enero 25, 2009

"Pucuysito", compañero de caminantes solitarios


Fuente:
Xauxa. Relatos en tono mayor
Alejandro Contreras Sosa
Lima : Gráficas Bartra, 1972
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Pascanas tradicionales de caminantes

(pp. 127-132)

Enciendo recuerdos juveniles, de reafirmación y amor al terruño. Agito esperanzas de mejor porvenir del Valle del Mantaro, en toda su dimensión, ancho y majestuoso confín; cuna de viejas y lústrales civilizaciones como: "Hatun Xauxa, Hanan-Wanka y Hurin Wanka". Como en otras oportunidades, con clarines supra-terrenales proclamo con el verbo de los imponderables, a la tierra de multánimes caminos, puna y quebrada desamparada, donde gemían los vientos fieros, sendas y derroteros que se bifurcaban como ramas de añoso "kiswar". Caminos que ahitaban horizontes, tocaban "atajos", "aguadas", gargantas y lomas, picachos nevados y singulares dentro la geografía física. Todos ellos acortando distancias y ofreciendo al hombre valluno, rápido acceso al hogar de cantos rodados e informes, techos pajizos, de caseríos, distritos y provincias que conformaban el conglomerado político. Caminos impertérritos, tortuosos algunos, que trepaban altos breñales, silenciosos e inhóspitos, intocados por motores de explosión y bocinas que ahora trepidan en las carreteras modernas.

Caminos del pretérito que se desenroscaban con la porfía del reptil, dando sensación de perderse en la indecisa lejanía
o fueran a encontrar muelle regazo en las faldas de los cerros alineados como soldados de ejércitos imperiales; senderos polvorientos y caniculares cuando el sol acesaba la ancha espalda campesina; intransitables y fangosas en épocas invernales, atormentadores y desamparados, que obligaban a forzar la marcha y buscar tibio abrigo en chozas apostadas, a modo de tabla de salvación, en recodos e "ijaderos" de abundante pasto forrajero. Caminos de illo-tempore; como diría el satírico Felipe Pardo y Aliaga (1859):

"Caminos tan estrechos y escarpados, que es preciso llevar la carga en hombros, y de una peña atados a otra peña, puentes, ¡qué horror! de sogas y leña"; abiertos y transitados por generosos y prudentes Incas, visionarias huestes tahuantinsuyanas; olvidados y destruidos por fieros "chapetones" e irascibles republicanos; angostos y pedregosos, domeñados por el hombre xauxa-wanka que para salvar su alma se encomendaba a la "santa cruz" y los motivos clásicos de la pasión. Arrriero, peón, agricultor minimizado buscando mercados de mejor intercambio comercial, sudorosos y jadeantes, trotando al paso lento de acémilas cargadas de trigo, maíz, cebada, chuño, lana, charqui o leña. Caminos devorados por el cholo iracundo y pertinaz, ovillados legua tras legua en el carretel del tiempo, esperanzados de obtener suculentos precios para sus productos pacientemente cosechados, eximidos o labrados con técnica primitiva.

Empero, entre la fregorosidad de tales andanzas, agobiante soledad de aire sombrío, tinieblas espesas que daban sensación de muerte del cielo, agotador cansancio, a lo largo de los cuales el caminante acumulaba sinsabores y la lejanía exterior sólo se le manifestaba con el estremecimiento de algún árbol batido por brisas escapadas de las altas montañas, chasquidos peregrinos o musical concierto de avecillas. En ese marco de monotonía del paisaje, surgía siempre un refugio donde atemperar la sed u oportunidad de enervar los centros nerviosos: la chichería, tambo o chingana, bajo cuyos aleros y puertas chatas, el alma se reintegraba, eglogando el sentimiento viajero que por largas horas sentíase un minúsculo ser, condenado a seguir a la piara que dejaba rastros de fuerte impacto en guijarros y rastrojos del peregrinar.

Chicherías que se identificaban mediante un trapo blanco flameando enarbolado a un palo de aliso o un cesto desvencijado, olvidado ex-profeso a la puerta de calle, y los Tambos y Chinganas enclavados a la vera de los caminos, o [las] "Estancias", míseros poblados, tristes y abandonados a su sempiterna suerte, [que] restituían la pujanza varonil; Pascanas que encendían recuerdos de viaje y anécdotas de otras correrías; remedos de habitación o tenduchos que constituían amparos, hitos de refresco de largas jornadas y característicos puntos de referencia para los olvidadizos o desmemoriados viajeros mantarinos, acostumbrados a medir las distancias mediante: lomas, cuestas, "yuchas", vados u hondonadas; o por los parajes de más nombradía: "Maquinhuayo", "Huamanhuaja", "Matahuasipampa", "Quebrada honda", "Puchococha", "Lomolargo", "Chuchucalla", "Hualhis", "Cachicachi", "Shallahuachac", "Llacuarí", "Taptá", "Janchiscocha", "Huaracayo", "Rieran", "Shullcas", "Quero" y tantos otros puntos de la toponimia serrana.

Chicherías, Tambos y Chinganas acogedoras, pintorescas, donde el sencillo, laborioso labriego de nuestros campos saciaba su sed, satisfacía su estómago y recobraba el don de la palabra en la chanza, diálogo y anécdota espontánea, narradas con lenguaje sencillo, comentados con íntima fruición y gustados entre sorbos de elixir de maíz o espíritu de caña.

Chicherías, tambos y chinganas hospitalarias, bajo cuyos techos y amenas pláticas, el "cholo", que es como todo humano, recobraba energía y se tornaba optimista, en un retorno pleno a la vida, para continuar luchando por la familia, la patria y reanudar con mejores bríos la marcha impuesta.

Al abrigo de estas "huayronas", fisonómicas con puertas de tablas rústicas, a manera de mirador, pequeño corredor provisto de pilar a medio labrar y tejados de dos aguas, el "cholo" caminante amarraba las bestias y trasponía el umbral. Si la oportunidad era propicia, allí se encontraba con otros viajeros que también descansaban, limpiaban sudores y se venteaban con sus gruesos sombreros de lana normados por ellos mismos. Como recién llegado saludaba con tono familiar y campechano. Tan cordial y fraterna forma de expedirse, merecía como respuesta fuertes apretones de manos. Todos eran conocidos, familiares, componentes de una sola comunidad, alimentados por la savia generosa del alma del valle sin par. Ellos repetidas veces se cruzaron en la ruta invariable y de sus labios salieron palabras afectivas, sentidas, como son de aquellos que corren igual destino y se aventuran en idénticos riesgos:

—Cómo tia'ido paisano...
—La cuesta está pesada, um...
—Tiempo no hemos visto, cholo. ..
—Por este gusto tomaremos esta "bota de huajaicholo"...
—Salúúú, muchacho, toma para tu valor...
—La chichita está buena...
—Hasta la vista compadre Rafael...

Pintorescos como el mismo negocio, la chichera, el tambero o a su turno el chinganero, negociantes rudos, sin abandonar las faenas pecuarias y tierras labrantías, dedicáronse al incipiente comercio. Con precarios ahorros, producto de años de paciente trabajo, surtieron desvencijadas taquillas, armadas con toscas maderas o cajones de un mismo tamaño, con artículos de consumo diario: coca, chancaca, panes y aguardiente de caña; en algunos de éstos de mayor capitalito, el viajero hallaba mercadería diversa y antagónica, apropiada a las necesidades lugareñas. Muestrario promiscuo donde el negociante se movía a satisfacción, sedentario, dicharachero, mal grado su analfabetismo, respetado y temido, juez y parte en discusiones donde tenía ocasión de alardear su temperamento festivo. No así la chichera, mujer humilde, de cara hollinada, carrillos hinchados por bolos de coca, arrugas profundas en la ajada tez, eso sí amiga de tantos y cuantos parroquianos demandaban la rubia chicha de jora, licor señorial que amenguaba la fatiga que producía transitar tan largos y resquebrajados caminos.

Sin embargo, a tales personajes, si se hallaban de vena, nadie les iba a la saga. Se tornaban amigables, cariñosos y munificentes, obsequiaban "cuartas, chicas o media bota de chacta" o "potos de chicha", hablando a destajo, con zalamería propia de baquianos, ensartando chistes y refiriendo sucesos más recientes del lugar y sus ralos habitantes; característica indo-chola que confirma Concolorcorvo: "...los serranos, hablo de los mestizos, son muy hábiles en picardía y ruindades que los de la costa".

Otras curiosidades de estas viejas y típicas Chicherías, Tambos y Chinganas, se constataba en el sello que el tiempo había tatuado en sus desvahidos interiores, cubriendo las inmovilizadas mercancías, suerte de capa polvorienta que daba a las cosas aspecto de antigüedad, saturado de color ocre, como vaho enmohecido, ayunos por incontables años de aire y sol vivificante. Con esta suerte de detalles la venta se peculiarizaba por su techo entelarañado, ennegrecido por el hollín repartido por la secular "vela de sebo o mecheros de boñiga" y grasa animal, columpiándose en los terrados, a ojos vista, disecadas moscas y mariposas, como seres de vivir estadizo o inalterable.

En muchas de estas míseras pascanas de provisión o descanso forzado, a más del corredor y parador reglamentario, al través de una puerta derrengada que invariablemente comunicaba el local con el interior se columbraba un patiíto [sic.] de sembrío y en él, profusión de animales domésticos, en cuyo número no faltaba el perrillo guardián enmaridado con la barracona de flácidas tetas y cinco o más lechoncitos gritones.

Marcos rurales de la patria fascinante donde la cromática campestre de múltiples cuadros vivos, la orquestación de los "pitos" (pájaros picapedreros) el acento relojero del "pucuy" (especie gallinácea de puna), aves madrugadoras, procuraban al arriero jocunda algarabía, expresión de ingenua felicidad, acentos de natura al que se amalgamaban dolidas letras del campesino huayno:

"Pucuysito de las punas,
reloj vivo de los Andes,
escondido entre neblinas,
de hora en hora: ¡pucuy! ¡pucuy!

En la noche y en el día,
con el sol o con la lluvia,
tú eres fiel horario
del pasajero solitario.

Quién al estar caminando
por la puna solitaria,
al escuchar tus cantares,
¿no puede llorar sus penas?

Cómo quisiera arrancar
tus secretos pucuysito,
para cantar sin ser visto
la tristeza de mi amor".

Melodía agreste, síntesis de espíritus simples, en saludable afán de vida, amenguaba el cansancio al ritmo de expresivas modulaciones, saudadosa, proscriptora de penas y tormentos, o llanamente explosión de alegría y esperanza.

Parajes de monocorde y sencillo lirismo; donde alguien llegado de lejano lugar, exponía los quilates de su pasión amorosa al compás de los bordones de tripa del charango cuatrero, instrumento indígena enfundado en poncho de vaho aguardentoso; arrieros cantores, sentimentales, que nunca olvidaban llevar con él su buen humor; caminantes andinos que disimulaban su tristeza con el agudo trinar o la letra mal hilvanada del huaynito de moda que lo amagaba con recuerdos placenteros o adversos.

Chicherías, tambos y chinganas del Ande Central, cuajados de secretos; hitos en valle, puna y quebrada, donde la vida discurría simple o trágica a la vez; viejas pascanas donde siempre halló agua y descanso el caminante; techo chato, bajo cuya benigna sombra restituía el hombre sus angustias, soledad y silencio; faro y rescoldo, puerto y oasis para el escotero y afásico. Sombras aprisionadas entre cuatro paredes, tiradas en la inmensidad de la patria chica; vértice a donde convergían todas las pequeñas tristezas y precarias alegrías, maduradas a diario en la carne doliente del poblador del valle mantarino. Hospedajes con espíritu de pasado y tradición; modestas casuchas de factura india y alma de colonia; mudos testigos de lo mejor de la historia nacional y de los más abominables y traicioneros egoísmos también. Por sus puertas desfilaron los hombres de las campañas de emancipación; los ejércitos victoriosos de Junín y Ayacucho; soldados y montoneras de Orbegozo, Bermúdez y Gamarra que epilogaron el "Abrazo de Maquinhuayo" (24 de abril 1834).

Anchos y abruptos caminos donde quedaron impresos, bajo chispeantes herrajes, huellas de la caballería invasora de la Guerra del Pacífico (1882-83) y el "Taita Cáceres", [que] "huaripampeó" al General Relaize que pretendía combatirlo a orillas del río Mantaro.

Caminos de herraduras y bohíos aparentes para la especie caprina, que a partir de 1908 fueron desplazados por las paralelas de hierro del Ferro Carril [sic.] Central y las autovías; preludiadas en 1916 y verificadas en 1920 por fuerza de la Ley de Conscripción Vial (D.S. N? 4113-Leguía); y con todo su frío ropaje geo-histórico, condenados al olvido y para de cuando en cuando fluir en la narración festiva de nuestros mayores de quienes tomamos estos apuntes.

Chicherías, tambos y chinganas, canos vestigios de un pasado lejano e histórico; tibios refugios abiertos a tantos arrieros y caminantes de nuestro valle ubérrimo; símbolo de hospitalidad peruana que rezuman emblemas de supervivencia que desafían y se resisten al afán que con los años impone el tiempo.




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Audio
Pukuysito
Charango: Fred Arredondo
Piano: Omar Ponce
Album "Surimanapaq"



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Video
Mily Montes
Orq. Cariñosos del Centro
Esta versión se interpreta con ritmo más rápido, con acompañamiento de orquesta y variantes en la letra.


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Enlace

Los pájaros en el folclore de la sierra central peruana - Sergio Quijada Jara


enero 18, 2009

"Palabra de Cumanana"


Fuente:
Semanario Variedades
El Peruano, 25 de agosto de 2008, N° 84, año 100, 3ra etapa, pp. 2-4
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Palabra de cumanana
Encuentro con los cumananeros de Morropón


En la provincia piurana de Morropón las palabras fluyen con cadencia y se sazonan con singular ironía para destacar en la competencia. En los contrapuntos inagotables los cumananeros se retan con versos que aunque buscan la revancha nunca tienen ánimos perversos.

Texto y foto: Jesús Raymundo Taipe

Cuando dialoga, sus palabras relucen toda su sabiduría y creatividad. Son una ráfaga de versos cadenciosos que nacen para provocar respuestas. Con espontaneidad, Nicanor Sandoval León –maestro de la cumanana y del tondero- sazona sus cuartetos con una pizca de ironía y otra de picardía.

El morropano de piel tostada y mirada querendona expresa sus emociones a la velocidad de su mente ágil. En su caso, los ademanes son gestos insignificantes, porque sus mensajes rimados gozan de gran expresividad. La voz de este personaje de contextura delgada y baja estatura se asemeja a una paleta que simboliza los colores de sus emociones.

La mayor parte de sus 57 años los ha vivido enamorado de la cumanana, género de la literatura popular que conoció en los matrimonios, bautizos y 'pelamientos' (cortes de pelo) de su pueblo. Allí vio cómo los compadres se retaban, mientras brindaban con chicha de jora. El contrapunto empezaba cuando uno de ellos le decía su verdad al otro, quien le contestaba en rima. "A las finales salían discutiendo, porque nadie quería perder", comenta.

Cuenta que cada vez se practica menos la costumbre del contrapunto porque requiere de mayor creatividad, experiencia y, sobre todo, de rapidez mental. Igualmente, en el pueblo son pocos los que cantan sus cuartetos acompañados por guitarra y cajón. "A veces, la contendora busca el desafío del baile, por lo que la cumanana termina con un tondero. Por eso, se dice que ambos son hermanos".

Dama del verso

Maritza de Jesús García Reyes esconde su talento detrás de su sonrisa tímida y su mirada de desconfianza. Sentada frente a una jarra de 'clarito' -la primera fermentación de la chicha de jora- y un piqueo de pescado frito y carne asada, revela que es la autora de un centenar de cumananas. "Llevo años escribiendo, pero siento un poquito de temor para expresarme ante el público", dice.

Una mala experiencia en un concurso regional la ha obligado a evitar el público. El día que salió a declamar, el micrófono dejó de funcionar y los asistentes la pifiaron sin piedad. "Cuando quería continuar, el jurado me dijo que tenía que retirarme porque el tiempo ya se había cumplido. Desde ahí se me quitó el entusiasmo".

Sus creaciones las ha compartido con los escolares de Morropón, de la Universidad de Piura y de la Escuela Nacional Superior de Folklore José María Arguedas. En un concurso realizado hace dos años en una radio de la región ocupó el primer lugar con cuartetos que rendían tributo a periodistas que fallecieron en la caída del puente de
Piura.

"Nosotros hacemos las cumananas, no las recopilamos ni las sacamos de los libros. En las fiestas o en los chicheríos, nacen de la creatividad. Cuando nos cogen fríos, no siempre tenemos el valor. Por eso, los sentimientos más profundos los expresamos con
'calentura', con un trago adentro."

Su rostro ovalado, de piel oscura, se ilumina cuando declama sin usar los ademanes. Está convencida de que su figura rellena, pero menuda, se expresa mejor a través de la cumanana. Sorprendida con mi visita, comparte su inspiración: "Amigos de El Peruano/ os vengo a saludar / extendiendo mi mano y diciéndoles / que de mi pueblo no se vayan a olvidar / porque el amor de mi gente / es de alma profunda / que lleva los recuerdos / grabados hasta la tumba".

A su lado, Nicanor Sandoval León se sorprende cuando escucha su historia. Entonces, interviene en la conversación al compás de una cumanana: "Amiga, Maritza / tú solita te estás enterrando / mira que aquí está la prensa El Peruano / que ha venido y nos está grabando". Entonces ella, motivada por el reto, le responde: "Es que don Nicanor / tú no sabes lo que a veces tengo / es que me mata el miedo / y no me siento tan contenta".

El diálogo continúa de manera fluida. Don Nicanor trata de convencerla para que olvide sus temores y este año vuelva a concursar. Finalmente, ella le responde, en tono optimista: "Tienes razón, Nicanor / voy a buscar la forma de recitar / y que me tomen en cuenta / para participar en cualquier festival".

Fogón de inspiración

En el patio del chicherío de Juana Francisca Araujo Barranzuela, inaugurado hace dos meses, el tondero morropano se escucha con sabor natural a través de los parlantes. Junto a un árbol de plátano, Nicanor y Maritza de Jesús brindan con la chicha de jora que refresca la inspiración. De pronto, la anfitriona se acerca para anunciarles que en un rato los acompaña. Ese día, los turistas esperan disfrutar de su sazón.

A sus 56 años, ella se ha consagrado como una de las cultoras más importantes de la provincia. "Me gusta la cumanana porque tiene chispa y es alegre. En las fiestas, cuando uno está con sus traguitos, se empieza a cantar para recordar a los antepasados, a los abuelos y a los tíos", me comenta con su mirada inexpresiva. Luego me sonríe. Su piel oscura contrasta con el vestido tradicional de color hueso que luce para la ocasión. Y su aparente seriedad también es opuesta a su amabilidad que lo expresa a través de sus potajes. En Morropón, la naturaleza también es hospitalaria: obsequia un cielo azul que alberga a un sol intenso que baña con su luz las chacras y calles de tierra.

En las casas de adobe, Juana Francisca Araujo Barranzuela vio, a mediados del siglo pasado, cómo enamoraban a las chicas. "Cuando tomaban en las fiestas, a veces había una chica que les gustaba, entonces los pretendientes hacían su contrapunto para ella. Antes la gente era analfabeta, entonces por medio de la cumanana las enamoraban".


Recuerda que su abuelita les cantaba a sus tíos. De ellos aprendió a valorar la creatividad. Luego transmitió a sus hijos todas sus costumbres y los llevaba a los festivales. Así, el mayor de ellos, que hoy tiene 25 años, es campeón nacional en tondero y cumanana. "Cuando tenemos alguna invitación, con mi hijo hacemos un contrapunto. Nos invitan a serenatas y a las universidades de Lima y Piura".

Ella es una de las pocas que domina la cumanana cantada. Por eso, Don Nicanor la invita a un contrapunto. "Que señora tan prejuiciosa / que viste bonito vestido / ojalá que con el tiempo / encuentre bonito marido". Ella le responde: "Y de eso ni pensarlo / que yo sabré escoger / aunque los hombres de ahora / lo que quieren es merecer".

Luego del intercambio de varios cuartetos, donde se mofan y se disculpan, él le dice: "Señora mía / yo siempre soy sincero / aunque usted no lo sepa / yo sé bailar bien mi tondero". Ella acepta el reto: "A ver, vamos pues, que me lo demuestre / que aunque pobre soy / yo te apuesto lo que cueste / y nos bailamos el tondero". Así empieza el contrapunto en la pista de baile, donde el cuerpo lo dice todo.

Los cumananeros de Morropón son conscientes de que si no difunden y promueven su creación, este género de la literatura popular podría extinguirse. A finales de la década de 1980, cuando falleció el célebre Ramón Domínguez Saavedra, maestro de la cumanana conocido como "El Negro Ramón", se pensó que iba a desaparecer.

Voces con historia

Cuenta el investigador morropano Federico Sánchez Cruz, autor de Voces y letras de Morropón, que uno de los últimos deseos del más grande cumananero del denominado Alto Piura fue publicar su obra Mis noches sin luna. "Se tiene que hacer justicia no solo al autor sino, además, a nuestra brava tierra que debe ser reconocida como cuna del mestizaje y de un folclor que es parte de la cultura peruana".

Maritza de Jesús García Reyes, de 42 años, destaca la necesidad de contar con una obra que recopile las cumananas de toda la provincia. "Es nuestra expresión y nuestro sentir que lo entregamos con amor para que los niños y los jóvenes lo aprendan y puedan valorar. Aunque dicen que la cumanana ha terminado con la muerte de Ramón Domínguez, él ha dejado semilla para seguir sus logros. Quien aprende, enseña. El maestro Nicanor Sandoval León reafirma su compromiso con la cumanana. "Debemos asegurar que se mantenga viva, porque en cualquier momento San Pedro nos estará llamando. Estamos obligados a difundir las cumananas y dar clases a los niños para que aprendan y sepan mantener lo nuestro". En su caso, ha participado en eventos culturales organizados por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y la Universidad Alas Peruanas.

Juana Francisca Araujo Barranzuela comenta que la cumanana está renaciendo en Morropón. Está convencida de que, tal como en su caso, si se incentiva a los niños, sobre todo los de contenidos pícaros, ellos empezarán a cultivarlo. Ella, al igual que el resto de los cumananeros, está dispuesta a compartir sus experiencias. Todos quieren que la belleza de la creatividad nunca se pierda.


Orígenes y evolución

Los investigadores no se han puesto de acuerdo sobre los orígenes de la cumanana, aunque creen que sus raíces son previas al tondero. Todo indica que esta expresión literaria y musical surgió a finales del siglo XIX.

Orlando Velásquez Benites, autor de Cultura afroperuana en la costa norte, considera que sería un género musical que no ha evolucionado. Sobre el lugar de su origen hay versiones que señalan que su cuna es Morropón. Nicomedes Santa Cruz concluye que los primeros cultores fueron los poetas negros que vivían en las haciendas de esta provincia.

Señala que, tradicionalmente, las coplas son de cuatro líneas octosílabas, que antes eran acompañadas con arpa. Dos famosos cumananeros morropanos son La Cotera y Veintimilla. Además se recuerda a Ramón Domínguez Saavedra, José Zapata Arica e Ignacio Castro.

Posteriormente, los arrieros se encargaron de difundirlo en la costa y la sierra del norte peruano. Hasta mediados del siglo pasado, la cumanana fue acompañada con el arpa y la vihuela. Hoy, raras son las ocasiones en que participan la guitarra y el cajón, porque se prefiere la versión declamada. Los espacios habituales son las chicherías, las calles y plazas, y las reuniones familiares.

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Apuntes

- En 2004, la cumanana fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación por el Instituto Nacional de Cultura.

- Nicomedes Santa Cruz señala que el término cumanana provendría del idioma bantú. Significaría 'aguardar', 'esperar' o 'contar con una respuesta'.

- Además de Morropón, la cumanana se practica en Ayabaca (Piura). Asimismo, se ha extendido a pueblos de Cajamarca, La Libertad, Lambayeque y Tumbes.



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Video


Vallejo y Mariátegui

Cumananas por Nicomedes Santa Cruz



Audio

Cumanana por Chalena Vásquez (link)



Links
Cumanana– kumanana – KU / MAN / AN / A - Chalena Vásquez
Cumananas de Morropón







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enero 10, 2009

Espíritu bohemio en la inmensidad de la puna



última actualización: 19 dic. 2014


Pancho Gómez Negrón, walaycho del Cusco

"Gitano",  "Se dice de la vida que se aparta de las normas y convenciones sociales, principalmente la atribuida a los artistas". Son dos de los significados que ofrece la Real Academia de la Lengua Española para la palabra "bohemio" en el contexto europeo. La bohemia parisina de los siglos XIX-XX, más vinculada al romanticismo que al modernismo y el vanguardismo, es el referente principal.

Esencialmente artista e irreverente, el bohemio es una identidad conscientemente generada para rechazar a la burguesía, creadora y consumidora de un mercado convencional del arte. Es el individualismo entregado al arte por el arte.

Este fenómeno tuvo émulos en nuestra zona sur-andina, pero con características propias: El entorno natural y el paisaje, son las principales fuentes de inspiración, y la identidad se construye en oposición al dominio cultural de Lima, más que de la burguesía (1). Esto se dió principalmente en Cusco y Puno -los dos principales centros de desarrollo narrativo del indigenismo surandino-, donde no existía una burguesía sólida, sino sociedades polarizadas entre hacendados (gamonales) y una vasta masa de campesinos quechuas y aymaras (en el campo) o bien, entre  señores "jailones"  y una vasta servidumbre indígena tratada en términos cuasi esclavistas (en las ciudades). El mercado del arte era prácticamente nulo. 

Deborah Poole (2000) diserta ampliamente sobre la figura de Juan Manuel Figueroa Aznar como modelo de bohemio cusqueño (o más precisamente cusqueñizado -pues había nacido en Ancash-), dedicado principalmente a la fotografía artística, la pintura y el teatro; a ello tal vez cabe aproximar el caso de Arturo Peralta (o Gamaliel Churata) y su grupo Orkopata en Puno, dedicados principalmente a la literatura.  En estos dos casos, el escenario es mayormente urbano e intelectual. Sin embargo, en el ámbito rural existe un fenómeno afín,  abierto a las inquietudes del espíritu rebelde y artístico, pero no intelectualizado sino antes bien, trashumante e iletrado, por su condición predominantemente arrieril.   Se trata de personajes mestizos encarnados en el  K'arabotas  de la zona aymara de Puno, y el Walaycho de las zonas quechuas de Apurímac, Cusco y Puno.  En el caso específico de la provincia cusqueña de Chumbivilcas, el Walaycho ha devenido en ser llamado también, Q'orilazo (2):

  • En el Cusco, estas ideas sobre la naturaleza, el individualismo y el rebelde bohemio, tal vez estuvieron mejor articuladas en la idea popular del walaychu. En quechua walaychu se refiere al hombre que reemplaza los lazos sociales o familiares por una existencia infatigable y vagabunda que a pesar de todo, a diferencia del bohemio europeo, no está totalmente desprotegida ni desarraigada. Por el contrario, el walaychu reemplaza su tradición comunal y familiar por un apego profundamente sentimental a la tierra. Este apego emocional a una provincia, región o paisaje es considerado la fuente de las sublimes sensibilidades artísticas y musicales del walaychu. Los intelectuales cusqueños se veían a sí mismos edificando sobre este concepto, de sensibilidad estética, una comunidad basada en un sentimiento artístico compartido. (3)

Estos personajes eran cultural y socialmente mestizos y no tenían educación institucionalizada; su conocimiento era empírico, producto de la experiencia de la vida misma, estrechamente vinculada a la naturaleza. Lo más probable es que ellos hayan influenciado en mayor o menor medida a los bohemios urbanos e intelectuales de Cusco y Puno, tanto en la búsqueda de inspiración en el paisaje (el  "telurismo" del que se habla recurrentemente en los textos indigenistas), como en el aspecto de la reivindicación de la estética indígena-mestiza. Por ello, porqué no considerar a estos peculiares personajes surandinos como eventuales "puentes" o "mediadores culturales" entre la academia indigenista urbana y la masa indígena que ésta decía reivindicar.  Podemos verificar que con el tiempo estos personajes, por su estrecha convivencia con la población indígena fueron trasvasando a ésta buena parte de sus valores mestizos al tiempo que impactaban en los discursos narrativos de las élites letradas (4).

Acaso el más legendario de estos personajes fué Pancho Gómez Negrón, El Saqra del charango(5) (Colquemarca-Chumbivilcas 1908- ¿Cusco? 1950), quien además tocaba guitarra, mandolina, piano, pampapiano, arpa, waqa waqra (corneta de cachos de toro),  y distintos tipos de pinkuyllu (6). Es admirable que aprendiera a tocar todos esos instrumentos de manera autodidacta, lo cual confirma lo de las "sublimes sensibilidades artísticas y musicales" a que se solían entregar estos hombres aventureros. Es precisamente a través de esta faceta que llegó a alternar con los bohemios intelectuales del Cusco. De espíritu libre, recorrió el país haciendo presentaciones; también se presentó en Bolivia y probablemente en Argentina y Chile (7). Esto duró hasta 1944, en que "el corazón de un caballo bruto" (8) lo tumba en Sacsayhuamán durante la primera representación que se hizo de la ceremonia del Inti Raymi, caída de la que nunca pudo recuperarse y a consecuencia de la cual murió prematuramente en febrero de 1950. 

Hay un hermoso huayno popular titulado Wualaycho Bandido, dedicado a su memoria. En el casete Romance para Pancho Gómez Negrón (Cusco, producción Belén, s.f.) , grabado por el conjunto "Pancho Gómez Negrón", se encuentra este tema (9):


"Romance para Pancho Gómez Negrón"

Viento de pañolerías o vino de río,
en tu charango traías, chumbivilcano bravío (bis)
Quién no recuerda tu estampa de bandolero y poeta,
señor del Qeruila y la pampa, sobre tu caballo overo (bis)
Siempre te amó la chola en faena /y la barra / [sic.]
o la picante tonada del bordón de tu guitarra (bis)
Cholo serrano hecho de wayno y coraje,
abierto cual franca mano, y risueño como el paisaje (bis)
Pancho Gómez cholo jaranero (1),
"Diablo del charango", así te llamaron,(2)
símbolo presente de los qorilazos (3)
(bis 1 + 2 + 3)

Los q'orilazos, walaychos o q'arabotas, componían y cantaban sus huaynos en quechua, aymara o en español (según el caso), y frecuentemente mezclaban ambas lenguas.  Sus líricas eran fundamentalmente amorosas y existencialistas, conjugando poéticamente los dos mundos que los habitaban. Desde una narrativa romántica, surgen estos hombres enamoradizos pero de tercas soledades, en constante transhumancia a lomo de caballo (de allí el uso de largas botas), con su charango o mandolina bajo el poncho, dedicados a recorrer largas rutas de comercio (ganadero principalmente), consubstanciados con la inmensidad de la alta puna.

Desde una visión científica y tomando en cuenta la diversidad de caracteres que existen en todo grupo humano, podemos pensar en las diversas formas de violencia estructural  que sustentaban este modo de vida:  no sólo se trataba de una romántica vida bohemia a lomo de caballo sino de las penurias que la vida trashumante imponía y de los frecuentes  casos de desborde social traducidos en punible abigeato (síntoma de una precaria o nula presencia del Estado). En esta lucha por la sobrevivencia, la naturalización y apología de la fuerza (no sólo entre ellos sino en relación a la mujer y al animal -el caballo y el toro principalmente, zoo-iconos de fuerza y poder de origen hispano que tanto han fascinado al hombre del ande-) para afirmar independencia, irreverencia y bravura, es una construcción ideológica inserta en un contexto material y un esquema de poderes que han tenido  permanencias y cambios a lo largo del siglo XX hasta la actualidad, y que sería importante tema de estudio y reflexión (10).
//marcela cornejo d.


Walaycho de Huancané (Puno), 1940's
Fotógrafo: Abraham Guillén  (archivo del Museo Nacional de la Cultura Peruana)



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  1. Déborah Poole,"Visión, raza y modernidad. Una economía visual del mundo andino en imágenes". Lima : SUR, 2000, p. 218.
  2. Palabra quechua que significa "lazo de oro", en alusión a la destreza en el uso del lazo ("liwi") con los animales.
  3. Poole, op. cit., p.219
  4. Acotación oportuna para el caso de los Morochucos de Cangallo (Ayacucho), que comparten características en común con nuestros personajes:  mestizos  mayormente quechua-hablantes, ocupantes de inhóspitas alturas andinas donde se dedicaban a la ganadería, aguerridos jinetes,  trajinantes, artistas natos para la poesía y la música  con wajrapucus y charangos,  pero que  a su vez, tienen otras muy particulares  (su origen,  y su participación política en las guerras de independencia, sobretodo) que los hacen un caso muy particular.  Se puede consultar al respecto, el libro  Los Morochucos y Ayacucho Tradicional de Carlos Mendívil (Lima : Ed. Lit. La Confianza, 1968), y esta cuenta de FB
  5. Palabra quechua que significa aproximadamente "diablo"
  6. Zoila Mendoza Walker, ""Crear y sentir lo nuestro. Folclor, identidad regional y nacional en el Cuzco, siglo XX". Lima : PUCP, 2006, p. 126.
  7. Zoila Mendoza Walke, op. cit., p. 129
  8. Verso del huayno "Enfermerita de Antonio Lorena", que compuso después de su accidente (Mendoza  op. cit., p. 131).
  9. Si le qorilazo m’était chanté - Delphine Vié , p. 112. La letra transcrita en esta fuente presenta algunos puntos de incongruencia (sobretodo en los versos 5 y 6), se ha tratado de ajustar el texto, pero sólo la audición podrá absolver del todo el problema.
  10. Un enfoque para el caso de los q'orilazos de Chumbivilcas : El folkore de la violencia en una provincia alta del Cusco, de Deborah Poole. En: Poder y violencia en los Andes. Henrique Urbano (comp.). Cusco : Centro de Estudios Rurales Andinos "Bartolomé de Las Casas", 1991, pp. 277-297
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Audio


Tucumanos  - Azangarino cholada (Puno)
Grupo Sillustani
Autor de "Azangarino Cholada": Pompeyo Aragón
Un video referencial sobre la danza folklórica  Los Tucumanos, que alegoriza a estos personajes del arrieraje que llegaban hasta y retornaban desde el N.O. argentino, se puede ver aquí

Azangarino cholada,
lucero, lucero de la mañana (bis)
Azangarino pueblo
bello sankayo t'ica
charango de mi cholada
Pueblo serrano mío
orgulloso te canto
porque eres saqra(*) y bandido
Tus ríos silenciosos
tus cerros jallujallu
sangre y corazón de cholo
Nunca olvidarte puedo
walaycho(*) de las punas
oro sonoro es tu nombre
Cholas bonitas todas
los cholos bravos somos
lazos seguros, carajo
Nadie nos pisa el poncho
linda cholada mía
alegres como el charango
Azangarino cholada
lucero, lucero de la mañana (bis)
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(*) Como es frecuente en la transcripción escrita del quechua, se encuentra más de una forma de escribir un vocablo: "walayacho" o "hualaycho", "saqra" o "sajra", "huayno" o "wayno"...



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Video


Walaycho bandido -huayno (en español y quechua)
Interpretes:  s.ref.
subido por qorilazo peruano
 
Walaycho bandido,
arrea la tropa, walaycho
en tu caballo brioso
y tu cholita al anca
El cholo chumbivilcano
galopa por las praderas,
en su caballo brioso
y su cholita al anca
[...]


Tuyaschallay - huayno (en quechua)
Estudiantina Chumbivilcana (Cusco)
subido por  
    
Santos Toala - kajelo (en aymara)
Charangos Cordilleranos (Puno)
Autor: Leandro Serruto Calvo
subido por pepecharango





Hualaycho - huayño (en español y aymara)
Agrupación Musical Macusani (Puno)
subido por gian mantilla





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Enlaces