septiembre 16, 2007

El canto de Susana Baca



Fuente:
Rev. Somos N° 184
Lima, 15/09/07, pp. 78-80
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“Yo soy una guerrera”
Entrevista de Enrique Sánchez Hernani





Susana Baca, flamante embajadora de las aldeas infantiles S.O.S. en favor de los niños abandonados, habla de sus luchas para salir adelante.

Contra viento y marea, la intérprete de María Landó ha sabido imponerse a la indiferencia e incluso al rechazo de los medios en el Perú. Hoy es una artista reconocida mundialmente como “la diva del Pérou Noir” y una de las principales exponentes de la worldmusic. La Embajada de Francia la condecoró en mayo con el grado de Caballero de la Orden de Artes y Letras. Pero, sin duda, fue el Grammy que ganó el año 2002 -con su disco Lamento Negro- lo que la consagró definitivamente. Buen momento, pues, para ensayar un recuento de su vida.

Ahora que eres reconocida y que viajas invitada alrededor del mundo, ¿crees que ya has logrado lo que te proponías como artista?

Creo que sí. Acá en el Perú hubo una época en la que tuve mucha incomprensión hacia mi trabajo. No tenía un espacio para hacerlo. Entonces me bastaba un salón y le cantaba solo a los amigos. Aquí he tenido muchos fracasos económicos; hacía conciertos y la gente no iba. Entonces dije, no, yo miro para afuera y se acabó la historia, me iré donde me entiendan.

¿Qué cosa fué lo que te animó a perseverar?
Creer en lo que haces, ¿no? Yo creo profundamente en lo que hago. Aunque a veces tienes tus dudas y te preguntas para qué sirve la música.

¿Y tú has descubierto para qué sirve?

Sí. Yo he visto los ojos de la gente cuando canto. También me lo han dicho: sienten paz al oír mi voz.

Hay gente que al oír mis discos siente ternura. El canto sirve como un bálsamo.

¿Cuándo lo descubriste?
Un día una señora entró a mi camerino con su madre y me dijo: mi madre estaba muriéndose, pero a partir de hoy día, al escuchar tu música, quiere vivir. Que me digan eso me hace pensar que la música sirve.

PIEDRAS EN EL CAMINO

Cuando recién empezabas y todo era difícil, ¿tuviste alguna vez miedo al fracaso?

Más bien no veía el éxito. Mi madre, que era amiga de Felipe Pinglo y Pedro Espinel, vio a muchos artistas vivir en la indigencia. De niña yo dejaba los juegos para estar al lado de los músicos y de repente comencé a cantar. Allí mi madre se dio cuenta de que estaba predestinada para la música y sintió pánico. Por eso me hizo estudiar para maestra. Yo estudié en La Cantuta. Allí asistí a conferencias de Manuel Scorza y Julio Ramón Ribeyro. Tuve mucha suerte. Un día fui a la casa de Juan José Vega y llegó José María Arguedas; me quedé con la boca abierta. Mis maestros fueron Oswaldo Reynoso y Juan Gonzalo Rose.

Cuánto privilegio.

Es cierto. Creo que allí nació mi vocación por cantar poesía. Por un lado tenía los valses y la música afroperuana, que escuché cuando abrí los ojos. Pero llegó un momento en que sus letras no me decían nada. No era lo que yo quisiese [quería] expresar.

A pesar de que te acompañaron de niña...

A pesar de eso. Es que la lírica es importantísima, por eso me he aprovechado de la palabra de los poetas. Yo he cantado un poema bellísimo de Oquendo de Amat sobre la mujer, cuando los valses hablan pestes de ella. Yo he conocido a mujeres que, como dice Silvio Rodríguez, no hay libro que las aguante, por sus historias. Allí están mi madre y mis tías, que fueron amas de leche de muchos señores de la aristocracia. Ellas les pusieron el sentimiento por la música criolla a esos muchachos, a esas familias.

Esa rama de tu familia, ¿que mas te ha regalado?

Nos enseñaron a no odiar. La historia de la esclavitud fue algo terrible, pero nadie quiere el dolor. El pueblo afroperuano, a pesar que eso nos dañó, ha devuelto la historia con música, alegría, danzas, con un arte que te emociona profundamente.

En tu camino, ¿qué fue lo más difícil?

La segregación. Hay gente que se molesta y dice que en el Perú no hay segregación; así me lo dijo la otra vez un alto empresario. Señor, le respondí, usted es blanco. Pero a mí sí me han cerrado la puerta en la cara. Le abrían la puerta a Ricardo (su esposo) y luego me la cerraban a mí.

¿Qué cosa ha dejado en ti esto?

De todas maneras te quedan marcas, como grietas, porque eso te hiere. Pero sigo sin la capacidad de odiar. No puedo. Lo que quiero es enseñar a las nuevas generaciones que eso no puede ocurrir. Hemos vivido en medio de la inconciencia. ¿Cómo saliste adelante? Yo soy una guerrera. Mi madre me enseñó a luchar. Yo la vi trabajar todo el tiempo, desde que abrí mis ojos hasta que ella los cerró. Yo siempre insisto. A veces me han cerrado puertas; yo me he dado media vuelta, pero me he dicho: ya vas a ver que la vas a tener que abrir.

¿En qué casos ha ocurrido eso?

Con los medios. En mis comienzos, cuando cantaba a Vallejo y Romualdo, nunca tenían cuidado con lo que escribían sobre mí; me alteraban nombres o situaciones. Cuando me nominaron por primera vez al Grammy, algunos dijeron, no, Susana no está nominada, están nominados los Super Seven. Pero no sabían que ellos cada año hacen un disco con invitados y ese año estuvimos Caetano Veloso y yo. Y ese disco sí estaba nominado.


COSAS DEL PASADO

¿Qué es lo más malo que recuerdas?

Recuerdo un conflicto tremendo, cuando se nominó el 31 de octubre como Día de la canción criolla. Había un conflicto entre Halloween y la canción criolla. Entonces a mí se me ocurrió decir que cambiemos el día. Uyyy, me comieron viva. Me enfrentaron con todos los criollos.

Y en cambio, ¿con qué recuerdos eres feliz?

Cuando gané el Grammy. Ya tenía entonces cinco o seis años trabajando duramente en Europa y tenía prestigio en Canadá y los Estados Unidos. Entonces estaba de gira por Estados Unidos. Lamenté no haber estado en mi casa, porque todos mis amigos hubiesen venido y hubiéramos hecho una fiesta. También cuando me ofrecieron una condecoración como nieta de cañetanos. Primero el alcalde de San Luis me llevó a su casa y de allí me trasladó en un carro a San Vicente. Había mucha gente, varias bandas de música, al punto que pensé que celebraban alguna fiesta, cuando me entero que era solo para mí.

Y, ¿qué te duele recordar?

Me duele recordar que mi mamá no haya disfrutado de lo logrado. Se me murió mucho antes. Recuerdo que cuando gané una mención en el Festival de Agua Dulce, mi mamá se fue temprano al mercado a comprar para el almuerzo, pero regresó tardísimo, después de contarle a todas sus caseras que su hija posiblemente iba a ser una profesional de la música.

UN MUNDO DE CANCIONES

Hablando de música. ¿Qué música te deja extasiada?

Voces como la de Camarón de la Isla, que te penetran en el alma. Después la música antigua cubana o Ismael Rivera, o Billy Holiday. La música huanca también...

¿Cómo? ¿La música Huanca también?

Yo he estado en Accolla, trabajando como maestra y he visto a su banda; era sublime. Una noche viajaba a Huancayo y vi en el camino algo que iluminaba la luna: era una banda de saxos que caminaba entre un sembrío de quinua, con ese color conchevino de la quinua. Qué belleza. Era un cuadro de Humareda.

¿Y hay algún tipo de música que te disgusta? ¿Escuchas cumbia peruana o reggaeton?

Uyyy, eso no me gusta, pero no me vayan a linchar. Entiendo que es una música catártica y que le guste a los muchachos, pero yo poner esa música, nooo.

¿Qué tipo de canciones te gustaría poder interpretar?

Algunas canciones de Celia Cruz que a mí me parecen inalcanzables. Me encanta ese swing, su manera de cantar, me emociona, sobre todo la época cuando estaba con la Sonora Matancera.

¿Alguna vez has llorado con alguna canción?

Claaaro. Por ejemplo al escuchar a Paco Ibáñez cantar su historia sobre los lagartitos con su delantalito blanco. Eso es una belleza.

¿Quiénes están en el altor de tus intérpretes preferidos?

Jesús Vásquez, Chabuca Granda, don Augusto Ascuez y la alegría de los tonderos de Cecilia Barraza; la adoro. Ahora estoy escuchando mucha música antigua de New Orleans.

¿La música te deja tiempo para hacer otras cosas que te gustan?

Sí, cocinar y bailar (risas). Me encanta

La fama, ahora, ¿de qué manera te ha cambiado la vida?

Procuro hacer mi vida normal. Y mira, aunque yo ya había pasado por escenarios inmensos en Europa, recién cuando me dan el Grammy es que en el Perú se enteran de mi trabajo, después de tantos años. Mira, los domingos salgo a pasear a mi perro, voy al mercado cercano a comprar mis alimentos y recibo el cariño de la gente, de las vendedoras que a veces no me quieren cobrar. Yo disfruto de eso. Lo único que ya no hago es subirme a buses.

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Video

Versión de 1990 con el acompañamiento de Félix Casaverde, Roberto Arguedas, Antonio Gonzales y Juan Medrano "Cotito".






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