestros gobiernos-, era la que lo había impulsado a esforzarse porque nuestra música no se perdiera. Y precisamente en eso trabajaba cuando murió.

Hasta pocos días antes de su muerte se empeñó en bajar de su dormitorio para sentarse en su estudio, ante el piano. Así lo encontraba cuando le llevaba los originales de mi padre, cada vez más triste y silencioso, porque él fue el primero que supo, sin ninguna duda, que estaba muriendo.

Un día me hizo escuchar el cuarteto que estaba componiendo para dedicarlo a la memoria de mi padre. "Es lo mejor que he compuesto", me dijo, y creo que tenía razón. Lograba amalgamar motivos tradicionales muy breves, que súbitamente derivaban hacia sus formas modernas, propias de su estilo; pero, y he aquí lo extraordinario, conservando un inconfundible sabor peruano.

El último día que estuve con él, por primera vez no quiso trabajar, y hablamos de la muerte. "No tengo miedo de morir -me dijo-, pero detesto la idea del hospital, los tubos y el sufrimiento". Y era cierto. Parecía fastidiado y hasta encolerizado por este fin "que no sé por qué me ha tocado ahora, cuando estoy tan lleno de cosas". Y estaba efectivamente lleno de "cosas". Había conseguido ya la financiación para la edición en España de un libro sobre las relaciones entre las formas musicales y las cinematográficas, quería terminar su trabajo en la publicación y grabación de la obra de mi padre, quería escribir el prólogo, quería ver cine, quería filmar, quería soñar y crear, quería viajar, quería disfrutar de la familia que amaba.

Y cuando nos despedimos, sin saberlo, por última vez, me dijo que estaba preocupado, precisamente, por su familia, que había dejado todo para girar alrededor de él. "Enrique -le dije-, si yo me pongo como estás tú ahora y mi familia no deja todo para girar alrededor mío, los mando a todos a la m...". Por primera vez en muchos días se sonrió; pero la sonrisa de Enrique era muy enigmática y nunca se estaba seguro de si se reía de lo que uno había dicho o si se reía de uno.

Murió en casa, sin hospital, sin tubos y -según me contó Rafaela-tranquilamente. "Y sin llegar a la primavera", como él sabía. Pero al día siguiente, cuando lo acompañamos al cementerio la primavera ya estaba ahí, luminosa, cálida. Y mientras terminaban de lapidar su tumba, una pareja de gorriones que habían anidado en un nicho vecino continuaron volando, yendo y viniendo, terminando el nido. Estoy absolutamente seguro de que Enrique se estaba riendo de la huachafería de aquel bello cuadro de la naturaleza.


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(*) Publicado originalmente en: El Comercio. Suplemento "El Dominical". Lima, 22 de octubre de 1989.
(**) llegaría a publicarse posteriormente: "Himno al Sol : la obra folclórica y musical de Daniel Alomía Robles" (Lima : CONCYTEC, 1990, 3 v., 1528 p. + 7 casetes, il.)




Video


Trailer de "Espejismo" (1972)
Dirección: Armando Robles-Godoy
Musicalización-sonorización: Enrique Pinilla
Producción: Bernardo Batievsky




Enlaces


Daniel Alomía Robles en primera persona
Página de la película "Espejismo"
Concierto, 10 años después
Amistad entre pentagramas - "Cuatro compositores representativos de la generación del 50 celebran más de medio siglo de amistad y música..." [Francisco Pulgar Vidal, César Bolaños, Edgar Valcárcel y Leopoldo La Rosa] - Rev. Variedades, jun. 2008







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marzo 09, 2009

Latidos de la música criolla

En los últimos años se están dando experiencias de rescate de la música criolla, principalmente el vals o valse, un género emblemático puertas afuera, pero que en la actualidad es bastante poco difundido puertas adentro (incomprendido incluso, por cierta intelectualidad), más allá de un repertorio clásico enraizado en la memoria colectiva y posicionado en el mercado nacional e internacional.
Es una revelación constatar, a medida que se vá descubriendo el universo de la música criolla tradicional no comercial, la vasta obra creadora que ha habido en el género, no sólo por la cantidad de composiciones inéditas (anónimas o con autor identificado), sino por el nutrido número de cantores que siguen cultivándolas entre familiares y amigos, en sus barrios, o en esos bastiones del criollismo que son los centros musicales. Muchos temas inéditos persisten en la memoria de estos veteranos cultores, quienes los cantan en estado puro, "con alma, corazón y vida", sin los artefactos y convencionalismos del show bussiness actual (la paradoja es que los productores de este tipo de discos deben apelar a parte de estos recursos para visibilizarlos).
Sólo acercándose a los testimonios vivos de los cultores que siguen en la brega, se puede atisbar la dimensión de lo que significó y sigue significando ser "criollo", en sus muchas virtudes (su estética musical, la mayor parte de su poesía, la improvisación verbal, picaresca y sabrosa, ese señorío que se conserva más allá de las viscisitudes...) y también las que no lo son tanto (en mi parecer, la apología de la jarana y la bohemia interminables). Investigación, documentación y difusión (comercial y no comercial) son tan indisolubles como necesarias en este caso.
//marcela cornejo


1.
Sayariy Producciones es un proyecto iniciado en el 2005 destinado a visibilizar las expresiones artísticas poco conocidas del país. Sus dos primeras empresas ha estado dirigidas a producir dos CDs de música criolla tradicional. En ambos casos se rescatan las interpretaciones de los propios testimoniantes y se procura preservar el estilo original de la música.

"De familia. Pureza de una tradición" (2006)", con dos clanes criollos, los Dávila y los Valdelomar:
  • Abraham Valdelomar Prada y sus hijos José Francisco y Félix Valdelomar Ganoza
  • Máximo Dávila Farfán y sus hijos Julio y Carlos Dávila Farfán

Cajón: Félix y José Francisco Valdelomar -
Castañuelas: Aldo Borjas - Cucharas: Teobaldo Carrillo - Chapitas: Lorenzo ‘Lencho’ Pedraza - Contrabajo: Mariano Liy - Arreglos musicales: Los Dávila y los Valdelomar



"La gran reunión, los guardianes de la música criolla. Renacimiento" (2009), con los testimonios musicales de 19 veteranos cantores criollos:

  • Genaro Falcón Lezama
  • José "Pepe" Villalobos Cavero
  • Abraham Valdelomar Prada
  • Lorenzo "Lecho" Pedraza Zegarra
  • Ernesto Samamé Suda "Sudapiso"
  • Pedro Carlos "Pila" Curay Chávez
  • Víctor Jorge Chumpitaz Zuloaga
  • César Manuel Oliva Díaz "Pescado"
  • David Farfán Mauro
  • Walter Goyburu Fernández
  • Victor Manuel "Manolo" Castillo Vera
  • César Enrique Molina Leturia
  • Ricardo "Chino" Reyes Aponte
  • Carlos Aurelio Melchor Miranda "Carlos Miranda"
  • Francisco "Chiquito" Rodriguez
  • Víctor Arce Salazar "Fatiga"
  • Alberto "Chiquitín" Borjas Izquierdo
  • Manuel Ignacio Quispe Loayza
  • Eduardo Abraham "Yayo" Rodríguez Mercado
Guitarra y Bajo: Willy Terry - Cajón, castañuelas, cajita y güira: Eduardo Abán "Papeo" - Chapitas: Lorenzo "Lencho" Pedraza - Contrabajo: Mariano Liy - Clarinete: Luis Vargas - Arreglos musicales: Willy Terry Sáenz y Fernando Urquiaga Heineberg





2.

Cabe mencionar algunas iniciativas no tan recientes, pero igual de importantes, que han procurado rescatar y difundir el repertorio criollo tradicional: "Ensayos escogidos" de la agrupación De Antaño (de Oscar Pasache), "Persistencia cultural" de la agrupación Evocación Criolla, "Guardia Vieja Guardia Nueva" (vol. 1 y vol. 2) de Mabela Martínez y Susana Roca-Rey. En estas producciones ha participado Renzo Gil, joven guitarrista y cantante dedicado al rescate y difusión de la música criolla. En los años 90, él junto a Carlos Castillo participaron en el movimiento Avanzada Criolla, dirigido por Mario Cavagnaro. Hoy en día forman una buena dupla en eventos y producciones discográficas.

Más recientemente Producciones Eterno Perú, fundado en el 2005, ha lanzado a la fecha dos producciones, de la mano de Gil y Castillo: "Ofrenda Popular- Un siglo de Música Criolla de Lima y Callao" (2007) y Cantando la historia - 1er volumen "La Guardia Vieja" (2008). Actualmente tienen en proceso de grabación el volumen 2 de Ofrenda Popular y el volumen 2 de Cantando la Historia (dedicado a Felipe Pinglo Alva).



Ofrenda popular (2007)



1. La morena Rosa Luz - valse 2. Volvamos a vivir - valse 3. Entre los dos - valse 4. El montubio - valse 5. Óptimo - valse 6. El Oceano - valse 7. Rosas de mi jardín - valse 8. Grata pasión - valse 9. Infeliz - valse 10. Victoria - valse 11. Julia - valse 12. Dulce Agonía - valse 13. Mis ilusiones - valse 14. Amargura - valse 15. Negrita linda - polka 16. Canción del alma - valse 17. Marinera Limeña - tradicional


Cantando la historia (2008)

1. Monterrey (valse) 2. Al caer la tarde 3. Dora 4. Bohemia de luto 5. Voluble 6. Dolores 7. Tranquila está la noche 8. Rizos de oro 9. Callao for ever 10. El abuelito 11. El ferrocarril 12. Alma Latina 13. Ave de Paso

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Video


Comentarios de Marco Aurelio Denegri
Programa "la función de la palabra" (canal 7)


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Links:
SayariyProducciones (canal en youtube)


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marzo 01, 2009

De chirimías y chirisuyas



Músicos quechuas tocando chirimía (chirisuya), tambor (taksa wankara) y flauta de pan (antara) 
[Perú : Reise- und Forschungs-Erlebnisse in dem Lande der Incas.  Ephraim George Squier, 1883]


Un hombre risueño, grueso y de baja estatura, ingresa al escenario dando inicio con su instrumento, a un ritmo característico del Medio Oriente. Un ritmo moderno, de letra frívola seguramente, pero inspirado en siglos, milenios de evolución musical. El aerófono impone su pauta, y aunque está hecho a la medida de esa música, los sonidos que emite pueden ser familiares al oído de un ejecutante de chirimía de España, de México o del Perú (1) .

Cuando los árabes y bereberes ocuparon buena parte de la península ibérica desde el siglo VIII, llevaron consigo sus músicas y sus instrumentos, elementos que se quedaron, recreándose constantemente (en lo formal y en lo simbólico) hasta el día de hoy. De entre esos instrumentos de viento surgió la chirimía (antecesor del oboe o dulzaina en España), que pasó a Indias en los primeros galeones que cruzaron el Atlántico.

Su uso era fundamentalmente ritual y solemne, sea en lo religioso o en el ceremonial protocolar público, como la recepción de personajes ilustres, desfiles, “elección de alcaldes, autos de fe, paseo de estudiantes, paseo del pendón real, etc” (2). En nuestros días, el arraigo del uso de este antiguo instrumento que fue tan importante en la vida religiosa y pública de la Colonia hasta el siglo XVII, ha quedado circunscrito a la población indígena rural de algunos departamentos, y se halla en un lento retroceso que lo está llevando al peligro de extinción, debido a que no hay relevos en el oficio de su construcción, y a que cada vez son menos los ejecutantes.

Este instrumento, que tuvo extendida presencia en las colonias hispanas, sobrevive en el día de hoy precisamente en los países con mayor población indígena, que al mismo tiempo fueron epicentros administrativos coloniales: México y Guatemala (Virreinato de Nueva España) y Perú (Virreinato del Perú). El estado de postergación y exclusión que han sufrido y sufren las comunidades indígenas rurales, ha permitido que precisamente por ello, sigan vivas muchas tradiciones antiguas que tienen mucho que informar y que ameritan políticas de rescate, preservación y difusión, como se está haciendo por ejemplo, en México.
  • It was no long before many native peoples in the viceroyalties of New Spain, New Granada and Peru learned how to play the chirimía and it became appropiated as an instrument of their own, as noted by José María Arguedas (1977: 16), who wrote about the perception that the harp, violin, transverse flute and chirimía, were "indian instruments in the peruvian mountains" (...). Today the chirimía is found most often in parts of México, Guatemala and Perú, where it adopted changes particular to the regions. In Perú for example, the double reed often is made from the quill of a falcon, seagull or condor feather, although cane also can be used (Garcia 1978: 7). The use of condor feathers, a sacred bird among peruvians, strengthens their adoption of the chirimía as a 'native' instrument (3).

En poblados de los departamentos de Lima, Ayacucho, Huancavelica y Apurímac, se da la peculiaridad que adopta el nombre de “chirisuya”. Carlos Blanco, investigador español, escribe:
  • Resulta igualmente asombrosa la influencia de un aerófono de origen árabe llamado “ghaita” o “chirimía”, (de la familia de los oboes, que se transplantó a España conocida actualmente como “dulzaina”), viajando posteriormente a América, presumiblemente por intermedio de los jesuitas, para adaptarse entre indígenas peruanos en las regiones del Ayacucho y Apurímac, quienes la hicieron propia construyéndola de idéntica manera y conservando el nombre de “chirimía” o de “chirisuya”, buscando el juego humorístico de palabras con las últimas sílabas del nombre: “mía” - “suya” (4).
La alternancia o cambio con la palabra "chirisuya", no sería un fenómeno de sustitución o derivación lingüística indígena, sino al contrario, de purismo tributario del viejo castellano áureo.  De la Justa poética que se hizo al Santísimo Sacramento en la villa de Cifuentes en 1620, cito:

[...]
A cada verso responde
en otro coro la música
de frautas y metebuches,
chirimía o chirituya.
[...] (5)

De El finado vindicado, de Gerónimo de  Veracia (1728) cito:
  • [...]
    Ninguno de los que han escrito contra sus disparates sé yo que aya tenido oficio de sepulturero ni enterrador, y la buena o mala fama siempre buela, tocando su trompeta, chirimía ó chirituya, por essos ayres, para que todos oygan sus trompetadas; y ninguna mejor que la de Torres buela (aunque tarda y torpemente) por esse mundo [...] (6)
Podemos notar el proceso aún dinámico de consolidación lingüística de la lengua, en un siglo clave de su evolución y universalización (XVII y ss).   Dinamismo que, para el caso de la palabra chirituya, devino en los andes centrales en chirisuya. Hoy en día, ni chirituya ni chirisuya, aparecen en el Diccionario de la RAE (Real Academia de la Lengua), denotando con ello, su condición de -aparente- desuso en el presente. 

Como se señala en el texto arriba citado de Malena Kuss, si bien los músicos indígenas conservaron la esencia del instrumento, le introdujeron algunas características propias al construirlas, como cambiar “las pajuelas del modelo mudéjar por plumas de cóndor o halcón” (7), o hacerlas con huesos de animales de la fauna local, como el cóndor.

En la zona andina, la chirimía o chirisuya está asociada a fiestas religiosas (del santoral cristiano) y comunitarias de la población indígena, es decir, su uso obedece a un contexto ritual:
  • Ejemplos de fiestas agrícolas: Fiesta del agua en Alcamenca (provincia de Víctor Fajardo, Ayacucho. Agosto), Fiesta del Agua en la comunidad campesina de San Pedro de Casta (octubre), Fiesta del Agua en Aucará (Lucanas, Ayacucho). Ha ido cayendo en desuso en otras como la fiesta del “Yarqa Aspiy” en Sarhua (Ayacucho).
  • Ejemplos de fiestas religiosas: fiesta de la Virgen de Vito (Apurímac), Fiesta de la Virgen de las Mercedes (Ferreñafe Lambayeque), fiesta en honor del Arcangel San Miguel de Moya (Huancavelica), Fiesta de la Virgen de Cocharcas (Apurímac), fiesta de la Virgen de Cocharcas en San Diego de Ishua (Ayacucho), fiesta de la Virgen de Asunción en Sañayca (Aimaraes, Apurímac) , fiesta del Señor de Animas (Chalhuanca, Apurímac)
Uno de los aspectos más profundos del arraigo de este uso ritual, es el que se refiere a la leyenda de Sebastián Quimichi (o Quimichu), indio iniciador de la devoción a la Virgen de Cocharcas a fines del siglo XVI: En su peregrinaje desde Copacabana a Cocharcas llevando la sagrada imagen, iba tocando una chirisuya, y en memoria de ello, a los que llevan las andas de la virgen y a quienes ejecutan la chirisuya se les llama hasta hoy, “quimichos”.
  • La tradición popular refiere que el momento en que se despedía del Santuario de orillas del Titicaca, pajarillos de vivos colores se le asentaban en los hombros, en señal de las bendiciones con que la Virgen de Copacabana lo despedía.
    Caminaba siempre entonando la “chirisuya”, la quenilla que así llamó en recordación de las “chirimías” que cuando niño había visto interpretar a los soldados españoles en los desfiles. A decir de un cronista
    , cuando pulsaba ese instrumento “se allanaban las rocas y florecían los campos”… (8)
Los departamentos donde está presente con el nombre de chirimía son Huánuco, Lambayeque y Piura. En el Mapa de instrumentos musicales… no se deja constancia de haberla visto en Piura, citando solamente la referencia de Jiménez Borja hecha en 1951 (9). En 1910 en Eten, Enrique Brüning registró dos marchas acompañadas de chirimía(10):
  • Marcha de procesión (1'13''). Francisco Cumpa (chirimía) y Francisco Angeles (caja)
  • Marcha (1'25''). Francisco Cumpa (chirimía) y Francisco Angeles (caja)
Los audios de estas dos piezas se pueden escuchar aquí

En la novela “Hombres de caminos” de Miguel Gutiérrez (11), una saga basada en la historia local de Piura, se la menciona de manera evocativa, como ejecutada por ancianos ciegos, antes, durante y después de la ejecución del legendario bandolero Isidoro Villar (inicios del siglo XX). Un ejemplo:
  • (...) Y fue en el corazón de la noche, mientras a la luz de mi Petromax reconstruía para ti, con los materiales de la memoria y la imaginación y los aguijones del antiguo dolor, la historia de los descendientes del desertor godo Miguel Francisco Villar y de la India Sacramento Chira -que es la historia de un agravio, de la humillación y caída primordiales, de la herida aún no cerrada, y del rencor-, cuando escuché el tam-tam de centenares de tambores y el unánime lamento de las flautas y chirimías acompañando a Luis Villar que en las acémilas llevaba en­fardelado el cadáver del hombre de caminos Isidoro Villar para ser sepultado en el cementerio particular de los Villar. Con el corazón alborotado, recuerdo, me asomé a la puerta, y era el viento el que batía la piel de los médanos, y las flautas y chi­rimías y el lamento de dolor y furia y gloria eran los múltiples registros de la voz única del viento. Entonces, en la cima de la más alta y bella de las dunas vi (creí verlo) a Isidoro Villar en su postrera cabalgata con su fiel Colorado. Entonces me dije que había llegado el momento de escribir la historia que temí contarte y que al decidirme hacerlo fue ya definitivamente tarde.
Según Jiménez Borja, en la costa norte, el ejecutante de chirimía vá acompañado siempre de un ejecutante de caja.

De acuerdo al Mapa de Instrumentos… las chirimías y chirisuyas que fueron analizadas por los autores varían de 25 cm. a 50 cm. de longitud, y presentan de 6 a 10 orificios (12), lo que indica que en los Andes -al menos actualmente- no existen chirimías (o chirisuyas) tan largas como en España.


Conclusión

El estudio de este antiguo instrumento aerófono aún no ha merecido un trabajo integral sobre las relaciones socio-históricas que involucró en el vasto espacio iberoamericano, antes y después de la conquista hasta el presente. Sólo  fragmentos, aproximaciones por países, es lo que tenemos.  Aquí sólo he presentado una somera aproximación, facilitando también las principales referencias bibliográficas que existen a la fecha, para el caso peruano.

// marcela cornejo d.


.....................................

Notas
  1. He encontrado en la red, oboes llamados "zoorna" por el pueblo asirio (un antiquísimo pueblo semítico, cristiano, de lengua neo-aramea, fragmentado entre Iran, Irak, Siria, Turquía y la diáspora, que conserva fiel memoria de su ancestro caldeo asirio), también otros llamados "zurna" en Turquía. Estos oboes deben tener otro nombre en los países de habla árabe, en Irán-Persia (donde se habla principalmente farsi) y seguramente otros más al oriente.
  2. Instrumentos musicales peruanos. Arturo Jiménez Borja. Revista del Museo Nacional, T. XIX-XX, 1950-51, Lima, p. 78.
  3. "... Los pueblos indígenas en los virreinatos de Nueva España, Nueva Granada y Perú, aprendieron pronto a tocar la chirimía, la que terminó siendo apropiada por ellos como instrumento nativo, como anotó José María Arguedas (1977 : 16), quien escribió acerca de la percepción de que el arpa, el violín, la flauta traversa y la chirimía fueran "instrumentos indios en los andes peruanos..." Hoy en día, la chirimía se encuentra mayormente en lugares de México, Guatemala y Perú, donde adoptó cambios particulares según la región. En el Perú por ejemplo, la lengüeta doble es hecha de plumas de halcón, gaviota o cóndor, aunque la caña también suele ser usada (García, 1978 : 7). El uso de plumas de cóndor, un ave sagrada entre los peruanos, afianzó la adopción de la chirimía como instrumento 'nativo' ". Malena Kuss. Music in Latin America and the Caribbean: An Encyclopedic History. Austin: University of Texas Press, 2004,p. 318.
  4. Carlos Blanco Fadol. Instrumentos musicales del mundo. Albacete, 2001, p. 7
  5. Justa poética que se hizo al Santísimo Sacramento en la villa de Cifuentes, el doctor Juan Gutiérrez en 1620, recopilada por Diego Manuel, dirigida al mismo doctor.   José Julián Labrador Herraiz, Ralph A. DiFranco, Antonio López Budia [eds.].  Castilla-La Mancha : Servicio de Publicaciones, Consejería de Cultura de Castilla-La Mancha, 2007,  vol 2. p.
  6. El finado vindicado : rayo apologetico, desprendido de la region del juicio, sobre las torres fantasticas del piscator de Salamanca, a cuya luz se descubren... las injurias hechas a Don Francisco de Quevedo y Villegas [...].  Gerónimo de Veracia.  Madrid, 1728, p. 8 
  7. Jiménez Borja, Op. Cit., 79.
  8. César Bolaños, Josafat Roel, Fernando García, Aida Salazar. Mapa de instrumentos musicales de uso popular en el Perú. Lima : INC : Oficina de Música y Danza, 1978, p. 254.
  9. Miguel Gutiérrez. Hombres de caminos. Lima : Horizonte,1988, p. 16.
  10. Bolaños, Roel, García, Salazar. Op. Cit., pp. 253-255



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Dos textos:  de Andrés Sas y  de Arturo Jiménez Borja



(1)
Fuente:
La música en la Catedral de Lima durante el Virreinato. Primera parte
Andrés Sas
Lima : UNMSM : Casa de la Cultura del Perú, 1970-71, pp. 137-138
 


D.- Los chirimiístas

Fueron los chirimiístas y los trompetas, a más de los pífanos, los clarineros y los atabaleros, los primeros músicos profesionales en venir a estos reinos, acompañando a los conquistadores, o por cuenta propia. Con ellos llegaron también las vihuelas de mano y de arco, la guitarra, el arpa y luego el clavecín, que eran los instrumentos distinguidos, la corneta y el bajón fueron traídos luego.

Más, no tardaron las chirimías en ingresar en la Capilla de Música de la Catedral, a los muy pocos años de edificada ésta, y permanecieron en ella hasta mediados del siglo XVII, a partir de cuyos años fueron reemplazadas por las dulzainas.

Ninguno de los pocos chirimiístas cuyos nombres aparecen en los archivos de la Catedral está señalado en éstos únicamente en su calidad de tal, sino en primer lugar como bajonista o cometiste. Sin duda eran el bajón y la corneta instrumentos considerados como más nobles que la chirimía, pero fuera de esta particularidad, presume que las chirimías eran utilizadas sobre todo para sostener los coros y para ejecutar en las procesiones, los entierros u otras funciones eclesiásticas, fuera del templo, para cuyos eventos solíase contratar especialmente a cuatro chirimiístas indios de los pueblos de Surco o de la Magdalena, vecinos de Lima.

Tocaron chirimía en la Catedral de Lima:
  • Juan Sánchez Madurra (Antes de 1603 - ???). Tocaba algún otro instrumento (¿?)
  • Martín Andrés de Orfuño (antes de 1608 - 14/8/1644). Bajonista.
  • Juan de Ortega y Alcázar (8/4/1614) - septiembre de 1625; junio de 1626 - 10/7/1634). Cornetista.
  • Antonio Correa (antes de 1622 - abril de 1624). Presbítero; cornetista.
  • Francisco Pacheco (30/5/1623 - octubre de 1624). Bajonista.
  • Martín de Ostuño, "el mozo" (23/3/1636 - después de 1638). Tiple, bajonista y cornetista.



(2)
Fuente:
Instrumentos musicales peruanos
Arturo Jiménez Borja
Revista del Museo Nacional, T. XIX-XX, 1950-51, Lima, pp. 37-80 + ils





Una de las imágenes del texto de Jiménez Borja

(…)
La chirimía, oboe morisco, se hace presente desde los primeros días de la dominación española. Los Libros de Cabildos la mencionan a menudo. Una de las mayores solemnidades en aquellos tiempos era el recibimiento de Virreyes. La chirimía no faltó en ellos. Una página, fechada 31 de agosto de 1551, informa cómo dieron bienvenida a Don Antonio de Mendoza, vestidos los músicos de rozagante [raso:] "e mandó que se den a cada uno de los chirimías que an deyr con la cibdad al dicho Recibimiento a quatro varas de raso carmesí". Así mismo salieron a recibir al Marquez de Cañete, tal dice la página signada 15 de Junio de 1556: "en este cabildo acordaron los dichos señores [de] Justicia e Regimiento, que para el Rescibimiento del señor viso Rey salgan música de chirimías".

Los naturales aprendieron pronto a tañer chirimías pues en un pormenor, página del 5 de marzo de 1575, se lee: "diez y seys pesos que pagó a los yndios trompetas y chirimías de Surco y la Magdalena y a los negros que tañeron los atabales el día de los rreyes quando se sacó el pendón por mandato del señor alcalde".

Al parecer no hubo fiesta sin la participación de chirimías. El 24 de diciembre de 1583 el Cabildo acuerda festejar al Marquez de Santa Cruz por una victoria militar "con fiestas de toros y otras cosas e que se hiciessen procesiones asi se acordó que luego desta noche se haga fiesta y pongan luminarias y se trayan trompetas e chirimías".

Las chirimías aparecen en muchas otras ocasiones grandes y menudas: elección de alcaldes, autos de fe, paseo de estudiantes, paseo del pendón real etc. Los Libros de Cabildos están llenos de estas y otras noticias. La página del 30 de diciembre de 1600 dice: "que para el día de año nueuo venidero para la election de los alcaldes hordinarios que el dicho día a de elegir el dicho cabildo e para i a fiesta y onor della conbenia oviese trompetas y chirimías". En la del 31 de diciembre del año siguiente se lee: "En este Cabildo se acordó que esta tarde y mañana dia de año nuebo aya trompetas y chirimías".

El P. Dávila describe, más o menos por el año de 1609, un auto de fe en el que aparecen chirimías: "y en cada esquina se tocaban chirimías" escribe. Este auto de fe se realizó en Lima en la Plaza de Armas y en él se quemó numerosos ídolos y objetos de uso ceremonial de los naturales que los extirpadores de idolatrías habían traído de las Doctrinas encomendadas a su celo.

El Diario de Lima escrito por los Mogaburu se refiere también a ellas informando sobre un paseo de estudiantes ocurrido el 21 de setiembre de 1673: "Jueves 21 del dicho mes día del glorioso apóstol San Mateo por la tarde salieron hasta setenta y cuatro estudiantes de gramática en sus caballos muy bien aderezados y enjaezados, y con joyas de muchísimo valor, y gran número de pajes con muy buenas libreas, y con número de cheremías y dulzainas".

La chirimía ha llegado hasta nuestros días sobreviviendo en los departamentos de Lambayeque y Piura, tal como en los viejos tiempos. En la sierra, departamentos de Lima, Huancavelica y Ayacucho, se le conoce con el nombre de "chirisuya" cambiando las pajuelas del modelo mudéjar por plumas de cóndor o halcón.
El informe que sigue se debe a la generosidad de Don Rómulo Paredes investigador muy enterado y acucioso del norte del Perú. Según Paredes el tocador de chirimía más viejo que vive es Don Pedro Carrillo Abril de 105 años de edad quien tuvo por instructor a Don Celestino Abril, tío suyo, el cual en compañía de Pedro y Pablo Ventura Flores, fueron alumnos dé otro notable chirimiyero llamado Don Jacob Cajo López. Don Pedro Carrillo, dada su avanzada edad ya no ejecuta en público. Don Víctor M. Pereda cura párroco de Monsefú ha añadido a la lista anterior el nombre de Don Sacramento Zeña, chirimiyero en ejercicio que vive en Huamantanga, localidad situada entre Lambayeque y Ferreñafe.

Según Don Pedro Carrillo, en sus tiempos, el más afamado constructor de chirimías era Don Ensebio Flores. La madera utilizada era "chachacoma" o "limoncillo". Para ello se escogía un trozo de dimensiones apropiadas, 20 a 30 e. de longitud más o menos, y tras darle forma lo ahuecaban con cuchillas hasta donde era posible y el resto con hierros al rojo pues no se conocía el berbiquí tan común en nuestros días. Se obtenía de este modo el cuerpo del instrumento a modo de trompeta cuyo extremo posterior, próximo a los labios del ejecutante, tenía 1 c. y medio de diámetro y el extremo anterior 7 c. de diámetro. Terminaban esta parte haciendo 6 a 7 huecos. En la actualidad, según Don R. Paredes, labra Chirimías Marcos Quispe Durand sin llegar a la perfección y acabado de los viejos maestros.

Culminaba la obra "la pajuela" para lo cual se buscaba una caña especial llamada "succha" que se raspaba con gran esmero hasta convertirla en una lámina muy fina. Cortaban de allí dos lengüetas que atadas a una boquilla constituían la otra parte de la chirimía. Venía luego una faena muy delicada que consistía en "dar el tono" a la pajuela, operación que duraba a veces algunas horas pues se procedía con mucho tiento y delicadeza y consistía en recortar las lengüetas con una tijera hasta obtener el sonido deseado. Cada chirimiyero tenía consigo, toda vez que ejecutaba, varias pajuelas como repuesto, pues fácilmente perdían su voz con el continuado uso.

Acompaña siempre al tañedor de chirimía "un cajero". La caja del tambor solía hacerse de madera de cedro que provenía de cedros de, bosques al otro lado de las cordilleras. Los parches se hacían con pellejo de chivo y los palillos con madera de guayabo. Los mejores constructores de cajas habidos en Lambayeque fueron Don Agustín López y Don Natividad Leonardo.

La actuación del chirimiyero estaba sujeta a reglas rígidas que .aún hoy en día continúan vigentes. Lo más importante es lo que sigue: la chirimía solo admite el acompañamiento de la caja y ésta está subordinada en todo al oboe; la chirimía marcha siempre a la cabeza en toda concentración, presidiendo desfiles, paseos de fuegos de artificio etc.

Dos chirimías procedentes de Lambayeque miden 30 c. y 39 c. de longitud. El cuerpo de la primera mide 25 c. y el de la segunda 32 c. Las medidas de las pajuelas se deducen fácilmente. Tiene la primera 6 huecos y la segunda 7 el último de ellos algo desviado hacia la derecha.

Dos, "chirisuyas" procedente una de Ayacucho y otra de Laraos, Lima, miden 28 c. y 50 c. de longitud. El cuerpo de la primera 25 c. y el de la segunda 41 c. Las medidas de las pajuelas se sobreentienden. Tiene la primera 7 huecos y la segunda 10; de ellos 8 colocados en fila en la cara anterior y los dos restantes ubicados en las caras laterales inmediatos al último agujero de la cara anterior.




Actualización (17 jun. 2009):

A los trabajos de Sas y Jiménez Borja , es necesario añadir la mención del trabajo del musicólogo chileno Fernando García Arancibia: "Algunas noticias sobre la chirimía o chirisuya" escrito en 1978. Este texto y la bibliografía de sus trabajos sobre música peruana, aquí


Actualización (12 ene. 2017):
En la Moseñada del distrito de Tinichachi (prov. de Yunguyo, dep. de Puno), se ejecuta la imilla o clarín, un aerófono derivado de la chirimía.  Su uso es también ritual (primeros días de enero, cuando se invoca  las lluvias y hay cambio de teniente alcalde), pero no tan antiguo: se habría incorporado  recién por la década de 1950.  Tomemos en cuenta que se trata de un espacio musical aymara.
Este estudio se ocupa de su aspecto organológico: Análisis organológico del instrumento musical llamado imilla en la moseñada del distrito de Tinicachi.  Edwin David Morales Pacompía.  VID@RTE. Puno : Universidad del Altiplano, V.1, N.1, ene-jun 2014




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Enlaces

La chirisuya declarada patrimonio cultural (INC)
Traditional Music of Peru. Vol. 6: The Ayacucho Region - Smithsoniayn folkways (temas 15, 17 y 18)
Fiesta del Arcángel San Miguel de Moya (Huancavelica)
Yakumama, serenas y otras divinidades acuáticas del valle del Pampamarca (Ayacucho) - Manuel Arce Sotelo (pp. 108 y 115)
La dulzaina de la sierra de Lambayeque [Cañaris, Incahuasi y Penachí]- Juan Javier Rivera Andía [enlace alternativo]
La Chirimía en México, de la Colonia a nuestros días - Álvaro Díaz
La Chirimía en Colombia






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