marzo 01, 2009

De chirimías y chirisuyas



Músicos quechuas tocando chirimía (chirisuya), tambor (taksa wankara) y flauta de pan (antara) 
[Perú : Reise- und Forschungs-Erlebnisse in dem Lande der Incas.  Ephraim George Squier, 1883]


Un hombre risueño, grueso y de baja estatura, ingresa al escenario dando inicio con su instrumento, a un ritmo característico del Medio Oriente. Un ritmo moderno, de letra frívola seguramente, pero inspirado en siglos, milenios de evolución musical. El aerófono impone su pauta, y aunque está hecho a la medida de esa música, los sonidos que emite pueden ser familiares al oído de un ejecutante de chirimía de España, de México o del Perú (1) .

Cuando los árabes y bereberes ocuparon buena parte de la península ibérica desde el siglo VIII, llevaron consigo sus músicas y sus instrumentos, elementos que se quedaron, recreándose constantemente (en lo formal y en lo simbólico) hasta el día de hoy. De entre esos instrumentos de viento surgió la chirimía (antecesor del oboe o dulzaina en España), que pasó a Indias en los primeros galeones que cruzaron el Atlántico.

Su uso era fundamentalmente ritual y solemne, sea en lo religioso o en el ceremonial protocolar público, como la recepción de personajes ilustres, desfiles, “elección de alcaldes, autos de fe, paseo de estudiantes, paseo del pendón real, etc” (2). En nuestros días, el arraigo del uso de este antiguo instrumento que fue tan importante en la vida religiosa y pública de la Colonia hasta el siglo XVII, ha quedado circunscrito a la población indígena rural de algunos departamentos, y se halla en un lento retroceso que lo está llevando al peligro de extinción, debido a que no hay relevos en el oficio de su construcción, y a que cada vez son menos los ejecutantes.

Este instrumento, que tuvo extendida presencia en las colonias hispanas, sobrevive en el día de hoy precisamente en los países con mayor población indígena, que al mismo tiempo fueron epicentros administrativos coloniales: México y Guatemala (Virreinato de Nueva España) y Perú (Virreinato del Perú). El estado de postergación y exclusión que han sufrido y sufren las comunidades indígenas rurales, ha permitido que precisamente por ello, sigan vivas muchas tradiciones antiguas que tienen mucho que informar y que ameritan políticas de rescate, preservación y difusión, como se está haciendo por ejemplo, en México.
  • It was no long before many native peoples in the viceroyalties of New Spain, New Granada and Peru learned how to play the chirimía and it became appropiated as an instrument of their own, as noted by José María Arguedas (1977: 16), who wrote about the perception that the harp, violin, transverse flute and chirimía, were "indian instruments in the peruvian mountains" (...). Today the chirimía is found most often in parts of México, Guatemala and Perú, where it adopted changes particular to the regions. In Perú for example, the double reed often is made from the quill of a falcon, seagull or condor feather, although cane also can be used (Garcia 1978: 7). The use of condor feathers, a sacred bird among peruvians, strengthens their adoption of the chirimía as a 'native' instrument (3).

En poblados de los departamentos de Lima, Ayacucho, Huancavelica y Apurímac, se da la peculiaridad que adopta el nombre de “chirisuya”. Carlos Blanco, investigador español, escribe:
  • Resulta igualmente asombrosa la influencia de un aerófono de origen árabe llamado “ghaita” o “chirimía”, (de la familia de los oboes, que se transplantó a España conocida actualmente como “dulzaina”), viajando posteriormente a América, presumiblemente por intermedio de los jesuitas, para adaptarse entre indígenas peruanos en las regiones del Ayacucho y Apurímac, quienes la hicieron propia construyéndola de idéntica manera y conservando el nombre de “chirimía” o de “chirisuya”, buscando el juego humorístico de palabras con las últimas sílabas del nombre: “mía” - “suya” (4).
La alternancia o cambio con la palabra "chirisuya", no sería un fenómeno de sustitución o derivación lingüística indígena, sino al contrario, de purismo tributario del viejo castellano áureo.  De la Justa poética que se hizo al Santísimo Sacramento en la villa de Cifuentes en 1620, cito:

[...]
A cada verso responde
en otro coro la música
de frautas y metebuches,
chirimía o chirituya.
[...] (5)

De El finado vindicado, de Gerónimo de  Veracia (1728) cito:
  • [...]
    Ninguno de los que han escrito contra sus disparates sé yo que aya tenido oficio de sepulturero ni enterrador, y la buena o mala fama siempre buela, tocando su trompeta, chirimía ó chirituya, por essos ayres, para que todos oygan sus trompetadas; y ninguna mejor que la de Torres buela (aunque tarda y torpemente) por esse mundo [...] (6)
Podemos notar el proceso aún dinámico de consolidación lingüística de la lengua, en un siglo clave de su evolución y universalización (XVII y ss).   Dinamismo que, para el caso de la palabra chirituya, devino en los andes centrales en chirisuya. Hoy en día, ni chirituya ni chirisuya, aparecen en el Diccionario de la RAE (Real Academia de la Lengua), denotando con ello, su condición de -aparente- desuso en el presente. 

Como se señala en el texto arriba citado de Malena Kuss, si bien los músicos indígenas conservaron la esencia del instrumento, le introdujeron algunas características propias al construirlas, como cambiar “las pajuelas del modelo mudéjar por plumas de cóndor o halcón” (7), o hacerlas con huesos de animales de la fauna local, como el cóndor.

En la zona andina, la chirimía o chirisuya está asociada a fiestas religiosas (del santoral cristiano) y comunitarias de la población indígena, es decir, su uso obedece a un contexto ritual:
  • Ejemplos de fiestas agrícolas: Fiesta del agua en Alcamenca (provincia de Víctor Fajardo, Ayacucho. Agosto), Fiesta del Agua en la comunidad campesina de San Pedro de Casta (octubre), Fiesta del Agua en Aucará (Lucanas, Ayacucho). Ha ido cayendo en desuso en otras como la fiesta del “Yarqa Aspiy” en Sarhua (Ayacucho).
  • Ejemplos de fiestas religiosas: fiesta de la Virgen de Vito (Apurímac), Fiesta de la Virgen de las Mercedes (Ferreñafe Lambayeque), fiesta en honor del Arcangel San Miguel de Moya (Huancavelica), Fiesta de la Virgen de Cocharcas (Apurímac), fiesta de la Virgen de Cocharcas en San Diego de Ishua (Ayacucho), fiesta de la Virgen de Asunción en Sañayca (Aimaraes, Apurímac) , fiesta del Señor de Animas (Chalhuanca, Apurímac)
Uno de los aspectos más profundos del arraigo de este uso ritual, es el que se refiere a la leyenda de Sebastián Quimichi (o Quimichu), indio iniciador de la devoción a la Virgen de Cocharcas a fines del siglo XVI: En su peregrinaje desde Copacabana a Cocharcas llevando la sagrada imagen, iba tocando una chirisuya, y en memoria de ello, a los que llevan las andas de la virgen y a quienes ejecutan la chirisuya se les llama hasta hoy, “quimichos”.
  • La tradición popular refiere que el momento en que se despedía del Santuario de orillas del Titicaca, pajarillos de vivos colores se le asentaban en los hombros, en señal de las bendiciones con que la Virgen de Copacabana lo despedía.
    Caminaba siempre entonando la “chirisuya”, la quenilla que así llamó en recordación de las “chirimías” que cuando niño había visto interpretar a los soldados españoles en los desfiles. A decir de un cronista
    , cuando pulsaba ese instrumento “se allanaban las rocas y florecían los campos”… (8)
Los departamentos donde está presente con el nombre de chirimía son Huánuco, Lambayeque y Piura. En el Mapa de instrumentos musicales… no se deja constancia de haberla visto en Piura, citando solamente la referencia de Jiménez Borja hecha en 1951 (9). En 1910 en Eten, Enrique Brüning registró dos marchas acompañadas de chirimía(10):
  • Marcha de procesión (1'13''). Francisco Cumpa (chirimía) y Francisco Angeles (caja)
  • Marcha (1'25''). Francisco Cumpa (chirimía) y Francisco Angeles (caja)
Los audios de estas dos piezas se pueden escuchar aquí

En la novela “Hombres de caminos” de Miguel Gutiérrez (11), una saga basada en la historia local de Piura, se la menciona de manera evocativa, como ejecutada por ancianos ciegos, antes, durante y después de la ejecución del legendario bandolero Isidoro Villar (inicios del siglo XX). Un ejemplo:
  • (...) Y fue en el corazón de la noche, mientras a la luz de mi Petromax reconstruía para ti, con los materiales de la memoria y la imaginación y los aguijones del antiguo dolor, la historia de los descendientes del desertor godo Miguel Francisco Villar y de la India Sacramento Chira -que es la historia de un agravio, de la humillación y caída primordiales, de la herida aún no cerrada, y del rencor-, cuando escuché el tam-tam de centenares de tambores y el unánime lamento de las flautas y chirimías acompañando a Luis Villar que en las acémilas llevaba en­fardelado el cadáver del hombre de caminos Isidoro Villar para ser sepultado en el cementerio particular de los Villar. Con el corazón alborotado, recuerdo, me asomé a la puerta, y era el viento el que batía la piel de los médanos, y las flautas y chi­rimías y el lamento de dolor y furia y gloria eran los múltiples registros de la voz única del viento. Entonces, en la cima de la más alta y bella de las dunas vi (creí verlo) a Isidoro Villar en su postrera cabalgata con su fiel Colorado. Entonces me dije que había llegado el momento de escribir la historia que temí contarte y que al decidirme hacerlo fue ya definitivamente tarde.
Según Jiménez Borja, en la costa norte, el ejecutante de chirimía vá acompañado siempre de un ejecutante de caja.

De acuerdo al Mapa de Instrumentos… las chirimías y chirisuyas que fueron analizadas por los autores varían de 25 cm. a 50 cm. de longitud, y presentan de 6 a 10 orificios (12), lo que indica que en los Andes -al menos actualmente- no existen chirimías (o chirisuyas) tan largas como en España.


Conclusión

El estudio de este antiguo instrumento aerófono aún no ha merecido un trabajo integral sobre las relaciones socio-históricas que involucró en el vasto espacio iberoamericano, antes y después de la conquista hasta el presente. Sólo  fragmentos, aproximaciones por países, es lo que tenemos.  Aquí sólo he presentado una somera aproximación, facilitando también las principales referencias bibliográficas que existen a la fecha, para el caso peruano.

// marcela cornejo d.


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Notas
  1. He encontrado en la red, oboes llamados "zoorna" por el pueblo asirio (un antiquísimo pueblo semítico, cristiano, de lengua neo-aramea, fragmentado entre Iran, Irak, Siria, Turquía y la diáspora, que conserva fiel memoria de su ancestro caldeo asirio), también otros llamados "zurna" en Turquía. Estos oboes deben tener otro nombre en los países de habla árabe, en Irán-Persia (donde se habla principalmente farsi) y seguramente otros más al oriente.
  2. Instrumentos musicales peruanos. Arturo Jiménez Borja. Revista del Museo Nacional, T. XIX-XX, 1950-51, Lima, p. 78.
  3. "... Los pueblos indígenas en los virreinatos de Nueva España, Nueva Granada y Perú, aprendieron pronto a tocar la chirimía, la que terminó siendo apropiada por ellos como instrumento nativo, como anotó José María Arguedas (1977 : 16), quien escribió acerca de la percepción de que el arpa, el violín, la flauta traversa y la chirimía fueran "instrumentos indios en los andes peruanos..." Hoy en día, la chirimía se encuentra mayormente en lugares de México, Guatemala y Perú, donde adoptó cambios particulares según la región. En el Perú por ejemplo, la lengüeta doble es hecha de plumas de halcón, gaviota o cóndor, aunque la caña también suele ser usada (García, 1978 : 7). El uso de plumas de cóndor, un ave sagrada entre los peruanos, afianzó la adopción de la chirimía como instrumento 'nativo' ". Malena Kuss. Music in Latin America and the Caribbean: An Encyclopedic History. Austin: University of Texas Press, 2004,p. 318.
  4. Carlos Blanco Fadol. Instrumentos musicales del mundo. Albacete, 2001, p. 7
  5. Justa poética que se hizo al Santísimo Sacramento en la villa de Cifuentes, el doctor Juan Gutiérrez en 1620, recopilada por Diego Manuel, dirigida al mismo doctor.   José Julián Labrador Herraiz, Ralph A. DiFranco, Antonio López Budia [eds.].  Castilla-La Mancha : Servicio de Publicaciones, Consejería de Cultura de Castilla-La Mancha, 2007,  vol 2. p.
  6. El finado vindicado : rayo apologetico, desprendido de la region del juicio, sobre las torres fantasticas del piscator de Salamanca, a cuya luz se descubren... las injurias hechas a Don Francisco de Quevedo y Villegas [...].  Gerónimo de Veracia.  Madrid, 1728, p. 8 
  7. Jiménez Borja, Op. Cit., 79.
  8. César Bolaños, Josafat Roel, Fernando García, Aida Salazar. Mapa de instrumentos musicales de uso popular en el Perú. Lima : INC : Oficina de Música y Danza, 1978, p. 254.
  9. Miguel Gutiérrez. Hombres de caminos. Lima : Horizonte,1988, p. 16.
  10. Bolaños, Roel, García, Salazar. Op. Cit., pp. 253-255



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Dos textos:  de Andrés Sas y  de Arturo Jiménez Borja



(1)
Fuente:
La música en la Catedral de Lima durante el Virreinato. Primera parte
Andrés Sas
Lima : UNMSM : Casa de la Cultura del Perú, 1970-71, pp. 137-138
 


D.- Los chirimiístas

Fueron los chirimiístas y los trompetas, a más de los pífanos, los clarineros y los atabaleros, los primeros músicos profesionales en venir a estos reinos, acompañando a los conquistadores, o por cuenta propia. Con ellos llegaron también las vihuelas de mano y de arco, la guitarra, el arpa y luego el clavecín, que eran los instrumentos distinguidos, la corneta y el bajón fueron traídos luego.

Más, no tardaron las chirimías en ingresar en la Capilla de Música de la Catedral, a los muy pocos años de edificada ésta, y permanecieron en ella hasta mediados del siglo XVII, a partir de cuyos años fueron reemplazadas por las dulzainas.

Ninguno de los pocos chirimiístas cuyos nombres aparecen en los archivos de la Catedral está señalado en éstos únicamente en su calidad de tal, sino en primer lugar como bajonista o cometiste. Sin duda eran el bajón y la corneta instrumentos considerados como más nobles que la chirimía, pero fuera de esta particularidad, presume que las chirimías eran utilizadas sobre todo para sostener los coros y para ejecutar en las procesiones, los entierros u otras funciones eclesiásticas, fuera del templo, para cuyos eventos solíase contratar especialmente a cuatro chirimiístas indios de los pueblos de Surco o de la Magdalena, vecinos de Lima.

Tocaron chirimía en la Catedral de Lima:
  • Juan Sánchez Madurra (Antes de 1603 - ???). Tocaba algún otro instrumento (¿?)
  • Martín Andrés de Orfuño (antes de 1608 - 14/8/1644). Bajonista.
  • Juan de Ortega y Alcázar (8/4/1614) - septiembre de 1625; junio de 1626 - 10/7/1634). Cornetista.
  • Antonio Correa (antes de 1622 - abril de 1624). Presbítero; cornetista.
  • Francisco Pacheco (30/5/1623 - octubre de 1624). Bajonista.
  • Martín de Ostuño, "el mozo" (23/3/1636 - después de 1638). Tiple, bajonista y cornetista.



(2)
Fuente:
Instrumentos musicales peruanos
Arturo Jiménez Borja
Revista del Museo Nacional, T. XIX-XX, 1950-51, Lima, pp. 37-80 + ils





Una de las imágenes del texto de Jiménez Borja

(…)
La chirimía, oboe morisco, se hace presente desde los primeros días de la dominación española. Los Libros de Cabildos la mencionan a menudo. Una de las mayores solemnidades en aquellos tiempos era el recibimiento de Virreyes. La chirimía no faltó en ellos. Una página, fechada 31 de agosto de 1551, informa cómo dieron bienvenida a Don Antonio de Mendoza, vestidos los músicos de rozagante [raso:] "e mandó que se den a cada uno de los chirimías que an deyr con la cibdad al dicho Recibimiento a quatro varas de raso carmesí". Así mismo salieron a recibir al Marquez de Cañete, tal dice la página signada 15 de Junio de 1556: "en este cabildo acordaron los dichos señores [de] Justicia e Regimiento, que para el Rescibimiento del señor viso Rey salgan música de chirimías".

Los naturales aprendieron pronto a tañer chirimías pues en un pormenor, página del 5 de marzo de 1575, se lee: "diez y seys pesos que pagó a los yndios trompetas y chirimías de Surco y la Magdalena y a los negros que tañeron los atabales el día de los rreyes quando se sacó el pendón por mandato del señor alcalde".

Al parecer no hubo fiesta sin la participación de chirimías. El 24 de diciembre de 1583 el Cabildo acuerda festejar al Marquez de Santa Cruz por una victoria militar "con fiestas de toros y otras cosas e que se hiciessen procesiones asi se acordó que luego desta noche se haga fiesta y pongan luminarias y se trayan trompetas e chirimías".

Las chirimías aparecen en muchas otras ocasiones grandes y menudas: elección de alcaldes, autos de fe, paseo de estudiantes, paseo del pendón real etc. Los Libros de Cabildos están llenos de estas y otras noticias. La página del 30 de diciembre de 1600 dice: "que para el día de año nueuo venidero para la election de los alcaldes hordinarios que el dicho día a de elegir el dicho cabildo e para i a fiesta y onor della conbenia oviese trompetas y chirimías". En la del 31 de diciembre del año siguiente se lee: "En este Cabildo se acordó que esta tarde y mañana dia de año nuebo aya trompetas y chirimías".

El P. Dávila describe, más o menos por el año de 1609, un auto de fe en el que aparecen chirimías: "y en cada esquina se tocaban chirimías" escribe. Este auto de fe se realizó en Lima en la Plaza de Armas y en él se quemó numerosos ídolos y objetos de uso ceremonial de los naturales que los extirpadores de idolatrías habían traído de las Doctrinas encomendadas a su celo.

El Diario de Lima escrito por los Mogaburu se refiere también a ellas informando sobre un paseo de estudiantes ocurrido el 21 de setiembre de 1673: "Jueves 21 del dicho mes día del glorioso apóstol San Mateo por la tarde salieron hasta setenta y cuatro estudiantes de gramática en sus caballos muy bien aderezados y enjaezados, y con joyas de muchísimo valor, y gran número de pajes con muy buenas libreas, y con número de cheremías y dulzainas".

La chirimía ha llegado hasta nuestros días sobreviviendo en los departamentos de Lambayeque y Piura, tal como en los viejos tiempos. En la sierra, departamentos de Lima, Huancavelica y Ayacucho, se le conoce con el nombre de "chirisuya" cambiando las pajuelas del modelo mudéjar por plumas de cóndor o halcón.
El informe que sigue se debe a la generosidad de Don Rómulo Paredes investigador muy enterado y acucioso del norte del Perú. Según Paredes el tocador de chirimía más viejo que vive es Don Pedro Carrillo Abril de 105 años de edad quien tuvo por instructor a Don Celestino Abril, tío suyo, el cual en compañía de Pedro y Pablo Ventura Flores, fueron alumnos dé otro notable chirimiyero llamado Don Jacob Cajo López. Don Pedro Carrillo, dada su avanzada edad ya no ejecuta en público. Don Víctor M. Pereda cura párroco de Monsefú ha añadido a la lista anterior el nombre de Don Sacramento Zeña, chirimiyero en ejercicio que vive en Huamantanga, localidad situada entre Lambayeque y Ferreñafe.

Según Don Pedro Carrillo, en sus tiempos, el más afamado constructor de chirimías era Don Ensebio Flores. La madera utilizada era "chachacoma" o "limoncillo". Para ello se escogía un trozo de dimensiones apropiadas, 20 a 30 e. de longitud más o menos, y tras darle forma lo ahuecaban con cuchillas hasta donde era posible y el resto con hierros al rojo pues no se conocía el berbiquí tan común en nuestros días. Se obtenía de este modo el cuerpo del instrumento a modo de trompeta cuyo extremo posterior, próximo a los labios del ejecutante, tenía 1 c. y medio de diámetro y el extremo anterior 7 c. de diámetro. Terminaban esta parte haciendo 6 a 7 huecos. En la actualidad, según Don R. Paredes, labra Chirimías Marcos Quispe Durand sin llegar a la perfección y acabado de los viejos maestros.

Culminaba la obra "la pajuela" para lo cual se buscaba una caña especial llamada "succha" que se raspaba con gran esmero hasta convertirla en una lámina muy fina. Cortaban de allí dos lengüetas que atadas a una boquilla constituían la otra parte de la chirimía. Venía luego una faena muy delicada que consistía en "dar el tono" a la pajuela, operación que duraba a veces algunas horas pues se procedía con mucho tiento y delicadeza y consistía en recortar las lengüetas con una tijera hasta obtener el sonido deseado. Cada chirimiyero tenía consigo, toda vez que ejecutaba, varias pajuelas como repuesto, pues fácilmente perdían su voz con el continuado uso.

Acompaña siempre al tañedor de chirimía "un cajero". La caja del tambor solía hacerse de madera de cedro que provenía de cedros de, bosques al otro lado de las cordilleras. Los parches se hacían con pellejo de chivo y los palillos con madera de guayabo. Los mejores constructores de cajas habidos en Lambayeque fueron Don Agustín López y Don Natividad Leonardo.

La actuación del chirimiyero estaba sujeta a reglas rígidas que .aún hoy en día continúan vigentes. Lo más importante es lo que sigue: la chirimía solo admite el acompañamiento de la caja y ésta está subordinada en todo al oboe; la chirimía marcha siempre a la cabeza en toda concentración, presidiendo desfiles, paseos de fuegos de artificio etc.

Dos chirimías procedentes de Lambayeque miden 30 c. y 39 c. de longitud. El cuerpo de la primera mide 25 c. y el de la segunda 32 c. Las medidas de las pajuelas se deducen fácilmente. Tiene la primera 6 huecos y la segunda 7 el último de ellos algo desviado hacia la derecha.

Dos, "chirisuyas" procedente una de Ayacucho y otra de Laraos, Lima, miden 28 c. y 50 c. de longitud. El cuerpo de la primera 25 c. y el de la segunda 41 c. Las medidas de las pajuelas se sobreentienden. Tiene la primera 7 huecos y la segunda 10; de ellos 8 colocados en fila en la cara anterior y los dos restantes ubicados en las caras laterales inmediatos al último agujero de la cara anterior.




Actualización (17 jun. 2009):

A los trabajos de Sas y Jiménez Borja , es necesario añadir la mención del trabajo del musicólogo chileno Fernando García Arancibia: "Algunas noticias sobre la chirimía o chirisuya" escrito en 1978. Este texto y la bibliografía de sus trabajos sobre música peruana, aquí


Actualización (12 ene. 2017):
En la Moseñada del distrito de Tinichachi (prov. de Yunguyo, dep. de Puno), se ejecuta la imilla o clarín, un aerófono derivado de la chirimía.  Su uso es también ritual (primeros días de enero, cuando se invoca  las lluvias y hay cambio de teniente alcalde), pero no tan antiguo: se habría incorporado  recién por la década de 1950.  Tomemos en cuenta que se trata de un espacio musical aymara.
Este estudio se ocupa de su aspecto organológico: Análisis organológico del instrumento musical llamado imilla en la moseñada del distrito de Tinicachi.  Edwin David Morales Pacompía.  VID@RTE. Puno : Universidad del Altiplano, V.1, N.1, ene-jun 2014




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Enlaces

La chirisuya declarada patrimonio cultural (INC)
Traditional Music of Peru. Vol. 6: The Ayacucho Region - Smithsoniayn folkways (temas 15, 17 y 18)
Fiesta del Arcángel San Miguel de Moya (Huancavelica)
Yakumama, serenas y otras divinidades acuáticas del valle del Pampamarca (Ayacucho) - Manuel Arce Sotelo (pp. 108 y 115)
La dulzaina de la sierra de Lambayeque [Cañaris, Incahuasi y Penachí]- Juan Javier Rivera Andía
La Chirimía en México, de la Colonia a nuestros días - Álvaro Díaz
La Chirimía en Colombia






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