abril 28, 2009

"Manuel Acosta Ojeda. Arte y sabiduría del criollismo" - reseña



Manuel Acosta Ojeda. Arte y sabiduría del criollismo
Marino Martínez Espinoza
Lima : ENSF "José María Arguedas", 2009, 260 p., il.
Serie "Historias de vida - Costa"
--------------



Hace años se esperaba un libro sobre Manuel Acosta Ojeda (1930). En sus presentaciones públicas se percibía el enorme caudal que guardaba acumulado en sus años de intensa vida como artista, pero sobretodo como ser humano empeñado en interpretar este entrañable y difícil país. No ha sido fácil para él, pues decir la verdad desde una posición de principios a través del arte, incomoda muchas veces a la institucionalidad. A pesar de todo, sus paisanos lo siguen, lo quieren, y aprecian sus canciones.

Esta publicación no es un trabajo con método científico, incluso es lo contrario, pues pone énfasis en el ser humano en primera persona, en sus distintos matices. Es una suma de testimonios sistematizados por Marino Martínez según un criterio biográfico, con notas explicativas añadidas, dando la impresión final de dar un buen boceto, en modo alguno toda la amplitud de conocimiento que guarda Don Manuel en su poderosa memoria. Son fragmentos importantes de su vida, desde su niñez hasta la actualidad. En ese boceto no hay sólo un "artista criollo", sino un poeta interesado en el fenómeno musical (por lo tanto, social) de todas las regiones del país, en su interaccion, su devenir histórico, sus crisis y sus proyecciones. Es por lo tanto, a su manera, un pensador propositivo lúcido y consecuente, algo bastante escaso de ver.

Se pueden encontrar en evocaciones breves, interesantes tópicos de estudio aún inéditos, como por ejemplo, la jerga criolla antigua, los golpes de guitarra en los barrios criollos tradicionales (cuenta que hoy en día sólo Carlos Hayre los conoce), la exagerada vida bohemia de muchos jaraneros, la importancia de Miguel Almenerio como patriarca anterior a los Ascuez, el aporte de la música árabe-morisca en la música criolla, por mencionar algunos. Dos de los artículos periodísticos transcritos tratan sobre temas relacionados de particular interés: "El yaraví arequipeño", y "La muliza, canción de los arrieros". También hay temas bastante estudiados, pero expuestos desde su propia visión: la trascendencia de Felipe Pinglo, el origen e identidad del valse criollo, lo afroperuano, la obra de Nicomedes Santa Cruz (cuyas teorías cuestiona), el origen e identidad de la -verdadera- marinera limeña o canto de jarana ("Este género merece un estudio científico porque es de una belleza para mí, insuperable" p.96), y los coliseos de los migrantes andinos. En un plano más ideológico, están los relatos de sus experiencias en Europa (70's), y sus reflexiones sobre la realidad socio-política del Perú. Al final, se han añadido los textos (originales) y partituras de 20 de sus mejores canciones.

Es importante destacar sus orígenes sureños: Don Alejandro era arequipeño, Doña María Luisa era moqueguana. De él oía cantar yaravíes, valses, tonderos y música argentina, chilena y boliviana que aprendió cuando trabajó en una salitrera de Iquique; de ella escuchaba huaynos, de su abuela, vidalas y habaneras, de su tío abuelo, marineras y resbalosas. Terminando el colegio conoció al guitarrista Carlos Hayre, y desde entonces hasta hoy, al margen de sus particulares trayectorias, han transitado juntos un camino de fecunda creación musical, renovando y enriqueciendo principalmente el valse criollo.

Su aporte es el del un testigo directo del fenómeno musical popular de una época marcada por profundos cambios (toda la segunda mitad del siglo XX hasta hoy). Una experiencia intensa unida a una lúcida reflexión hecha con honestidad, que ofrecen como resultado enseñanzas muy valiosas. En la parte poética es una totalidad, en la parte de las enseñanzas sobre el desarrollo musical en sus distintas facetas, la corroboración o complemento científico se hacen necesarios.
// marcela cornejo



Contenido:
Cap. 1: Los orígenes
Cap. 2: El aprendizaje vital
Cap. 3: Felipe Pinglo Alva, el cantor de los humildes
Cap. 4: El valse
Cap. 5: Lo "afroperuano" en la cultura costeña
Cap. 6: La marinera limeña
Cap. 7: Los coliseos andinos en Lima y el nacimiento de un mito: Ima Sumac
Cap. 8: Recuerdos de Europa: Entre la bohemia y el aprendizaje
Cap. 9: Memorias del criollismo y reflexiones sobre el Perú y sus conflictos
Anexo 1: Conclusiones
Anexo 2: Artículos periodísticos escritos por Manuel Acosta Ojeda
Anexo 3: 20 canciones, textos y partituras.


Canciones incluídas en texto y partituras:
Madre (1954), En un atardecer (1955), Junto al río (1955), Rumor de manantiales (1955), Cariño (1956), Puedes irte (1956), Si tú me quisieras (1956), Celeste (1957), Dulce agonía (1957), Así te quiero (1958), Mi Navidad (1962), Canción de fé (1964), ¿Dónde estás amor? (1966), Chola linda (1971), Déjame estar en ti (1972), Para que reine el amor (1980), Atrévete a olvidarme (1981), La sombra de tu luz (1982), Hay que salvar el amor (1983), Mi familia (1989)





Felipe de los pobres / Para un estudio científico de la vida y la obra del gran Maestro Felipe Pinglo Alva [Lima, 1999, 148 p.] - otra publicación importante de Don Manuel, para entender el desarrollo del valse criollo limeño:





------------------------



Video


Canción de fe
subido por aviruká, que ha compartido también, en voz de MAO, En un atardecer y Cholita linda




Yo creo que algún día 
la espina se hará rosa 
y se hará luz la duda
y el hambre se hará pan.
Yo creo que algún día 
se morirá la muerte 
y será la moneda 
de amor y de verdad.
Ese día el hombre 
será de color alma 
y el odio arrepentido 
querrá volverse amor.
Los niños tendrán risa,
los hombres tendrán paz; 
Dios se volverá hombre
y así se quedará





Puedes irte
(valse de 1956)
Connie Bieberach & Mariano de Orbegoso


Con voz de Don Manuel, aquí


Hiéreme sin dolor(*) que los dolores
son muy amigos míos desde niño
y mi pecho está lleno de cariño
y en él no pueden anidar rencores
Sé que te quieres ir, que mis amores
te han llegado a aburrir mas no te riño
cansa el oro y también cansa el armiño
hasta la vida cansa, no, no llores
Es lógico tu adiós
la golondrina busca el sol
cuando el invierno llega
y la abeja no besa flores secas
se van las aves cuando la encina
pierde(*) sus ramas y ella no les ruega
dice adiós como yo
sin hacer muecas

(*)
Esta letra ha sido tomada del libro.  En el libro dice "dolor" y "pierde"





Enlaces

Carlos Hayre y Manuel Acosta Ojeda: Binomio único
Aquí no hay tristeza
Letras de las canciones de MAO



------------------

abril 18, 2009

Un panorama musical por Carlos Sánchez Málaga

Este texto es de 1956, y por lo tanto refleja el estado de la cuestión en la investigación de la música popular. El panorama que ofrece el autor, destacado y reconocido músico peruano, es de gran valor, sin embargo amerita unas breves anotaciones, a la luz de los estudios que le sucedieron:
- La música llamada "incaica", no fué exclusivamente pentafónica de acuerdo a estudios de músicos como Andrés Sas (1938), José Vega (1932) o Rodolfo Holzmann (1968).
- El yaraví no nació precisamente en Arequipa, aunque se le atribuye la virtud de haber desarrollado uno de los estilos más originales y hermosos.
- El "Album Sudamericano..." de Rebagliati se publicó en 1870.
//m.c.d.


 
------------------------
Fuente:
Fanal
Lima : IPC : Departamento de Relaciones Públicas, Vol. XII, N° 47, 1956, pp. 6-10
------------------------


La música de la costa
Carlos Sánchez Málaga (*)


Grabado que ilustró la portada del "Album sudamericano..." del compositor Claudio Rebagliati




El folklore musical en cualquier lugar de la tierra se presenta como un distintivo característico de los rasgos propios y de las cualidades psicológicas inherentes a cada tipo de raza y a su ubicación geográfica. En el recorrer de los siglos, las canciones o danzas que perduran, forman el sedimento que se infiltra en el alma de los pueblos, y son expresiones anímicas, espontáneas e incontrolables.

Así, en este estado de lo añejo musical, la creación es, como si dijéramos, colectiva. El autor como individuo, como creador en singular, no existe. Y de existir, queda automáticamente anulado en razón de formar parte de la colectividad y expresar -aunque suyo- lo que también es ajeno. Las creaciones que adquieren popularidad, pueden pasar al olvido. En cambio, las que perduran a través de generaciones, como una herencia, conforman lo que se denomina folklore musical.

Antecedentes en el Perú

La cultura pre-incaica, debió contar hasta con tres sonidos y la duplicación de alguno de ellos a su octava, conformando la concatenación de los mismos un acorde perfecto menor. Esta suposición no es una herejía si se tiene en cuenta que el primer sonido musical del hombre primitivo fue seguramente el grito. Y, para la conquista de nuevos sonidos, fue preciso que transcurrieran siglos. La siguiente Danza Fúnebre, es un hermoso y auténtico ejemplo de tres sonidos. Su melodía, sencilla, encierra al mismo tiempo un fuerte dramatismo:



La música auténticamente incaica se concibe dentro de los límites de la pentafonía (cinco sonidos). El modo predominante es el menor. Pocos giros melódicos acusan el carácter mayor y en forma tan esporádica, que invariablemente nos conducen a una cadencia final en el modo menor, con sus atributos de nostalgia, tristeza, melancolía, y hasta dolor.

Algunos musicólogos han estudiado las melodías incaicas basándolas en la escala pentafónica, estableciendo modos sobre cada grado o nota de la misma, al igual que los modos griegos. Es interesante el método como especulación científica, pero analizando gran cantidad de melodías, no logramos por ningún lado aplicar, ni menos comprobar, la bondad de la teoría.

Los antecedentes aymarás o quechuas de la música peruana nos dan la posibilidad de confrontar cualidades rítmicas y melódicas, según la procedencia típica de la melodía. En los pueblos de la sierra, se conservan melodías que podríamos llamarlas puras, por cuanto no se ha operado en ellas el fenómeno del mestizaje, como en el resto del país, desde la llegada de los españoles.

Antes de la conquista, en la costa del Perú, la música tuvo -con seguridad- las mismas características que en la sierra, salvo las lógicas e inevitables diferencias por razones de clima y paisaje. No existen testimonios que permitan señalar un tipo especial, como no sea el de la música cultivada en las demás regiones del Imperio. Las danzas y aires genéricos más socorridos como: la ckachampa, el huayno, y el harawi, con infinidad de melodías sobre cada una de estas formas, servirán de base -en adelante- para la gestación de un nuevo tipo de música peruana: la mestiza.

La Conquista

A la llegada de los españoles, en los primeros momentos de la ocupación y dominio, la música nativa tuvo que replegarse y auxiliar espiritualmente al indio en su intimidad. El costeño es quien soporta el primer choque. La costa es el primer escenario en el careo de dos culturas. Conquistadores y conquistados recurren cada cual a sus oportunas y adecuadas manifestaciones musicales. Al español le acompaña la guitarra. La antara, la quena, el pinquillo, el pututo, son otras armas de defensas para el inca. La noche, acoge todo un exhalar de pasiones peninsulares como jotas, fandangos y cante jondo; o un sollozar de pumas heridos con harawis y huaynos.

Tarda mucho tiempo en asomar la tregua que permita a ambas partes, prestar oídos a desconocidas y raras maneras de sonar la música. El español se encuentra sorprendido ante monótonos y dolorosos cantos, y el indio ante un instrumento raro y desconcertante (la guitarra) acompañado de guturaciones humanas poco menos que histéricas. Pero, a la postre, las dos maneras diametralmente opuestas se dieron la mano y se confundieron en una nueva expresión, de efectivo lirismo y de variados matices rítmicos: que el harawi se adornara de requiebros andaluces, y la jota se vistiera de chullo y poncho.

El naciente tipo de raza indo-español, trae como consecuencia, paralela y paulatinamente, el mestizaje musical. Un nuevo clima espiritual se siente en las variadas regiones del Perú, y muy especialmente en la costa. Sin embargo, perduran diferencias sustanciales: la sierra se mantiene reacia a la influencia española, y el frío de la puna es inhóspito e indiferente a la gracia andaluza. El indio ridiculiza -hasta hoy día- con sus personajes cómicos, en fiestas populares, la vestimenta de los virreyes, escribanos, letrados y toreros.

El clima de la costa es propicio para la amalgama de dos fisonomías musicales. El vuelo lírico español, es acogido por la aridez y tristeza del paisaje. Los mestizos deforman el harawi, y, el porcentaje de español que tienen en su sangre, les hace pronunciar yaraví.

El mestizaje y el "yaraví"

Arequipa es la cuna del mestizaje musical peruano, y su partida de nacimiento es el yaraví. En el yaraví se condensan todos los elementos y rasgos peculiares -fisonómicos y psicológicos- de las melodías indias y españolas. La médula es india, y el gesto y ropaje son españoles. Su línea melódica contiene, discretamente, los arabescos del "cante jondo", y la guitarra acentúa el clima de serenata al pié de una ventana. Pero en medio de estos elementos, están el alma y el organismo claramente indígenas. La fuerza emotiva del yaraví -como música-, sugiere e inspira a los poetas sentidos y copiosos versos. Mariano Melgar es, indudablemente, el más arraigado en el conocimiento popular; sus versos sirven de texto a infinidad de yaravíes y, el mestizo, no sabrá "leyer ni escrebir" pero canta sentimentalmente letras como:

La cristalina corriente
de este caudaloso río,
lleva ya del llanto mío
más aguas que de su fuente.




En esta estructura de sonidos que conforman una escala de tipo sui géneris (mestiza), está la fuente de donde emanan la marinera y la pampeña arequipeña, especie de huayno, también mestizo.

El yaraví recorre la costa peruana de sur a norte. En más de un lugar se le denominará triste, sobre todo cuando sirve de preludio a un tondero. Por su carácter inconfundiblemente lírico y propicio a las exteriorizaciones del amor o del dolor, el yaraví irá cobrando mayor fuerza expresiva -por su identificación con el espíritu del pueblo- y será símbolo y credencial del nuevo tipo de raza que se va formando.

Guillermo Salinas Cossío en La Música en la Colonia dice: "Garcilaso refiere que en 1551, el maestro de capilla de la Catedral del Cusco compuso, para la celebración del Corpus, una plegaria musical inspirada en el canto de los Incas, apenas diecisiete años después de la toma de la capital incaica"; y, Carlos Raygada comenta en el sentido de que este dato puede señalar el principio del yaraví. Es posible que en 1551 se inicie la incubación, aunque no hay datos que precisen exactamente el empleo del término yaraví en el Cusco. Sería prematuro que se practique, por esta fecha, el canto con las características del mestizaje. Los conquistadores y religiosos prohibieron y castigaron severamente el uso o ejercicio de la música y danzas incaicas.

El fenómeno de formación de los productos híbridos de música peruana, se realiza de dos modos: el mestizo, en la costa, se apropia de giros españoles para su yaraví; mientras que el indio, en la sierra, hace penetrar su harawi dentro de la música litúrgica -caso comprobado, personalmente, en la iglesia del pueblo de Pisacc [sic.]-, y canta los salmos gregorianos a la manera de harawis, logrando una doble y mejor fuerza expresiva.

Después de dos siglos y medio de dominación española, los peruanos en Lima sostienen polémicas encendidas sobre el yaraví. Hay defensores y detractores. Al respecto, Carlos Raygada, en su estudio "Panorama Musical del Perú" -publicado en el 2° tomo del Boletín Latino-Americano de Música-, cita dos artículos del Mercurio Peruano del año 1791. Del primero, en el que se hace una defensa ardorosa del yaraví, extraemos el siguiente dato importante: "su compás es unas veces medido en el tiempo de tres por ocho, otras de tres por cuatro, y algunas de seis por ocho, ocupando su lugar el ayre andante, andantino, largo y moderado: de suerte que todo lo serio entra a la parte de los inimitables yaravíes que se entonan a una voz, a dúo, a trío, o según acomodan las voces que los cantan". Actualmente, todavía se escriben los yaravíes en los compases de tres octavos, tres cuartos y seis octavos y, hasta con los movimientos de andante, andantino, etc.

El segundo artículo de Mercurio Peruano, que lleva como firma las iniciales T. J. C. y P., retrata a su autor como un majadero sabihondo que arruga la nariz ante las obras sin técnica ni arraigo europeo. Anota -entre otros argumentos y expresiones desfavorables-: "Los yaravíes, generalmente hablando, son unas composiciones hechas en los tiempos de calamidad. Sus letras hacen relación a la catástrofe sucedida en el destronamiento del Príncipe Peruano". Todavía, por el año 1880, Juan de Arona escribe: "Como letra, nada más tonto y vacío de toda originalidad que los tales yaravíes". Pero -el mismo autor- admite la música como interesante y, agrega: "En ellas, como en ciertos dulces en que el todo es la almíbar, la música es lo interesante, en cuyo caso se hallan la mejor parte de los canciones".

Ritmos negros en la costa

En el siglo XVIII, hasta mediados del XIX, se produce en el centro de la costa peruana -Lima-, una bifurcación de tendencias a la práctica de bailes y tonadas de arraigo popular, o a la novelera preocupación por infinidad de bailes –importados- "de moda". A la primera pertenecen los bailes y canciones con influencia de ritmos preponderantemente negros. Los bailes que cita José Gálvez en Nuestra pequeña historia [como] el Don Mateo, el maicito, y la zambalandó han desaparecido, lo mismo que aquéllos con influencia indígena, como el cascabelillo y el negrito.

La segunda tendencia agrupa los bailes de moda o bailes serios de sala, entre los cuales no pueden faltar la gavota, el rigodón, la contradanza, las boleras -de varias clases-, la mazurca, la polka, la cuadrilla, los valses de moda -de cuatro y más clases-. Estos bailes tuvieron una efímera vida con su trasplante y falta de raíz en esta tierra.

En cambio, se salvan -y perduran hasta hoy- las marineras, las resbalosas y los tonderos, por su filiación y fisonomía precisa y exacta con la sensibilidad de los pueblos de la costa. Otras variantes del género zambo dentro del mestizaje como: festejos, agua e nieves, zañas, cumbias, etc., van desapareciendo y sólo es posible escucharlos en pocos conjuntos criollos que se han impuesto la fervorosa tarea de ejercitarlos antes de que lleguen a las puertas de un museo, cuando no es la tarea plausible de los recopiladores, quienes, como Rosa Mercedes Ayarza de Morales del Solar, recogen estos ritmos y cantos y los libran del olvido.

Gran parte de la música de la costa, recibe la contribución rítmica del negro, muy especialmente la marinera. Naturalmente hay marineras típicamente serranas y otras criollas de la costa con pequeñas y sutiles diferencias según el grado de mestizaje de las mismas. A la marinera criolla, el zambo le cambia de nombre –tondero- y modifica, en parte, su ritmo: entrelaza los compases de tres cuartos con los de seis octavos; inventa el cajón, como obligado instrumento rítmico al lado de la guitarra. Esta modalidad es típica de la costa norte. Así, las mejores manifestaciones musicales cholinegras se ramifican y extienden del centro al norte de la costa: de Lima a Piura. La costa del sur se mantiene leal al espíritu exclusivamente indo-español, con tendencia mayor al espíritu serrano.

Recordemos que la marinera con aporte negro, en toda su trayectoria, lleva los más variados y sugestivos nombres desde 1712, en que aparece como Zapateo, danza del Perú y Chile -según una publicación de M. Frezier, anotada por Carlos Raygada en Panorama Musical del Perú-, además como: zambaclueca, zamacueca, zambacueca, mozamala, chilena, y, por último, marinera, después de la Guerra del Pacífico.

Sin llegar al análisis de las letras que acompañan a las músicas de las marineras y tonderos -por ser productos espontáneos de inventiva popular, sin pretensiones literarias ni poéticas-, creo de interés hacer un cotejo entre ellas y observar, por ejemplo, esta inocente y fina expresión de marinera:

La chica que me quiera,
quiérame asi
suelte su cabellera
rubia y hechicera
que me haga morir.



La resbalosa, es otra variante de la marinera, y se baila como apéndice de ésta con un aire más movido. En realidad, en este baile, se pierde un tanto el señorío de la marinera, para dar lugar a las filigranas y dengues de los bailarines. La vivacidad de la música denota puntos de contacto con el zapateado español.

Instrumentos

Los instrumentos costeños, luego de la llegada de los españoles, son los mismos traídos por éstos. Los típicamente peruanos se retiran a la sierra y, lo más que hacen los indios es adaptar a sus posibilidades los instrumentos de cuerda que hasta entonces desconocían. Así nacen el arpa serrana y el charango -especie de mandolina. La afinación de estos instrumentos y el material de construcción, difieren notablemente de los europeos.

La vihuela y el arpa acompañan a los españoles durante la conquista y luega pasan a manos de los criollos, que -más tarde- los usan como instrumentos típicos de la jarana,

Todavía en el siglo XIX se usaban las vandolas [bandolas] y bandurrias. En los conjuntos de guitarras no faltaba la de doce órdenes -doce cuerdas-; al lado de cada una de las seis principales, se colocaban otras cuerdas auxiliares afinadas a la octava superior, dándole así -al instrumento- mayor resonancia y volumen.

La guitarra tenía varios temples o afinaciones, según la ocasión o el carácter de la música. A veces, la sexta cuerda se afinaba en tono más bajo para pulsarla al aire o suelta, si el acompañamiento era en re mayor o menor. Para tocar una guitarra en el registro agudo, se usaba el "temple baulin". El instrumento rítmico -típicamente negro- sigue siendo el cajón. No hay marinera, ni tondero, o resbalosa sin el cajón y las palmas -manos de los espectadores- como instrumentos imprescindibles hasta en la más modesta jarana.

Rebagliati y la música popular

La música folklórica y popular estuvo preservada contra el olvido, y hasta auxiliada en su conservación, por manos de músicos expertos. En la primera mitad del siglo XIX, Claudio Rebagliati publica en Milán una colección de bailes y cantos populares (Edit. Milano: Stabilimento di Edoardo Sonzogno) con el título de Álbum Sud-Americano, Op. 16, y que contiene las siguientes piezas:

Zamacuecas:
1 "Calla, no lo digas"
2 "Que si, que no, ya viene"
3 "Dices que por tí me muero"
4 "Otro cachete"
5 "El toro guapo"
6 "Alza, que te he visto"
7 "Compadrito Gallinazo"
8 "De cinco tres"
9 "Si, pero no quiero yo"
10 "La Popular"
11 "Zambita lloré”
12 "A la zamba, a la zamba"
13 "La condición"

Yaravíes:
14 "Los imposibles"
15 "El Pajarillo"
16 "Que fatal es mi destino"
17 "La Palomita"
18 "Al cielo pido la muerte"

Otros:
19 "Catchua" - baile
20 Tonada Chilena
21 Tonada Chilena

22 "El amor en cuarto" - Baile arequipeño

Y el mismo autor hace la siguiente aclaración al final de cada ejemplar: "Esta colección consta de aires populares inéditos y anónimos, conocidos en Sud América sólo por tradición y por lo mismo ejecutados de diversos modos y siempre incorrectamente. Mi intención ha sido sujetarlos a las reglas del Arte cuidando al mismo tiempo de no hacerles perder en nada el colorido que les es peculiar y que el ritmo del acompañamiento imite el de la guitarra, arpa y cajón, instrumentos con los cuales se acompañan siempre. Su publicación de puro interés americano está dirigida a conservar en forme correcta, temas que el tiempo haría olvidar seguramente para siempre. - C. Rebagliati".

Los valses

A los valses europeos -en la costa del Perú- les dura muy poco el aire especial que les dan los vieneses. El criollo se encarga de imprimirles su propia personalidad. Paulatinamente -el vals- va adquiriendo un clima nostálgico y, las letras, son una continuación del espíritu de los yaravíes. Por sus letras -en las serenatas- se declara el amor, se lamentan los desengaños, o se canta sencillamente a cosas bellas. Pronto el zambo se encarga de aplicar a los valses un tinte especial en el ritmo que da la sensación de trasladarnos a una marinera.

Esta modalidad que impera hoy como una reafirmación de la personalidad mestiza es -por desgracia- rebajada a veces, en melodías insulsas con el atractivo morboso de emplear letras buscadas en la "replana" y con el espíritu enfermizo, copiado de tangos del peor gusto. Pero, por suerte, algunos aciertos de, autores populares -en el momento actual- dan una satisfacción al lirismo y el buen gusto, proverbiales cualidades de la inventiva popular costeña. Los valses de moda de fines del siglo pasado, contaban con textos como el siguiente:

Anuncian las dos de la mañana
Es hora de partir mi dulce amor
No es la alondra, la aurora está lejana
Es el dulce cantar del ruiseñor.


O como el vals "No sé que tienes Mercedes", cuya música es de auténtica fluidez y lirismo popular:



Conclusión

No se puede adelantar opinión exacta sobre la futura fisonomía de la música popular costeña. El desarrollo de sus poblaciones, el carácter cosmopolita que va adquiriendo Lima y hasta el nutrido movimiento de su aeropuerto -con desembarques diarios de conjuntos mamberos y chachacheros- hacen peligrar la vida del trinomio: yaraví, marinera y tondero.

La costa, a un paso del baño diario de la civilización, está expuesta a cambios continuos en sus veleidades, y como consecuencia, a la transformación irreparable de su personalidad. El espíritu mestizo de Lima habrá de refugiarse -como defensa ante una nueva conquista, o como el atrincheramiento del indio al otro lado de los Andes-, en Arequipa, Trujillo, Chiclayo y Piura.

Ponerse a buen recaudo es también arma de defensa, si se quiere conservar la integridad. Las poblaciones aferradas a la tradición irán, en el progreso, a la retaguardia, pero guardando mejor la fisonomía del mestizaje como prenda añeja.

-----------------
(*) Nació en Arequipa en 1904. Hizo estudios primarios y secundarios en su ciudad natal y superiores en la Universidad de San Andrés de La Paz, Bolivia. De 1923 a 1929 fue profesor del Conservatorio Nacional de Música de La Paz, y de 1930 a 1932, profesor y Director de la Academia Nacional de Música Alcedo. Posteriormente, de 1933 a 1943, estuvo a cargo de la dirección del Instituto Musical Bach, para luego asumir la dirección del Conservatorio Nacional de Música de Lima, de 1943 a 1951, institución que reorganizó transformando la antigua Academia Nacional de Música en Conservatorio. Gestor de las escuelas regionales de música en Arequipa, Trujillo y Cusco, fue también organizador y supervisor de las mismas. Director fundador de la Masa Coral del Conservatorio de Música y miembro de la Orquesta Sinfónica Nacional, como solista y director en conciertos sinfónico-corales. Ha obtenido diversos premios en concursos de composición musical en el Perú y Bolivia y es miembro honorario de la Facultad de Ciencias y Artes Musicales de la Universidad de Chile. En 1944 obtuvo el Premio Nacional de Música.



Audio

Marinera de Arequipa
Arreglo coral de Carlos Sánchez Málaga - se ha añadido una introducción con percusión
Interpreta la Camerata Vocale Orfeo con la dirección de Manuel Cuadros Barr


Video

Malhaya - marinera limeña

Recopilación y arreglo: Rosa Mercedes Ayarza

Interpreta: Luigi Alva
(Una buena interpretación de los músicos argentinos Ariel Ramirez y Jaime Torres aquí)




Malhaya, el amor, malhaya,
y quien me enseñó a querer,
que habiendo,
nacido libre
yo solo me cautivé.
Malhaya, el amor, malhaya,
dime mamititita
¿donde has estado?
que todita la noche
yo te he buscado
Dime mamititita
¿dónde has estado?
¡dónde has estado zamba!
así decía,
un enfermo de amores
que se moría.
Son cosas que le daba,
le daba en el alma
¿Cierto será?




La Concheperla, tondero

Música: José Alvarado, Letra: Abelardo Gamarra "El Tunante"
Interpreta: Carmen Marina




La Concheperla

Acércate preciosa
que la luna nos invita
sus amores a gozar.
Acércate preciosa
concheperla de mi vida
como no la brota el mar.

Abre tu reja, por un momento
decirte deja, mi pensamiento
Se oye benigna, mi inspiración
Si la crees digna, ¡zamba! de tu atención.
Ahora no te vas, si tu me quieres mañana te vas...(bis)
Si no me quieres, mándate mudar.
Se oye benigna, mi inspiración.
Si la crees digna, ¡zamba! de tu atención.
Recibe en prueba, la fineza de mi amor,
de la luna el resplandor,
la fineza de mi amor (bis)



- José Durand  sustenta en base al testimonio de Don Augusto Ascuez,  que "La concha de perla" [sic.] nació como tondero aquí 


-Respecto a la lírica de "Malhaya...", ésta es una recreación de antiguos versos españoles, como se puede leer aquí en el poema "Penas" desde la estrofa 5065. Su correcta expresión es "mal haya", pero ha quedado popularizada como "malhaya".



----------------------

Enlace









abril 10, 2009

No, no, no

Un hermoso landó del cantautor Andrés Soto en dos versiones.
Siempre, el arte que con-mueve por su ética y su estética, y sobretodo su vigencia, es deliberadamente arrinconado y/o tergiversado, aún cuando en este caso, la interpretación de la Cecilia Barraza es excelente. Pero en fin, ese arte siempre está por ahí, para dejarse encontrar.


Versión "aligerada" por las disqueras, en la voz de Cecilia Barraza



La vida que me ha tocado
desde niña/o me ha engañado

Dicen que el maíz se ha partido
en un lado y en su opuesto
uno se pudre esperando
y otro se nutre exigiendo
La cebada le dice al trigo
donde está el pan del mendigo
el trigo replica en morse
en la panza del vecino
Señores yo les prometo (bis)
la solución a su ruego
aunque me quede sin medio
no, no, no las verduras
no, no, no que lisura

Lo exigo y lo siento
sin hombre sol, agua y viento
yo no preparo el alimento
Cuando el cultivo y la siembra
pierden toda su vigencia
por la necedad del hombre
no, no, no
Interviene entonces la papa
el rabanito el camote
y todos preguntan dónde
está la tierra labrada
Señores yo les prometo (bis)
la solución a su ruego
aunque me quede sin medio
Que situación

la que le ha tocado vivir a mi suelo
tan inmaduro y barbecho
Señores yo les prometo (bis)

la solución a su ruego
aunque me quede sin medio

Versión original en la voz de Aída García-Naranjo (click)



De Casagrande a Pomalca
hoy se levanta la esperanza...
Dicen que el país se ha partido

en un lado y en su opuesto
uno se pudre esperando
otro se nutre exigiendo
Paseaban sus ayes dormidos

en las casas de trabajo
viviendo a fuerza y constancia
entre el trapiche y la zafra
Una mañana muy temprano

la gota rebasó el vaso
machete en brazo a la vida
y azúcar en las mejillas
Señores yo les prometo (bis)

la solución a su pliego
aunque me quede sin medio
No, no, no,

Esto no lo aguanto yo
esta historia se acabó
lo exijo y lo siento
sin hombre, sol, agua y viento
yo no preparo el alimento
Son hombres fuertes en el trabajo

y la rutina los trajo abajo
entre miseria y aguardiente
no no no
La historia relata el pasado

para explicar el presente
y los hombres en mi canto
ponen la frente combatiente
Señores yo les prometo (bis)

la solución a su pliego
aunque me quede sin medio
no no no

no hay verduras
no no no
que lisura
no no no
Qué situación la que le ha tocado
vivir a mi pueblo
tan inmaduro y tan necio
no no no.......




"Andrés Soto. Patrimonio Cultural Vivo de la Nación"
Grabado en vivo en el Auditorio del Museo de la Nación. Lima-Perú, 04 sep. 2002

  • Autor, compositor e intérprete: Andrés Soto
  • Artistas invitadas: Pamela Abanto, Elsa Palao, Aída García-Naranjo, Julie Freundt, Cecilia Barraza
  • Músicos: Marco Iriarte (guitarra), Carlos Pastor (Bajo), Lucho Berenguel (percusión), Gonzalo Landázuri (teclados), Juan Daniel pastor (batería)
CD producido con el apoyo de Alain Charbit, la Corporación José R. Lindley y la Universidad Ricardo Palma, presentado en octubre de 2008. Complementa sonoramente el libro "Testimonio de Obras: Canciones, Epístolas y otros Adefesios", presentado ese 04 de sep. de 2002.
Temas:
  1. El ropavejero
  2. Tu mirada y mi voz
  3. Quisiera ser caramelo
  4. Los niños que en mente tuve
  5. Vivando vivanderas
  6. Poniéndole ají a la vida
  7. Cabeza gacha
  8. Cacanusa
  9. El bribón
  10. Negra presuntuosa (Pamela Abanto)
  11. Al adalid (Elsa Palao)
  12. No no no (Aída García-Naranjo)
  13. Es Amador (Julie Freundt)
  14. El membrillito (Cecilia Barraza)
  15. El tamalito



---------------------------



Enlace


Andrés Soto 1981





abril 07, 2009

La Orquesta Sinfónica Nacional entre 1938 y 1963

Fuente:
Fanal
Lima : IPC : Dep. de Relaciones Públicas
Vol. XVIII, N° 68, 1963, pp. 34-40
-----------------------



La Orquesta Sinfónica Nacional
Decisiva influencia en la vida musical de Lima ha ejercido a lo largo de 25 años

Mario Estenssoro (*)

La fundación de la Orquesta Sinfónica Nacional, ocurrida hace exactamente 25 años, constituyó un hecho fundamental en el acontecer artístico de Lima, pues a tiempo de estimular y centralizar la actividad musical alrededor de las creaciones de carácter sinfónico, permitió integrar a la ciudad en el itinerario cultural de América, retomando así el lugar significativo que ocupó desde los lejanos días virreinales. Este cuarto de siglo de existencia que conmemora el conjunto sinfónico ha sido intensamente rico en manifestaciones musicales, generando el despertar de nuevas posibilidades de creación artística que fueron aprovechadas por un grupo de jóvenes compositores y la aparición de valores interpretativos nacionales.

Los precursores

El actual conjunto sinfónico tiene no pocos antecedentes orquestales en la vida musical de la ciudad. La Sociedad Filarmónica, que cuenta con más de medio siglo de existencia, hasta entonces fue la principal animadora de la actividad musical y, con Federico Gerdes, el célebre músico peruano que conoció los secretos del arte directivo en el mismo teatro wagneriano de Bayreuth, tuvo a su cargo una orquesta con la que ya hizo conocer sinfonías de Mozart y Beethoven, entre otras obras sinfónicas. Pero el conjunto de la Filarmónica no tenía un carácter profesional y sus audiciones, sobre todo en los últimos años, se circunscribían a veladas de gala conmemorativas.

La precedencia inmediata de la Sinfónica Nacional puede encontrarse en la visita que hace más de 25 años hiciera a Lima el pianista y conductor español José Iturbi, quien dirigió el conjunto de la Sociedad Orquestal de Lima. El entusiasmo del famoso intérprete constituyó acicate para la organización de un instrumento sinfónico de carácter profesional. Otro notable músico, también de procedencia española, Ernesto Halffter alcanzó a hacer ensayos con el conjunto de la Sociedad Orquestal de Lima, los cuales, sin embargo, no llegaron a materializarse en actuación pública.

Buchwald

El nombre de Theo Buchwald, músico formado en la escuela de Viena, está íntimamente ligado a la historia de la fundación y desarrollo de la actual Orquesta Sinfónica Nacional. Llegado a Lima a través de conexiones establecidas por el pianista chileno Armando Palacios, encontró sobre todo en el inquieto espíritu de Carlos Raygada la cooperación que más tarde, con ayuda de otros peruanos, habría de hacer posible la creación del organismo instrumental. Raygada, que comenzó a hacer crítica musical en el año 1922, tuvo notable influencia orientadora en la vida artística limeña. Acogió a Buchwald en su propio hogar y puso su inteligente empeño para lograr la formación de una orquesta integrada tanto por profesionales contratados en Europa como por una selección de instrumentistas locales. A Ernesto Araujo Álvarez, influyente consejero en el gobierno del entonces General Osear R. Benavides e Inspector de Espectáculos de la Municipalidad de Lima en el año 1938, le tocó dar forma decisiva al proyecto respectivo, creándose la Sinfónica por Ley N° 8743, del 11 de agosto de dicho año. Araujo fue, inicialmente, su director administrativo, y en los pasos iniciales de la gestión contó también con la cooperación de Osear Chocano y Rosa Bryce de Chocano. La dirección artística fue confiada a Theo Buchwald, cuya afinada sensibilidad musical habría de hacer posible la conformación de un conjunto sinfónico de posibilidades interpretativas y que, en el correr de los años, fue manejado por importante número de las más calificadas batutas del mundo.

El 11 de diciembre de 1938, en homenaje a la Octava Conferencia Panamericana reunida en Lima, tuvo lugar en el Teatro Municipal el primer concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la dirección de su titular Theo Buchwald. Desde entonces, y durante 22 años, el acontecer del conjunto orquestal oficial estuvo ligado al conductor vienes. Su talento directivo estuvo siempre unido a un sentido musical fácil y de la mejor ley. Una de las cualidades sobresalientes de su personalidad, que no olvidan todos cuantos lo escucharon en esta larga trayectoria, fue su particular capacidad para adaptar e integrar la orquesta en el juego con los solistas. Motivos de salud, principalmente, le impidieron en los últimos años de su carrera dar de sí lo que poseía como vocación de auténtico artista. Murió en Lima en setiembre de 1960.

La batuta en manos peruanas

Hans Günter Mommer, joven director alemán, sucedió a Buchwald como director titular de la orquesta. Trabajador de oficio, elevó el rendimiento del conjunto desde el punto de vista instrumental, dándole afinación y medios sonoros ajustados. Su labor duró dos temporadas que le dieron oportunidad para hacer, prácticamente, su propio repertorio, pero dando limitadas oportunidades para la actuación de otros directores de prestigio mundial. Desde la conclusión de su contrato, se hizo cargo de la orquesta como director permanente, Armando Sánchez Málaga, conductor peruano en quien por primera vez se han cumplido las condiciones básicas de una técnica especializada en Alemania, al mismo tiempo que una aptitud musical expresada con sobriedad y eficiencia. Otro joven peruano, Leopoldo La Rosa, está también ligado a la institución sinfónica como su director auxiliar, labor que cumple desde el presente año y en mérito de estudios realizados en Italia. La inquietud por la disciplina directiva, estimulada ciertamente por la existencia de la Orquesta Sinfónica Nacional, ha puesto en el camino de la práctica directiva a otros jóvenes, como José Carlos Santos, quien hizo estudios en Estados Unidos de América y hoy dirige la Orquesta Sinfónica de Trujillo, Alberto Oliveros y José Malsio, que constituyen un grupo más que promisorio en este complejo arte interpretativo.

El inolvidable Kleiber

La Orquesta Sinfónica Nacional, formada por 80 instrumentistas, ha sido conducida hasta ahora por, aproximadamente, 70 directores, extranjeros y nacionales, que suman una notable experiencia para los músicos que la integran. Muchos de los que la dirigieron fueron o son personalidades de gran resonancia en el mundo universal de la música y por tanto, han impreso al conjunto posibilidades expresivas de gran vuelo, y han creado, consiguientemente, una sensibilidad obediente a los más sutiles matices del lenguaje musical. Erich Kleiber, el desaparecido director alemán, fue uno de los que no sólo por virtud de su intensa personalidad, sino también en razón de sus largas y repetidas actuaciones con la orquesta peruana, pudo ejercer una influencia formativa de primer orden. Bajo su imperiosa e inolvidable batuta, Lima conoció el ciclo completo de las nueve sinfonías de Beethoven, aunque la última fue ejecutada entonces sin los solistas vocales y sin el coro. Años después, se cumplió por fin la interpretación completa de la Novena Sinfonía bajo la dirección del mexicano Luis Herrera de la Fuente, quien contó con un grupo de cantantes del Teatro Colón de Buenos Aires y el coro del Conservatorio Nacional de Música, dirigido por Carlos Sánchez Málaga.

Se recuerda de una de las actuaciones de Kleiber en Lima un hecho anecdótico revelador de la calidad y seguridad logradas por los componentes de la Sinfónica bajo su batuta. Al terminar una de las interpretaciones, durante un festival de hace algunos años, los aplausos que siguieron fueron largos y sonoros, como siempre para Kleiber, y mucha gente del público gritaba reclamando un bis. El maestro accedió a ello y, tras dirigir los primeros compases, se retiró del escenario dejando que la orquesta siguiera ejecutando sola, como prueba de su confianza en la disciplina del grupo, que volvió a desempeñarse con igual acierto.

Diversos estilos y tendencias

Paul Kletzki, de reciente actuación, es otra de las grandes figuras musicales de hoy que animó versiones inolvidables frente a la Orquesta Sinfónica Nacional. Probablemente, junto con Kleiber, alcanza el punto culminante en el estilo directivo de gran línea. Fritz Busch, Jascha Horenstein, Sir Malcom Sargent, Hermann Scherchen, Sergiu Celibidache, Hans Kindler, Antal Dorati, Jean Morel, Juan José Castro, Carlos Chávez, Juan Matteucci y, hace pocos meses, un nuevo valor joven, el argentino Pedro I. Calderón, forman un importante cuadro de directores de resonancia mundial que, representando los más diversos estilos y tendencias interpretativas, dan a la actividad musical sinfónica en Lima una categoría artística digna de su tradición entre las más importantes capitales del continente.

Al mismo tiempo, la institución sinfónica ha hecho posible la actuación de un grupo impresionante, en calidad de solistas, de instrumentistas que, asimismo, constituyen el mejor ejemplo en los escenarios de Europa y América. Entre los pianistas se cuentan a Arrau, Backhaus, Borowsky, Rubinstein, Gieseking, Firkusny, Gulda, Brendel, Demus, Badura, Skoda, André Tchaikowsky, Baremboim, entre otros, así como a las pianistas peruanas, de gran relieve, Teresa Quesada, Lola Odiaga y Sonia Vargas. El violín ha estado representado por las figuras de Jascha Heifetz, Isaac Stern, Zino Francescatti, Yehudi Menuhin, Jaques Thibaud, Ida Haendel, Joseph Szigeti, y entre los jóvenes, más recientemente, por Laredo y Alberto Lysy. Asimismo, violoncellistas como Antonio Janigro y Fierre Founier, además del guitarrista Andrés Segovia y del arpista Nicanor Zabaleta, completan un cuadro de instrumentistas que han contribuido a animar la vida musical de Lima con los mejores ejemplos del arte interpretativo de nuestros días.

Inicial aporte peruano

Pero esta acción de la Orquesta Sinfónica Nacional no se ha circunscrito solamente al hecho de constituir un instrumento de difusión de las obras sobresalientes de la literatura musical. Ha tenido también otra trascendencia. La de estimular la producción propiamente orquestal de los compositores peruanos. En efecto, existe ya en el país un grupo de autores que han escrito obras dentro de una concepción orquestal, en tanto que las composiciones peruanas del pasado, con escasísimas excepciones, sólo fueron concebidas para un solo instrumento. Los trozos que la Sinfónica ejecutó de autores como Daniel Alomía Robles, Teodoro Valcárcel y otros, tuvieron que ser transcriptas del piano, generalmente, para su vivencia en la amplia trama sonora de la orquesta. A Rodolfo Holzmann en especial, se deben muchas de las excelentes versiones orquestales de autores peruanos, entre los que se cuentan también a Roberto Carpió. Enrique Iturriaga es el primer músico peruano que se consagra, con el Premio Internacional de Caracas, con una Suite para orquesta. De él se ejecutó asimismo en repetidas ocasiones su "Canción y Muerte de Rolando", para voz y orquesta. José Malsio, con una Obertura Sinfónica; "Estampas Peruanas", entre otras, de Armando Guevara; el "Concertino para cuerdas" de Luis Meza, obras de Pozzi Escot, Francisco Pulgar Vidal, Edgar Valcárcel y César Bolaños, forman ya la base de una producción que comienza a traducir, en diversos grados, la capacidad creadora nacional vertida en distintas formas orquestales. En la mención no puede faltar el nombre del peruano Celso Garrido Lecca, cuya producción enriquece la vida artística en Santiago de Chile, donde radica desde hace años.

No menos de mil setecientas actuaciones de la Orquesta Sinfónica Nacional, en el curso de sus 25 años, han ejercido una grande y decisiva influencia en la vida musical de Lima. Sus conciertos de temporada en el Teatro Municipal, y los de verano, al aire libre, en el escenario del Auditorium del Campo de Marte, han congregado siempre un importante público que, con sensibilidad receptiva, ha vivido gran número de las obras que conforman el repertorio de la literatura sinfónica pre-clásica, clásica, romántica, moderna y contemporánea, entre las que no han faltado las creaciones peruanas y las de autores importantes de otros países de América. Tal labor merece no sólo todo el estímulo posible para su acrecentamiento, sino también una nueva preocupación: la de extender su profunda influencia artística hacia otras direcciones, las del mundo fundamental de los niños, de los jóvenes y de otros sectores populares cada vez más amplios, a fin de que, a tiempo de formar nuevas generaciones, se alcance la plenitud de la cultura en el mundo sugerente y maravilloso de la música.




-----------------------
(*) Mario Estenssoro realizó estudios musicales básicos en el Conservatorio Nacional de Música de Santiago de Chile, con Cora Bindhoff, Tapia-Caballero y Domingo Santa Cruz, entre otros. Fundó la Sección Musical de la Escuela Nacional de Maestros, de Sucre, Bolivia, primer ensayo pedagógico de su índole en América del Sur. Fue director del Conservatorio Nacional de Música, de La Paz, y posteriormente comentarista del diario "La Crónica" y de la revista "Cultura Peruana", de Lima. En la actualidad [1963], es profesor de Piano y de Metodología en el Conservatorio Nacional de Música, de Lima, y crítico de su especialidad en el diario "La Prensa".

-----------------------

Enlaces: