mayo 30, 2009

Música culta peruana escrita en el siglo XX (hasta 1970)


Fuente:
Orquesta Sinfónica Nacional
(Cincuentenario del Teatro Municipal, 1920 –1970)
Lima : 1970, s.p.
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Música contemporánea peruana
Enrique Pinilla





El Perú es un país que tiene un pasado artístico de verdadera trascendencia en la historia universal del arte. No solamente la cerámica y el arte textil preincaicos son considerados de inmejorable calidad estética, al lado de la cerámica egipcia, babilónica, cretense, griega y etrusca, sino otras artes, como la arquitectura incaica o el actual folklore, son cada vez más admirados y estudiados en las universidades de los cinco continentes. Las tres regiones naturales del Perú: la selva, la sierra y la costa, poseen desde el punto de vista musical, cantos y danzas de gran originalidad.

La música primitiva (etnomúsica) de la selva, ofrece características que no se encuentran en otras zonas selváticas del mundo. Por ejemplo, las extrañas y bellas modulaciones de los cantos de la tribu shipibo; la forma contrapuntística canónica a sólo medio tiempo, de cada nota del compás, en la tribu campa; las armonías impresionistas en la escala de tonos enteros de los coros de la tribu culina o el microtonalismo ascendente de los largos recitativos de la tribu orejón (sic.).

El folklore de la sierra, es producido por la mezcla de la etnomúsica [quechua] aimará o incaica (hoy casi desaparecida y de la cual sólo han quedado los instrumentos) con la música española, que aportó una nueva escala diatónica más completa que la escala pentafónica. La armonía europea con sus conceptos de tónica, dominante y subdominante, y un ritmo cuadrado que no existe en la etnomúsica selvática peruana. El folklore de la costa recibe, además de los elementos indígenas y españoles, la influencia de la música negroide africana al ser traídos los esclavos en la época de la Colonia. El folklore de la sierra es el que más ha llamado la atención a los musicólogos europeos de París y Berlín, haciéndoles afirmar en repetidas ocasiones que se trata del folklore más rico del continente americano, tanto por la calidad musical de las canciones o de los solos instrumentales como por la extraordinaria coreografía de las danzas puneñas [ilegible], ayacuchanas, huancaínas, cusqueñas.

Un país con semejante tradición popular tiene que tener también su importancia en la historia de la música culta. La música colonial es la más importante del continente, según afirman Andrés Sás y Robert Stevenson (máximos eruditos de esta materia); cuenta con autores de la talla de Tomás de Torrejón y Velazco, Pedro Montes de Oca y Grimaldo, Esteban Zapata Espina (españoles), Roque Ceruti (italiano) y José Orejón y Aparicio, Juan Beltrán, Melchor Tapia Zegarra y Bonifacio Llaque (peruanos), todos ellos compositores de los siglos XVII, XVIII y principios del siglo XIX, que utilizaron alguna vez el folklore costeño de influencia española. En la época republicana, brilla la figura de José Bernardo Alzedo (1788-1878), autor del Himno Nacional del Perú en 1821, 7 misas, motetes, pasiones, villancicos, etc., y de un libro: "Filosofía elemental de la música", publicado en 1869, de trascendencia continental. También pertenecen a este tiempo, dos autores italianos: Claudio Rebagliati (1847-1909), autor de la rapsodia peruana "Un 28 de Julio" para orquesta, estrenada en Lima en la Sociedad Filarmónica, en 1888, y del "Álbum Sud Americano", colección de bailes y cantos populares, escritos hacia 1870, con admirables zamacuecas escritas con muy fino estilo pianístico; y Carlos Enrique Pasta (1855-1898), que compuso la primera ópera de tema peruano: "Atahualpa", estrenada en el Teatro Principal de Lima, en 1877. Estos son los primeros compositores que utilizaron el folklore costeño y el indígena de la sierra, respectivamente.

El objeto del presente artículo es estudiar principalmente la música culta peruana escrita en el siglo XX. Para poder hacerlo hemos creído conveniente dividir al panorama de la música nacional en cuatro generaciones que abarcan incluso ocho lustros del siglo pasado. La primera generación, comprendería los compositores nacidos entre 1860 y 1900. La segunda generación, los nacidos entre 1900 y 1920. La tercera generación, los nacidos entre 1920 y 1935 y la cuarta generación, los nacidos después de esta última fecha.


La primera generación

Dividimos esta primera generación en dos grupos; los compositores que tienen formación europea, que cultivan las grandes formas como la ópera, misas, sinfonías y cuartetos; y los compositores que estudiaron en el Perú, que utilizaron pequeñas formas, como son las piezas para piano y la forma "suite" (conjunto de piezas musicales) y que principalmente han escrito para piano y canciones para voz y piano. El estilo de ambos grupos, pertenece al romanticismo europeo, con empleo de elementos folklóricos en la mayoría de los casos.
Pertenecen al primer grupo, los siguientes compositores: José María Valle-Riestra (1858-1925), nacido en Lima, que estudió en Perú, en Londres y en el Conservatorio de París. En diciembre de 1900, estrena "Ollanta", que es la primera ópera escrita por un autor peruano, no obteniendo mayor éxito. En 1920, se vuelve a tocar esta ópera, transformándose la partitura y cambiándose el libreto de Federico Blume por otro del poeta Luís Fernán Cisneros, siendo esta vez aclamada por el público. Entre otras obras de Valle-Riestra, debemos mencionar la ópera "Atahualpa", que quedó incompleta, las zarzuelas "El comisario del Sexto" y "El cigarrero de Huacho"; la opereta "La Perricholi"; una "Misa de Requiem"; el boceto para orquesta "En Oriente", sus lieders, etc. Desde 1909 hasta su muerte, fue Sub-Director de la Academia de Música "Alzedo". Valle-Riestra tiene en la historia de la música peruana, un puesto excepcional por su sólida preparación técnica, evidenciada en el dominio de las formas musicales y su avanzado cromatismo armónico.

Federico Gerdes (1873-1953), nacido en el Sur del Perú, hijo de un comerciante alemán y de una dama tacneña, viaja a los 10 años a Alemania donde efectúa sus estudios de música. Actúa corno pianista y director en diversas capitales europeas, y en 1908 es contratado por el gobierno del Perú como Director de la Academia de Música "Alzedo" y de la Sociedad Filarmónica. Su llegada a Lima fue de vital importancia para la vida musical de nuestro país ya que continuó la obra del maestro italiano Claudio Rebagliati, en el sentido de elevar el nivel musical de nuestra sociedad, con una beneficiosa influencia germánica. En lo que se refiere a sus composiciones, encontramos 17 obras publicadas en Alemania, Perú y Uruguay, para coro, violín y piano, lieders y obras para piano. Federico Gerdes no cultivó las grandes formas, pero sus pequeñas piezas de cámara son una prueba de su exquisito temperamento romántico.

Renzo Bracesco nace en Lima, en 1888. Inició sus estudios en su ciudad natal y posteriormente los continuó en Italia. En 1923, enseñaba Teoría, Solfeo y Dictado Musical en el Conservatorio de Milán v en 1928 fue Director de la Escuela de Música "Claudio Monteverdi" de esa misma ciudad. En 1948, fue nombrado Director de la Escuela de Música del Norte (Trujillo), habiendo retornado posteriormente a Italia, donde radica en la actualidad. Entre sus obras destacan la "Sonata en Re Mayor" para violín y piano, "Cuarteto en Re Mayor" para cuerdas. "De profundis e Réquiem" para 8 voces sin acompañamiento (estrenado en Lima, en 1949, bajo la dirección de Carlos Sánchez Málaga), misas, motetes, la ópera "Atahualpa" con libreto de Luigi Orsini, y otras obras de cámara y para piano.

Otro compositor del primer grupo es Ernesto López Mindreau, nacido en Chiclayo, en 1892. Estudia música con sus padres y en la Academia Nacional de Música sigue cursos de armonía con José María Valle-Riestra, y de piano con Federico Gerdes. Las obras más importantes de López Mindreau son sus dos óperas en tres actos "Cajamarca" y "Francisco Pizarro" (también llamadas en conjunto el ciclo de "Nueva Castilla"), la "Sinfonía Peruana", "Tema y Variaciones" para piano y orquesta, sus obras orquestales "Yaravi y Ballet" y "Marinera y Tondero", sus canciones, etc. La Orquesta Sinfónica Nacional ha popularizado notablemente su "Marinera", excelentemente instrumentada: pero la mayoría de sus obras permanecen sin estrenar.

Luis Pacheco de Céspedes, nacido en Lima en 1895, cierra el primer grupo de los compositores de la primera generación. Hizo sus estudios musicales en Lima y a los 15 años viajó a París siguiendo diversos cursos con Fauré y R. Hahn. Regresa al Perú al estallar la segunda guerra mundial y en 1941 asume la dirección musical de la Radio Nacional del Perú. Entre las composiciones de Pacheco Céspedes hay que mencionar en primer lugar, sus obras teatrales: "L'Horloge de Porcelaine", ballet en un acto, estrenado en el Teatro "Olympia" por la Compañía Nikita Balieff, en París; "Le Masque et la Rose", ópera en un acto, estrenado en el Teatro de Rouen; Tres Momentos de Ballet "Selva, sierra y costa", y "La Maríscala", opereta en tres actos. Entre sus obras sinfónicas existen dos sinfonías, "Danzas sobre un Tema Inca", la suite "El Paseo de Aguas", etc.

Los compositores que pertenecen al segundo grupo de la primera generación son aquellos que se formaron en el Perú sin tener oportunidad para perfeccionar sus estudios en Europa. Empezaremos en orden cronológico con Manuel Aguirre (1863-1951), nacido en Arequipa, que tuvo una formación autodidáctica. Tiene 12 piezas para piano impresas en Lima, Hamburgo y Bruselas, siendo quizás las más famosas las "Siete Piezas" y los dos álbumes "De mis montañas". Entre su abundante producción pianística debemos hacer mención de las dos sonatas, valses, mazurcas, gavota, preludio, etc. Para canto y piano, compuso canciones con textos de Rosalía de Castro, Mariano Melgar, Gustavo Adolfo Bécquer y con poemas propios. El estilo de Aguirre tiene mucha influencia del romanticismo chopiniano pero llega a conseguir páginas de gran inspiración y con cierta originalidad, derivada del carácter melancólico del folklore arequipeño.

Daniel Alomía Robles (1871-1942), nacido en Huánuco y José Castro (1872-1945), nacido en el Cuzco, deben ser mencionados dentro del segundo grupo de compositores aunque el prestigio de ambos viene más por su labor de folkloristas. Alomía Robles estudió música en Lima. Castro fue autodidacto y no recibió lino unas cuantas lecciones del maestro ecuatoriano José Francisco Nieto, siendo el primero en el Perú en afirmar que la música indígena pre-colonial tiene una escala pentafónica y que este sistema está fundamentado en la sucesión natural de quintas, en una tesis sustentada en 1897. José Castro compuso valses de concierto, fantasías, marchas, polkas, canciones escolares, etc., sin utilizar las melodías populares ni "su" descubierta escala pentafónica. Daniel Alomía Robles, en cambio, utilizó el folklore peruano en la gran mayoría de sus composiciones. Según el catálogo publicado en el Boletín Bibliográfico de la Biblioteca Central de la Universidad Mayor de San Marcos (julio de 1943), la obra del maestro huanuqueño llega a un total de 1,015 piezas registradas, entre composiciones originales y recopilaciones folklóricas. La obra de Alomía Robles tiene una positiva importancia dentro de la historia de la música peruana, por ser el primer autor que consagra casi toda su producción a la exaltación del folklore nacional. Su célebre "Colección de melodías populares" permanece, desgraciadamente, hasta hoy inédita.

Luis Duncker-Lavalle (1847-1922), nació en Arequipa y se dedicó a la música lo mismo que sus hermanos Adolfo y Roberto, especializándose además en matemáticas, idiomas y en astronomía. En 1917, viajó por 5 años a los Estados Unidos, pensionado por el gobierno de Manuel Pardo. Aparte de su "Marcha nupcial" para orquesta y de algunas canciones, su obra es esencialmente pianística, habiendo llegado a ser un excelente virtuoso de este instrumento.

Francisco González Gamarra (1890) nació en el Cuzco y fue educado musicalmente por sus padres y por Don José Castro. En realidad, es un autodidacto que ha llegado a escribir importantes páginas como sus "Paisajes Musicales" (1935) para piano y coros, siendo el primer autor peruano que "desarrolla" el material folklórico serrano de la misma forma como 'Duncker-Lavalle "elabora" el folklore costeño. González Gamarra no utiliza los temas de las melodías populares sino que crea sus propios temas musicales utilizando la escala pentafónica.

Otros autores de la primera generación son Octavio Polar (1856-1916), Daniel Hoyle (1869-1940), Juan de Dios Aguirre (1880-1963), J. F. Chanove Zegarra (1885- ), Walter Eduardo Stubs (1891), Alberto Mejía (1896), Baltazar Zegarra (1897), Roberto Ojeda Campana (1898), y Rosa Mercedes Ayarza de Morales, la más genuina representante del folklore costeño y autora de hermosas canciones como "Tu ausencia es un silencio", "Si mi voz muriera en tierra", "Canción de cuna", etc.


Segunda generación

Está formada por los compositores nacidos entre 1900 y 1920. Encontramos fundamentalmente
cinco nombres: Monseñor Chávez Aguilar (1898-1950), Teodoro Valcárcel (1900-1942), Raoul de Verneuil (1901), Alfonso de Silva (1903-1937), Roberto Carpió (1900) y Carlos Sánchez Málaga (1904). Con excepción de Chávez Aguilar, la mayoría de los autores mencionados hicieron sus estudios de música en el Perú. Es verdad que Valcárcel y Silva estudiaron algún tiempo en Europa (en Milán y Madrid, respectivamente), pero no llegaron a finalizar ningún ciclo de estudios. El simbolismo literario europeo de Verlaine, Rimbaud, Mallarmé y Maeterlink y la pintura impresionista francesa, influyen en el Perú en artistas como José María Eguren y Vinatea Reinoso, de la misma forma como Debussy y Ravel, dejan su huella en las obras de los compositores de la segunda generación.

Una notoria característica de estos autores es la adopción de las pequeñas formas musicales, al igual que el segundo grupo de los compositores de la primera generación. Únicamente, Chávez Aguilar ha escrito grandes formas como sus dos Misas (en honor de Santa Rosa de Lima y por el centenario de la batalla de Ayacucho), el "Vesperale Completum", el 'Te Deum" para cuatro voces mixtas, las óperas "L'Oca" y "La regina in berlina" y su Divertimento Musicale "La beffana", aunque sus obras más características y que más valor musical tienen, son las concebidas en pequeñas formas, como son sus "Ocho variaciones sobre un tema incaico", los "Seis preludios incaicos" y la "Suite peruana" realizadas para piano, donde la sabiduría armónica del maestro limeño se evidencia en el libre tratamiento del folklore peruano.

Las pequeñas formas en los compositores de la segunda generación, los llevan esencialmente a componer obras para piano o canciones, siendo muy escasa la producción orquestal entre los años 1920 y 1940, que es el período en que se han producido la gran mayoría de las obras de estos autores. Roberto Carpió y Carlos Sánchez Málaga no han compuesto para orquesta y las obras orquestales de Valcárcel, han debido ser reinstrumentadas en su gran mayoría por Rodolfo Holzmann y Albin Berger. Citaremos entre las obras de Valcárcel, los dos poemas sinfónicos: "Reflejo en la cumbre" (1929), "En las ruinas del templo del Sol" (1940); y las dos suites sinfónicas, ambas obras escritas en 1939. Y sólo queda por mencionar, las tres creaciones sinfónicas de Alfonso de Silva: la suite "Instantes" (Lima, 1921 - París, 1923), el boceto sinfónico "Cuento de Hadas" (Lima, 1921-1924) y la "Canción amarilla" (Lima, 1924), que son quizás las mejores partituras orquestales escritas en la segunda generación. Pero insistimos en que, a pesar de la utilización de la orquesta, los compositores no tienen interés en emplear 'las grandes formas sinfónicas y que más bien se limitan a crear pequeñas piezas, agrupadas casi siempre en la forma de "suite".

En la forma "lied", destaca Alfonso de Silva con 17 admirables canciones, que lo colocan en envidiable lugar en toda la historia de la música hispanoamericana, por la riqueza armónica y la belleza de las melodías. También ocupan un lugar importante los "30 cantos de alma vernacular" de Teodoro Valcárcel, con melodías propias del autor, escritas en gran parte en la escala pentafónica con excelente tratamiento del piano acompañante. Roberto Carpió, en un ambiente más impresionista, crea sus canciones "Ya dormir", "La cristalina corriente", "Alba de sueños", etc. Igualmente mencionamos los "lieder" de Carlos Sánchez Málaga: "Distancia", "Huayno", "Palomita de nieve", etc., donde se hacen presentes el ambiente arequipeño y la forma del yaraví, en una apropiada estilización. Para piano solo, destacan los "Poemas Ingenuos" de Silva; las Estampas del Ballet "Suray Surita" de Valcárcel; el "Nocturno", 'Tres Estampas de Arequipa", "Cuatro miniaturas" y "Suite para piano" de Carpió; y "Vísperas", "Caima" y "Acuarelas Infantiles" de Sánchez Málaga.


Tercera y cuarta generaciones

Pertenecen a esta generación los compositores nacidos entre 1920 y 1935. Son los siguientes: Rosa Alarco (1918), Enrique Iturriaga (1918), José Malsio (Lima, 1924), Celso Garrido Lecca (Piura, 1926), Armando Guevara Ochoa (Cuzco, 1927), Jaime Díaz Orihuela (Arequipa, 1927), Luis Iturrizaga (Lima, 1927), Francisco Pulgar Vidal (Huanuco, 1929), Armando Sánchez Málaga (Lima, 1929), José Belaúnde Moreyra (Lima, 1930), Olga Pozzi Escot (Lima, 1931), César Bolaños (Lima, 1931), Leopoldo La Rosa (Lima, 1931), Luis A. Meza (Lima, 1931), Edgar Valcárcel (Puno, 1932) y Alejandro Bisetti (Lima, 1932).

Haremos un estudio en conjunto de las características generales que son comunes en estos jóvenes compositores. La mayoría de ellos se han educando en Europa o en Estados Unidos, recibiendo una sólida formación académica que les permite poder resolver cualquier problema técnico y abordar los géneros y formas musicales. Por este motivo, la tercera generación se aproxima más a la primera generación que a la segunda, por la adopción de las grandes formas musicales. En lo que se refiere a los estilos, no podemos encontrar unidad en esta generación ya que se cultivan a la vez el impresionismo, la politonalidad, el dodecafonismo, el puntualismo, la aleatoria y el folklorismo estilizado.

Vamos a mencionar algunas obras sinfónicas de los músicos de la tercera generación, instrumentados por los propios compositores (hecho poco frecuente en la segunda generación) y casi todas estrenadas en el Perú, Estados Unidos y Europa: "La Canción de Rolando", "Suite para Orquesta" (Primer Premio del Festival de Música de Caracas) y "Vivencias I-IV", de Enrique Iturriaga. "Concertó Grosso para cuatro violines, fagote, clarinete, piano y orquesta", "Obertura Sinfónica", "Divertimento para orquesta", "Danza para orquesta" y "Rondó Concertante", de José Malsio; "Sinfonía en tres partes" y "Laúdes", de Celso Garrido Lecca; "Estampas peruanas", "Poema sinfónico N' 2", "Trilogía peruana" y "El drama del Ande", de Armando Guevara Ochoa; "Rapsodia arequipeña" para piano y orquesta, de Jaime Díaz Orihuela; "Variaciones para orquesta", de Luis Hurrizaga; "Taki N° 1" y "Suite mística" para orquesta de cuerdas, de Francisco Pulgar Vidal; "Cuatro Minués", de José Belaúnde Moreyra; 'Tendero" y "Ensayo 1956" para cuerdas, de César Bolaños; "Primera sinfonía" y "Cristos" para conjunto de cámara, de Olga Pozzi Escot; "Mercedes Barrientos" y "Cáritas" (Operas), "Música 1963", "Música 1964", "Rosmanyá", de Leopoldo La Rosa; "Obertura festiva" y "Suite para cuerdas", de Luis A. Meza; y "Sinfonietta" y el estudio sinfónico "Queñua", de Edgar Valcárcel.

En la música de cámara, los compositores de la tercera generación también manifiestan su predilección por las grandes formas, como lo evidencian los "Cuartetos de cuerdas" escritos por Celso Garrido Lecca, Francisco Pulgar Vidal, Olga Pozzi Escot, Luis A. Meza y Edgar Valcárcel; los "Quintetos" de José Malsio y Celso Garrido Lecca, ("Divertimento") y las "Sonatas para piano" de José Malsio, Edgar Valcárcel, Francisco Pulgar Vidal y Luis A. Meza.

Siguen empleando el folklore peruano Rosa Alarco, Armando Guevara Ochoa, Jaime Díaz Orihuela, Francisco Pulgar Vidal, Leopoldo La Rosa y Luis A. Meza. La mayoría de los compositores de esta generación, han usado el folklore en sus primeras composiciones, evolucionando posteriormente hacia una música pura que no utiliza las melodías o los ritmos populares. La politonalidad es empleada por José Malsio, Rosa Alarco, Armando Guevara Ochoa, Francisco Pulgar Vidal, Luis A. Meza y Alejandro Bisetti. La dodecafonía es utilizada por Enrique Iturriaga, Luis Iturrizaga, Armando Sánchez Málaga, Olga Pozzi Escot, César Bolaños y Edgar Valcárcel. Este último y Leopoldo La Rosa, también han creado formas aleatorias. La música electrónica ha sido practicada por José Malsio y parece ser la tendencia predominante en las actuales experiencias de César Bolaños.

Han impreso sus obras: Rosa Alarco, Francisco Pulgar Vidal y Alejandro Bisetti en Lima; Enrique Iturriaga en Buenos Aires; Olga Pozzi Escot y Celso Garrido Lecca en Estados Unidos; Luis Iturrizaga en Alemania. Practican la dirección de orquesta: José Malsio, Armando Sánchez Málaga, José Belaúnde, Leopoldo La Rosa y Luis A. Meza. La dirección de coros: Rosa Alarco, Enrique Iturriaga, Celso Garrido Lecca, Jaime Díaz Orihuela y Leopoldo La Rosa.

Algunos de los compositores de la tercera generación radican en el extranjero, muchos de ellos en forma permanente. Celso Garrido Lecca vive en Chile, aunque está actualmente con una beca en los Estados Unidos. Olga Pozzi Escot es profesora en el Conservatorio de Nueva Inglaterra, de Boston. Jaime Díaz Orihuela sigue estudios de perfeccionamiento en composición con Francisco Calés Otero, en Madrid. Luis Iturrizaga vive en Alemania, con una beca del Senado de Berlín. César Bolaños tiene una beca del Instituto Torcuato Di Tella, de Buenos Aires, para trabajar en música electrónica en el Departamento Audio-Visual. A pesar de esta dispersión, la tercera generación está al día de lo que componen cada uno de sus integrantes. En Lima, la Orquesta Sinfónica Nacional estrena frecuentemente obras de estos compositores, existiendo además muchas oportunidades para escuchar sus obras de cámara.

Los 16 compositores de la tercera generación que mencionamos en el presente artículo, no han tenido casi sucesores. En realidad, la cuarta generación de compositores no existe. La presencia de algunos jóvenes como Rafael Junchaya (1939), Jorge Chiarella (1943) o Jaime Delgado Aparicio (1943), que son promesas en la historia de la música peruana, no justifican la existencia de una auténtica nueva generación. ¿Por qué se ha producido este vacío de vocaciones por la composición musical? Es una pregunta muy difícil de contestar. Lo que sí es cierto, es que los jóvenes actualmente sólo desean su titulo musical académico para poder enseñar en escuelas y colegios, y no les interesa mucho, al parecer, componer música. Quizás la creación de numerosos premios de estímulo, podría fomentar el deseo de crear música en las nuevas generaciones. Podría también ayudar la organización de conciertos especiales con obras de los jóvenes compositores.


Los músicos extranjeros radicados en el Perú

La mayoría de los músicos de la primera generación tuvieron influencia de los pedagogos italianos que se radicaron en el Perú en la segunda mitad del siglo XIX como Claudio Rebagliati, Salvador Barriola, Francisco de Paula Francia, Carlos Enrique Pasta y Napoleón Mafezzoli. De las composiciones de Rebagliati y Pasta ya hablamos anteriormente. En el siglo XX la influencia de los maestros y compositores extranjeros continúa con la positiva obra de Enrique Fava Ninci, Vicente Stea, Andrés Sás y Rodolfo Holzmann. Principalmente, Sás y Holzmann han sido los maestros de casi todos los músicos de la tercera generación. Diremos muy brevemente algo sobre estos maestros extranjeros, nacionalizados peruanos.

Enrique Fava Ninci nació en Italia en 1883 y murió en Lima en 1949. Vino al Perú en 1909, enseñando Teoría, Solfeo y Armonía en la Academia Nacional de Música y en el Conservatorio, llegando a ser Director en 1931. También dirigió orquesta y algunas temporadas de ópera en nuestra capital. Entre sus obras que tienen relación con el folklore peruano mencionaremos tres composiciones para orquesta: el "Himno Ayacuchano", la obertura "Alfonso Ugarte" y el ballet "La cadena de Huáscar".

Vicente Stea nació en Italia en 1884 y murió en Lima en 1943. Su llegada al Perú data de 1917, dedicándose a ser maestro de canto, director de óperas y fundando la Sociedad del Cuarteto, que dio magníficos conciertos de cámara. Igualmente, Stea fue un célebre director de orquesta, siendo con Federico Gerdes un auténtico precursor de las actividades orquestales en nuestro país.

Andrés Sás, belga nacido en París en 1900, llegó al Perú en 1924. Fundó con su esposa, la pianista Lily Rosay, la Academia Sás-Rosay en Miraflores, célebre institución conocida por casi todos los compositores y pianistas peruanos. Actualmente enseña Armonía y Contrapunto en el Conservatorio. Como musicólogo, realizó investigaciones sobre el folklore peruano y la música colonial, llegando a ser uno de los más grandes eruditos del mundo en esta última especialidad. Algunas de sus obras emplean el folklore, como las tituladas "Aires y danzas del Perú", "Suite peruana", "Preludio y Tocatta", escritas para piano; "Tres estampas del Perú", "Poema indio" y "La leyenda de la isla San Lorenzo", para orquesta; "Recuerdos" y "Rapsodia peruana", para violín y orquesta; coros; canciones; etc.

Rodolfo Holzmann nació en Alemania en 1910, llegando al Perú en 1938, como profesor de oboe, ingresando posteriormente como violín de la Orquesta Sinfónica Nacional. Su labor más importante fue como profesor de Composición del Conservatorio. Al mismo tiempo realiza interesantes investigaciones musicológicas sobre los compositores peruanos de los siglos XIX y XX, destacando los catálogos publicados por él de los compositores D. Alomía Robles, Vicente Stea, Alfonso de Silva y Teodoro Valcárcel. Sus obras musicales que tienen relación con el Perú son las siguientes: "Pequeña suite" sobre motivos del folklore peruano, y "Niñerías" para piano: "Suite arequipeña" para orquesta; "Concierto para la Ciudad Blanca" para piano y orquesta, diversas obras corales y sus instrumentaciones de las obras de Manuel Aguirre, Teodoro Valcárcel, Daniel Alomía Robles y Francisco González Gamarra. Rodolfo Holzmann es actualmente jefe del Servicio Musicológico de la Escuela Nacional de Música y Danzas Folklóricas, y maestro de composición en la Escuela Moderna de Piano, en Miraflores. Prepara últimamente dos obras basadas en temas folklóricos de gran parte de los departamentos de nuestro país cuyos títulos serán "Costa, Sierra y Montaña: Música tradicional del Perú" y "Panorama de la música tradicional del Perú".


parte de las imágenes incluídas en el texto impreso:

Claudio Rebagliati

José María Valle Riestra - Carátula de la ópera "Ollanta"

Luis Duncker Lavalle
(esta foto, que acompaña junto a las otras el artículo impreso como siendo de Luis Duncker Lavalle, parece corresponder a uno de sus hermanos. Una imagen más certera del maestro músico es ésta)


Carlos Sánchez Málaga


Leopoldo La Rosa (izq.) y Luis Alva



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Video
"La marinera"
Autora: Rosa Mercedes Ayarza
Canta: Bartola

En la foto , Olga Vásquez y Mendoza Reyes de la Compañía Pancho Fierro (1956)
Con este título figura en el disco "Rosa Mercedes Ayarza - Una leyenda", sin embargo, en este video, que ofrece una grabación antigua de Doña Mercedes, se señala como título "Soy peruana"

Soy peruana, soy limeña (bis)
caramba, soy la flor de la canela (bis)
y a mi son alegre y retozón baten las palmas (bis)
caramba y el que vé, peruano sea (bis)
a los pobres y a los ricos,
les da un vuelco el corazón
(bis)
cuando oyen cantar mis coplas, con guitarra y con cajón (bis)
y es que soy y es que soy, y es que soy la más criolla
y es que soy y es que soy, y es que soy la verdadera
alma grande de peruana
(bis)
y es que soy, La Marinera



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Enlaces

Procesos iniciales de la identidad musical en el Cusco
Creación musical en Arequipa, brevísima relación
Daniel Alomía Robles en primera persona
Armando Guevara Ochoa
Las zamacuecas de Claudio Rebagliati

Un panorama musical por Carlos Sánchez Málaga
Morir en primavera Armando Robles Godoy, sobre Enrique Pinilla
Amistad entre pentagramas - "Cuatro compositores representativos de la generación del 50 celebran más de medio siglo de amistad y música..." [Francisco Pulgar Vidal, César Bolaños, Edgar Valcárcel y Leopoldo La Rosa] - Rev. Variedades, jun. 2008





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mayo 22, 2009

Sobre el clavecín

El jueves 21 de mayo (2009) se realizó un concierto de clavecín (o clave, o clavicémbalo...) en el Centro Cultural Ricardo Palma. Grata revelación estética para quien no había escuchado antes un concierto de clavecín. La sonoridad de este instrumento evoca el agua clara, el trino, la vibración, la sutileza, sabe ser protagonista impecable, y también acompañante impecable.
Es notorio que la disciplina del clavecín está renaciendo por aquí.  Hay varios jóvenes que se están interesando por este antiguo instrumento, vinculado al origen del piano. El clavecín tuvo presencia importante en la música barroca del Virreinato del Perú, pero a diferencia de otros instrumentos como el órgano o la guitarra, carece aún de estudios cualitativos específicos.
Ana Savarain Bustillo de Graf, clavecinista profesional, presentó en el 2008 en Viena el disco compacto
Music Treasury Of Europe And Latin America for harpsichord en el que junto a temas europeos, incluye piezas peruanas tomadas del Códice de Martínez Compañón, del Libro de Zifra y otras, que transcribió para su ejecución en clavecín. Afortunadamente, no es la única clavecinista profesional en el Perú. Pilar Lopera Quintanilla, integrante del Dúo Lopera y del Ensamble Barroco de Arequipa, y fundadora de la Orquesta Sinfónica de la Escuela de Artes de la UNSA también lo es. Al parecer, aún no trabaja con piezas de música peruana antigua.
Tal vez –ojala- hay alguien más, pero al menos está claro que en Lima y Arequipa el clavecín resuena en buena forma.

//marcela cornejo



Lola Odiaga


Viernes 5 de junio '09:
He tomado nota de una concertista peruana de clavecín de destacada trayectoria, que sería de una o dos generaciones anteriores. Se llama Lola Odiaga, ejecutante de piano, clavecín y pianoforte (piano del S. XVIII), de gran prestigio internacional a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado. Estudió piano en la Juilliard School of Music (New York) y en el Hochschule für Musik de Hamburgo; el clavecín lo estudió en la Yale University. Sus profesores han sido Edward Steuermann, Stefan Askenase y Ralph Kirkpatrick. Ha recibido numerosas becas y premios. Aparte de enseñar (con mucho prestigio) en distintas instituciones como el Conservatorio Nacional de Música en Lima, el Wellesley College, el Hartt College of Music, Yale University School of Music, y Boston University School for the Arts, ha sido aclamada concertista en el Perú y el extranjero, tanto como solista, como frente a orquestas y conjuntos de cámara. Desde 1983 inició presentaciones como ejecutante de pianoforte.



Doble Virginal de 1581, estilo flamenco.
Fabricante: Hans Ruckers, el Viejo de Antwerpen
Obsequiado por B. H. Homan en 1929 al Metropolitan Museum of NY
Origen: capilla de Oropesa, pueblo cercano al Cusco



Trancripción de los programas de dos conciertos recientes


1.- El Clavecín en la Corte de Austria, siglo XVIII

Conmemorando los 200 años del fallecimiento de Joseph Haydn (obras de Haydn y Mozart).
Jueves 21 de mayo de 2009
Centro Cultural Ricardo Palma.


Notas al Programa
Por: Ana Savaraín Bustillo de Graf

Es muy grato para mí estar a cargo de las clases de Clavecín y Música de Cámara en el Conservatorio Nacional de Música y realizar por segunda vez un concierto público de alumnos del curso. En esta oportunidad todas las obras que se interpretarán son estrenos absolutos en el país.

El programa incluye tres sonatas para clavicémbalo o clavecín de Joseph Haydn, dedicadas a su protector, el príncipe Nicolás Esterhazy, a quien servía como maestro de capilla, y tres lieder para soprano y clave.

Mozart y Haydn alternaron en la corte austríaca, donde componían o realizaban conciertos, y entablaron amistad a pesar de la gran diferencia de edad entre ellos, sintiendo el joven Mozart gran admiración por Haydn. Así se incluyó en el programa parte de una obra de Mozart, el Allegro del Concierto de Cámara para Clavecín en Mib mayor, sobre temas de Johann Christian Bach. A la usanza del período Barroco, el alumno Osear Cavero ha compuesto la cadencia que ejecutará.

El Concierto en Fa mayor de Haydn para clavecín, cuerdas y dos flautas, cierra el programa.

El clavecín es un instrumento de teclado a cuerdas rasgueadas, a diferencia del piano, cuyo mecanismo es a cuerdas percutidas. Debido a las características básicas de su construcción, requiere una técnica de ejecución especial, unida a elementos específicos para una apropiada interpretación de la música de las diferentes escuelas, especialmente de los siglos XVI al XVIII. No debemos confundir el clavicordio con el clavecín, son en principio dos instrumentos diferentes, debido al medio como se obtiene el sonido. Uno rasguea la cuerda, el otro la golpea o percute. El clavecín llega a su máxima perfección en el siglo XVIII, mientras tanto el clavicordio se va perfeccionando hasta llegar al piano moderno en el siglo XIX.

El clave, clavecín, clavicembalo, cembalo, harpsichord o cravo, en sus diferentes acepciones según el idioma, llega en el siglo XVIII al desarrollo que le conocemos hoy día como el instrumento solista y acompañante para el cual Johann Sebastián Bach crea sus magistrales obras, una de ellas "El Clave Bien Temperado". Paralelamente surgen óptimos constructores como Hemsch, Taskin y dos generaciones de Ruckers de la escuela flamenca, comparables en su perfección a Stradivarius o Guarnieri, los famosos constructores de violines.

En tiempo del Virreinato del Perú existieron instrumentos de teclado traídos de Europa, como los clavecines de Lima y el de Oropesa en el Cuzco, un Ruckers, el que a partir del siglo XX pertenece a la colección del Museo Metropolitano de Nueva York y es actualmente el más valioso en su género. Otros clavecines, así como órganos y clavicordios, fueron también construidos en el país; por ejemplo, el "Clavicordio de Lima", que se exhibe en el Museo de la Cultura Peruana. Todo ello constituye testimonio elocuente de la música que se compuso y ejecutó en nuestro país en esa época.

Es para mí muy elocuente el interés y entusiasmo despertado sobre todo entre los jóvenes por conocer la interpretación mediante la ornamentación, digitación y fraseo, en el clavecín y otros instrumentos, no sólo del Barroco europeo sino de la música que se hacía en el Perú colonial, porque el clavecín es un instrumento que influyó en su evolución.

Creo que, con este concierto, se ha dado un paso en la inclusión de una Cátedra de Clavecín dentro del currículo del Conservatorio, lo que apunta a lo que será más adelante el Departamento o Facultad de Música Antigua y Musicología, con todas sus materias afines.


2.- "Dúo Lopera" - Concierto de clavecín  (Pilar Lopera Q.) y flauta (Alejandra Lopera Q.)
[Martes 12 de mayo de 2009 en el ICPNA de Miraflores. Obras de Jacques-Martin Hotteterre le Romain, John Stanley, Georg Philipp Telemann, Pierre Danican Philidor, Benedetto Marcello]


Pilar Lopera Quintanilla

Estudió piano con Máxime Windsor, maestra y pianista representante de la Real Academia de Música de Londres y clavecín con la virtuosa clavecinista Anna Maria Pernafelli, discípula de Ralph Kirkpatrick, en el Conservatorio Luigi Cherubini, Florencia, Italia. Es Licenciada en Artes de la Universidad Nacional de San Agustín y actualmente es docente de la misma institución. Fue becada para estudiar clavecín y participar en la Academia Barroca en el Amherst Early Music Festival 2005 donde recibió cursos de los maestros Web Wiggins y Peter Sykes.

Como clavecinista ha actuado como solista y como acompañante junto a la Orquesta Sinfónica de Arequipa en numerosas ocasiones y como solista en Perú, Argentina, Bolivia y Estados Unidos. El 2008 realizó un curso intensivo de clavecín y ejecución histórica con Anna Maria Pernafelli en Italia y en abril de este año fue becada para participar en el curso de clavecín y música de cámara dictado por el renombrado clavecinista Johan Hofmann en el Conservatorio Agostino Steffani, Italia. Ha dirigido la Orquesta Sinfónica de Arequipa en numerosas ocasiones como invitada, así como la Orquesta Sinfónica Nacional del Perú en el 2006 y 2009. En 1996 fundó la Orquesta Sinfónica de la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de San Agustín de la cual es actualmente directora titular. Integra el Ensamble Barroco desde su fundación en 1991.

Alejandra Lopera Quintanilla

Graduada con honores en flauta dulce en el Conservatorio Luigi Cherubini de Florencia, ha sido solista con las principales orquestas del país como la Orquesta Sinfónica Nacional, Orquesta Filarmónica de Lima, Orquesta del Festival Internacional Bela Bartok, Orquesta Sinfónica de Bahía Blanca (Argentina), Orquesta Sinfónica Municipal del Alto (Bolivia) y Orquesta Sinfónica de Arequipa. Obtuvo el Premio Southern Perú al Talento Musical y fue ganadora del Primer Concurso Nacional de Conciertos.

Fue becada en tres ocasiones para asistir a los cursos de Virtuosismo y Academia Barroca del Amherst Early Music Festival donde ha recibido clases maestras de los principales flautistas a nivel mundial, participando en talleres de ejecución con Marión Verbruggen, Dan Laurin y Francis Colpron y en los talleres de música contemporánea de Pete Rose y Mathias Maute, entre otros.

Ha ofrecido recitales como solista en Perú, Bolivia, Argentina e Italia. Fue la solista invitada del conjunto Carolina Pro Música en sus temporadas 2001 y 2006. Dirige el Ensamble Barroco de Arequipa desde su fundación en 1991 con el que participó en el VII Festival Internacional de Misiones de Chiquitos y en los Festivales Internacionales de Música Antigua de la PUCP. Desde el 2008 dirige e integra el cuarteto de flautas dulces "La Fontegara" dedicado a la música contemporánea y al jazz. Actualmente es docente de la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa.



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Videos

Entrevista a Ana Savaraín Bustillo de Graf
Diario El Comercio




Sonata en fa (Telemann)
Clavecín: Alejandra Lopera
Flauta contralto: Nicolás Ponce
Violoncello: Jorge Valdivia






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Enlaces

Lola Odiaga - Johann Sebastian Bach (1984)

mayo 11, 2009

Pujllay: danza quechua centro-surandina de origen prehispánico (caso de Cusco)

Un documento sobre las celebraciones del pujllay (pukjllay, pukllay, puhllay, etc.) o carnaval rural en el sur andino. Algunos quechuístas cuestionarán el modo de transcripción de los cantos (la falta de consenso es uno de los mayores problemas en la escritura quechua), lo que no impide apreciar su belleza. Uno de los cantos transcritos alude al ayllu de los Lares o Laris sobre el cual se asentó un repartimiento colonial y posteriormente el distrito del mismo nombre (uno de los 8 de la provincia de Calca).
"Pujllay" es un concepto quechua que significa aproximadamente, "juego" o "intercambio". Este componente del "juego", entendido como un contrapunto pactado, se presenta en distintas fiestas rituales de carácter agrario, sobretodo entre los meses de diciembre y febrero, cuando comienzan las lluvias. Los rituales son tanto guerreros (como es el caso del "Chiaraje" o el "Takanakuy") como amorosos, entre la juventud casadera. El objetivo es propiciar y celebrar la fertilidad de la Pachamama: buenas cosechas, buen ganado, re-generación comunal... y de manera especial, restaurar el equilibrio cósmico entre los opuestos complementarios. Los elementos de catarsis social y celebración de la fertilidad y la vida, lo han vinculado con el tiempo y el progresivo mestizaje, al concepto del carnaval occidental. 
Las celebraciones del pujllay rural sobreviven sobretodo en Cusco, Apurímac, Huancavelica, Ayacucho, zonas altas de Arequipa, zonas quechuas de Puno. Lamentablemente, su práctica ritual retrocede frente a la escenificación folkórica para el turismo. Sólo en las fechas precisas, los jeans y las zapatillas ceden a las polleras, sombreros, mantas (llicllas o aguayos), y demás elementos del traje tradicional.
//marcela cornejo



Fuente:
Perú Indígena
Lima : Instituto Indigenista Peruano, Vol. IV, N° 9, abr. 1953, pp. 125-134
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Puhllay, fiesta india (*)
Jorge A. Lira


joven maqta en feria de Písac-Cusco
(
fuente de la foto)


Como torrente de color y música que salía por entre cauces de granítico Andes [sic.], el rumor magnífico del Puhlláy indio irrumpe [por] doquier. En todos los pueblos de la cordillera india la omnipotencia de esta clásica locura del Puhlláy indígena embarga profundamente el espíritu del hombre. Cada ocasión me fué propicia para analizar detalles de esta feria estética de los andes peruanos. Y deducí tratarse de un acontecimiento de enormes proporciones, de un sentido no solo emocional, sino de un sentido estético social-religioso-telúrico. Es pues un hecho excepcional; irrupción afectiva y mental de la prepotencia del hombre autóctono, moviéndose triunfal en el más puro e incontaminado esplendor vernáculo pese al maremagnun que esfuérzase por hundirlo y perderlo para siempre.

Un punto de partida histórico del Carnaval indio no encuentro. Se pierde en su remotísima edad primera. Pero confieso que, tampoco me he preocupado [de] buscarlo en documentos bibliográficos pues, entiendo que debe ser raro. Sin embargo quedo persuadido que posiblemente, cuantos se ocupan de esta materia, le han dado una procedencia europea como si Europa fuera el cordón umbilical de nuestra cultura. Empero, convencido yo de nuestra excepcional cultura nativa, le atribuyo una génesis india, autóctona cien por cien. El Puhlláy del Perú indio tiene distintivos y características de pureza inconfundible. Por todos sus costados es vernáculo, autóctono, muy indio.

En primer lugar, su sentido estético social está por encima de toda otra concepción, común a los pueblos de origen no indio. Su entrelazamiento con el panteísmo, las prácticas rituales con que comienza esta fiesta, es argumento de primer orden. La parte estética que más ahínco cobra por la insuperable belleza de la indumentaria indígena, rivalizadora de la propia naturaleza, por sus matices, el alarde de formas y el simbolismo de las labores. Las canciones y su música es de absoluta inspiración india. Y lo estupendo está que tiene música propia, canciones propias y hasta danzas propias exclusivas. Esa profusión de motivos e inspiración con gentil sobriedad en todo orden es admirable. A base de muchos siglos de evolución y depuración ha sido logrado. Y qué pureza en todo, pues permite advertir no estar influenciado ni por lo exótico ni por las maneras de los ayllus vecinos y comarcanos. Cada pueblo, cada ayllu con su personalidad, su individualidad virgen inconfundible, con ese "ego social" que es marca de cada grupo étnico, sin romper tampoco la unidad y armonía social que liga a esos pueblos con nexos íntimos en las formas sustanciales de vida y relaciones universales. Tan estrecho es todo ello sin dejar de ser individual y universal que, difícil podrá ser roto ni en los siglos venideros. Es el espíritu mismo que no puede desaparecer. Sería imposible echar los Andes por tierra; así firme es el espíritu del hombre autóctono que se nutre de la perennidad de las cumbres mayestáticas.

La propia denominación de Puhlláy al Carnaval, indica diáfanamente ser un hecho social religioso-telúrico precolombino de uso inmemorial dentro de los núcleos étnicos del Tawantinsuyo. La incursión europea, parece, casi nada influenció sustantivamente al Puhlláy autóctono. El carnaval de los blancos, más bien parece se vio obligado a asimilar elementos y pugna ahora mismo por arrebatarle valiosos motivos al juego vernáculo de América india, o bien pretende mezclarse, incursionando bárbaramente.

Así el preámbulo carnavalesco es el Jueves de Compadres, fecha dedicada a éstos. Las esposas, las viudas y las demás mujeres, en este día hacen honores al sexo fuerte. Por la mañana son las atenciones con un soberbio ponche "reforzado". El almuerzo es todo un alarde de arte culinario. Los picantes y las bebidas ex-profeso preparadas es suficiente para enardecer los ánimos más pusilánimes con el calor de la alegría. Las canciones, la música y el baile hacen su éxodo en una contienda de galanteos, en las que mixturas, flores, papel picado y las serpentinas decoran este retablo carnavalesco.

El Jueves de Comadres precede al Carnaval. Desde las vísperas son los preparativos. Se mata gallinas y conejos. Se degüella cerdos y corderos. Todo se dispone debidamente. Por la noche, entre diez a dos de la mañana, los compadres recorren ciertas casas de sus comadres. Sigilosamente, en la puerta de casa, de la dormida de cada comadre orlan con festones de enredaderas silvestres, con hierbas hediondas, de donde cuelgan sapos, quijada y canilla de animales muertos, cabeza de perro, calavera de burro, alguna muñeca feamente modelada de paja de puna o de malezas, y el suelo [lo] siembran de ceniza y mixtura de flores significativas.

Cuál sea el origen de esta costumbre ni su significación, no se puede decir con certeza. A mi juicio es una creación nativa posterior, pues es de notar que esto prima más en el pueblo mestizo, y no en el indio ni en el blanco.

El Jueves de Comadres es un neto homenaje de atenciones y galanteos a viudas y solteras. Por la mañana mandan decir misa y muy acicaladas asisten a dicho acto religioso. Al retornar a sus casas sirven sendos vasos de buen ponche espumoso, el mejor pisco de la región y el lechón calientito. Si el día es lluvioso, los compadres dicen que las comadres están llorando. Algunos traviesos como para el caso logran subir al campanario de la Iglesia del pueblo y doblan a muerto. Las comadres molestas por ello motejan a los del sexo fuerte, y éstos se burlan de ellas con sátiras. Así comienza el contrapunteo y viene el juego con mixtura, harina, polvos de olor, serpentinas. Y hasta una jarana inicia la fiesta, rematando casi siempre una borrachera.

Pero el verdadero Jueves de Comadres indio es el Cháku, la cacería de animales vivos. Los cholos y los indios más "ternejos" salen al Cháku. Escalan lomas y cerros donde saben hay madriguera de zorros y guarida de pumas, de venados y cóndor. Acechan desde por la mañana. Rodean y cazan vivos algunos de estos animales.

Con extraordinario aparato, montados en caballos belicosos y cerreros hacen la entrada triunfal al pueblo a horas de la tarde, dando una vuelta a la plaza con algazara, gritos, hurras, aplausos y canciones del pueblo. Los sones carnavalescos invaden [por] doquier el espacio. Grupos de mujeres muy ataviadas, portando cestitos de quesos frescos, cebollas y hortalizas cubierto[s] con pétalos del campo, batiendo banderolas blancas hondas multicolor[es], bailando y cantando siguen a los valientes mozos portadores de animales logrados por la destreza y el riesgo.

Los animales traídos son puestos en libertad en el ámbito de la plaza del pueblo, donde cierran las bocacalles el gentío. Allí los animales son perseguidos en medio de gran vocerío de la multitud que especta el acontecimiento, calzándolos nuevamente. El primer animal cogido es llevado como presente donde la primera autoridad, el señor Gobernador. El segundo animal es para el Párroco, y el tercero y último para el Alcalde y el Juez. Cada animal es conducido en medio de gran animación y bulla, con música y bailes, por grupos aparte de gente perteneciente a los ayllus más notables de la comarca.

El principal del ayllu y el mozo que dio caza al animal hacen la entrega del presente a las citadas personas representativas del pueblo, quienes al aceptar dicha atención regalan propinas y agasajan con licores y serpentinas a los más connotados del grupo. Las mujeres ofrecen como presente sus cestitos. Cumplido este protocolo social indio retornan todos a sus ayllus entrada ya la noche cantando las wiphas [¿wiphalas?] del Puhlláy andino, cuando han bebido sobradamente entre compadres a la buena del acontecimiento. Así pues comienza el carnaval indio.

La víspera del Domingo de Carnaval, hay una ceremonia nocturna el Haywachikuy, ofrecimiento a los manes.

Esta ceremonia nocturna tiene un interés notable, por sus antecedentes y manera social religioso-telúrica. Se trata de un culto excepcional a [la] Pachamama, considerado como númen titular que ampara prodigando favores con los frutos de su seno. Como custodio y vigía que guarda al hombre atalayando sus actos en todo momento, encarnada en la cumbre principal hacia donde se dirigen todos los ojos durante la vida. También a [la] Pachamama, considerada como piso, sitio y suelo que sustenta las plantas del ser viviente. La ceremonia está mezclada con costumbres báquicas degenerando la "T'inka" inicial de ofrecimiento del licor precioso a la Tierra, a la cumbre de nieve eterna, al lar, a la fuente, al lago, al río sagrado y hasta al ganado que nos sustenta con su carne [y] su sangre, y protege con su piel y su lana.

Un informe directamente recibido de Eugenio Kkéspi, más o menos a la letra dice así: "Días antes compran de los chifles los chiuchis (de plomo), kkóri y kkólkke 'káytu, kkóri y kkólke t'ánta, los sullus de carnero, de pakocha, wik'úña y llama; mazorca de maíz blanco sin faltarle un solo grano, incienso, claveles, píñis, arroz, pallares, garbanzos, sullukus, wayrurus. Todo completo sé compra. Después entra el huevo, chicha, vino, coca. Todos los de la casa se congregan a eso de las 10 u 11 de la noche. Todos se sientan en círculo. Tienden un costal y sobre ello una unkhuña. Antes se dan a las manos una entrega de coca, aun a los pequeñuelos y hacen el akúlli. El jefe de la casa o el más caracterizado escoge la ofrenda, poniendo previamente la porción de coca sobre un pañuelo y otro pañuelo donde irá colocando las cosas de la ofrenda según la selección. Todos cuantos están ponen a ese pañuelo un gran puñado de coca. El jefe o principal pone media docena de k'íntus de las hojas más hermosas de coca selecta, en nombre de la casa. También para el ganado media docena de k'íntus y después fragmentos de unto o de llama sobre cada k'íntu. Después para sus chacras de riego y para los temporales. Luego beben licor y hacen el ch’allaskka sobre el pañuelo. Mastican coca. Tras esto nuevamente comienzan a poner los chiuchis, por orden. Luego mojan un táku en vino y dibujan con él en el choclo y en el huevo unas figuras simbólicas. En el huevo generalmente la imagen de algún ganado y en el choclo círculos de la parte superior a la inferior. En seguida se reviste el huevo y el choclo con kkóri y kkólkke t'ánta, liándolo con kkóri y kólke 'káytu. Colocan el huevo y el choclo y le hacen abrazar con el sullu. Tras esto rocíanle vino y licor (aguardiente). En el 'koymina encienden bosta hasta que esté bien encendida y quede hecha una ascua viva. El Jefe lleva allí la ofrenda y envuelto en su papel coloca sobre el fuego. Previamente hacen el ch'uya (purificación) del fuego derramándole licor y chicha, que mezclando agua, vino y chicha con kkañiwa y maíz crudo molido, entregan al fuego haciendo el ch'alláskka, excitando más el fuego".

Luego regresan a la habitación y no se permite salir ni mirar el fuego donde arde la ofrenda presentada a Pachamama. Más bien en la habitación inciensan el mama'kepi. En este lío están los wakiullas, limitas, aysachas, khuyas, etc. También contiene los simulacros de estuco del ganado (enkkas). Algún fragmento de aerolito caído del cielo. También el wihllu kéru (concha marina tuerta) que sirve para recoger la sangre del ganado cuando se marca. El cuchillo también está en el mama'kepi, que se saca sólo para cortar la oreja del ganado cuando se marca, y que jamás se lleva ni se usa para otra cosa.

"Siguen conversando y bebiendo, hasta el amanecer. Cuando está clareando traen papa wáyk'u y moraya phássi. Evaporando echan a una lláta y comen con uchu kuta bien picante".

"Después salen a contar su ganado sin marca, para señalarlo la mañana de ese día. Luego arrean el ganado al mejor pasto para que coma lo más satisfactoriamente, hasta el medio día. Lo regresan a la kancha el ganado, y ellos se ponen a seleccionar la coca. Con el tumi cortan la oreja del animal y reciben la sangre en el wihllu kkéru, lo que mezclan con vino y lo beben a cantidades mínimas, dándose unos a otros, por orden. En seguida todos se trasladan a la killka, que suele estar en .un sitio ad hoc de la casa, llevando sus ofrendas, licores, mama'kepi y las orejas cortadas en la marcación del ganado, arreando el rebaño a sus diferentes reparticiones en la kancha".

"En la killka abren la piedra que cierra y miran cada uno si las orejas y los k'íntus puestos el año anterior se encuentran blanquísimos como tiza casi floreciente".

"Si así se encuentran es muy gran signo, y dicen que sus ganados no enceguecerán ni morirán, y más se propagarán. Si las hojas de coca de la killka están denegridas y las orejas roídas por los gusanos, dicen que el ganado se tornará como basura, de mala calidad, y se diezmará".

"Entierran pues en la killka las orejas junto con los k'íntus muhllus, unto, incienso y maíz parakay".

"Cierran la killka tan herméticamente con su propia loza, para que de ningún modo penetren ni alimañas".

"En ese día (Domingo de Carnaval) dicen, que hará gran viento y no deben andar porque hará daño. No hay que ir por los caminos. Los ricos hacen gran fiesta en casa bailando, sirviéndose meriendas y agasajando al pastor de sus majadas. Ya el día siguiente pueden visitar y hacer la fiesta donde quieran". (1)
Hasta aquí el informe verbal de Eugenio Khéspi, de enorme valor.

Se infiere pues que Puhlláy es un acontecimiento de interés insospechado. Es la fiesta de la deidad telúrica llamada "Puhlláy". Es el dios del ganado. Por eso se generaliza en todas las latitudes donde hay ayllu o grupo indígena. No hay casa por modesta que esta sea donde la ceremonia del Haywachikuy deje de tener lugar. A esta ceremonia, como su consecuencia, el lunes y el martes de carnavales invade el regocijo, el juego y la libertad de elegir consorte.

El Miércoles de Ceniza, en los sitios y pueblos más remotos toca a su fin el gran juego, la gran Kkháswa, el Puhlláy. Es el día del Kacharpári, la despedida. En el Cusco le llaman el Carnaval de Pihchu, nombre de la colina a donde salen todos los de la urbe sagrada a enterrar el carnaval. Personifican al carnaval en un muñeco de hierbas hediondas, feo y desaliñado, ataviado pésimamente. Este simulacro [lo] depositan en una fosa cavada en sitio aparente, sobre cuyo entierro zapatea la plebe al son de guitarras y quenas, cantando la canción de los blancos:

Cantemos, bailemos
Sobre esta granada
Hasta que reviente
Agua colorada.

Quién inventaría
Estos carnavales.
Alguna muchacha
Que alegre estaría.

Desde Chukiwana
Me mandaron flores
En una canasta
Llenita de amores.
Cantemos, bailemos
Con toda la gana
Hasta que reviente
Agua colorada.

Pero en los pueblos y en los ayllus también salen a la una colina. Al son de arpas, de tinyas y de dulces kkenas, todas las gargantas cantan:

Kacharparilláway
Puhlláy!
Chokkarparilláway
Puhlláy!

May ñanchallánta
Puhlláy!
Kay úray ñanllánta
Puhlláy!

Wanáku rumíwan
Puhlláy!
Chunkkarparilláway
Puhlláy!


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Suéltame, déjame
¡Alegría del Puhlláy!
Arrójame, lárgame
¡Diversión infinita!

Pero, por cuál camino
¡Placer del Puhlláy!
Por esta vía de abajo
¡Fiesta loca del corazón!

Con piedra de compunción
¡Oh Carnaval!
Arrójame, espántame
¡Puhlláy enloquecedor!

En otros pueblos indios, en valles y cumbres, hasta que muera el día, con toda la efusión del alma despiden el Puhlláy, y cantan diciendo:

Láris 'kássa púka phállchay
Láris pata púka phállchay,
Pírakk, máyrakk t'ipisúnki
Pírakk, máyrakk pallasúnki.

Manárakk ñokka pallasiákktiy,
Manárakk ñókka t'ipisiákktiy,
Pírakk, máyrakk t'ipisúnki,
Pírakk, máyrakk pallasúnki.
Ñókkas ichákka pallaykíman
Ñókas ichákka, t'ipiykíman,
Pállay, pállay llihllitáyman,
Pállay pállay punchituyman.

Takiyúnay patapikka
Tussuyúnay papapíkka
Yúyu kkorállas tutayásian
Yúyu kkorállas tutayásian

Muyuyllárakk muyurísun
Tussuyllárakk tussurísun
Káy túkuy súmakk panpachápi
Káy túkuy múnay wayilachápi.

Schaynatáchus tussuyunári
Schaynatáchus takiyunári
Schaynachatamá takiyunákka
Schaynachalama tussuyunákka.

Yánkkan mámay kachawánki
Yánkkan táytay kachawánki
Pánti t'íka pallakúkkta
Pánti t'íka pallakúkkta.

Pánti t'íka pallaskkáypis
Pánti t'íka t'ipiskkáypis
Imaynachápis rikukúni.
Hyk'aynachápis rikukúni.

Kkháyna wáta púhllakk mássiy
Kkháyna wáta kkháswakk mássiy
Máytakk káypi kúnan kánchu
Máytakk káypi kúnan kánchu.

Kkhaswayllárakk kkhaswarísun
Muyuyllárakk muyurísun
Káy túkuy súmakk panpachápi
Káy túkuy súmakk panpachápi.

Imay upátakk káy upári
Imay lonlátakk káy lonlári
Takiyllápis yachachína
Tussuyllápis yachachína
(2).
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Encendida flor del abra de Láris
Encendida flor de la montaña de Láris
Quién será, cuál será el dichoso
Que te arrancará, el que te recoja.

Sin que te haya recogido primero
No arrancándote antes yo,
Ay, quién te arrancará para sí
Quién te llevará encendida flor del monte.

Yo si al arrancarte
Yo pues si te recojo lo haría
A mi llihlla primor de colores
A mi ponchito de bellos dibujos.

En la cima donde yo canto
En la cumbre alta donde bailar solía
Crecieron las ortigas que ensombrecen
Las malas yerbas que la ocultan.

En la cuchilla para tramontar
En esa altura por donde pasaré
Yerbas de nabos cierran el paso
Muchas malezas tupidas todo lo oculta.

Al hombre maleza de la vida
A mozuelos como ortiga despreciables
Se les arroja primero por los rincones
Se les arranca como basura de campos a los bordes.

Unas vueltecitas demos pues antes
Bailaremos, danzaremos, primero
En ese lindo suelito
Sobre este prado tan verdecito.

Ayayay, acaso así se bailará?
Así acaso deberá cantarse?
Mira, así con gusto hay que cantar
Así con gracia pues, se baila.

Ay, ay madre para qué
Ay padre para qué pues
Dijiste vaya al campo a recoger
A juntar flores de otro monte.

Cuando juntaba flores bellas
Estando en el monte buscando pantis
No sé que me ha pasado
Ay, algo me tiene perdida.

Dónde estará pues
Acaso está aquí el galán
Mi compañero de danza y juego
El que antaño retozó jubiloso conmigo?

Retocemos, retocemos, retocemos alegres
Vueltecitas demos pues aquí
En este suelito parejo .
Sobre la felpa del pastal.

Mira que demente habías sido
Ay, una fatua te muestras
Ya que necesitas aprender todavía
A cantar, a danzar, con todita el alma.

Concluyamos pues afirmando que, el Puhlláy indio es una fiesta autóctona excepcional; es un culto a la Pachamama, a la agricultura y a la fauna. Es la gran fiesta situada entre el Inti Raymi y el Aymuray (La Cosecha), mantenida hasta el presente con máxima pureza por grupos étnicos del Tawantinsuyu. Únicamente el Inti Raymi le habrá superado en magnificencia e importancia. [El] Puhlláy en mi concepto es la divinidad festiva, el Man geórgico de los Inkas.

Posteriores investigaciones más exhaustivas revelarán que no es un acontecimiento pasajero donde la orgía enseñorea, ni una diversión en que sólo predomina[n] las bajas pasiones, como se la hace resaltar. Tengo fundadas esperanzas que los investigadores nuevos aportarán nuevas luces sobre este tema todavía no fundamentalmente discutido.

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(*) Véase el Diccionario Kkechua-Español del autor, para todas las voces indias usadas en este trabajo (en el artículo impreso, sigue este sub-título: Autor del Diccionario Quechua - Filólogo - Doctor en Derecho Canónico)
(1) Véase pág. 86 N° 186 de Farmacopea Tradicional Indígena y Prácticas Rituales del Autor.
(2) Cantos de Amor, obra inédita del Autor.


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Cada pueblo tiene su propia música y danzas de carnaval (o pukjllay), sólo dos referencias de la mucha variedad que hay:


Audio


Me quito...Carnaval-Pukjllay de la provincia de Canas (Cusco)
Los Tupac Amarinos (Gabriel Larota Catunta y Valeria Ankasi)

Gracias al quechuañol se puede percibir algo de la desembozada picardía de las letras


Video

Yana waqaq - Waqanky
Qashwas en celebraciones de carnaval en Cotabambas (Apurímac)
Unión Musical Haquira
Fotos y edición: Anita Saladino



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Enlaces


Pujllay:  danza quechua centro-surandina de origen prehispánico  (caso de Apurímac)
Batallas rituales, juegos rituales: el componente pukllay en el chiaraje y otras manifestaciones andinas - Manuel Arce Sotelo (rev. Perspectivas Latinoamericanas, N° 5, 2008)
Batallas rituales en los andes ("Granizo de piedras y ríos de sangre: tinkuy o tupay en Chiaraje, Tocto y Mik´ayo") - Maximo Cama Tito
Carnaval de Tinta (Cusco) - partitura para quena




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mayo 06, 2009

Dos eventos internacionales de música


7° Festival Internacional de Música Antigua (renacentista y barroca)
5 a 14 de mayo

Programación:

Martes 5
Concierto inaugural
Coro Nacional dirigido por Antonio Paz ("Música para los funerales de la reina María" )
Obras de: Georg F. haendel, Heinrich Schütz, Samuel Scheidt, Guiovanni Gabrieli, Antonio Vivaldi, Claudio Monteverdi, Hanry Purcell.
Capilla de la Penitenciaría de San Pedro.

Miércoles 6
Conjunto de Música Antigua de la PUCP y Conjunto Appunto ("...de fiestas y batallas del alma").
Obras de: Williams Williams, Michel Blavet, Johann Christopph Pez, Jaques Hotteterre le Romain, Clement Janequin, Claudio Monteverdi, Mateo Flecha, Juan Arañés, Antonio de Salazar, Tomás de Torrejón y Velasco
Auditorio ICPNA Miraflores

Jueves 7
Massimo Marchese - laúd (Intabulature de Lauto: da Spinacino al divino Francesco da Milano)
Obras de: Juan Ambrosio Dalza, Francesco Spinacino, Vincenzo Capirola, Alberto Ripa da mantua, Pietro Paolo Borrono, Francesco da Milano.

Auditorio ICPNA Miraflores.

Viernes 8
Sigrid Maria Gardner - órgano
Obras de: Dietrich Buxtehude, Georg Böhm, Wolfgang A. Mozart, Joseph Haydn, Georg Muffat, Johann Sebastian Bach.
Iglesia de San Felipe.

Sábado 9
Conjunto Lima Triumphante, bajo la dirección de José Quezada Macchiavelo (Música de José Orejón y Aparicio)
Auditorio del Goethe Institut Lima.

Lunes 11
Dúo americano conformado por Stephen Redfield (violín) y Kathleen McIntosh (cavecín) - (Sonatas para violín y clavecín obligado)
Obras de Johann Sebastian Bach
Auditorio ICPNA Miraflores

Martes 12
Dúo Lopera de Arequipa - Alejandra y Pilar Lopera Quintanilla
Obras de Jacques-Martin Hotteterre le Rmain, John Stanley, Georg Philipp Teleman, Pierre Danican Philidor, John Stanley, Benedetto Marcello.
Auditorio ICPNA Miraflores

Miércoles 13
Coro de Madrigalistas de la PUCP y Orquesta Barroca del Festival (Música policoral del barrroco americano)
Dirección: Antonio Paz
Invitado especial: Aurelio Tello
Obras de: Juan Pérez Bocanegra, Juan de Araujo, Antonio de Salazar, Tomás de Torrejón y Velasco, Manuel de Sumaya.
Auditorio ICPNA Miraflores.

Jueves 14
Coro de Madrigalistas de la PUCP y Orquesta Barroca del Festival (Música policoral del barrroco americano)
Dirección: Antonio Paz
Invitado especial: Aurelio Tello
Obras de: Juan Pérez Bocanegra, Juan de Araujo, Antonio de Salazar, Tomás de Torrejón y Velasco, Manuel de Sumaya.
Capilla de la Penitenciaría de San Pedro.

Direcciones:

Auditorio del ICPNA Miraflores - Av. Angamos Oeste 120.
Capilla de la Penitenciaría de la Iglesia de San Pedro - Jr. Azángaro 451, Cercado de Lima.
Iglesia San Felipe Apóstol - Marconi 160, San Isidro
Goethe Institut Lima - Jr. Nazca 722, Jesús María.

Hora: 7:30 p.m.
Ingreso libre


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IV Bienal de Violoncello

La IV Bienal de Violoncello es organizada por el Conservatorio Nacional de Música. Chelistas profesionales y estudiantes interpretarán obras para violoncello solo, con piano, en dúo, cuarteto y quinteto de cuerdas. El maestro Alexander Russakovski, invitado especial, ofrecerá clases maestras en el Conservatorio Nacional de Música


Programa:

Lunes 04 de mayo:
Concierto Inaugural
Sala Principal del Conservatorio Nacional de Música (Jr. Carabaya 421, Lima)

Del 05 al 08 de mayo:
Conciertos y recitales
Auditorio ICPNA Lima Centro (Jr. Cuzco 446, Lima)

Ingreso libre
Hora: 7:30 pm

Coordinación artística: Annika Petrozi
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Video

Desvelado dueño mío
Tomás de Torrejón y Velasco
Camerata de Caracas
La música de Torrejón y Velasco es fiel a los patrones de composición europeos. Marca una de las cumbres del barroco iberoamericano del S. XVII a inicios del XVIII. Nace en Villarrobledo (Albacete) en 1644 y muere en Lima en 1728, donde fué Maestro de Capilla de la Catedral. La mayoría de las pinturas del video (si no todas) pertenecen al Museo Pedro de Osma




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Links

Tomás de Torrejón y "La púrpura de la rosa" - Anastasio de Juan
Apoyo a tricentenario de ópera colonial
La España virreinal. Maestros de capilla de la catedral de Lima (1676-1765)


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