mayo 11, 2009

Pujllay: danza quechua centro-surandina de origen prehispánico (caso de Cusco)

Un documento sobre las celebraciones del pujllay (pukjllay, pukllay, puhllay, etc.) o carnaval rural en el sur andino. Algunos quechuístas cuestionarán el modo de transcripción de los cantos (la falta de consenso es uno de los mayores problemas en la escritura quechua), lo que no impide apreciar su belleza. Uno de los cantos transcritos alude al ayllu de los Lares o Laris sobre el cual se asentó un repartimiento colonial y posteriormente el distrito del mismo nombre (uno de los 8 de la provincia de Calca).
"Pujllay" es un concepto quechua que significa aproximadamente, "juego" o "intercambio". Este componente del "juego", entendido como un contrapunto pactado, se presenta en distintas fiestas rituales de carácter agrario, sobretodo entre los meses de diciembre y febrero, cuando comienzan las lluvias. Los rituales son tanto guerreros (como es el caso del "Chiaraje" o el "Takanakuy") como amorosos, entre la juventud casadera. El objetivo es propiciar y celebrar la fertilidad de la Pachamama: buenas cosechas, buen ganado, re-generación comunal... y de manera especial, restaurar el equilibrio cósmico entre los opuestos complementarios. Los elementos de catarsis social y celebración de la fertilidad y la vida, lo han vinculado con el tiempo y el progresivo mestizaje, al concepto del carnaval occidental. 
Las celebraciones del pujllay rural sobreviven sobretodo en Cusco, Apurímac, Huancavelica, Ayacucho, zonas altas de Arequipa, zonas quechuas de Puno. Lamentablemente, su práctica ritual retrocede frente a la escenificación folkórica para el turismo. Sólo en las fechas precisas, los jeans y las zapatillas ceden a las polleras, sombreros, mantas (llicllas o aguayos), y demás elementos del traje tradicional.
//marcela cornejo



Fuente:
Perú Indígena
Lima : Instituto Indigenista Peruano, Vol. IV, N° 9, abr. 1953, pp. 125-134
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Puhllay, fiesta india (*)
Jorge A. Lira


joven maqta en feria de Písac-Cusco
(
fuente de la foto)


Como torrente de color y música que salía por entre cauces de granítico Andes [sic.], el rumor magnífico del Puhlláy indio irrumpe [por] doquier. En todos los pueblos de la cordillera india la omnipotencia de esta clásica locura del Puhlláy indígena embarga profundamente el espíritu del hombre. Cada ocasión me fué propicia para analizar detalles de esta feria estética de los andes peruanos. Y deducí tratarse de un acontecimiento de enormes proporciones, de un sentido no solo emocional, sino de un sentido estético social-religioso-telúrico. Es pues un hecho excepcional; irrupción afectiva y mental de la prepotencia del hombre autóctono, moviéndose triunfal en el más puro e incontaminado esplendor vernáculo pese al maremagnun que esfuérzase por hundirlo y perderlo para siempre.

Un punto de partida histórico del Carnaval indio no encuentro. Se pierde en su remotísima edad primera. Pero confieso que, tampoco me he preocupado [de] buscarlo en documentos bibliográficos pues, entiendo que debe ser raro. Sin embargo quedo persuadido que posiblemente, cuantos se ocupan de esta materia, le han dado una procedencia europea como si Europa fuera el cordón umbilical de nuestra cultura. Empero, convencido yo de nuestra excepcional cultura nativa, le atribuyo una génesis india, autóctona cien por cien. El Puhlláy del Perú indio tiene distintivos y características de pureza inconfundible. Por todos sus costados es vernáculo, autóctono, muy indio.

En primer lugar, su sentido estético social está por encima de toda otra concepción, común a los pueblos de origen no indio. Su entrelazamiento con el panteísmo, las prácticas rituales con que comienza esta fiesta, es argumento de primer orden. La parte estética que más ahínco cobra por la insuperable belleza de la indumentaria indígena, rivalizadora de la propia naturaleza, por sus matices, el alarde de formas y el simbolismo de las labores. Las canciones y su música es de absoluta inspiración india. Y lo estupendo está que tiene música propia, canciones propias y hasta danzas propias exclusivas. Esa profusión de motivos e inspiración con gentil sobriedad en todo orden es admirable. A base de muchos siglos de evolución y depuración ha sido logrado. Y qué pureza en todo, pues permite advertir no estar influenciado ni por lo exótico ni por las maneras de los ayllus vecinos y comarcanos. Cada pueblo, cada ayllu con su personalidad, su individualidad virgen inconfundible, con ese "ego social" que es marca de cada grupo étnico, sin romper tampoco la unidad y armonía social que liga a esos pueblos con nexos íntimos en las formas sustanciales de vida y relaciones universales. Tan estrecho es todo ello sin dejar de ser individual y universal que, difícil podrá ser roto ni en los siglos venideros. Es el espíritu mismo que no puede desaparecer. Sería imposible echar los Andes por tierra; así firme es el espíritu del hombre autóctono que se nutre de la perennidad de las cumbres mayestáticas.

La propia denominación de Puhlláy al Carnaval, indica diáfanamente ser un hecho social religioso-telúrico precolombino de uso inmemorial dentro de los núcleos étnicos del Tawantinsuyo. La incursión europea, parece, casi nada influenció sustantivamente al Puhlláy autóctono. El carnaval de los blancos, más bien parece se vio obligado a asimilar elementos y pugna ahora mismo por arrebatarle valiosos motivos al juego vernáculo de América india, o bien pretende mezclarse, incursionando bárbaramente.

Así el preámbulo carnavalesco es el Jueves de Compadres, fecha dedicada a éstos. Las esposas, las viudas y las demás mujeres, en este día hacen honores al sexo fuerte. Por la mañana son las atenciones con un soberbio ponche "reforzado". El almuerzo es todo un alarde de arte culinario. Los picantes y las bebidas ex-profeso preparadas es suficiente para enardecer los ánimos más pusilánimes con el calor de la alegría. Las canciones, la música y el baile hacen su éxodo en una contienda de galanteos, en las que mixturas, flores, papel picado y las serpentinas decoran este retablo carnavalesco.

El Jueves de Comadres precede al Carnaval. Desde las vísperas son los preparativos. Se mata gallinas y conejos. Se degüella cerdos y corderos. Todo se dispone debidamente. Por la noche, entre diez a dos de la mañana, los compadres recorren ciertas casas de sus comadres. Sigilosamente, en la puerta de casa, de la dormida de cada comadre orlan con festones de enredaderas silvestres, con hierbas hediondas, de donde cuelgan sapos, quijada y canilla de animales muertos, cabeza de perro, calavera de burro, alguna muñeca feamente modelada de paja de puna o de malezas, y el suelo [lo] siembran de ceniza y mixtura de flores significativas.

Cuál sea el origen de esta costumbre ni su significación, no se puede decir con certeza. A mi juicio es una creación nativa posterior, pues es de notar que esto prima más en el pueblo mestizo, y no en el indio ni en el blanco.

El Jueves de Comadres es un neto homenaje de atenciones y galanteos a viudas y solteras. Por la mañana mandan decir misa y muy acicaladas asisten a dicho acto religioso. Al retornar a sus casas sirven sendos vasos de buen ponche espumoso, el mejor pisco de la región y el lechón calientito. Si el día es lluvioso, los compadres dicen que las comadres están llorando. Algunos traviesos como para el caso logran subir al campanario de la Iglesia del pueblo y doblan a muerto. Las comadres molestas por ello motejan a los del sexo fuerte, y éstos se burlan de ellas con sátiras. Así comienza el contrapunteo y viene el juego con mixtura, harina, polvos de olor, serpentinas. Y hasta una jarana inicia la fiesta, rematando casi siempre una borrachera.

Pero el verdadero Jueves de Comadres indio es el Cháku, la cacería de animales vivos. Los cholos y los indios más "ternejos" salen al Cháku. Escalan lomas y cerros donde saben hay madriguera de zorros y guarida de pumas, de venados y cóndor. Acechan desde por la mañana. Rodean y cazan vivos algunos de estos animales.

Con extraordinario aparato, montados en caballos belicosos y cerreros hacen la entrada triunfal al pueblo a horas de la tarde, dando una vuelta a la plaza con algazara, gritos, hurras, aplausos y canciones del pueblo. Los sones carnavalescos invaden [por] doquier el espacio. Grupos de mujeres muy ataviadas, portando cestitos de quesos frescos, cebollas y hortalizas cubierto[s] con pétalos del campo, batiendo banderolas blancas hondas multicolor[es], bailando y cantando siguen a los valientes mozos portadores de animales logrados por la destreza y el riesgo.

Los animales traídos son puestos en libertad en el ámbito de la plaza del pueblo, donde cierran las bocacalles el gentío. Allí los animales son perseguidos en medio de gran vocerío de la multitud que especta el acontecimiento, calzándolos nuevamente. El primer animal cogido es llevado como presente donde la primera autoridad, el señor Gobernador. El segundo animal es para el Párroco, y el tercero y último para el Alcalde y el Juez. Cada animal es conducido en medio de gran animación y bulla, con música y bailes, por grupos aparte de gente perteneciente a los ayllus más notables de la comarca.

El principal del ayllu y el mozo que dio caza al animal hacen la entrega del presente a las citadas personas representativas del pueblo, quienes al aceptar dicha atención regalan propinas y agasajan con licores y serpentinas a los más connotados del grupo. Las mujeres ofrecen como presente sus cestitos. Cumplido este protocolo social indio retornan todos a sus ayllus entrada ya la noche cantando las wiphas [¿wiphalas?] del Puhlláy andino, cuando han bebido sobradamente entre compadres a la buena del acontecimiento. Así pues comienza el carnaval indio.

La víspera del Domingo de Carnaval, hay una ceremonia nocturna el Haywachikuy, ofrecimiento a los manes.

Esta ceremonia nocturna tiene un interés notable, por sus antecedentes y manera social religioso-telúrica. Se trata de un culto excepcional a [la] Pachamama, considerado como númen titular que ampara prodigando favores con los frutos de su seno. Como custodio y vigía que guarda al hombre atalayando sus actos en todo momento, encarnada en la cumbre principal hacia donde se dirigen todos los ojos durante la vida. También a [la] Pachamama, considerada como piso, sitio y suelo que sustenta las plantas del ser viviente. La ceremonia está mezclada con costumbres báquicas degenerando la "T'inka" inicial de ofrecimiento del licor precioso a la Tierra, a la cumbre de nieve eterna, al lar, a la fuente, al lago, al río sagrado y hasta al ganado que nos sustenta con su carne [y] su sangre, y protege con su piel y su lana.

Un informe directamente recibido de Eugenio Kkéspi, más o menos a la letra dice así: "Días antes compran de los chifles los chiuchis (de plomo), kkóri y kkólkke 'káytu, kkóri y kkólke t'ánta, los sullus de carnero, de pakocha, wik'úña y llama; mazorca de maíz blanco sin faltarle un solo grano, incienso, claveles, píñis, arroz, pallares, garbanzos, sullukus, wayrurus. Todo completo sé compra. Después entra el huevo, chicha, vino, coca. Todos los de la casa se congregan a eso de las 10 u 11 de la noche. Todos se sientan en círculo. Tienden un costal y sobre ello una unkhuña. Antes se dan a las manos una entrega de coca, aun a los pequeñuelos y hacen el akúlli. El jefe de la casa o el más caracterizado escoge la ofrenda, poniendo previamente la porción de coca sobre un pañuelo y otro pañuelo donde irá colocando las cosas de la ofrenda según la selección. Todos cuantos están ponen a ese pañuelo un gran puñado de coca. El jefe o principal pone media docena de k'íntus de las hojas más hermosas de coca selecta, en nombre de la casa. También para el ganado media docena de k'íntus y después fragmentos de unto o de llama sobre cada k'íntu. Después para sus chacras de riego y para los temporales. Luego beben licor y hacen el ch’allaskka sobre el pañuelo. Mastican coca. Tras esto nuevamente comienzan a poner los chiuchis, por orden. Luego mojan un táku en vino y dibujan con él en el choclo y en el huevo unas figuras simbólicas. En el huevo generalmente la imagen de algún ganado y en el choclo círculos de la parte superior a la inferior. En seguida se reviste el huevo y el choclo con kkóri y kkólkke t'ánta, liándolo con kkóri y kólke 'káytu. Colocan el huevo y el choclo y le hacen abrazar con el sullu. Tras esto rocíanle vino y licor (aguardiente). En el 'koymina encienden bosta hasta que esté bien encendida y quede hecha una ascua viva. El Jefe lleva allí la ofrenda y envuelto en su papel coloca sobre el fuego. Previamente hacen el ch'uya (purificación) del fuego derramándole licor y chicha, que mezclando agua, vino y chicha con kkañiwa y maíz crudo molido, entregan al fuego haciendo el ch'alláskka, excitando más el fuego".

Luego regresan a la habitación y no se permite salir ni mirar el fuego donde arde la ofrenda presentada a Pachamama. Más bien en la habitación inciensan el mama'kepi. En este lío están los wakiullas, limitas, aysachas, khuyas, etc. También contiene los simulacros de estuco del ganado (enkkas). Algún fragmento de aerolito caído del cielo. También el wihllu kéru (concha marina tuerta) que sirve para recoger la sangre del ganado cuando se marca. El cuchillo también está en el mama'kepi, que se saca sólo para cortar la oreja del ganado cuando se marca, y que jamás se lleva ni se usa para otra cosa.

"Siguen conversando y bebiendo, hasta el amanecer. Cuando está clareando traen papa wáyk'u y moraya phássi. Evaporando echan a una lláta y comen con uchu kuta bien picante".

"Después salen a contar su ganado sin marca, para señalarlo la mañana de ese día. Luego arrean el ganado al mejor pasto para que coma lo más satisfactoriamente, hasta el medio día. Lo regresan a la kancha el ganado, y ellos se ponen a seleccionar la coca. Con el tumi cortan la oreja del animal y reciben la sangre en el wihllu kkéru, lo que mezclan con vino y lo beben a cantidades mínimas, dándose unos a otros, por orden. En seguida todos se trasladan a la killka, que suele estar en .un sitio ad hoc de la casa, llevando sus ofrendas, licores, mama'kepi y las orejas cortadas en la marcación del ganado, arreando el rebaño a sus diferentes reparticiones en la kancha".

"En la killka abren la piedra que cierra y miran cada uno si las orejas y los k'íntus puestos el año anterior se encuentran blanquísimos como tiza casi floreciente".

"Si así se encuentran es muy gran signo, y dicen que sus ganados no enceguecerán ni morirán, y más se propagarán. Si las hojas de coca de la killka están denegridas y las orejas roídas por los gusanos, dicen que el ganado se tornará como basura, de mala calidad, y se diezmará".

"Entierran pues en la killka las orejas junto con los k'íntus muhllus, unto, incienso y maíz parakay".

"Cierran la killka tan herméticamente con su propia loza, para que de ningún modo penetren ni alimañas".

"En ese día (Domingo de Carnaval) dicen, que hará gran viento y no deben andar porque hará daño. No hay que ir por los caminos. Los ricos hacen gran fiesta en casa bailando, sirviéndose meriendas y agasajando al pastor de sus majadas. Ya el día siguiente pueden visitar y hacer la fiesta donde quieran". (1)
Hasta aquí el informe verbal de Eugenio Khéspi, de enorme valor.

Se infiere pues que Puhlláy es un acontecimiento de interés insospechado. Es la fiesta de la deidad telúrica llamada "Puhlláy". Es el dios del ganado. Por eso se generaliza en todas las latitudes donde hay ayllu o grupo indígena. No hay casa por modesta que esta sea donde la ceremonia del Haywachikuy deje de tener lugar. A esta ceremonia, como su consecuencia, el lunes y el martes de carnavales invade el regocijo, el juego y la libertad de elegir consorte.

El Miércoles de Ceniza, en los sitios y pueblos más remotos toca a su fin el gran juego, la gran Kkháswa, el Puhlláy. Es el día del Kacharpári, la despedida. En el Cusco le llaman el Carnaval de Pihchu, nombre de la colina a donde salen todos los de la urbe sagrada a enterrar el carnaval. Personifican al carnaval en un muñeco de hierbas hediondas, feo y desaliñado, ataviado pésimamente. Este simulacro [lo] depositan en una fosa cavada en sitio aparente, sobre cuyo entierro zapatea la plebe al son de guitarras y quenas, cantando la canción de los blancos:

Cantemos, bailemos
Sobre esta granada
Hasta que reviente
Agua colorada.

Quién inventaría
Estos carnavales.
Alguna muchacha
Que alegre estaría.

Desde Chukiwana
Me mandaron flores
En una canasta
Llenita de amores.
Cantemos, bailemos
Con toda la gana
Hasta que reviente
Agua colorada.

Pero en los pueblos y en los ayllus también salen a la una colina. Al son de arpas, de tinyas y de dulces kkenas, todas las gargantas cantan:

Kacharparilláway
Puhlláy!
Chokkarparilláway
Puhlláy!

May ñanchallánta
Puhlláy!
Kay úray ñanllánta
Puhlláy!

Wanáku rumíwan
Puhlláy!
Chunkkarparilláway
Puhlláy!


............
Suéltame, déjame
¡Alegría del Puhlláy!
Arrójame, lárgame
¡Diversión infinita!

Pero, por cuál camino
¡Placer del Puhlláy!
Por esta vía de abajo
¡Fiesta loca del corazón!

Con piedra de compunción
¡Oh Carnaval!
Arrójame, espántame
¡Puhlláy enloquecedor!

En otros pueblos indios, en valles y cumbres, hasta que muera el día, con toda la efusión del alma despiden el Puhlláy, y cantan diciendo:

Láris 'kássa púka phállchay
Láris pata púka phállchay,
Pírakk, máyrakk t'ipisúnki
Pírakk, máyrakk pallasúnki.

Manárakk ñokka pallasiákktiy,
Manárakk ñókka t'ipisiákktiy,
Pírakk, máyrakk t'ipisúnki,
Pírakk, máyrakk pallasúnki.
Ñókkas ichákka pallaykíman
Ñókas ichákka, t'ipiykíman,
Pállay, pállay llihllitáyman,
Pállay pállay punchituyman.

Takiyúnay patapikka
Tussuyúnay papapíkka
Yúyu kkorállas tutayásian
Yúyu kkorállas tutayásian

Muyuyllárakk muyurísun
Tussuyllárakk tussurísun
Káy túkuy súmakk panpachápi
Káy túkuy múnay wayilachápi.

Schaynatáchus tussuyunári
Schaynatáchus takiyunári
Schaynachatamá takiyunákka
Schaynachalama tussuyunákka.

Yánkkan mámay kachawánki
Yánkkan táytay kachawánki
Pánti t'íka pallakúkkta
Pánti t'íka pallakúkkta.

Pánti t'íka pallaskkáypis
Pánti t'íka t'ipiskkáypis
Imaynachápis rikukúni.
Hyk'aynachápis rikukúni.

Kkháyna wáta púhllakk mássiy
Kkháyna wáta kkháswakk mássiy
Máytakk káypi kúnan kánchu
Máytakk káypi kúnan kánchu.

Kkhaswayllárakk kkhaswarísun
Muyuyllárakk muyurísun
Káy túkuy súmakk panpachápi
Káy túkuy súmakk panpachápi.

Imay upátakk káy upári
Imay lonlátakk káy lonlári
Takiyllápis yachachína
Tussuyllápis yachachína
(2).
............

Encendida flor del abra de Láris
Encendida flor de la montaña de Láris
Quién será, cuál será el dichoso
Que te arrancará, el que te recoja.

Sin que te haya recogido primero
No arrancándote antes yo,
Ay, quién te arrancará para sí
Quién te llevará encendida flor del monte.

Yo si al arrancarte
Yo pues si te recojo lo haría
A mi llihlla primor de colores
A mi ponchito de bellos dibujos.

En la cima donde yo canto
En la cumbre alta donde bailar solía
Crecieron las ortigas que ensombrecen
Las malas yerbas que la ocultan.

En la cuchilla para tramontar
En esa altura por donde pasaré
Yerbas de nabos cierran el paso
Muchas malezas tupidas todo lo oculta.

Al hombre maleza de la vida
A mozuelos como ortiga despreciables
Se les arroja primero por los rincones
Se les arranca como basura de campos a los bordes.

Unas vueltecitas demos pues antes
Bailaremos, danzaremos, primero
En ese lindo suelito
Sobre este prado tan verdecito.

Ayayay, acaso así se bailará?
Así acaso deberá cantarse?
Mira, así con gusto hay que cantar
Así con gracia pues, se baila.

Ay, ay madre para qué
Ay padre para qué pues
Dijiste vaya al campo a recoger
A juntar flores de otro monte.

Cuando juntaba flores bellas
Estando en el monte buscando pantis
No sé que me ha pasado
Ay, algo me tiene perdida.

Dónde estará pues
Acaso está aquí el galán
Mi compañero de danza y juego
El que antaño retozó jubiloso conmigo?

Retocemos, retocemos, retocemos alegres
Vueltecitas demos pues aquí
En este suelito parejo .
Sobre la felpa del pastal.

Mira que demente habías sido
Ay, una fatua te muestras
Ya que necesitas aprender todavía
A cantar, a danzar, con todita el alma.

Concluyamos pues afirmando que, el Puhlláy indio es una fiesta autóctona excepcional; es un culto a la Pachamama, a la agricultura y a la fauna. Es la gran fiesta situada entre el Inti Raymi y el Aymuray (La Cosecha), mantenida hasta el presente con máxima pureza por grupos étnicos del Tawantinsuyu. Únicamente el Inti Raymi le habrá superado en magnificencia e importancia. [El] Puhlláy en mi concepto es la divinidad festiva, el Man geórgico de los Inkas.

Posteriores investigaciones más exhaustivas revelarán que no es un acontecimiento pasajero donde la orgía enseñorea, ni una diversión en que sólo predomina[n] las bajas pasiones, como se la hace resaltar. Tengo fundadas esperanzas que los investigadores nuevos aportarán nuevas luces sobre este tema todavía no fundamentalmente discutido.

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(*) Véase el Diccionario Kkechua-Español del autor, para todas las voces indias usadas en este trabajo (en el artículo impreso, sigue este sub-título: Autor del Diccionario Quechua - Filólogo - Doctor en Derecho Canónico)
(1) Véase pág. 86 N° 186 de Farmacopea Tradicional Indígena y Prácticas Rituales del Autor.
(2) Cantos de Amor, obra inédita del Autor.


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Cada pueblo tiene su propia música y danzas de carnaval (o pukjllay), sólo dos referencias de la mucha variedad que hay:


Audio


Me quito...Carnaval-Pukjllay de la provincia de Canas (Cusco)
Los Tupac Amarinos (Gabriel Larota Catunta y Valeria Ankasi)

Gracias al quechuañol se puede percibir algo de la desembozada picardía de las letras


Video

Yana waqaq - Waqanky
Qashwas en celebraciones de carnaval en Cotabambas (Apurímac)
Unión Musical Haquira
Fotos y edición: Anita Saladino



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Enlaces


Pujllay:  danza quechua centro-surandina de origen prehispánico  (caso de Apurímac)
Batallas rituales, juegos rituales: el componente pukllay en el chiaraje y otras manifestaciones andinas - Manuel Arce Sotelo (rev. Perspectivas Latinoamericanas, N° 5, 2008)
Batallas rituales en los andes ("Granizo de piedras y ríos de sangre: tinkuy o tupay en Chiaraje, Tocto y Mik´ayo") - Maximo Cama Tito
Carnaval de Tinta (Cusco) - partitura para quena




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