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julio 01, 2025

"Las antaras colectivas y los ayarachis, un gran tiempo antes de los sikus"

Conferencia dada por Carlos Sánchez Huaringa, magister en Antropología y doctorando en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), Lima, Perú.

Reunión Anual de Etnología, RAE 2023
MESA 2: Sonidos sagrados: cantos, poéticas y ceremonias
La Paz, Bolivia, 21-25 ago. 2023

Video de origen:
https://goo.su/mys3dBj


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Datos destacados:

-  Uno de los principales problemas al estudiar las flautas de pan, sean prehispánicas como actuales, es el uso léxico entre los investigadores.  No se puede generalizar la palabra aimara "siku" a instrumentos que aunque similares, no son sikus, sino antaras o ayarachis. La propuesta de Sanchez Huaringa es utilizar la denominación "flautas de pan" al generalizar este tipo de aerófonos.  En Bolivia, Arnaud Gérard propone el término "siringas".
- El foco incial de investigación del autor fueron los Chunchos de Huanta (alturas de Ayacucho) y luego los Ayarachis de Chumbivilcas (alturas del Cusco).  En ambas zonas encontró decenas de grupos que aún practican Ayarachis.
- En base a investigaciones lingüísticas de autores como Cerron-Palomino, es probable que "Ayarachi" sea una palabra de origen puquina, anterior a la irrupción del aimara y el quechua en el centro-sur de los Andes. Esto indica una antiguedad mayor, y una práctica muy extendida hasta hace unas décadas, desde Ayacucho pasando por Cusco y Puno hasta el altiplano boliviano; sin embargo ha ido desapareciendo en décadas recientes ante la expansión (y hasta "moda") del "siku" aimara; los casos en que aún se practica muestran en mayor o menor medida, cambios adaptativos, tanto en la denominación, como en la forma de ejecución. En el altiplano la palabra aimara "siku", "sikuri", está sustituyendo a "ayarachi".  Ejemplo: "Ayarachi llano", hoy "Sikuri llano". El autor habla de sikus "modelo ayarachi", y  ayarachis "modelo siku" (ejemplo: Ayarachi de Lampa, que es un ayarachi que toca siku).  En algún momento los ayarachis asimilaron el siku. Ayarachis que hoy tocan con siku en Puno: Lampa, Taquile, Amantaní, Sandia.  
- Hay Ayarachis con rasgos en común desde Cusco, pasando por Puno, hasta Sucre en el este (Bolivia) y Tarapacá en el oeste (Chile), en un vasto territorio, otrora de dominio puquina. Uno de esos rasgos sería la leyenda  de ser música fúnebre, y que se tocó a la muerte del inca Atahualpa, relato que sería más reciente de lo que parece, y que no abarca todo el significado ritual que implica el ayarachi.  
- El uso de plumas de aves totémicas en las tropas de ayarachi, aludirían a un culto a Illapa, culto pre-solar puquina.
- El "modelo ayarachi" que funcionó antes que el "modelo siku" se caracteriza por:
  • Ser unitario (no bipolar o complementario)
  • Ejecutarse  en tres tamaños (excepcionalmente, dos)
  • Ejecutarse en pares semejantes (sistema de "pareo" dialogante")
  • Tener tubos de "paso", "mudos", "nulos", "vacíos"
- El ayarachi puede tener resonador o no, fila secundaria o no.  La antara a veces puede tener resonador. 
- Los ayarachis pueden tener percusión, por lo general con bombo o wanqara.  Después aparecen los bombos tubulares, probablemente influencia de época napoleónica.
- Todos los tubos del siku se usan.  En las antaras y ayarachis hay tubos que están, pero nunca se usan.  El silencio como sonido.  Uno de los problemas de las antaras precolombinas (como las nasca por ejemplo) es que quienes las estudian no han tomado en cuenta esta característica, y procuran hacer escalas midiendo todos los tubos.
- El s. XVI es el tiempo de las antaras y los ayarachis,  profusamente mencionados por los cronistas.  Los sikus no están presentes en estas fuentes escritas, salvo escasas excepciones.  El siglo XIX y XX es el tiempo en que los sikus se van propagando y visibilizando más, sobretodo en el Altiplano.  Los Misti Sikuris (desarrollo cultural de clase media mestiza) aparecen con fuerza  recién en el siglo XX.
- El sikuri conimeño es presentado como milenario, pero más bien es de aparición moderna, en el siglo XX; ya no son tres, sino ocho o hasta diez tamaños del instrumento, que requieren un conocimiento armónico muy moderno.
- Vemos flautas de pan ejecutadas por pueblos indígenas de todo el occidente sudamericano, desde Venezuela hasta Chile.  En el caso del Perú, los hallazgos arqueológicos más antiguos  están en la costa; datan de 3200 a 3500 a.C. (Caral, de caña), 1800 a.C. (Sechín, de cerámica), 700 aC. (Paracas; con doble fila o resonador), 100 a.C. (Pukara),  etc.
- No es el siku, es el ayarachi el instrumento más ancestral.

//. M. Cornejo



Enlaces

Musica y sonidos en el mundo andino (Lima : UNMSM, 2018)- Carlos Sanchez Huaringa
Las antaras y los sikus - conferencia de Carlos Sanchez Huaringa en la ENSF José María Arguedas (ago, 2022)
Revista Mundo SikuriSikuris Mallkus 12 de Mayo


Video




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octubre 14, 2020

"Los instrumentos musicales de los incas" - Charles W. Mead

 



Publicado en 1903, este documento no se tradujo al español hasta el presente.  Considerando su importancia como referente del estado de los estudios de arqueomusicología peruana en esos años, he acometido esta tarea.

Cabe hacer las siguientes anotaciones:

  • Cuando el término no ha podido ser precisado con exactitud, se le adjunta entre llaves […] la palabra o frase inglesa del texto original para que el lector busque su interpretación.
  • Hasta principios del siglo XX, incluso cuando los esposos D’Harcourt publicaron en 1925 en París su famosa obra "La música de los incas", la academia europea y norteamericana tendió a generalizar bajo la etiqueta “incaico”, expresiones de culturas pre-incas, como la cerámica de culturas costeñas que el autor usa como fuente iconográfica documental.  El presente documento considera incluso, testimonio sobre música mapuche de Chile.
  • La descontextualización de las piezas arqueológicas en que se basa este estudio, ha obligado a centrar el análisis en el objeto, y en los casos en que ha sido posible, en el análisis de las escalas musicales que produce, atisbando una escala pentafónica aún por corroborar.
  • La baja resolución de las imágenes proviene así de la fuente digitalizada original.
  • Se ha mantenido casi igual la paginación original, para que las referencias del autor a las láminas y otros datos del documento, conserven su función.


// Marcela Cornejo D.
Arequipa, oct. 2020 


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Fuente digitalizada original



junio 04, 2017

Un tocador de antara chimú

Esta obra de arte cautiva no sólo por su belleza estética sino por la información testimonial que ofrece sobre  algunos aspectos de las prácticas musicales de los chimú, pueblo pre-inca que se desarrolló en la costa norte peruana entre los siglos XI y XV,  con una máxima expansión entre  los valles de Tumbes y Huarmey (Lima).

La ficha del MET Museum generaliza que la ejecución de música en flautas de pan ha sido  "quintaesencialmente" andina, cuando la realidad misma del objeto confirma su práctica igualmente extendida en las culturas costeñas peruanas.

Como estas piezas exhibidas en museos del extranjero están des-contextualizadas, queda elaborar interpretaciones deductivas.  Es muy probable que sea una pieza ofrendada en algún ritual funerario y haya sido hallada por tanto, en un entierro.   Qué puede llevar este tocador en su bolsita colgada al hombro... tal vez hojas de coca u otras substancias que le pueden hacer falta en su viaje de acompañamiento a su señor, al mundo de los muertos....

La ficha corrobora  que los instrumentos musicales  y  las  representaciones de su ejecución en distintos soportes, han sido frecuentemente hallados en los entierros antes de su huaqueo.






Ficha del MET Museum de Nueva York:

Panpiper vessel

Date: 14th–15th century
Geography: Perú
Culture: Chimú
Medium: Silver, malachite
Dimensions: H. 8 1/4 x W. 4 1/4 x D. 2 3/4 in. (21 x 10.8 x 7 cm)
Classification: Metal-Containers
Credit Line: The Michael C. Rockefeller Memorial Collection, Gift of Nelson A. Rockefeller, 1969
Accession Number: 1978.412.219

On view at The Met Fifth Avenue in Gallery 357

Made of many separate pre-shaped pieces of sheet silver joined by soldering, this engaging vessel in the shape of a man playing a panpipe is quintessentially Andean. He is dressed in a tunic and loincloth and carries a small bag over his shoulder. The chased and stippled zigzag pattern and step-fret motifs on his clothing are found on actual textiles surviving from the time the vessel was made. The man also wears a cap and earrings (one is now missing). Elaborate vessels such as this, which often have a short section cut out at the rim for pouring, were probably used in royal or ceremonial drinking rituals before being placed in the burial of an important person.

Music was an essential part of political and ritual activity in many ancient American cultures. It was also performed during daily activities such as herding and working in the fields, and for entertainment. Many depictions of musicians in various media survive, and finds of actual musical instruments—drums, horns, whistles, rattles, and panpipes—are frequent in burials. Stringed instruments currently in use in the Andes, such as the charango, were introduced by the Europeans


Vaso de tocador de antara (*)

Fecha: siglos XIV a XV
Geografía: Perú
Material: plata, malaquita
Dimesiones:  altura 21 cm., ancho 10.8 cm., profundidad 7 cm.
Clasificación: Contenedor de metal
Donante: The Michael C. Rockefeller Memorial Collection,  donación de  Nelson A. Rockefeller (1969)
Número de acceso o registro: 1978.412.219

En exposición en:  MET de la Quinta Avenida, Galería 357

Hecho de láminas de plata unidas por soldadura [malaquita  incrustada a modo de ojos], este vaso en forma de un hombre tocando antara es quintaesencialmente andino. Viste túnica y taparrabos y lleva una pequeña bolsa colgada al hombro. El patrón decorativo en forma de zigzag, lineado y punteado y los  motivos de su ropa se encuentran en textiles actuales que sobreviven desde el tiempo en que el vaso fue elaborado. El hombre también lleva casco y pendientes (falta uno). Vasos como este, que con frecuencia  tienen una sección cortada en el borde [en este caso, la parte superior del casco]  para verter su contenido,  se usaron probablemente en rituales de libación antes de ser colocados en el entierro de un personaje importante.

La música fue parte esencial de la actividad política y ritual en muchas culturas prehispánicas. También se practicó durante las actividades diarias como el pastoreo y el trabajo en los campos, así como para entretenimiento. Al presente sobreviven muchas representaciones de músicos en varios soportes; son numerosos los hallazgos de instrumentos musicales - tambores, cuernos, silbatos, sonajeros, y antaras-  en los entierros, que son  de  uso aún vigente. Los instrumentos de cuerda que se usan actualmente en en los Andes -como el charango- fueron introducidos por los europeos.




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(*) Los investigadores César Bolaños, Carlos Mansilla, Anna Gruszczyńska-Ziółkowska o Daniela La Chioma,  utilizan el término antara para el caso de estos instrumentos en las culturas costeñas.



Enlaces

Maqueta de ritual funerario chimú
Antara chimú [miniatura]
Los rituales mochicas de la muerte
Instrumentos de viento en la cultura chimú: una muestra





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febrero 02, 2017

Instrumentos de viento en la cultura chimú: una muestra

Los instrumentos  de la América prehispánica han sido principalmente de tres tipos: de viento, de percusión, e idiófonos.  Percibo que han existido instrumentos de  cuerda en el espacio amazónico (por lo general, una sola cuerda) , ya que al presente forma parte de los instrumentos tradicionales de algunos pueblos (cf. aquí-).

La ciencia que ayuda a atisbar algo del universo sonoro prehispánico es la arqueomusicología, siendo que para poder  hacer una aproximación más asertiva desde el punto de vista histórico,  es factor invaluable rescatar las piezas arqueológicas (empezando por los instrumentos) en su contexto espacial, es decir, anticiparse al huaqueo y posterior museología aleatoria.   Esto permite entender mejor los modos de producción de estos artefactos, sus usos cotidianos o rituales, sus simbologías, amén de su lenguaje estético.

Pongo tres ejemplos de  instrumentos -lamentablemente des-contextualizados- que están en el Museo de Brooklyn.  

1. Hombre tocando antara.  Cultura Chimú.  1000-1400 D.C. Madera, 6 cm.  Por su tamaño pequeño, sería una figura totémica.  Está de cuclillas.  Se aprecian 3 tubos anchos  descendentes y un cuarto que es el más corto y delgado. Se exhibe en el quinto piso, sala Arts of the Americas.  Las dos fotos son del catálogo virtual del Museo.

 



2. Hombre tocando antara. Cultura Chimu-Inca.  Antes de 1500 D.C.  Plata, 5.2 x 1.7 x 2.1 cm.  Por su  tamaño pequeño, sería una figura totémica.  Primorosamente tallado en plata, destaca el tocado que usa, los ojos enormes, la genitaliad, y el tipo de antara que porta: de varios tubos, del mismo largo, con dos secciones, una superior y otra inferior labrada, por donde  es sujetada. Podría connotar ser un instrumento de material lítico. Las dos fotos son del catálogo virtual del Museo.

  



3. Flauta.  Cultura Chimú. 1100-1500 D.C., Periodo Intermedio-Tardío.  Oro martillado,  19.1 x 4.8 x 4.8 cm.
Esta flauta -llamada quena en los Andes-, está hecha de oro, primorosamente tallado a martillo. Está ornamentado con las figuras de dos animales: en la embocadura, con un cóndor (sujetado con una lengüeta en  la desembocadura, como queriendo atrapar una propiedad mágica  ligada a esta figura mítica)  y en el cuerpo, con dos pequeños reptiles, como lagartijas con cabezas antropomorfas y un diseño en “V” sobrepuesto, en sus lomos, que a diferencia del ave, parecen reptar más libremente.  Son visibles cuatro orificios anteriores.  Se exhibe en el quinto piso, sala Arts of the Americas.  Las dos fotos son de Claudia Guajardo-Yeo.







Además de flautas y antaras (de metal, de caña, de  hueso, de piedra),  hubo otros aerófonos como trompetas de cerámica, trompetas de caracol,  ocarinas, silbatos;  algunos de éstos, incorporados en la estructura de la cerámica suntuaria o utilitaria.

Sobre los aerófonos de los centros culturales prehispánicos de la costa norte peruana, hay aún mucho por investigar.  A la fecha se pueden consultar los trabajos de Rafael Larco, César Bolaños, Ruth Shady, Claudia Leyva y Daniela La Chioma, cuyas referencias bibliográficas se encuentran  aquí [Época Prehispánica].  Además, Américo Valencia se ocupa de las antaras bipolares mochica en su trabajo El siku bipolar altiplánico (1983).


//.  Marcela Cornejo D.


Enlaces

Ejemplos de trompetas mochica: parte 1 parte 2
Un tocador de antara chimú






diciembre 03, 2016

"Música y danza en el Antiguo Perú" (1981)


Entre 1978  y 1979 César Bolaños investigó en las colecciones del entonces llamado "Museo Nacional de Antropología y Arqueología" de Pueblo Libre, a fin de concretar  una exposición titulada "Instrumentos musicales en el Antiguo Perú". En el transcurso,  dada la riqueza del material arqueológico investigado, Víctor Pimentel, Director del Museo, vio más conveniente ampliar el concepto de la exposición y titularla "Música y danza en el Antiguo Perú".

La exposición se concretó en el año 1981 con los siguientes créditos:

- Instituciones organizadoras: Museo Nacional de Arqueología y Antropología (MNAA); Oficina de Música y Danza del Instituto Nacional de Cultura (INC)
- Proyecto, investigación y textos: César Bolañor (musicólogo)
- Realización: Miguel Pazos (arqueólogo), Rodolfo Vera (musógrafo)
- Dibujos: Felipe Guamán Poma de Ayala,  Hamilton Arce, Evaristo Chumpitaz, iconografía moche

Poco después, esta instalación viajó a la  XVI Bienal de Sao Paulo, del año 1981.

El folleto (con catálogo y bibliografía) entregado a los asistentes, es este:


pdf - 15.77 mb
























El folleto se re-editó, con actualizaciones, en un artículo de más reciente fecha:

Música y danza en el antiguo Perú.  César Bolaños.  Revista Española de Antropología Americana.  Madrid : Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Geografía e Historia. Departamento de Historia de América, 2008, vol. 39, N° 1, pp. 219-230






Arqueomusicología
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marzo 02, 2011

Pututo, trompeta de caracol prehispánica



Transcribimos sólo el texto y una de las varias láminas, que se refieren al "pututo" (el extenso artículo de Jiménez Borja, que bien podría haber sido un libro, trata de dar un panorama completo de los instrumentos musicales del Perú). En la leyenda de una lámina (que no se muestra aquí) de una trompeta de caracol de cerámica mochica, explica que el instrumento se hacía con un molusco exótico a los mares peruanos, que provenía del norte del Itsmo de Panamá. El autor deduce que los mochicas viajaban a buscarlos hasta esa zona en balsas (seguramente tan largo viaje servía para intercambiar también otros productos). Deduce también que la gran demanda de estas conchas y su difícil adquisición debieron motivarles la necesidad de hacer réplicas en barro cocido.

Podemos notar en el video que va en "Ritual mochica", que la alegoría acerca de la música que acompaña el sacrificio de los prisioneros de guerra, se acerca bastante a lo que pudo haber sido: un ritual con presencia notoria del sonido de una o más trompetas de caracol marino. Cabe preguntarse por el nombre que tenía este instrumento en lengua mochica y por las rutas que seguía este preciado molusco hacia las zonas andinas, sea en tiempo pre-inca como inca.

De haber tenido un uso tan extendido desde la costa norte a la sierra sur, hoy en día su uso (ritual) se limita a unas pocas zonas. Según este texto que Jiménez Borja terminó por 1950, estas zonas eran Pisac y Paucartambo (Cusco). Según el "Mapa de instrumentos musicales de uso popular en el Perú" (César Bolaños, Fernando García, Alida Salazar & Josafat Roel Pineda. Lima : INC, 1978, pp. 257-259), el uso  ritual de trompetas naturales de caracol se mantiene en: Luya (Amazonas, bajo el nombre de "Churu"), Anta, Calca, Canchis, Cusco, Paruro, Paucartambo, Quispicanchi, Urubamba (Cusco, principalmente bajo el nombre de "Pututo"), San Martín (San Martín, bajo el nombre de "Quipa"), y Puno (no especifican la zona).
También nos informan que al tañedor de pututo se le dice "pututero".

Artísticos registros fotográficos de tañedores de pututo en Cusco, los debemos a Martín Chambi.

//m. cornejo



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Fuente:
Instrumentos musicales peruanos
Arturo Jiménez Borja
Revista del Museo Nacional. Lima. T. XIX-XX, 1950-51, p. 72-74
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"Trompeta de caracol marino, Srtombes Galeatus, de 23 cm. de longitud, cultura Chavín. Hallada en Chiclayo, Lambayeque [...]. pertenece al Dr. Dn. Abraham Pickman. Estudiada por el Dr. Julio C. Tello. / El apix [apex] ha sido perforado. En el borde de la espira externa hay un agujero para pasar un cordón que permita llevar el instrumento pendiente de la muñeca. Las espiras de la concha se han pulido a fin de grabar sobre una superficie regular, la imagen de una divinidad tocando una trompeta de caracol"



[...]
El pututo, trompeta de caracol marino, es un instrumento musical muy antiguo, que parece en conexión con todas las viejas culturas peruanas "desde las mas remotas y adelantadas hasta la ultima de los Inkas" escribe J. C. Tello (Actas XXVII Congreso Americanistas).

El nombre actual del instrumento es pututo, el antiguo "huaylla-quepa". Ambos aparecen en la primera parte del manuscrito de Guaman Poma: "Tenia los Yngas y Capac Apo tanbores grandes con quese holgauan y le llamauan pomatinya y trompeta guayllaquepa-pototo".

Utilizaban el caracol perforando el apex; unas veces con embocaduras de metal o caña y las mas sin ellas, tañían la trompa. Solían exornarlos con taraceados de turquesas y conchas de colores o puliendo las costillas del pabellón grababan algún motivo ceremonial. Así se ve en los numerosos ejemplares que posee el Museo Rafael Larco Herrera en [la hacienda] Chiclín.

La cerámica mochica presenta en forma dramática los demonios que habitaban las caracolas. Aparecen como genios poderosos que lanzan a los vientos su clamor sagrado. Polo de Ondegardo refiere que en tiempos antiguos las fuentes eran honradas con ofrendas de conchas marinas , "diziendo que las conchas eran hijas de la mar, madre de todas las aguas". Se comprende la gran veneración que debió [sic.] suscitar estas grandes caracolas procedentes de mares desconocidos, cuya voz ardiente estremecía distancias.

La crónica de Cabello Balboa da una medida de la importancia que estas conchas tenían en el ceremonial indígena. El relato del deslumbrante arribo del rey Naymlap que desciende seguido de un cortejo de concubinas, funcionarios, perfumistas, coperos etc. es de gran belleza. El cronista dice así: "en época muy lejana, llegó de la parte septentrional del Perú una gran flota de balsas. El jefe de esos extrangeros era un hombre de gran talento y de gran valor; se llamaba Naymlap; su esposa se llamaba Ceterni. Además tenía consigo un gran numero de concubinas. Los principales oficiales de su casa eran Pitazofi, su tocador de trompa o de concha marina, instrumento muy estimado entre los indios; Ninacolla que estaba encargado de su litera y de su trono; Ninagentue, su copero; Fongasigde, que estaba encargado de repartir polvos de conchas por los lugares por donde debía pasar; Ochocalo, su cocinero; Xam, que cuidaba de las grasas y los colores con los cuales se pintaba el rostro; en fin Ollopcopoc, que preparaba sus baños; Llapchilulli, que hacia sus túnicas de plumas muy estimadas en esa época". El orden de los nombres en estos relatos antiguos es de gran importancia y no se podía contra hacer. Pitazofi ,el tañedor de trompa marina encabeza la lista de funcionarios. Su nombre aparece inmediatamente después del nombre de la esposa del rey.

El pututo ha sido tañido por hombres de la antigüedad. Este nexo se advierte claro durante las ceremonias del Capac Raimi o fiesta de la virilidad. El P. Molina refiere que los jóvenes incas , cumplida la reverencia que debían al adoratorio de Huanacauri, regresaban al Cuzco. Entonces les salía al paso un pastor que conducía un llama sagrado ataviado con orejeras de oro y gualdrapa roja. "Venían junto al dicho carnero teñendo con unos caracoles de la mar horadados, llamados Huayllaquepa".

Esta fiesta se llamaba también Huarachico en atención a que durante ella entregaban a los jóvenes unas prendas llamadas "huaras" símbolos de la edad viril; y con tal motivo regocijaban. El P. Cobo dice: "hacia toda la gente que allí se hallaba el dicho taqui o baile llamado Guari, tocando unos caracoles grandes de la Mar".

El pututo en la actualidad congrega a los ayllus en momentos de necesidad. Así mismo en épocas pasadas cumplía igual cometido. Durante la guerra con los chancas, según Santa Cruz, los caracoles llamaron a las armas a la ciudad del Cuzco, "al fin ármanse a todos los hombres y mujeres tocándole la caxa y pillullo y uayllaquipas".

El uso de los caracoles, antes tan universal, ha quedado limitado al departamento del Cuzco y allí confinado a dos áreas: Paucartambo y Pisac. Tañen las autoridades para congregar a la comunidad en momentos graves, reunir a los braceros para faenas agrícolas, limpia de acequias, chaco o cacería. etc. Acompaña a las autoridades desde su casa hasta la iglesia 6 las despide. En Paucartambo un toque seguido y largo significa asamblea de ayllos uno corto seguido de un largo, llamada a las autoridades. Los caracoles llevan el pabellón de la concha horadado, por allí pasan un tiento y de esta manera se les lleva pendiente de la muñeca toda vez que no se tañe.
[...]




"Coreon maior i menor. Hatun chasqui chiri. Mullo, chasqui curaca"
(se trata de un chasqui de rango, un curaca)



"Acabó de rreynar, murió en Andamarca. / Quis Quis Ynga / Challco Chima Ynga / Andamarca / Comensó a rreynar y murió"
(el inca Huáscar llevado a ejecutar por Quisquis y Chalcuchimac, quien tañe un pututo)



Indígena quechua del Cusco tocando pututo - Martín Chambi

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Video


Proyecto "Escuela de cosmovisión andina" en el colegio I.E Carmen Alto 2035
Comas, Lima (2009)
KAMAQ Research & Action.

Subido por Kusicha






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abril 09, 2010

Dos tambores prehispánicos

La música ha sido parte integral de la vida cotidiana y ceremonial en el antiguo Perú, esencial en las celebraciones no sólo político-religiosas sino en las labores productivas (agro-ganaderas principalmente) y en los eventos de entretenimiento. Las canciones servían para contar y rememorar los mitos y la historia del pueblo, para dibujar con melodías las representaciones del mundo circundante. En todo este mare magnum del cual sólo podemos atisbar fragmentos, el desarrollo técnico y estético de los instrumentos es sólo uno de los capítulos, y los instrumentos de percusión, parte importante del mismo. Gracias a las piezas rescatadas en el trabajo arqueológico (las que han sobrevivido mejor son las de cerámica, metal y piedra), se evidencia el desarrollo altamente especializado de la organología musical en las culturas pre-incas e inca, no sólo de los instrumentos de viento o de los idiófonos, sino de los de percusión. Lamentablemente, en el caso de la gran cantidad de piezas que se encuentran en museos del extranjero, éstas carecen de la insustituible información del contexto en que se hallaban antes de ser huaqueadas.

Por ejemplo, algunos siglos antes de la era cristiana se desarrollaron en las culturas de la costa centro-sur unos tambores de cerámica con cavidad central a manera de cámara de resonancia. Las imágenes de las dos piezas que se muestran aquí son de la base de datos del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (MET). Lamentablemente la primera no tiene imágenes de las partes lateral y posterior. Ambas se muestran volcadas encima de la boca, sobre la cual debía ir una piel estirada para proporcionar la superficie percutible. Debían volverse y llevarse bajo el brazo al momento de la ejecución. Por su belleza y riqueza semiótica, aparte del rol ritual cumplían probablemente funciones decorativas y de representación de estatus.
//m.cornejo

1.- Tambor de cerámica pintada. Paracas. S. I a II A.C.
Altura: 38 cm. Colección en el MET: The Michael C. Rockefeller Memorial Collection, legado por Nelson A. Rockefeller, 1979 (1979.206.1097)

En este ejemplo notable, que aún conserva gran parte de la pintura de resina original, se representa el cuerpo de una figura humana; los brazos delgados y doblados, se proyectan sobre el abultado cuerpo hueco. Figuras de ondeantes serpientes confluyen en la abultada cintura; rodean el tambor, denotando probablemente una conexión sobrenatural. La cabeza es de forma ovoide, presenta un rostro pintado con trazos simétricos, tiene ojos ligeramente saltones, y se ven nítidamente las orejas, la nariz y la boca.




2. Tambor de cerámica pintada. Nasca. S. I A.C.
Altura: 45.1 cm. Colección en el MET: The Michael C. Rockefeller Memorial Collection, donación de Mr. and Mrs. Raymond Wielgus, 1964 (1978.412.111)


El cuerpo de este tambor está decorado con un ser mítico; según la ficha del MET, en el rostro se ven los ojos decorados como figuras de ballenas asesinas u orcas, el depredador más grande del mar de la región, figura muy respetada en toda la costa del Perú. Cada mano porta una herramienta y las piernas están recogidas debajo. Se vé como un tocado o pelo anudado en la frente. En la parte posterior, el pelo es representado como serpientes.








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Link


Vuelven a usar instrumentos musicales del pueblo nasca (nov. 2009)
Ensayo sobre la música nazca - Andrés Sas

febrero 16, 2010

Persee


Persee es un magnífico portal francés de revistas especializadas en ciencias sociales y humanas que han sido digitalizadas para beneficio de los investigadores de estas áreas. En su índice tiene las mejores colecciones de revistas científicas que han sido digitalizadas y que pueden ser accesadas desde distintas entradas. Lo mejor de todo, como dicen en su presentación, es que "... dichas colecciones son consideradas como un elemento íntegro del patrimonio, y se encuentran a disposición de todos, de manera gratuita, siguiendo una lógica de acceso libre y de difusión no exclusiva", respetando como debe ser, los correspondientes derechos de autor.




Tambor de cerámica nazca - Musee d'Homme (París)
(para detalles sobre esta pieza, consultar la referencia N° 3)




Aquí, algunos artículos en francés, sobre música e instrumentos musicales en el Perú (hay un par de referencias sobre Bolivia y Ecuador) en el Journal de la Société des Américanistes.

  1. d'Harcourt Raoul, d'Harcourt Marguerite. La musique dans la Sierra andine de La Paz à Quito. Journal de la Société des Américanistes. Tome 12, 1920, pp. 21-53
  2. d'Harcourt Raoul, d'Harcourt Marguerite. La musique des Aymara sur les hauts plateaux boliviens. Journal de la Société des Américanistes. Tome 48, 1959, pp. 5-133
  3. d'Harcourt, Raoul. Un tambour de Nazca, Pérou. Journal de la Société des Américanistes, 1961, vol. 50, n° 1, pp. 245-247
  4. d'Harcourt, Raoul. L'ocarina à cinq sons dans l'Amérique préhispanique. Journal de la Société des Américanistes. Tome 22-2, 1930, pp. 347-364
  5. d'Harcourt, Raoul. Le flûtiste-tambourinaire en Amérique. Journal de la Société des Américanistes. Tome 47, 1958, pp. 213-215
  6. d'Harcourt, Raoul. Deux instruments de musique des peuples mochica. Journal de la Société des Américanistes. Tome 27-2, 1935, pp. 459-462
  7. d'Harcourt, Raoul. Les formes du tambour à membrane dans l'ancien Pérou. Journal de la Société des Américanistes. Tome 43, 1954, pp. 155-160.
  8. Dumézil, Georges. Deux pièces «costumbristas» Qhišwa de Killku Warak'a (Andrés Alencastre G.). Journal de la Société des Américanistes. Tome 43, 1954, pp. 1-82.
  9. Dumézil Georges, Duviols Pierre. Sumaq T'ika : la princesse du village sans eau. Journal de la Société des Américanistes. Tome 63, 1974, pp. 15-198
  10. Dumézil Georges, Alencastre G. Andrés. Fêtes et usages des Indiens de Langui (Province de Canas, Département du Cuzco). Journal de la Société des Américanistes. Tome 42, 1953, pp. 1-118
  11. Reichlen, Henry. Fêtes, danses et rites des Indiens de Cajamarca, (Pérou). Journal de la Société des Américanistes. Tome 42, 1953, pp. 391-414
  12. Izikowitz, Karl Gustav. Le tambour à membrane au Pérou. Journal de la Société des Américanistes. Tome 23-1, 1931, pp. 163-175




Vaso chincha representando un flautista tamborillero (catálogo de exposición en París-1958)
(para detalles sobre esta pieza, consultar la referencia N° 5)

enero 25, 2010

Aproximaciones a la música y la danza mochicas


El siguiente texto forma parte de la publicación en línea "Los mochicas", que hace algunos años publicó perucultural. Cada título de sección en este post, va directo a la URL que permite ver todas las las ilustraciones señaladas numéricamente. Para cotejar las citas bibliográficas que hace el autor, es necesario consultar la fuente virtual original: http://losmochicas.perucultural.org.pe/   (enlaces alternativos: Tomo I   Tomo II)
//m. cornejo


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Fuente:
Los mochicas
Rafael Larco Hoyle
Lima : Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera, 2002, 2 t. (T. II, pp. 166-181)
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Músico ciego con tambor (fig. 176)
El pueblo mochica, como todos los pueblos de la humanidad que llegaron a un alto grado de civilización y de refinamiento en sus artes, encontró en la música y la danza, a la vez que un deleite espiritual, la más viva y animada expresión de sus sentimientos y de su mundo anímico. Ambas traducen un sentido, toda una filosofía y, para que no pierdan en elevación y nobleza, se les da un origen divino, como en el caso de los mochicas, que concebían la música y la danza como atributos supremos de la divinidad y los más generosos dones concedidos por ella a sus hijos predilectos.

Son innumerables las representaciones escultóricas que encontramos en el arte mochica dedicadas a los músicos. Los instrumentos hallados y las pictografías, que son anécdotas bien logradas de esta actividad, prueban el arraigo de ésta en el pueblo que nos ocupa y su intervención en los ritos y costumbres, que fueron modelando las instituciones religiosas, gubernamentales y guerreras.

Comparsas de músicos y danzarines aparecen como personajes importantes en las solemnes ceremonias del culto divino. En la celebración de los éxitos bélicos, en las festividades en homenaje a sus grandes jefes, y en toda manifestación en que el alma colectiva vibrara plenamente. Un atento estudio de esta modalidad mochica nos permite clasificar su música y danza en danzas de carácter agrario y todas las que se refieren a la organización del trabajo. Las danzas, como todo el arte mochica, están embebidas de un profundo simbolismo. Hoy en día existen en el interior del Perú, en la zona de los Andes propiamente, rezagos de este arte antiguo, que, con acusadas diferencias locales, ofrecen una gran unidad de fondo en todo el Perú precolombino.

Encontramos danzas de carácter guerrero como “los pallos”; otras de carácter religioso, decididamente influidas por el cristianismo, aun cuando en sus raíces palpita ese sentido panteísta del hombre peruano; y finalmente, algunas de modalidad rural, como la muy hermosa danza denominada “los yungas” y “los aucas”, que hemos descrito en la publicación dedicada a la Agricultura.

¿Cómo fue la música mochica? He aquí un tema erizado de obstáculos para su segura dilucidación. ¿Fue como la pentatónica incaica o como ese sistema pre-hispánico con semitonos de algunas altas culturas andinas, tan hábil y profundamente estudiado por el argentino Carlos Vega?

La pentafonía de la música aborigen peruana ha sido ampliamente estudiada. Vicente Forte, crítico musical argentino de firme prestigio y muy profunda cultura, hace al respecto las siguientes observaciones: “Sería pueril imaginar en uno la pretensión de haber descubierto el pentatonismo en el cantar americano. Los estudiosos saben perfectamente que ello ha sido fijado ya en los trabajos de Alomía Robles, Alviña, y en Friedenthal (Des Incas) (1925), que es el trabajo más completo que se ha hecho de la música incaica. Tampoco es nuestro intento recordar de nuevo la teoría del pentatonismo, problema que ha sido ya tratado por muchos musicólogos, y especialmente por el gran Gevaert, en su Traité d’harmonie, obra fundamental para los que quieran penetrar en la estructura modal de las canciones populares”. El pentatonismo ha sido acusado de monótono, pero Gevaert, citado por Forte, dice magistralmente: “La ausencia de disonancias y semiconsonancias da a las melodías pentatónicas una dulzura singular”. Y Hugo Riemann (también citado por Forte) dice a su vez: “Las melodías basadas sobre esta escala tenida por defectiva son sanas y vigorosas, libres de todo afeminamiento y se pueden entender siempre en sentido mayor y menor”.

Como ya indicamos al comenzar este capítulo, Carlos Vega, junto a la música de cinco tonos del Perú prehispánico, asegura que existió y sobrevive un sistema muy antiguo con semitonos, habitual a las altas culturas andinas. Basa el citado autor esta teoría en el estudio de un juego completo de flautas de Pan, introducidas de Bolivia a la provincia de Jujuy en Argentina. Y dice: “Cada instrumento, cada pieza independiente, es solamente la mitad del instrumento. Se necesitan dos piezas compañeras, tocadas por dos hombres, para que la ejecución de melodías sea posible. Pues si en una flauta está la nota do, en la otra está la nota re, y así sucesivamente. El procedimiento de distribuir la escala entre dos instrumentos es conocido tanto en América (Noroeste del Brasil, Perú y Bolivia), como en el Pacífico (Indonesia, entre otros)”. La escala norma que se obtiene de la afinación de las flautas de Jujuy es la siguiente: Do, Re, Mi, Fa sostenido, Sol, La, Si. Y el autor aludido la explica así: “Esta gama se diferencia de la de do mayor europea, en que tiene fa sostenido, en vez de fa natural, y ese fa sostenido es la sexta quinta del círculo que siempre, en cualquier nota que empecemos, viene a quedar a intervalo de cuarta aumentada de la nota inicial”.

Madame D’Harcourt llamó “mestiza” a esta escala. Resultado, según esta ilustre investigadora, de la influencia de los cantos litúrgicos europeos en el músico aborigen, cuya sensibilidad impresionaron tan extraordinariamente que le obligaron a añadir los grados de que consta dicha escala, distinta de la gama pentatónica americana, y que ha sido utilizada por todos o casi todos los pueblos primitivos. Hecha esta glosa de suyo tan interesante, queremos dar nuestra opinión sobre la música mochica.

Las flautas y antaras encontradas en las tumbas norteñas son similares a las halladas en Nasca. Estudios hechos últimamente nos demuestran que los nativos costeños no usaron la escala pentatónica, sino la de siete notas. Y vamos más allá, pues en las pictografías se comprueba la existencia de conjuntos musicales con instrumentos de mayor o menor tamaño, que, como los que emplean los indígenas de hoy, son confeccionados adrede en notas diferentes, con el objeto de producir música armoniosa y rica en tonos.

Nuestras observaciones nos permiten aseverar que existían verdaderas orquestas a base de flautas de Pan, quenas, tambores y sonajas, cuyos sonidos combinados producían melodías en extremo hermosas. Estimamos que entre los mochicas existían conocimientos profundos de las leyes y reglas que rigen la acústica, conocimientos que aplicaban a la factura de sus instrumentos y hasta en los vasos llamados “silbadores”. Respecto de estos curiosísimos vasos, es interesante anotar que los sonidos que emiten son muy semejantes a los de los animales que se representan en esos vasos, y en los casos en que el cacharro representa a la muerte, el sonido que produce es lúgubre, quejumbroso.

Entre los músicos mochicas, como sucede hoy, abundan los ciegos en su cerámica, tocando quenas y tambores (Fig. No. 176). Fue una profesión lucrativa y muy estimada, y seguramente el músico tuvo en la escala social de este pueblo una buena ubicación.

Instrumentos

Caramillos

Los antiguos mochicas utilizaron caramillos de cinco, seis y siete tubos, hechos de cañas o carricillos, de arcilla y de plata. Se conocen estos instrumentos en el norte con el nombre de andarillas, mientras que los quechuas los llamaban antaras (Fig. No. 177). Entre los objetos chimús que posee el Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera, hemos encontrado caramillos de plata muy pequeños y de cuatro a cinco tubos. Parece que el tamaño variaba de acuerdo con las notas que se querían dar.

Las siringas de los antiguos peruanos, hermanas del célebre caramillo del dios Pan, son utilizadas hasta hoy por todos los pueblos de la sierra peruana y boliviana, y en general por el indio. Son famosas las zampoñas de los habitantes de la hoya del Titicaca. Si bien estos instrumentos son rarísimos y el Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera cuenta solamente con uno de ellos, a menudo encontramos individuos tocándolos. En las tumbas nasquenses se han hallado muchas antaras hechas de barro que han soportado la acción destructora del tiempo.

Quenas

Las flautas o quenas eran hechas de huesos humanos, de huesos de llama y de alas de cóndores. Las más grandes eran de caña. Las pequeñas, de hueso, que tenían tres, cuatro y hasta cinco orificios, emitían sonidos agudos, y las de caña, que llegaban hasta seis huequecillos, producían sonidos un tanto graves, de un dejo triste, casi lúgubre (Fig. No. 178). Las embocaduras de estos instrumentos eran exactamente iguales a las quenas que se usan hoy en todo el Perú.

Trompetas

Existían varios tipos de trompetas. Las de caracol, que estaban hechas de arcilla, imitan en sus formas los diferentes tipos de este marisco que tanto abunda en la costa del Perú (Fig. No. 179), y aquéllas en las que se utilizaba el Strombo, que llevaba embocadura de cobre o de plata en el extremo más cerrado (Fig. No. 180). Siendo muy raros estos moluscos, parece que sólo eran utilizados por los grandes jefes. En este caso eran adornados con incrustaciones de metal, concha de perla, concha de abanico, turquesas, y con estas, otras piedras preciosas de colores vivos que se adherían al instrumento mediante una materia resinosa. El sonido que producían estos instrumentos era grave y profundo, lo que hacía que fueran principalmente empleados en los toques de guerra. Su impresionante eco era escuchado a grandes distancias, y tenía toda la vibración y embrujo de un toque de somatén para las masas.

Los mochicas, siguiendo la forma que adoptaban los caracoles, hicieron las trompetas de vuelta semejantes a la espiral de la trompa moderna, cuyos sonidos son idénticos a los que producen las que acabamos de describir (Figs. Nos. 181, 182 y 183). Había también trompetas rectas que emitían un sonido fuerte y menos grave que las otras en espiral (Fig. No. 184). Las trompetas llevaban un hueco en el espacio más angosto, por el que pasaba una cuerda para poder sostener el instrumento alrededor del cuello de quien se servía de él (Fig. No. 185).

La danza

Danza "Los yungas" (fig. 191)



Son pocas las pictografías mochicas que poseemos en todo cuanto se relaciona con la coreografía de esa época. En las que existen en el Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera se percibe que en esa etapa toda danza era colectiva e igual a las que se practican hoy en los pueblos andinos de la América del Sur.

Al observarse los atavíos pueden diferenciarse dos tipos: los guerreros y los populares. En las danzas bélicas tomaban parte individuos lujosamente ataviados en calidad de simples soldados, quienes eran dirigidos en sus movimientos por otros que exhibían la indumentaria y atributos de los grandes jefes. Todos llevaban, pendientes de las piernas, gran cantidad de cascabeles y maichiles, que imprimían alegría y sonoridad, y colaboraban en sus ágiles esguinces y vueltas.

Hemos observado que algunas de las danzas eran ejecutadas con los bailarines cogiéndose de una cuerda. La música del acompañamiento era de quenas y tambores. Si bien en los bailes populares la indumentaria que muestran los danzantes es menos vistosa que la de los guerreros, sí guardan similitud con la de éstos.

Entre estas danzas populares se destacan las realizadas en homenaje de los grandes señores. La figura No. 190 nos presenta una de estas escenas. Los danzarines, cogidos de la mano, siguen a un músico con su tamborillo. Todos inclinan humildemente la frente en acto de sumisión al hombre superior, igual que hoy –como ya hemos dicho– hacen los pueblos de la sierra peruana en sus bailes de pleitesía a una imagen venerada, generalmente del santo patrón de la aldea o de un personaje de relieve entre ellos. En las danzas de pleitesía que se ejecutan hoy es curioso anotar que de la época mochica subsisten la faldilla, los gorros y los adornos de tela sobre los hombros; pero no debemos olvidar que en estas últimas ha dejado una huella profunda el cristianismo, y que al ser bien analizadas, resultan en una mixtura de culto a la naturaleza y al Dios cristiano, de paganismo y de fe católica.

Ya llevamos dicho que las danzas mochicas eran de tres tipos: religiosas, guerreras y populares. Estas danzas ofrecían un profundo sentimiento simbólico, y muchas han sobrevivido hasta hoy, principalmente en los pueblos andinos. Respecto de las danzas indias actuales, rica herencia artística del antiguo Perú, vale la pena recoger estas interesantes observaciones, formuladas por Uriel García: “Gran parte de las danzas indo-peruanas mantienen un estrecho vínculo con el sistema de trabajo y producción, especialmente aquellas que se originan de costumbres prehistóricas. El trabajo dio carácter y estilo a la expresión del sentimiento estético y hasta a la vida en general. Ningún pueblo como el de las serranías del Perú está en tan íntimo ligamen con la tierra productiva, con la naturaleza valorizada, ya como concepto de intuición sensible, ya como emoción de contenido irracional.

Danzas religiosas en forma de conjuros y simbolismos mágicos, danzas deportivas, guerreras, costumbristas y amatorias, todas tienen en lo más íntimo de su estructura un nexo con el ambiente tomado como valor. En su mayor parte vienen a ser parodias o exaltaciones placenteras del trabajo, de la intensa lucha del hombre con los medios de vida”.

La danza de “los yungas” y “los aucas” (Fig. No. 191) es precisamente una hermosa parodia de las faenas de la siembra y de la vida agraria en general. Y ésta, como las otras de este tipo, encierra gran simbolismo. Exaltan la actividad productiva, que crea bienestar y riqueza. Son bellas anécdotas de la labor agraria en todas sus fases, desde la iniciación de los cultivos roturando la tierra y abriendo acequias de regadío, hasta la recolección de los frutos, con pasajes como el de la siembra, sugerentes como pocos: la sembradora, en lugar de semillas, utiliza flores en la danza, las mismas que va depositando en los surcos simulados, acompañándose de movimientos rítmicos de gran plasticidad.

Estas danzas agrícolas practicadas hoy son supervivencias de las mochicas; es por ello que el pueblo llama a quienes toman parte en ella “la banda de los yungas” o sea, los danzarines de “las tierras calientes”, como en el antiguo Perú se denominaba a los valles del litoral.

Danzas guerreras

Las danzas guerreras mochicas, que figuraban en un mismo plano con las agrícolas en la estimación de este pueblo, se caracterizaban por movimientos rítmicos bastante bruscos, demostrativos de la energía y pujanza de los guerreros que las desempeñaban. Un alarde de vigor, de fuerza animal violenta, daba color a estos bailes (Fig. No. 192). Los danzarines llevaban faldilla corta y muy vistosos adornos de cabeza. Todos danzaban a los sones de quenas y de un tambor; los golpes de tambor los hacían variar de movimientos. Este instrumento marcaba el ritmo coreográfico.

En las actuales danzas guerreras, reminiscencia de las de los tiempos que investigamos, los bailarines (Fig. No. 193) forman grupos de diez a doce personas que ejecutan variadas evoluciones alrededor del músico que ocupa el lugar central. Danzan en círculo, siguiéndose los unos a los otros, movimiento que luego varía en una incursión hacia el centro, y después viene el cruce de espadas o pañuelos, que han sustituido a las porras mochicas. Son incansables, ya que danzan día y noche durante la celebración de fiestas religiosas o en los homenajes a los notables de la población rural en que actúan. Los vestidos que llevan atraen por la vivacidad de sus colores. En el cuello suelen lucir collares de variadísimas formas. Los danzantes, humildemente, al iniciar y terminar sus giros, se postran ante el personaje de sus homenajes, como parece hacían los mochicas, según las pictografías que nos quedan de ellos.

Danzas religiosas

Un estudio minucioso de los vasos de carácter religioso que poseemos nos ha llevado a la conclusión de que en las grandes ceremonias religiosas existían danzas de carácter simbólico en las que individuos con máscaras y atavíos adecuados representaban la vida de la divinidad humana Ai Apaec, y muy especialmente sus triunfos sobre los demonios que mantenían en constante zozobra al mundo.

Si observamos cuidadosamente estos casos, los individuos tienen sobre la cabeza, y aseguradas con amarras, máscaras hechas con los rasgos característicos de la divinidad, del demonio vampiro, del demonio Strombo, del de las Piedras y demás. Otros representan a los pájaros, inseparables compañeros de Ai Apaec. Es de suponer la brillantez de sus festividades religiosas, a base de estas evocaciones simbólicas en las que ponían todo su arte en las danzas, en la música, así como en la belleza de los atavíos.

La costumbre de utilizar estas máscaras perdura hasta hoy, con la diferencia de que la influencia decisiva del cristianismo ha modificado el fondo; y hoy en nuestras serranías, así como en Huanchaco, pueblo costeño, en las festividades religiosas salen las comparsas de danzarines con máscaras de diablos. En Cajabamba, estos individuos realizan durante la festividad la labor de policía, manteniendo el orden en las calles. Llevan en una mano un sable y en la otra un largo látigo. Son, en realidad, durante la fiesta, los dueños del pueblo, y tienen derecho a cometer todas las diabluras que se les venga en gana. Los asistentes soportan a veces el castigo que éstos les imponen con sus látigos, sin decir palabra, cosa que no aceptarían ni de los agentes policiales. Y al pasar cerca de las personas que venden comestibles ensartan con su espada lo que quieren, y se lo llevan entre saltos y movimientos grotescos, ante las risas y alegría del público, y la mirada resignada del que ha sufrido el perjuicio.

Es interesante notar que la vestimenta de los diablos de Cajabamba se asemeja mucho a la de los danzarines que encontramos en las pictografías. Usan faldilla corta, pantalones a la pantorrilla de colores variados y adornados con lentejuelas que dan al vestuario destellos de luz y colorido.

En conexión con estas costumbres, es más interesante observar lo que en Santiago de Chuco se llama La Banda de la Región. También se compone de diablos que llevan máscaras, cada cual más grotesca y exótica, que constituyen el terror de los niños. Usan largos látigos, pero al contrario de los diablos de Cajabamba, no usan faldilla sino vestidos corrientes con casaquilla corta de colores verde, rojo, morado, entre otros. No solamente tiene ésta el baile y la música, sino que presentan cuadros jocosos y de carácter religioso. Toman parte en esta danza: un ángel, una mujer y Lucifer (Fig. No. 194), que es el jefe de la comparsa. La mujer es asediada continuamente por el diablo, y el ángel armado de una espada la defiende. Si bien esta escena tiene todo el barniz del cristianismo, es posiblemente un rezago de las luchas de los demonios con el dios que representaba el bien en el universo. En la figura No. 338, en el capítulo referido a la religión, aparece Ai Apaec llevado por sus dos amigos, los pájaros, después de las terribles luchas con los demonios. Existe en nuestras serranías una comparsa por demás interesante llamada Los Gavilanes (Fig. No. 195), compuesta de tres personas: el gavilán macho, el gavilán hembra y el polluelo. Llevan estos individuos máscaras idénticas a las que vemos en la citada pictografía y en muchos huacos.

Es indudable que en el folklore peruano de hoy, que desgraciadamente tiende a desaparecer, existen aún los rezagos de las culturas prehistóricas que se desarrollaron en cada región de este país. La civilización moderna ha destruido casi totalmente estas costumbres en la costa; y hoy, como si el alma indígena buscara un lugar en donde supervivir con su música y sus danzas, se ha retirado a las montañas, y guarda como un tesoro estos rezagos del pasado que constituyeron la nota vibrante de su liturgia y de sus festividades conmemorativas de las proezas gloriosas de su raza.


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enero 17, 2010

Señor de Ucupe


Las primeras exploraciones de este proyecto arqueológico se iniciaron en el 2004, con el apoyo de la National Science Foundation E. U., la Universidad de Texas en Austin y el Museo Tumbas Reales de Sipán.

El equipo dirigido por Steve Bourget inició poco después las excavaciones en la Huaca El Pueblo, que culminaron con el hallazgo en el 2008 de la tumba de un señor moche que vivió hace unos 1700 años en el valle de Zaña (Lambayeque). Indicios de su existencia ya habían sido advertidos en los años 80 por Walter Alva. Una vez lograda buena parte de la excavación, se ha dado a conocer al mundo en el 2009.

Se trata de un señor de menor rango que el Señor de Sipán, integrante de su élite, pero en términos arqueológicos es un descubrimiento de similar importancia, pues da más forma a la reconstrucción del contexto de desarrollo de la civilización moche en el norte del Perú. Es alentador saber que este sitio no sufrió los embates del tráfico de patrimonio que padece el Perú, la experiencia de la tumba del Señor de La Mina (perteneciente al mismo contexto), debe haber sentado precedente para que los pobladores de lugar tomen mayor conciencia sobre la importancia del rol que tienen para la conservación de su patrimonio.

No sólo destacan los ornamentos y artefactos de metalurgia, sino la fina cerámica, artes que guardan un estilo muy similar al encontrado en otros sitios arqueológicos de la zona, como se explica en el informe gráfico del proyecto. La trascendencia de este hallazgo ha hecho que el ultimo número de la revista especializada “Archaeology”, lo considere el más importante del 2009.

Los objetos hallados se encuentran temporalmente en el Museo Tumbas Reales de Sipan, mientras se construye un museo de sitio para este digno representante del pueblo moche.



Llama la atención por ejemplo, el hallazgo de objetos inusuales como las sonajas de esta foto, si bien han sido representadas en la escultura cerámica (izq.), es la primera vez que el objeto real es encontrado (der.)




Links

Sitio del proyecto
Informe gráfico del proyecto
Archaeology, vol. 63, N° 1, jan-feb 2010
Proyecto arqueológico Huaca El Pueblo - Señor de Ucupe
Ancient "king of bling" tomb revealed in Perú - National Geographic
En busca del personaje D de la elite moche - Pedro Alva M.
Los mochicas - Rafael Larco Hoyle (Perú Cultural)



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abril 09, 2008

Arqueomusicología andina: importante aporte de César Bolaños




La música prehispánica andina es un vasto campo lleno de incógnitas, del cual sólo se conoce una parte. Son más las preguntas que las respuestas obtenidas, debido a que, tratándose de culturas esencialmente orales, las únicas fuentes de información provienen de las piezas halladas en los diferentes sitios arqueológicos. El arqueólogo y el etnomusicólogo fusionan sus aportes para producir lo que sería un arqueomusicólogo, una especialidad poco prolífica en nuestro país -a despecho del insondable legado arqueológico que tiene-, y de la cual César Bolaños es protagonista principal. A inicios de este año pude tener en mis manos su último trabajo, que significa un aporte fundamental para llenar un poco ese enorme vacío que tiene la arqueomusicología peruana: "Origen de la música en los Andes. Instrumentos musicales, objetos sonoros y músicos de la región andina precolonial" (Lima: Congreso de la República, 2007, 167 p. il.).

Un libro bastante condensado, profusamente ilustrado, en el que Bolaños ofrece los resultados de 5 años de recopilación de información y 15 años de sistematización de la misma. Los estudios iniciales de Bolaños se enfilaron a la música electrónica, pasando luego al campo de la etnomusicología y la arqueomusicología. Importantes trabajos anteriores suyos son el Mapa de los Instrumentos de uso popular en el Perú (junto a Josafat Roel Pineda y Fernando García, 1978), "La música en el Antiguo Perú" (1985), "Las antaras nasca" (1986), el artículo "Las flautas de Pan Moche y las botellas silbadoras norandinas arqueológicas" (2000), entre otros.

La información sistematizada en la publicación que nos ocupa, procede de museos y colecciones de Perú y Ecuador. Seguramente habría tenido un compendio más completo con información procedente de colecciones y museos de Colombia, Bolivia y Chile (para la sub-area 1-A y el área 6 por ejemplo, no nos ofrece información), aún así, sus hipótesis son lo bastante sólidas y valiosas como puntos de apoyo en la azarosa tarea de continuar con el trabajo de reconstruir nuestro pasado sonoro. Como bien dice en la Introducción: "Requerí de entrevistas, revisión de colecciones, archivos, bibliografías, crónicas y documentos. En suma, toda información útil la tomé en cuenta, asi pareciese insignificante, pues los datos eran escasos o incompletos, y hasta a veces discutibles entre los mismos arqueólogos" (p. 25).

La investigación del mundo sonoro prehispánico encuentra muchas veces, un campo fragmentado, o árido en evidencias y es cuando se pone a prueba toda la afinación de las metodologías, principalmente de la arqueología, la etnomusicología y la historia.


A continuación, un brevísimo abstract de los capítulos 1 y 2 del libro de Bolaños(1):


  • El período que investiga data desde el Formativo Temprano (surgimiento de la cerámica) hasta el Tahuantinsuyu.
  • Primero fue el canto, luego va apareciendo el sonido instrumental y la danza.
  • No es posible saber cómo fueron los sonidos musicales de los pueblos más antiguos. Los instrumentos musicales arqueológicos se estudian y clasifican en función de los sonidos que emiten, el material de que se han hecho o de su morfología, más no de la música que debieron producir originalmente. La única referencia parcialmente verificable que se tiene está en las ocarinas, quenas y antaras, pues sus escalas indican algo de su desarrollo musical; según Bolaños, con una metodología adecuada se pueden contrastar las escalas arqueológicas de estos aerófonos con las de los aerófonos actuales.
  • Probablemente los primeros instrumentos fueron idiófonos de material orgánico (palmas de las manos, ramas de árboles, caracoles, etc.). Otras materias primas tempranas fueron la piedra y el barro.
  • Cuando se empiezan a usar cañas, madera, huesos, se requirió inventar herramientas para cortar, horadar y pulir. Comienza a surgir la tecnología. Uno de los primeros instrumentos elaborados, debió haber sido la flauta de pan, pues cortar y atar cañas no es muy trabajoso.
  • Las quenas más antiguas fueron halladas en Chilca (Lima), datan de unos 7000 años de antiguedad (2).
  • Los primeros instrumentos hechos mediante una tecnología elaborada fueron de cerámica (3)
  • Los instrumentos de metal surgen aprox. 500 años AC.: se usaba cobre, a falta de soldadura se engrapaban las junturas y se sellaban con paja, hilos y alquitrán. Hace 2000 años se descubre el refogado y en el 1000 DC la soldadura fusible, con ello, en lentos procesos, van surgiendo los aerófonos de metal, como trompetas y quenas (4).




Zonas arqueológicas andinas según los instrumentos musicales y sonoros encontrados: Bolaños hizo esta zonificación en base al estudio comparativo de los modelos organológicos encontrados (variables utilizadas: estilo, procedencia, contexto, cronología, escala sonora, morfología, iconografía).

Dos grandes grupos con uno intermedio (donde convivieron o se alternaron modelos de ambas zonas):

I Zona Norte (especial predilección por las ocarinas de cerámica)

Area 1

Sub-area 1-A: No se dispone de suficientes datos

Sub-área 1-B: antaras W, botellas silbadoras con cámara reverberante, silbatos, ocarinas, litófonos, flautas traveseras de cerámica, trompetas de metal, tambores bicóncavos.

Area 2: Antaras complementarias atadas con un cordón (bipolares, según Américo Valencia), antaras complementarias con sonajero antaras complementarias simples, antaras gobulares a la octava, botellas silbadoras con o sin cámara reverberante, trompetas de cerámica, chalchalchas, idiófonos de cobre, oro y plata.

II Zona Intermedia

Area 3: Silbatos de hueso de pelícano (precerámico), quenas, antaras de cerámica, tambores bicóncavos norteños con caja de cerámica, botellas silbadoras y antaras del sur.

III Zona Sur : Especial predilección por las quenas y antaras (también hicieron ocarinas, pero en menor porcentaje, y sin la técnica y la estética de las norteñas)

Area 4: antaras paracas, antaras complementarias a la octava (nasca), trompetas retilíneas nasca, timbales paracas y nasca, tambores wari, antaras de caña con resonadores, quenas de cerámica chincha, antaras complementarias, tambores y runatinyas incaicos.

Area 5: destaca una antara W de piedra del altiplano boliviano, antaras de caña complementarias y con resonadores de Chiribaya, antaras del norte chico chileno, silbatos, ocarinas, trompetas, los tambores de Chiribaya, de Bolivia y norte de Chile.

Area 6: No se ofrece información sobre esta zona.

Más tarde, tanto el norte como el sur abandonaron las ocarinas dando paso a las quenas, cuyo auge y vigencia dura hasta hoy.

Bolaños relieva que existe continuidad y pervivencia de los elementos organológicos en la región andina, aún después de la colonización occcidental que trajo nuevos códigos estéticos y nuevos intrumentos (principalmente los cordófonos) produciendo el mestizaje musical. Los límites geográficos y organograficos de las zonas y áreas antiguas, son semejantes a los de nuestros días.
Trompetero - cerámica escultórica Nasca
Quena de hueso con 4 orificios digitales - Chancay
Instrumentista tañendo una quena - cerámica escultórica Virú
Ejecutante de sonajero de semillas - cerámica escultórica Moche


Ejecutante de antara y tambor - cerámica escultórica Chincha



(Las fotos pertenecen al libro de Bolaños)

//m. cornejo

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Notas:

(1) El libro (con una la presentación a cargo del historiador Pablo Macera) tiene 4 capítulos: 1.-La región andina y sus instrumentos musicales; 2.- Zonas arqueológicas andinas según los instrumentos musicales sonoros; 3.-La región andina: ilustración de los principales intrumentos musicales y sonoros, su cronología, procedencia y ubicación según las zonas indicadas; 4.- La invasión(occidental); Conclusiones
(2) Frederic Engel: "Paracas, cien siglos de cultura peruana". Lima: Juan Mejía Baca, 1966, p. 89 (citado por Bolaños)
(3) Seguramente también hubo instrumentos tempranos de piedra, trabajados mediante alguna tecnología para horadar, cortar y pulir.
(4) Bolaños, 2007, pp. 34-35

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Video:

César Bolaños, músico de la generación del 50
Programa Presencia Cultural







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Enlaces

Revista española de antropología americana (vol. 39, N° 1, 2009) - volumen con artículos sobre arqueomusicología andina, en especial Música y danza en el antiguo Perú de César Bolaños
Música y danza en el antiguo Perú - 1981