enero 28, 2010

Música de las provincias altas de Arequipa




Provincia de Caylloma

1.
Mirtha Esther
Nació en 1981 en la ciudad de Arequipa, hija de Moisés Cutipa, natural de Coporaque y de Benita Condori natural del distrito de Madrigal. Inició sus actuaciones en 1990 en el distrito de Chivay, luego siguió participando en diferentes actividades y concursos de música, muchos de los cuales ha ganado. Compone la música y letra de sus canciones. En 1999 grabó su primera producción de huayllachas en casete. En el 2006 lanzó una segunda producción en CD. Actúa en la ciudad de Arequipa, y en distintos pueblos de Caylloma

Maquinerito (huayllacha)




2.
Orestes y Lacho Zamatelo
Huayllacha de Huambo [s. ref. del título, imágenes de 1963]






3.
Coro Nativo de Lari
Saludo a la Virgen
DVD Canto a mi tierra





4.
Percy Murguia y Orquesta Sinfónica de Arequipa
Chujchu [trad.]





5.
Turcos y cacharpari - versión estilizada de Sayary Llacta [grabación en campo, aquí]
subido por Arequipa Leyenda


Provincia de Castilla

1.
Los Castillas de Pampacolca
Pampacolca, Perla del Coropuna (huayno)
Autor: Rolando Llerena



Pampacolca, tierra de mis ensueños
tierra de Juan Pablo Vizcardo y Guzmán
hermoso Coropuna, guardián indomable
picachos nevados, orgullo de mi tierra

Praderas hermosas, y sus grandes valles
aqui Los Compadres te cantan tu nombre
que viva mi tierra, linda Pampacolca
hermoso terruño [donde yo he nacido/ del frío Castilla]



2.
Hermanos Alarcón Monzón
Corpuneña

Vuela, vuela
inocente, presurosa,
mariposa
que pasando el Coropuna
hallarás hermosas flores
Candorosa corpuneña,
de ojitos hechiceros
cuando vayas, cuando vuelvas
encontrarás un cariño
...
Anoche soñé con,
todito [...]
a la medianoche
soñaba contigo
a lo que en mis sueños,
pronuncié tu nombre
maldije la hora,
de haberte querido



3. 
Los Caballeros de la Noche 
1ra voz: Henry Febres Rodriguez
Laulico (huayno)




4.
Centro Musical Pampacolca 
Corrida de toros
[origen del audio: www.pampacolca.com]




Provincia de La Unión

1.
Quinteto Unión
Cotahuasina del alma (huayno)
Album "Mi Cotahuasi"
Fundado en 1975 por Guido Vera, Lizardo Cornejo Hinojosa, Leonidas Vera Amézquita [1ra voz], Wilfredo Cornejo Hinojosa y Edmundo Loayza Alatrista.



Cotahuasina del alma
¡alalau,qué frío que hace!
¡alalau chirihuayrita!
tapame con tu mantita
Ahi sale la luna lenta, turbia
cuando le da el viento
si porque canto se nubla
si porque lloro, se ríe
Tu eres como la paloma
que va a casa a beber agua
y por beber agua clara
la enturbiaste con tus alas
Me voy a ir, me voy a ir
a una tierra muy lejana
donde nadie me conozca
donde nadie por mí llorará
Si tu te vas, si tu te vas
a esa tierra tan lejana
será por bien por mal,
será por quererte cholita
será por amarte negrita





2.
Acordes de La Unión
Oreganito del huerto (huayno)
CD Canto con el alma



Oreganito del huerto
hierba buenita del campo
Vengo a hacerte una pregunta
si mi amorcito existe
Tengo que formar un puente
de calicanto y arena
O para [qui]tar de amores
sirvan mil años de olvido
En los bañitos del rio
tu cariñito me diste
En las onditas del rio
tu cariñito me diste
Y a las orillas del rio
pronto tu me engañaste
Y a las orillas del rio
presto tu me engañaste
......
Oregano [pipas] challay
manzanillaschallay
manan [...]
qanmi [...]
yana ñahui challay
[...] challay
mana yaway kuna
qanmi [...]
mana muchay kuna
qanmi [...]



3.
Percy Murguia y Orquesta Sinfónica de Arequipa
Sumili (trad. de la provincia de Cotahuasi)





4.
Freddy Flores Barreda [uno de los principales desarrolladores del temple baulín en la guitarra andina]
Rosita del Cotahuasi [huayno, min. 2:20]




Provincia de Condesuyos

1.
Los Errantes de Chuquibamba
Una paloma sobre una ramao Llanto por llanto (huayno)
Conjunto fundado en 1959 por Gilberto Cueva (2da guitarra y 2da voz), Plinio Mogrovejo(3ra guitarra y 1ra voz)  y Antonio Alarcón (1ra guitarra y 3ra voz)



Una paloma sobre una rama 
abre su pico para cantar
la rama tiembla como quien dice:
"¡ay, tú no sabes lo que es amar!"
Yo te he querido, yo te he amado
tu no has sabido corresponderme
gota por gota, llanto por llanto
mis ilusiones se acabaron
En las cartitas que te escribía
toda mi vida te he prometido.
Ahora me dices "papeles hablan",
que mi cariño no vale nada.
Cuando me vaya sólo te pido
que no me borres de tu memoria;
por algo he sido siquiera un día
tu fiel amante, palomita
..............
Ay, llorando, llorando nomás estás
Ay, no llores, no llores porque me voy


2. 
Los Trovas de Chuquibamba
Adiós Chuquibamba (huayno)
Conjunto fundado en la década de 1950 por Enrique Luque Medina (compositor de los temas), Carlos Mogrovejo Becerra y Jaime Silva Velarde.



De la lejanía te contemplo
las nubes me impiden, no puedo mirar
bello Chuquibamba, te he perdido
entre la llovizna te escondiste

Lágrimas me faltan para llorar
corazón me sobra para sufrir

solo el sentimiento es testigo
no quiero alejarme, lo juro por Dios

Tus lindas campiñas se quedarán
tus cerros, quebradas, adiós me dirán
pero te prometo no te olvidaré
dentro de mi pecho yo te llevaré
Vuelvo la mirada, te quedas atrás
envuelto en mi llanto tengo que partir
Adiós Chuquibamba, tierra de mi amor
cuna de mis padres, donde nací
tarde o temprano tendré que volver
a vivir tu dicha y tu felicidad



3.

Los Trovas de Chuquibamba
Caballito bayo (huayno)
Autores:  Enrique Luque Medina y  Gilberto Cueva


Caballo bayo, pasito llano, 

corre, corre, corre (bis)
a modo de alcanzar 
a esa mi paloma
seguro debe estar 
perdida en la loma 
Caballo bayo frenito de oro, 
sabes que la adoro (bis)
ayúdame a encontrar
mi dulce tesoro
volando sin rumbo 
estará en el mundo
Si la encontrara
 a mi palomita 
caballito bayo (bis)
Lejos  nos iremos, 
juntos moriremos
corre, corre, corre, 
caballito bayo. 
En la plaza de Acho de Chuquibamba (bis) 
un toro jasa quiso matarme
un toro pinto quiso matarme
A mí nunca podrá matarme (bis)
porque soy un ja, ja, ja, ja, ja,
porque soy un tule, tule


4.
Los Plebeyos del sur
Cholita bonita (huayno)
Autores: Adolfo Cruz A. y  Richard Lopez T.
Conjunto conformado por Juan David Lopez Torres, Lizandro Justo Llerena, Adolfo Cruz Albarracin, Richard Lopez Torres



Ahí sube la nube blanca
cholita bonita, de ojitos azules
bajando cerros terrosos
traigo la bandera de los carnavales 
traigo la bandera de mi Chuquibamba
Por esta calle a lo largo
Cholita bonita bonita, de ojitos azules
juraste me han de matar,
traigo la bandera de los carnavales 
traigo la bandera de mi Chuquibamba
De matarme, no me matan
cholita bonita, de ojitos azules
la vida traigo segura
traigo la bandera de mi Chuquibamba
traigo la bandera de los carnavales 
De por allá arriba vengo
cholita bonita, de ojitos azules
pisando [...]os y guapos
traigo la bandera de los carnavales 
traigo la bandera de mi Chuquibamba
salgan de [...], salgan, vengan,
cholita bonita, de ojitos azules
con todo salgo a la guerra
traigo la bandera de los carnavales
traigo la bandera de mi Chuquibamba



5.
Ajchatac Pallaichis  [danza del distrito de Chichas] - versión estilizada del Grupo Raymi
subido por Arequipa Leyenda




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Enlaces

Parte del concierto de Percy Murguia con la OSA (2006)
Los Errantes en el corazón arequipeño
Quinteto Unión en el tiempo - L. Medina
Los Acordes de La Unión
Los Plebeyos del Sur
La cultura popular: la música como identidad colectiva [música popular de Arequipa, segunda mitad del S. XX] - M.C. Benavente
El carnaval de Chuquibamba, tradición que busca ser recuperada
La Unión - un documental







enero 25, 2010

Aproximaciones a la música y la danza mochicas


El siguiente texto forma parte de la publicación en línea "Los mochicas", que hace algunos años publicó perucultural. Cada título de sección en este post, va directo a la URL que permite ver todas las las ilustraciones señaladas numéricamente. Para cotejar las citas bibliográficas que hace el autor, es necesario consultar la fuente virtual original: http://losmochicas.perucultural.org.pe/   (enlaces alternativos: Tomo I   Tomo II)
//m. cornejo


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Fuente:
Los mochicas
Rafael Larco Hoyle
Lima : Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera, 2002, 2 t. (T. II, pp. 166-181)
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Músico ciego con tambor (fig. 176)
El pueblo mochica, como todos los pueblos de la humanidad que llegaron a un alto grado de civilización y de refinamiento en sus artes, encontró en la música y la danza, a la vez que un deleite espiritual, la más viva y animada expresión de sus sentimientos y de su mundo anímico. Ambas traducen un sentido, toda una filosofía y, para que no pierdan en elevación y nobleza, se les da un origen divino, como en el caso de los mochicas, que concebían la música y la danza como atributos supremos de la divinidad y los más generosos dones concedidos por ella a sus hijos predilectos.

Son innumerables las representaciones escultóricas que encontramos en el arte mochica dedicadas a los músicos. Los instrumentos hallados y las pictografías, que son anécdotas bien logradas de esta actividad, prueban el arraigo de ésta en el pueblo que nos ocupa y su intervención en los ritos y costumbres, que fueron modelando las instituciones religiosas, gubernamentales y guerreras.

Comparsas de músicos y danzarines aparecen como personajes importantes en las solemnes ceremonias del culto divino. En la celebración de los éxitos bélicos, en las festividades en homenaje a sus grandes jefes, y en toda manifestación en que el alma colectiva vibrara plenamente. Un atento estudio de esta modalidad mochica nos permite clasificar su música y danza en danzas de carácter agrario y todas las que se refieren a la organización del trabajo. Las danzas, como todo el arte mochica, están embebidas de un profundo simbolismo. Hoy en día existen en el interior del Perú, en la zona de los Andes propiamente, rezagos de este arte antiguo, que, con acusadas diferencias locales, ofrecen una gran unidad de fondo en todo el Perú precolombino.

Encontramos danzas de carácter guerrero como “los pallos”; otras de carácter religioso, decididamente influidas por el cristianismo, aun cuando en sus raíces palpita ese sentido panteísta del hombre peruano; y finalmente, algunas de modalidad rural, como la muy hermosa danza denominada “los yungas” y “los aucas”, que hemos descrito en la publicación dedicada a la Agricultura.

¿Cómo fue la música mochica? He aquí un tema erizado de obstáculos para su segura dilucidación. ¿Fue como la pentatónica incaica o como ese sistema pre-hispánico con semitonos de algunas altas culturas andinas, tan hábil y profundamente estudiado por el argentino Carlos Vega?

La pentafonía de la música aborigen peruana ha sido ampliamente estudiada. Vicente Forte, crítico musical argentino de firme prestigio y muy profunda cultura, hace al respecto las siguientes observaciones: “Sería pueril imaginar en uno la pretensión de haber descubierto el pentatonismo en el cantar americano. Los estudiosos saben perfectamente que ello ha sido fijado ya en los trabajos de Alomía Robles, Alviña, y en Friedenthal (Des Incas) (1925), que es el trabajo más completo que se ha hecho de la música incaica. Tampoco es nuestro intento recordar de nuevo la teoría del pentatonismo, problema que ha sido ya tratado por muchos musicólogos, y especialmente por el gran Gevaert, en su Traité d’harmonie, obra fundamental para los que quieran penetrar en la estructura modal de las canciones populares”. El pentatonismo ha sido acusado de monótono, pero Gevaert, citado por Forte, dice magistralmente: “La ausencia de disonancias y semiconsonancias da a las melodías pentatónicas una dulzura singular”. Y Hugo Riemann (también citado por Forte) dice a su vez: “Las melodías basadas sobre esta escala tenida por defectiva son sanas y vigorosas, libres de todo afeminamiento y se pueden entender siempre en sentido mayor y menor”.

Como ya indicamos al comenzar este capítulo, Carlos Vega, junto a la música de cinco tonos del Perú prehispánico, asegura que existió y sobrevive un sistema muy antiguo con semitonos, habitual a las altas culturas andinas. Basa el citado autor esta teoría en el estudio de un juego completo de flautas de Pan, introducidas de Bolivia a la provincia de Jujuy en Argentina. Y dice: “Cada instrumento, cada pieza independiente, es solamente la mitad del instrumento. Se necesitan dos piezas compañeras, tocadas por dos hombres, para que la ejecución de melodías sea posible. Pues si en una flauta está la nota do, en la otra está la nota re, y así sucesivamente. El procedimiento de distribuir la escala entre dos instrumentos es conocido tanto en América (Noroeste del Brasil, Perú y Bolivia), como en el Pacífico (Indonesia, entre otros)”. La escala norma que se obtiene de la afinación de las flautas de Jujuy es la siguiente: Do, Re, Mi, Fa sostenido, Sol, La, Si. Y el autor aludido la explica así: “Esta gama se diferencia de la de do mayor europea, en que tiene fa sostenido, en vez de fa natural, y ese fa sostenido es la sexta quinta del círculo que siempre, en cualquier nota que empecemos, viene a quedar a intervalo de cuarta aumentada de la nota inicial”.

Madame D’Harcourt llamó “mestiza” a esta escala. Resultado, según esta ilustre investigadora, de la influencia de los cantos litúrgicos europeos en el músico aborigen, cuya sensibilidad impresionaron tan extraordinariamente que le obligaron a añadir los grados de que consta dicha escala, distinta de la gama pentatónica americana, y que ha sido utilizada por todos o casi todos los pueblos primitivos. Hecha esta glosa de suyo tan interesante, queremos dar nuestra opinión sobre la música mochica.

Las flautas y antaras encontradas en las tumbas norteñas son similares a las halladas en Nasca. Estudios hechos últimamente nos demuestran que los nativos costeños no usaron la escala pentatónica, sino la de siete notas. Y vamos más allá, pues en las pictografías se comprueba la existencia de conjuntos musicales con instrumentos de mayor o menor tamaño, que, como los que emplean los indígenas de hoy, son confeccionados adrede en notas diferentes, con el objeto de producir música armoniosa y rica en tonos.

Nuestras observaciones nos permiten aseverar que existían verdaderas orquestas a base de flautas de Pan, quenas, tambores y sonajas, cuyos sonidos combinados producían melodías en extremo hermosas. Estimamos que entre los mochicas existían conocimientos profundos de las leyes y reglas que rigen la acústica, conocimientos que aplicaban a la factura de sus instrumentos y hasta en los vasos llamados “silbadores”. Respecto de estos curiosísimos vasos, es interesante anotar que los sonidos que emiten son muy semejantes a los de los animales que se representan en esos vasos, y en los casos en que el cacharro representa a la muerte, el sonido que produce es lúgubre, quejumbroso.

Entre los músicos mochicas, como sucede hoy, abundan los ciegos en su cerámica, tocando quenas y tambores (Fig. No. 176). Fue una profesión lucrativa y muy estimada, y seguramente el músico tuvo en la escala social de este pueblo una buena ubicación.

Instrumentos

Caramillos

Los antiguos mochicas utilizaron caramillos de cinco, seis y siete tubos, hechos de cañas o carricillos, de arcilla y de plata. Se conocen estos instrumentos en el norte con el nombre de andarillas, mientras que los quechuas los llamaban antaras (Fig. No. 177). Entre los objetos chimús que posee el Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera, hemos encontrado caramillos de plata muy pequeños y de cuatro a cinco tubos. Parece que el tamaño variaba de acuerdo con las notas que se querían dar.

Las siringas de los antiguos peruanos, hermanas del célebre caramillo del dios Pan, son utilizadas hasta hoy por todos los pueblos de la sierra peruana y boliviana, y en general por el indio. Son famosas las zampoñas de los habitantes de la hoya del Titicaca. Si bien estos instrumentos son rarísimos y el Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera cuenta solamente con uno de ellos, a menudo encontramos individuos tocándolos. En las tumbas nasquenses se han hallado muchas antaras hechas de barro que han soportado la acción destructora del tiempo.

Quenas

Las flautas o quenas eran hechas de huesos humanos, de huesos de llama y de alas de cóndores. Las más grandes eran de caña. Las pequeñas, de hueso, que tenían tres, cuatro y hasta cinco orificios, emitían sonidos agudos, y las de caña, que llegaban hasta seis huequecillos, producían sonidos un tanto graves, de un dejo triste, casi lúgubre (Fig. No. 178). Las embocaduras de estos instrumentos eran exactamente iguales a las quenas que se usan hoy en todo el Perú.

Trompetas

Existían varios tipos de trompetas. Las de caracol, que estaban hechas de arcilla, imitan en sus formas los diferentes tipos de este marisco que tanto abunda en la costa del Perú (Fig. No. 179), y aquéllas en las que se utilizaba el Strombo, que llevaba embocadura de cobre o de plata en el extremo más cerrado (Fig. No. 180). Siendo muy raros estos moluscos, parece que sólo eran utilizados por los grandes jefes. En este caso eran adornados con incrustaciones de metal, concha de perla, concha de abanico, turquesas, y con estas, otras piedras preciosas de colores vivos que se adherían al instrumento mediante una materia resinosa. El sonido que producían estos instrumentos era grave y profundo, lo que hacía que fueran principalmente empleados en los toques de guerra. Su impresionante eco era escuchado a grandes distancias, y tenía toda la vibración y embrujo de un toque de somatén para las masas.

Los mochicas, siguiendo la forma que adoptaban los caracoles, hicieron las trompetas de vuelta semejantes a la espiral de la trompa moderna, cuyos sonidos son idénticos a los que producen las que acabamos de describir (Figs. Nos. 181, 182 y 183). Había también trompetas rectas que emitían un sonido fuerte y menos grave que las otras en espiral (Fig. No. 184). Las trompetas llevaban un hueco en el espacio más angosto, por el que pasaba una cuerda para poder sostener el instrumento alrededor del cuello de quien se servía de él (Fig. No. 185).

La danza

Danza "Los yungas" (fig. 191)



Son pocas las pictografías mochicas que poseemos en todo cuanto se relaciona con la coreografía de esa época. En las que existen en el Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera se percibe que en esa etapa toda danza era colectiva e igual a las que se practican hoy en los pueblos andinos de la América del Sur.

Al observarse los atavíos pueden diferenciarse dos tipos: los guerreros y los populares. En las danzas bélicas tomaban parte individuos lujosamente ataviados en calidad de simples soldados, quienes eran dirigidos en sus movimientos por otros que exhibían la indumentaria y atributos de los grandes jefes. Todos llevaban, pendientes de las piernas, gran cantidad de cascabeles y maichiles, que imprimían alegría y sonoridad, y colaboraban en sus ágiles esguinces y vueltas.

Hemos observado que algunas de las danzas eran ejecutadas con los bailarines cogiéndose de una cuerda. La música del acompañamiento era de quenas y tambores. Si bien en los bailes populares la indumentaria que muestran los danzantes es menos vistosa que la de los guerreros, sí guardan similitud con la de éstos.

Entre estas danzas populares se destacan las realizadas en homenaje de los grandes señores. La figura No. 190 nos presenta una de estas escenas. Los danzarines, cogidos de la mano, siguen a un músico con su tamborillo. Todos inclinan humildemente la frente en acto de sumisión al hombre superior, igual que hoy –como ya hemos dicho– hacen los pueblos de la sierra peruana en sus bailes de pleitesía a una imagen venerada, generalmente del santo patrón de la aldea o de un personaje de relieve entre ellos. En las danzas de pleitesía que se ejecutan hoy es curioso anotar que de la época mochica subsisten la faldilla, los gorros y los adornos de tela sobre los hombros; pero no debemos olvidar que en estas últimas ha dejado una huella profunda el cristianismo, y que al ser bien analizadas, resultan en una mixtura de culto a la naturaleza y al Dios cristiano, de paganismo y de fe católica.

Ya llevamos dicho que las danzas mochicas eran de tres tipos: religiosas, guerreras y populares. Estas danzas ofrecían un profundo sentimiento simbólico, y muchas han sobrevivido hasta hoy, principalmente en los pueblos andinos. Respecto de las danzas indias actuales, rica herencia artística del antiguo Perú, vale la pena recoger estas interesantes observaciones, formuladas por Uriel García: “Gran parte de las danzas indo-peruanas mantienen un estrecho vínculo con el sistema de trabajo y producción, especialmente aquellas que se originan de costumbres prehistóricas. El trabajo dio carácter y estilo a la expresión del sentimiento estético y hasta a la vida en general. Ningún pueblo como el de las serranías del Perú está en tan íntimo ligamen con la tierra productiva, con la naturaleza valorizada, ya como concepto de intuición sensible, ya como emoción de contenido irracional.

Danzas religiosas en forma de conjuros y simbolismos mágicos, danzas deportivas, guerreras, costumbristas y amatorias, todas tienen en lo más íntimo de su estructura un nexo con el ambiente tomado como valor. En su mayor parte vienen a ser parodias o exaltaciones placenteras del trabajo, de la intensa lucha del hombre con los medios de vida”.

La danza de “los yungas” y “los aucas” (Fig. No. 191) es precisamente una hermosa parodia de las faenas de la siembra y de la vida agraria en general. Y ésta, como las otras de este tipo, encierra gran simbolismo. Exaltan la actividad productiva, que crea bienestar y riqueza. Son bellas anécdotas de la labor agraria en todas sus fases, desde la iniciación de los cultivos roturando la tierra y abriendo acequias de regadío, hasta la recolección de los frutos, con pasajes como el de la siembra, sugerentes como pocos: la sembradora, en lugar de semillas, utiliza flores en la danza, las mismas que va depositando en los surcos simulados, acompañándose de movimientos rítmicos de gran plasticidad.

Estas danzas agrícolas practicadas hoy son supervivencias de las mochicas; es por ello que el pueblo llama a quienes toman parte en ella “la banda de los yungas” o sea, los danzarines de “las tierras calientes”, como en el antiguo Perú se denominaba a los valles del litoral.

Danzas guerreras

Las danzas guerreras mochicas, que figuraban en un mismo plano con las agrícolas en la estimación de este pueblo, se caracterizaban por movimientos rítmicos bastante bruscos, demostrativos de la energía y pujanza de los guerreros que las desempeñaban. Un alarde de vigor, de fuerza animal violenta, daba color a estos bailes (Fig. No. 192). Los danzarines llevaban faldilla corta y muy vistosos adornos de cabeza. Todos danzaban a los sones de quenas y de un tambor; los golpes de tambor los hacían variar de movimientos. Este instrumento marcaba el ritmo coreográfico.

En las actuales danzas guerreras, reminiscencia de las de los tiempos que investigamos, los bailarines (Fig. No. 193) forman grupos de diez a doce personas que ejecutan variadas evoluciones alrededor del músico que ocupa el lugar central. Danzan en círculo, siguiéndose los unos a los otros, movimiento que luego varía en una incursión hacia el centro, y después viene el cruce de espadas o pañuelos, que han sustituido a las porras mochicas. Son incansables, ya que danzan día y noche durante la celebración de fiestas religiosas o en los homenajes a los notables de la población rural en que actúan. Los vestidos que llevan atraen por la vivacidad de sus colores. En el cuello suelen lucir collares de variadísimas formas. Los danzantes, humildemente, al iniciar y terminar sus giros, se postran ante el personaje de sus homenajes, como parece hacían los mochicas, según las pictografías que nos quedan de ellos.

Danzas religiosas

Un estudio minucioso de los vasos de carácter religioso que poseemos nos ha llevado a la conclusión de que en las grandes ceremonias religiosas existían danzas de carácter simbólico en las que individuos con máscaras y atavíos adecuados representaban la vida de la divinidad humana Ai Apaec, y muy especialmente sus triunfos sobre los demonios que mantenían en constante zozobra al mundo.

Si observamos cuidadosamente estos casos, los individuos tienen sobre la cabeza, y aseguradas con amarras, máscaras hechas con los rasgos característicos de la divinidad, del demonio vampiro, del demonio Strombo, del de las Piedras y demás. Otros representan a los pájaros, inseparables compañeros de Ai Apaec. Es de suponer la brillantez de sus festividades religiosas, a base de estas evocaciones simbólicas en las que ponían todo su arte en las danzas, en la música, así como en la belleza de los atavíos.

La costumbre de utilizar estas máscaras perdura hasta hoy, con la diferencia de que la influencia decisiva del cristianismo ha modificado el fondo; y hoy en nuestras serranías, así como en Huanchaco, pueblo costeño, en las festividades religiosas salen las comparsas de danzarines con máscaras de diablos. En Cajabamba, estos individuos realizan durante la festividad la labor de policía, manteniendo el orden en las calles. Llevan en una mano un sable y en la otra un largo látigo. Son, en realidad, durante la fiesta, los dueños del pueblo, y tienen derecho a cometer todas las diabluras que se les venga en gana. Los asistentes soportan a veces el castigo que éstos les imponen con sus látigos, sin decir palabra, cosa que no aceptarían ni de los agentes policiales. Y al pasar cerca de las personas que venden comestibles ensartan con su espada lo que quieren, y se lo llevan entre saltos y movimientos grotescos, ante las risas y alegría del público, y la mirada resignada del que ha sufrido el perjuicio.

Es interesante notar que la vestimenta de los diablos de Cajabamba se asemeja mucho a la de los danzarines que encontramos en las pictografías. Usan faldilla corta, pantalones a la pantorrilla de colores variados y adornados con lentejuelas que dan al vestuario destellos de luz y colorido.

En conexión con estas costumbres, es más interesante observar lo que en Santiago de Chuco se llama La Banda de la Región. También se compone de diablos que llevan máscaras, cada cual más grotesca y exótica, que constituyen el terror de los niños. Usan largos látigos, pero al contrario de los diablos de Cajabamba, no usan faldilla sino vestidos corrientes con casaquilla corta de colores verde, rojo, morado, entre otros. No solamente tiene ésta el baile y la música, sino que presentan cuadros jocosos y de carácter religioso. Toman parte en esta danza: un ángel, una mujer y Lucifer (Fig. No. 194), que es el jefe de la comparsa. La mujer es asediada continuamente por el diablo, y el ángel armado de una espada la defiende. Si bien esta escena tiene todo el barniz del cristianismo, es posiblemente un rezago de las luchas de los demonios con el dios que representaba el bien en el universo. En la figura No. 338, en el capítulo referido a la religión, aparece Ai Apaec llevado por sus dos amigos, los pájaros, después de las terribles luchas con los demonios. Existe en nuestras serranías una comparsa por demás interesante llamada Los Gavilanes (Fig. No. 195), compuesta de tres personas: el gavilán macho, el gavilán hembra y el polluelo. Llevan estos individuos máscaras idénticas a las que vemos en la citada pictografía y en muchos huacos.

Es indudable que en el folklore peruano de hoy, que desgraciadamente tiende a desaparecer, existen aún los rezagos de las culturas prehistóricas que se desarrollaron en cada región de este país. La civilización moderna ha destruido casi totalmente estas costumbres en la costa; y hoy, como si el alma indígena buscara un lugar en donde supervivir con su música y sus danzas, se ha retirado a las montañas, y guarda como un tesoro estos rezagos del pasado que constituyeron la nota vibrante de su liturgia y de sus festividades conmemorativas de las proezas gloriosas de su raza.


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enero 17, 2010

Señor de Ucupe


Las primeras exploraciones de este proyecto arqueológico se iniciaron en el 2004, con el apoyo de la National Science Foundation E. U., la Universidad de Texas en Austin y el Museo Tumbas Reales de Sipán.

El equipo dirigido por Steve Bourget inició poco después las excavaciones en la Huaca El Pueblo, que culminaron con el hallazgo en el 2008 de la tumba de un señor moche que vivió hace unos 1700 años en el valle de Zaña (Lambayeque). Indicios de su existencia ya habían sido advertidos en los años 80 por Walter Alva. Una vez lograda buena parte de la excavación, se ha dado a conocer al mundo en el 2009.

Se trata de un señor de menor rango que el Señor de Sipán, integrante de su élite, pero en términos arqueológicos es un descubrimiento de similar importancia, pues da más forma a la reconstrucción del contexto de desarrollo de la civilización moche en el norte del Perú. Es alentador saber que este sitio no sufrió los embates del tráfico de patrimonio que padece el Perú, la experiencia de la tumba del Señor de La Mina (perteneciente al mismo contexto), debe haber sentado precedente para que los pobladores de lugar tomen mayor conciencia sobre la importancia del rol que tienen para la conservación de su patrimonio.

No sólo destacan los ornamentos y artefactos de metalurgia, sino la fina cerámica, artes que guardan un estilo muy similar al encontrado en otros sitios arqueológicos de la zona, como se explica en el informe gráfico del proyecto. La trascendencia de este hallazgo ha hecho que el ultimo número de la revista especializada “Archaeology”, lo considere el más importante del 2009.

Los objetos hallados se encuentran temporalmente en el Museo Tumbas Reales de Sipan, mientras se construye un museo de sitio para este digno representante del pueblo moche.



Llama la atención por ejemplo, el hallazgo de objetos inusuales como las sonajas de esta foto, si bien han sido representadas en la escultura cerámica (izq.), es la primera vez que el objeto real es encontrado (der.)




Links

Sitio del proyecto
Informe gráfico del proyecto
Archaeology, vol. 63, N° 1, jan-feb 2010
Proyecto arqueológico Huaca El Pueblo - Señor de Ucupe
Ancient "king of bling" tomb revealed in Perú - National Geographic
En busca del personaje D de la elite moche - Pedro Alva M.
Los mochicas - Rafael Larco Hoyle (Perú Cultural)



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enero 12, 2010

Rescate sonoro: José de Orejón y Aparicio



La obra de José de Orejón y Aparicio es muy poco conocida en nuestro medio, como muy poco conocida debe ser en realidad el conjunto de la música que se desarrolló en el Virreinato del Perú. Esto no sólo se debe al consabido problema de la falta de buenas políticas educativas y culturales, sino a que hay mucho aún por descubrir, investigar y difundir. Los especialistas en esta música antigua, coinciden en que no sólo en el Perú sino en América Latina en general, se vive recién en las últimas décadas, un re-descubrimiento de estos legados sonoros, tan ricos como trascendentes para reflexionar la historia cultural de Hispanoamérica desde nuevas luces. La etapa de descubrimientos de documentos y -sobretodo- partituras está en pleno desenvolvimiento; cada vez que se edita un buen libro o se graban discos con música inédita, el deslumbramiento se da, tanto desde el lado europeo como desde el americano. Sin embargo es percibible que en el Perú no hay plena conciencia de tan gratos sucesos, más allá de una minoría muy bien informada.

Entre agosto y setiembre del 2009, se hizo en Buenos Aires y Lima respectivamente, la presentación de un libro y tres CDs en que se compila la obra de uno de los principales compositores de música barroca en América, un músico especial no sólo por ser nacido aquí (los maestros de capilla solían ser españoles y ya en el XVII, italianos), por ser muy probablemente mestizo, sino sobretodo por su calidad compositiva, de estilo muy personal, aún cuando tributario de la influencia italiana. Aparte de ello, la publicación de su obra significa un rescate azaroso, debido a que las partituras originales "desaparecieron" de los anaqueles del Archivo Arzobispal de Lima, donde se conservaron hasta fines de la década de 1980. De no haber sido por los negativos que hizo oportunamente la investigadora argentina Carmen García Muñoz, y que legara a su muerte en 1998 al Instituto de Investigación Musicológica Carlos Vega de la Universidad Católica de Argentina, no tendríamos más de unas pocas piezas que transcribieron con anterioridad Andrés Sas y Robert Stevenson, es decir quedaría mutilada tan preciosa porción de nuestra memoria musical.

Vale citar de este link lo siguiente:
  • "...durante este año el Instituto realizó su primer[a] publicación internacional fruto de un convenio con la Universidad Católica Sedes Sapi[e]ntiae de Lima y el Centro Hanacpachac [...]. Esta publicación: "JOSE DE OREJON Y APARICIO: LA MUSICA Y SU CONTEXTO. LA CATEDRAL DE LIMA EN EL ESPLENDOR DEL BARROCO VIRREINAL AMERICANO" contiene un prólogo del Maestro José Quezada Macchiavello, dos artículos de fondo a cargo de los investigadores Luis Villacorta (Perú), Diana Fernández Calvo (Argentina) y Roxana Gardes de Fernández y veinte obras transcriptas por el equipo de investigación del IIMCV (Directora Diana Fernández Calvo, investigadores Julián Mosca, Diego Alberton, Arturo Fernandez, Laura Desmoures. Emiliano García Perez y Santiago Vázquez Baré). Las transcripciones están precedidas por facsímiles del manuscrito y poseen el incipit de cada parte. Estas veinte obras fueron grabadas por el conjunto Lima Triumphante dirigido por Jose Quezada Macchiavello y los dos CD[*] se adjuntan a la publicación en formato papel..."
De acuerdo al tomo II de "La Música en la Catedral de Lima" de Andrés Sas (1972), José de Orejón y Aparicio nació en Huacho en 1706 y falleció en Lima en 1765. Fue sacerdote, cantor, organista, y sobretodo, gran compositor. Su nombramiento como Maestro de Capilla de la Catedral de Lima supo de incomprensibles postergaciones dados los probados méritos y el gran telento que demostró durante una vida dedicada a la música: desde los nueve años ingresó al Coro de Música de la Catedral, posteriormente ejerció como maestro organista en rangos ascendentes, hasta que en 1760, 5 años antes de su muerte, se le dió recién el nombramiento de Maestro de Capilla, pero interino. En abril de 1764, 13 meses antes de morir, el nombramiento debido llega. Qué razones hubo para este maltrato, vaya a saber si un mayor escudriñamiento de documentos históricos permite que se diluciden, lo cierto es que el maestro debe haber compuesto sus obras admirables desde antes de ser nombrado, cuando aún era maestro organista. Compuso principalmente, duetos, arias de solo y muchos villancicos.

//m. cornejo


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[*] Son  tres CDs



Archivo digital , accesible desde la bibliotecadigital.uca.edu.ar


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Video

Contrapunto a 4 a la Concepción de Nuestra Señora
Álbum: Carmina Latina: Sacred Chants of Colonial Latin America
Intérpretes: Cantoría de la Basílica de Nuestra Señora del Socorro  [Argentina]
Director: Jesús Gabriel Segade
subido por Enrique Guerrero


Recitativo
Para subir y bajar 

para subir y bajar, para subir, para subir
para subir y bajar.

Y bajar, para subir y bajar.

Coplas
Oy día 
en que se celebra
la preservación gloriosa 
de María
quiero dar 
muestras de prueba, 
muestras de prueba 
en la solfa

Estribillo
Para subir y bajar 
para subir y bajar, para subir, para subir
para subir y bajar.

Y bajar para subir y bajar



Mariposa de sus rayos
Recitativo y aria
Soprano: Lola Márquez

subido por Heraldos del Evangelio Peru


Recitativo
Ya que el sol misterioso
sale embozado con la blanca nube
a ser enigma a la piedad patente,
mi afecto reverente se niega a los sentidos
mientras sube a contemplar
el cerco luminoso
que le estrecha glorioso,
pues de mis ojos no podrá el desvelo
registrar tanta luz, sin luz del cielo


Aria
Mariposa de sus rayos,
ronda el alma fervorosa
esa esfera prodigiosa,
con las alas de la fe.
Y aunque sienta los desmayos
que el dolor causarle pueda,
del fervor no retroceda
cuando mas doliente esté



Anuncio de concierto
subido por musica temprana


[trad. aprox. del neerlandés]

Jose de Orejón y Aparicio
sacerdote peruano
organista
cantante
compositor
Trabajó aquí,
La Catedral de Lima
Escribió temas poderosos
con armonías delicadas
y ritmos enérgicos
Su música fue 
perdida para siempre
Afortunadamente, 
recientemente fue recuperada
¡y puedes escucharla ahora!
¿tienes curiosidad?
¡ven y escucha!


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Enlaces

Obra musical de Maestro José de Orejón en concierto de música barroca
Música de los siglos XVII y XVIII
El patrimonio de música colonial en América Latina todavía por descubrir



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