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enero 17, 2016

Juan Gunther: Lima en el corazón

Con ocasión de celebrar el mes de Lima, va transcrita la siguiente nota.  Juan Gunther Doering (Trujillo 24 may. 1927 - Lima 23 ago. 2012) es uno de los principales arquitectos que ha luchado por la adecuada valoración y evolución de la capital peruana, a pesar  de las severas limitaciones (más bien mentales) que impone el atraso de nuestro país.  Antes de partir a especializarse en París, estudió en la Universidad Nacional de Ingeniería.  En el 2013 la Municipalidad de Lima lanzó sendos concursos Juan Günther de: Proyectos arquitectónicos para el desarrollo de la cultura y  de Investigación histórica sobre Lima. La actual gestión (de Castañeda Lossio)  no está a la altura de estas iniciativas.
// m.c.d.


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Fuente
Somos.  
Lima : El Comercio [supl. semanal], 15 mar. 1997  [1]  [2]
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Juan Gunther:  Lima en el corazón
Entrev. de Alfonso Rabi Do Carmo


Horas después de esta entrevista, el arquitecto Juan Gunther traspasaba las puertas del quirófano para someterse a una nueva operación al corazón.  Su mal cardíaco se agudizó durante el tiempo que permaneció cautivo en la embajada del Japón.  Aquí reproducimos el diálogo que sostuvimos con un hombre que ha hecho de Lima (y la vida) su gran pasión.


Mi padre era alemán, alemán de Alemania en verdad.  Tuvo una vida bastante azarosa.  A los catorce años escapó de su casa, se hizo marino y recorrió todo el mundo.  La Primera Guerra lo agarró en la India.  Los ingleses, como él era alemán y estaba en un barco alemán, lo metieron preso.  Un tiempo después escapó y atravesó la India y la China hasta llegar a Sin Pao, una colonia alemana en Asia.  Pero luego llegaron los japoneses y se lo llevaron a un campo de concentración.  Allí estuvo hasta 1921, porque en ese momento la Cruz Roja no tenía dinero para repatriarlo.  Así que disfrazado de chino se vino al Perú a trabajar en la hacienda Casa Grande.  Fue en ese lugar que mi padre conoció a mi madre, que era nieta de ingleses.  Ahí nacimos yo y mis cuatro hermanos.  En fin, algún día escribiré sobre esto, pues mi padre era todo un personaje y su vida fue, por supuesto, mucho más interesante que la de cualquiera de nosotros.

Una nube de recuerdos se apodera de Juan Gunther y con voz pausada va revisando su vida palmo a palmo.  Dos infartos y cuatro válvulas artificiales lo han puesto al filo de la navaja.  Sin embargo, tiene más razones para querer seguir viviendo que para dejarse arrastrar por el peso de una enfermedad en la que no hay retroceso

¿Siempre quiso ser arquitecto?
Si, en las vacaciones de segundo año de media trabajé en la fábrica de Casa Grande dibujando piezas de maquinaria.  la torre de la iglesia de Chócope se había caído y tuve la suerte de no sólo dibujar la torre sino de cambiar la fachada de la iglesia.  De modo que esa es mi primera obra.

¿Cuántos proyectos suyos con obra hay?
Los más importantes son el centro comercial  Todos de San Isidro, el local del Banco de la Vivienda.  la obra de la que me siento más orgulloso es el aeropuerto de Arequipa.  También he realizado mucha obra urbana, como la avenida Emancipación hace treinta años, y las bases aéreas de Pisco y la Joya.

La avenida Emancipación que ha servido de modelo para el jirón Lampa...
Si, pero me parece que los arquitectos han debido tener un poco más de imaginación y no copiar algo que se hizo hace treinta años.  la ciudad debe evolucionar.

Sin embargo, hay una fuerte oposición al cambio...
Mire, al Patronato de Lima se le ha criticado mucho el proyecto de centro financiero en el casco histórico de Lima.  El Patronato ha planteado hacer de estas nueve manzanas una suerte de gran boulevard con abundante vegetación y tránsito restringido de vehículos.  Entonces aparece gente por ahí que dice no, que Lima no era antes así, pero LIma antes no era sino una acequia y tierra a ambos lados.  por favor, Lima recién se asfaltó en 1915, cuando Luis Miró Quesada era alcalde.  LO que tenemos que defender es la evolución,el cambio.

Fundalmente, la tradición no es un fenómeno estático ¿no?
Por supuesto que no.  Hay que cambiar pero respetando el entorno arquitectónico.  Si en algún momento hay que construir un edificio moderno al lado de la catedral, pues se hará, pero buscando la armonía con el conjunto.  Mire sino la Plaza san Marcos de Venecia, que tiene seis estilos arquitectónicos y es la plaza más bella del mundo.

Lima es una de sus grandes pasiones...
Indudablemente.  después de terminar mis estudios aquí, fui becado a Francia en 1953.  Estudiéen el Instituto de Urbanística de París y en la escuela de Altos Estudios de La Sorbona.  Luego trabajé en Argel un tiempo, en la época de la revolución.  Al final en 1960, retorné a Lima y empecé a estudiar la historia de la ciudad,  a copleccionar fotografías antiguas y libros sobre Lima, y también a trabajar con casi todos los municipios.

Su colección documental sobre Lima es una de las más preciadas...
Es que esto pasó de obsesión a vicio, o viceversa.  Tengo 25,000 fotografías de Lima y prácticamente todo lo que se ha escrito sobre ella desde el siglo XVII, planos grabados, etc.

Lima es una de las ciudades más hermosas del continente, y no es algo que se diga por chauvinismo.  En el fondo, hemos sido muy malos hijos de ella...
Toda la vida hemos sido malos hijos de Lima: durante la colonia, el virreinato y la república.  Tanto le hemos dado la espalda a Lima, que no se habla por ejemplo, de la Escuela Limeña, que es la madre de todas las escuelas, porque de aquí salieron los artistas que después fundaron las escuelas de Quito, Cusco y potosí, no hay que olvidar que Lima era el centro del virreinato.  Lima tiene una paternidad no reconocida sobre el barroco latinoamericano, excluyendo tal vez a México.  pero los propios historiadores Limeños lo niegan y dicen que Lima copió de todos y eso es falso.

El 17 de diciembre del año pasado en la residencia del embajador del Japón todo parecía tan normal ¿diría que esa noche cambió su vida?
Si.  Yo tengo un problema cardiaco desde hace muchos años.  En el 90 tuve dos infartos, ahora, cuatro by passes, y dentro de poco me van a operar para que me reemplacen dos.  Esa noche había olvidado llevar mis remedios, y con la tensión empecé a sentirme mal.  Yo recuerdo haberle pedido a ese señor que le llamaban "el árabe", que me consiguieran mi medicina, unas gotas sublinguales que contienen dinamita, pero él se limitó a decirme que primero iban a atender a su compañero herido.

Fueron horas de mucha angustia, horas en las que la vida pendía de un hilo muy frágil...
Así es.  Pasé la noche en la embajada pero eso es un decir, porque estuve despierto, y gracias al pedido del señor Minning, de la Cruz Roja, pude salir al mediodía del 18.  En algún momento "el árabe" me prometió que iba a salir, que no me preocupara.  Eso fue una hora y media antes e salir, pero esa hora y media fue terrible.  En ese momento se piensan cosas...

¿Como qué?
Bueno, yo mismo me ddecía que la situación iba a terminar en una carnicería y pensaba por ejemplo que eleminiarían perimero a los más viejos y así sucesivamente, porque eso decían, que nos iban a matar a todos.

¿Había vivido alguna situación similar alguna vez?
Cuando trabajaba en Argel.  En una ocasión, un comando revolucionario asesinó a un cocinero que había contratado en la puerta de mi casa.  Luego un tiempo después, salí de un cine y ahí nomás voló en pedazos.

¿Habló con algún emerretista?
No. Solo con el "árabe".  pero vi otras cosas que daba cólera... Las chicas el MRTA.  Perecía que estaban en un desfile de modas y no en un asalto.  Tenían un pañuelito amarrado al cuello, botas último modelo y armadas ahasta los dientes.  daba la impresión de que se habían disfrazado de Rambo.

Dígame ¿cómo se puede vivir sabiendo que en cualquier momento se puede colapsar?
La vida es algo comparable a la lotería o la tinka.  Sé que corro un peligro grande, tengo una arteria obstruida en un 85% y cuando menos lo espere puede venir un infarto total.  Esa es una cuestión de lotería.  Pero yo creo que lo más importante es tener metas.  Estoy escribiendo una historia de Lima, además de tres libros que ya tengo escritos y quiero publicar: una guía para el estudioso de Lima, una bibliografía completa de Lima, y la historia de Miraflores, que está casi a punto.  Entonces, tengo metas y esperanzas.  Una esperanza es, por ejemplo, conocer a mi nieta, que acba de nacer y llega a Lima al día siguiente de mi operación.
Seguir viviendo, en suma. Seguir viviendo y desear hacer cosas.  Si no tuviera nada que hacer mañana, estaría liquidado.




La ciudad iberoamericana
Programa Apostillas, emitido el 10 jul. 1991
Facetas - Centro de Investigación en Medios de Comunicación Social
Realización: Raúl Goyburu
Félix Azofra entrevista a  Juan Gunther Doering, Juan Manuel Ugarte Eléspuru y Javier Sota Nadal
video subido por Apostillas 1

[El origen del modelo de construcción de ciudades iberoamericanas, las peculiaridades territoriales de Lima, la presencia prehispánica en Lima (Armatambo, Maranga y Carabayllo),  los conceptos de poder militar, religioso y civil, la influencia de Lima en el trazado de otras ciudades de Sudamérica, la cualidad de "centro de expansión de ideas" de la capital limana, la herencia de las parroquias y el cabildo (las demarcaciones distritales y provinciales), ¿desbordadas por la realidad actual?, el deterioro del tejido social... la correlación entre forma de gobierno y tamaño se rompe desde la década de 1960... la falta de voluntad política de enfrentar el problema (coincidir en el objetivo común de reivindicar Lima),  el modernismo malentendido, la idea de entender Lima como un libro de historia abierto, etc.]









enero 15, 2008

Cafés y bares en la Lima de siempre




el Palais Concert


Lima ya no es la ciudad del Palais Concert, ahora tenemos una nueva Lima, abigarrada, neo-barroca, inabarcable, desbordada, tantas veces desconcertante. Desde hace décadas, la gran mayoría de voces emergen para rezar triunfales responsos sobre esa Lima aparentemente engreída y frívola, mimada de la Colonia, responsable de tantas promesas incumplidas de este país -hasta cuándo- adolescente.


"Autoridades" en materia cultural sentencian que las olas migratorias (que en realidad se inician antes de la época de Valdelomar y LAS) y sus fórmulas estéticas son el nuevo derrotero. Si bien es cierto que hay un enorme caudal de propuestas culturales surgidas del pueblo, que crea a partir de su matriz cultural con gran belleza y dignidad, hay también desde los medios de comunicación -que en su gran mayoría no son sino industrias con fines de lucro que ensalzan el individualismo y la lógica capitalista para el arte-, modas fabricadas bajo el título de "folclor" para enajenar, aturdir, manipular, y empobrecer el espíritu y el sentido crítico de las personas. Como sabemos, esto muchas veces está ligado al factor político.


Creo que es necesario asumir que no somos mestizos homogéneos, somos diversos, coloridos, cada cual en su propia alquimia, cada cual en sus sueños íntimos y legítimos. Se hace necesario aprender a convivir en tanta diversidad, a respetar las diferencias, a asumir un pacto social mínimo de orden y ley, y sobretodo, necesitamos conocer, amar y respetar esta ciudad en sus luces, en sus sombras, en su historia, reconocerla, aprender de ella, y darle también de lo que somos, no para conflictuarla más sino para mejorarla. Ojalá se logre.

//m. cornejo




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Fuente:
Valdelomar o la "Belle Epoque"
Luis Alberto Sánchez
Lima : Inpropesa, 1987, 3ra ed., 460 p. (pp. 166-174)
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X. Intermezzo Primero

El Palais Concert: Té, frivolidad y literatura (1914 - 1916)




Lima era a comienzos de siglo una verdadera "gran aldea", como Lucio V. López llamó a la Buenos Aires de 1890. Cualquier suceso, por trivial que fuese, con que sólo se apartara en algo de la rutina, provocaba oleadas de sorpresa, admiración y ataques. Bastaba que veinte personas resolvieran hacer una revolución para que, como el 29 de mayo de 1909, se apoderasen del palacio de gobierno y del presidente de la república. Los bailes sicalípticos de "La Nicasi" y "La Tarifeña", a los sones de "La Pulga", en la carpa del Cine Pathé, causaban tempestades, así como el beneficio de tiples ligeras como Emilia Colas, Columba Quintana y otras. La lucha entre el avezado y pequeño león Nero y un noble toro de la ganadería "Caballero" de don Federico Calmet; la coronación de José Calvez como poeta de la juventud; la llegada de Juan Bielovucic; la instalación de las juntas preparatorias del Congreso de 1911; las conquistas entre bastidores del doctor Manuel Bernardino Pérez; la exhibición callejera de una mundana francesa, Lily Brown, importada ostentosamente por Carlos Olavegoya Kruger; los fecundos amoríos de Agustito Leguía Swayne con la bailarina española "Marinerita"; todo era motivo de estupefacción y escándalo.

Los más activos mentideros estaban, como siempre, a lo largo o en las inmediaciones de la calle principal, o sea, en el Jirón de la Unión. Me parece ver algunos de ellos: Empezando por la plaza de armas, en un portal atraía el jardín Estrasburgo, en donde mucho más tarde se iniciaría el desnudismo coreográfico con el Ba-Ta-Clán chileno, llegado en 1924. En el otro portal, el de Botoneros, la Confitería Marrón, que más tarde tomaron los hermanos Grellaud convirtiéndola en cine-confitería. En la esquina de Bodegones y Villalta, como hasta hoy, el centenario Hotel Maury, su patio interior y su cantina eran rincón favorito de políticos y hacendados de provincias, sobre todo a mediodía, A cincuenta metros del Maury, en Plateros de San Pedro, la Confitería Nove, perteneciente a un suizo-francés, emprendedor y ahorrativo. Al frente, el Café Dorado, nido de toreros y periodistas. Cien metros más allá, en Plateros de San Agustín, se abrían la sucursal de Broggi y el Café Péndola, refugio preferido de escritores, estudiantes y empleados de medio pelo.

Alineados en el Jirón, lucían sus olorosas y provocativas vitrinas la Botica Francesa y la fuente de sodas Leonard, ante cuyo mostrador montaban cotidianamente dos horas de guardia Clemente Palma y José Gálvez, José Patroni y Julio A. Hernández, es decir, la gente de Variedades y La Crónica, cuya imprenta estaba instalada al frente. Coincidían todos ellos en ese lugar para platicar con el gerente de Leonard, Manuel Castillo, sobre las proezas de Piérola, el caudillo recién fallecido. Todo aquello estaba en la calle de Mercaderes. En la siguiente, la de Espaderos, se hallaba la Confitería de Broggi y Dora, y sobre la misma acera, la [confitería] de Klein; en esa misma cuadra quedaban varias tiendas de ropas y adornos para damas y caballeros, todas de origen europeo: "La ville de París", "La ville de Lyon", "The Smart", "La Samaritaine"; luego, la Botica Inglesa y la Camisería Española de García.

Don Pedro Broggi y don Nicolás Dora eran ciudadanos suizo-italianos. Klein era un francés fronterizo, que adquirió el establecimiento en traspaso de manos de otro francés, Baudrot, y se lo trasfirió a Louis Chavet, también de Francia. La Confitería de Broggi y Dora reunía, según las horas y los días, a diputados, periodistas, escritores, financieros, mundanas de alto rango y toreros de cartel. Luis Varela y Orbegoso y la gente de El Comercio solían acudir a la cantina de Broggi a beber el matinal cocktail de fresas y el bitter batido de su especialidad; de noche, el sabroso chocolate con tostadas. Valdelomar, Alejandro Ureta, el "Cholo" Meza, Carlos A. Romero (tres generaciones diversas) constituían uno de los núcleos que presidía don Pedro Broggi con sus bigotazos grises y llovidos y su discreta calva que contrastaba con unas cejas densas como guardacartones.

Sin embargo, hacía falta una gran confitería como las de Buenos Aires, Montevideo, Santiago y... París. Lima requería su "Café de la Paix", su "Copper kettle", su confitería de "El Molino" o "Del Águila", o de Palet. Algo vasto, alegre, sonoro y nuevo. Aquel anhelo se concretó el año de 1913, al inaugurarse, en la esquina de Baquijano con Minería, una enorme confitería, toda ella luciente de mamparas, escaparates, espejos, lámparas, música y sabroso olor a chocolate, vainilla, jengibre, canela, café y gin. Allí se encontraron para lanzarse a la reconquista del espíritu del Perú, los futuros "colónidas", los niños góticos, la crema juvenil, formada en San Marcos, Guadalupe, La Recoleta, los jesuitas y... el fumadero del chino Aurelio, en la calle Hoyos.

Tratando de reconstruir mis propios recuerdos y experiencias, fui habitué del Palais desde 1916 en que salí del colegio hasta 1930 en que quebró el establecimiento. Ocuparía unos veinticinco metros de fachada sobre Baquijano con unos treinta de fondo, sobre Minería. Constaba de dos salas para el público, más la confitería y el bar. En la sala grande había unas ochenta mesas de metal, pintadas de blanco, con cuatro sillas de mimbre cada una; en la sala menor, unas veinte mesas. Las paredes eran de espejos según la más acrisolada tradición art nouveau. Entre la sala grande y la chica, dominándolas, se levantaba una plataforma casi aérea. En ella actuaban las "damas vienesas", o sea, un septeto de señoras rubias, sonrosadas, gordas y sonrientes que interpretaban valses vieneses y lieds germánicos a piano, violín, cello y contrabajo. Una de ellas, Frau Erlich, que tenía un tipo rubio y ojiazulada como una gretchen, era madre de una muchacha que fue mi alumna en el Deutsche Schule, pero eso ocurrió muchos años después.

Bajo la plataforma, sentado en posición de poder contemplar a las "vienesas", solía pasar largos ratos un artista alemán pelucón que se apellidaba Grimm. No recuerdo si era pintor o violinista. Deliraba por Schumann y por una de las damas ejecutantes. Valdelomar solía charlar larga y animadamente con él. Cuando en 1917 llegó la Pavlova, ante cuyo arte caímos de rodillas desde profesionales hasta amateurs, Grimm nos acompañó en el homenaje; pero él estaba enamorado de Stefa Plaskovietska, cuyas piernas mórbidas cruzaran más de una vez por nuestros sueños. Alexander Volinin, discípulo aventajado de Nijinsky, disputaba el honor de tales homenajes.

Regentaban el Palais Concert, José Visconti, un italiano gordo y sonriente, y José Velázquez, un criollo cazurro y de antiparras. También ellos administraban el Maury y el Zoológico, por lo que las "damas vienesas" completaban su jornada musical en uno y otro sitio. Pero quienes manejaban el bar y la confitería eran dos hermanos de origen cuzqueño, los Gamarra, Alberto y José; y quien se encargaba de la caja era un colombiano, de apellido Valenzuela: buena copa, gran voz y mejor corazón.

Por las mañanas, a partir de las once, se reunían, en una de las puertas de la confitería, Valdelomar, Augusto Leguía Swayne, Enrique Catter, Fernando de los Heros, Herbert Trou, Alfredo González Prada, Hernán C. Bellido, Félix del Valle, Raúl Rey y Lama, José Bernardo Goyburu, Luis Góngora; a menudo caían Alejandro Ureta, Ladislao F. Meza, José Carlos Mariátegui, Abelardo Herbert, Enrique Álvarez Calderón, Federico More, Carlos Olavegoya Kruger, Ismael Silva Vidal, Jorge Arróspide Loyola y Pablo Abril de Vivero, et sic de coeteris: malicia y alegría.



Dividamos el grupo: los "ñatos", es decir, los más narigudos, casi de ofensivas narices, eran los de más apretado talle y mayor solvencia económica (Leguía, Heros, Arróspide, Catter, Álvarez Calderón) ; había otro sector, los escritores (Valdelomar, Del Valle, González Prada, Silva Vidal, Abril, Mariátegui, Góngora); luego, los aficionados a los usos de los literatos (Trou, Bellido, Herbert); los adictos a drogas y hasta algunos sospechosos de homosexualismo; los alcohólicos; los sencillamente bohemios y amantes de la vida. Grupo alterno, abigarrado, heterogéneo, pero entusiasta, vivaracho, esteticista y admirador de don Manuel González Prada, de Óscar Wilde y, sucedáneamente, de Verlaine, Lorrain, Valle Inclán, Chocano, y por convicción de época, de José María Eguren.

Por la tarde, a las seis, el grupo acrecentado volvía a ese mentidero, acrecentado de té inglés y café de Chanchamayo. A la puerta de la cantina montaban guardia Meza, Ureta y, desde 1918 hasta 1923, César Vallejo.

Esparcidos en diversas mesas, a la hora del té, los "góticos" y "colónidas" se entretenían en discusiones bizantinas y en escribir con toda publicidad sus artículos para la prensa o sus dedicatorias para los álbumes de las muchachas snobs, que solicitaban con sinceridad y coquetería el honor de un autógrafo de tan célebres personajes. Valdelomar escribía en el de Gabriela Urvina, en francés y con faltas de ortografía, los versos de Verlaine, de Fétes galantes:

Les sanglots longs
des violons
de l'automne
blessent mon coeur
d'une langueur
monotone.

Cuando sorprendía alguna mirada sobre él -y era casi todo el tiempo-, se besaba las manos diciendo en voz alta a Mariátegui (entonces un pálido adolescente cojitraqueante y narcisista): "Beso estas manos que han escrito cosas tan bellas." Mariátegui respondía solemne y teatral: "Hacéis bien, conde: lo merecen". Valdelomar usaba el seudónimo de "El Conde de Lemos"; Mariátegui, el de "Juan Croniqueur". Valdelomar acuñó entonces el inolvidable y falaz sorites: "El Perú es Lima; Lima es el Jirón de la Unión; el Jirón es la Unión es el Palais Concert; luego el Perú es el Palais Concert."

Una de esas tardes arropadas por la delgada y plomiza garúa limeña, Valdelomar, requerido por alguna admiradora, escribió en una servilleta el siguiente soneto, inspirado en los Bonetillos del Lugones de Lunario sentimental:

Tu sonrisa traviesa
se miró en el plaqué
de la tetera obesa
y en la taza de té

La música vienesa
aletargó el Palais
Rimé de sobremesa
un verso sin por qué

Soñé la tontería
de una galantería
bella y sentimental

Te busqué en el espejo
y el milagro complejo
me hizo sentirme dual.

Este tipo de composiciones -madrigalescas, galantes, ligeras- era acometido, tal vez, perpetrado, no sólo por "El Conde de Lemos" sino también por Mariátegui y por Alfredo González Prada. Se vivía en un ambiente de la más contagiosa frivolidad, teñida sin embargo de angustia. Buscaban sensaciones fuertes, emociones singulares. Para ello, en no peculiar cotejo, apareaban las fugas a los paraísos artificiales con los sanos paseos a pie desde el Palais Concert hasta el paseo Colón o hasta el vecino parque de Neptuno, haciendo perenne la primera "falsa carátula" de Colónida.

Era éste un retazo de Lima lleno de encanto. Al terminar la calle de Juan Simón, se abría un amplio y poético parque con todos los perfiles del Parc Monceau de París. Durante la Colonia se levantaba allí la Portada (como acceso a la ciudad) que da nombre a la calle. A la sazón, en 1915, se habían refugiado, por ser calle extramural, un número considerable de prostitutas de distinto pelaje y precio.

El parque de Lima ocupaba apenas una manzana, o sea unos diez mil metros cuadrados. Lo cruzaban senderos de tierra apisonada, recubiertos de hojas secas y orugas, negros gusanos vegetales. Caían éstos de los coposos ficus que, medio claudicantes, se alzaban de trecho en trecho, señalando los caminos que conducían hasta una fuente de bronce, parecida a la de las Nereidas al final de la vía Nazionale de Roma, la cual fuente, me refiero a la de Lima, tenía en el centro a un Neptuno de luengas barbas verdosas, tridente filudo y aire profético, de cuya base partía una cuadriga de caballos marinos, como los que sujetaba Nereo en el mito inolvidable. En el parque, cada cierto trecho había una banca de mármol. En ellas sentábanse por la mañana estudiantes ávidos de paz y aire, para concentrarse mejor en sus estudios, sobre todo en vísperas de exámenes.

De tarde se adueñaban del parque los desocupados o simplemente los ociosos sin dinero, es decir, los "garifos", por lo que aquel lugar era conocido también por el nombre de parque de los garifos. Cuando llegaba el otoño, los senderos se veían como tapizados de hojas secas, amarillentas, casi doradas que al paso del hombre crepitaban como pan recién salido del horno. No faltaban parejas de enamorados, pero éstas preferían cruzar la acera y refugiarse en el paseo Colón, arteria de medio kilómetro de longitud a la que acudía la flor y nata de la juventud de Lima para contemplar el desabrido crepúsculo, para atender al asomar de la luna, para pasearse al fulgor tenue de los faroles de gas, para intercambiar miradas, palabras, suspiros, promesas; entrelazadas las manos; lento el paso, mecidos por los efímeros sueños de la mocedad. Valdelomar solía acudir al parque Neptuno al caer la tarde, rodeado como un príncipe renacentista de amigos y discípulos. Allí leían la edición Jardines Lejanos de Juan Ramón Jiménez, libro de traslúcidos y leves romances llenos de serenatas, plenilunios, rosas blancas, violetas azules, pensamientos, malvas, sangrientos claveles y púdicas azucenas.

Discutían, recitaban, reían, se daban el lujo de olvidarse del trajín rutinario, de sentirse en plena libertad. Ahí nació, repito, aquel “Ladrón de rosas” que aparece en el primer número de Colónida.

[…]






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Video:

Bares de Lima
Programa "Presencia Cultural"







Links:



Refugios y refugios - Magda Simons
(Era un lugar de prestigio y bohemia, hoy es un lugar de juerga y olvido. Se llamaba el Palais Concert, hoy se llama Cerebro...)
Fotos de Lima monumental




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agosto 14, 2007

Los tambos de Arequipa

[última actualización: 28 dic. 2010]


Arequipa, soleada lejanía del alma, aldea de la ternura;
tu nombre lo escribe un vuelo tendido de golondrinas
Tus árboles envejecidos lejanos se mecen en mi cariño
y toda mi pena callada se va alegre a repartirse
en las alas de tus pájaros
(...)
Arequipa, te recuerdo callado, triste como tus tardes;
pero así me quedo con los ojos abrazados a tus crepúsculos
y mascando una rama de tu cielo

Ausencia de Arequipa - Guillermo Mercado



Tambo "La Cabezona" al lado del Puente Bolgnesi - Nocturno de los Hermanos Vargas, 1920's


Hasta hace unas décadas, existía en la región surandina el comercio a lomo de nobles animales como llamas, y mulas (en las zonas rurales persiste aún; el año 2003 pude ver llameros indígenas en Pampacolca, provincia de Castilla, cerca al pueblo de mi madre -Tipan-). Llameros, muleros o arrieros, eran personajes ineludibles en la vida cotidiana de las personas,de la región, pues traían desde tierras lejanas, preciadas mercancías para intercambiarlas con los productos locales. De vida singular, se trasladaban en solitarios y largos viajes que cubrían distancias insospechadas, tanto hacia la costa como hacia la región collavina (llegando hasta el NOA argentino). Los comerciantes llegaban expectantes a las posadas, en busca de alimento, abrigo y compañía (como es de suponer, principalmente compañía femenina). En Arequipa estas posadas conservaron el nombre de "tambos", castellanización del término quechua "tampu", que designaba a las construcciones estatales del inca, situadas a lo largo de Qhapaq Ñan (tampus que servían como centros de almacenamiento y redistribución de bienes, principalmente alimentos y tejidos).

En Arequipa el tambo prehispánico más conocido era el “Tambillo”, ubicado en el valle de Siguas sobre el camino que cruzaba el desierto. Cuando llegaron los españoles en 1540, lo continuaron utilizando. Desde entonces el arrieraje ha durado más de 350 años en Arequipa, y hoy en día hay aún fuertes huellas de su existencia.

Después de su fundación hispana, la ciudad de Arequipa vió aparecer pronto sus propios tambos, instalados en las márgenes de la ciudad; son de los más antiguos los de Antiquilla y Beaterio, que se instalaron en la "ribera opuesta" del río Chili (en el lado de "La Chimba"). Cuando se construyó el Viejo Puente, hoy llamado Puente Bolognesi, para comunicar la ciudad con las campiñas (como las de Cayma y Yanahuara), los tambos se fueron instalando en torno a él, más cerca del centro de la ciudad. Las paradas previas de los viajeros estaban tanto en el desierto de Vítor como el valle del Colca (tierra de collaguas).

La mayoría de tambos data del siglo XVIII. Al inicio fueron construcciones precarias: pequeñas habitaciones en torno a grandes patios donde se descargaban los animales y se guardaban las mercaderías, amén de amplios corrales para guardar llamas y mulas. Pasando el tiempo, para acceder se franqueaba un gran portón y un zaguán abovedado, las habitaciones mejoraron con bóvedas de sillar, recias puertas de sauce, postigos de hierro forjado y a veces, pequeñas ventanas.

Era cuestión de tiempo para que aparecieran diferentes negocios y talleres de artesanos (sastres, zapateros, herreros, talabarteros, armeros, constructores de instrumentos, etc.) ofreciendo servicios complementarios a este circuito económico. Aurelio Miro Quesada, en su libro Historia y leyenda de Mariano Melgar 1790-1815 (Lima: Fondo Editorial UNMSM, 1998) cita a Juan Domingo Zamácola y Jáuregui, (Apuntes para la historia de Arequipa. Arequipa: Primer Festival del Libro Arequipeño, 1958, pág. 30) acerca del comercio en la Blanca Ciudad:

  • Al lado de la agricultura, la otra base económica de Arequipa la constituían la industria y el comercio, si no verdaderamente intensos, por lo menos asentados en la realidad y afortunadamente diversificados. De especial importancia era lo relacionado con el transporte, que alcanzaba una proporción muy alta, con un crecido número de arrieros que facilitaban la entrada y salida de mercaderías y servían como un medio de comunicación irremplazable. De la sierra o la costa, de las tierras lejanas o los valles fecundos o vecinos, por el camino "a la mar" o el "del volcán", llegaban barras de plata, telas, libros, vinos, alimentos, que entre la algarabía de las recuas y el animado pregón de los arrieros daban a la ciudad un vistoso carácter de centro de relación y de intercambio de mercaderías y de ideas. Entre la industria textil, de lienzos de algodón, bayetas, paños y frazadas, y la curtiembre de pieles, que proveía de vaquetas, cordobanes, gamuzas, pergaminos, la actividad comercial era abundante. Había numerosos zapateros, "oficiales de albañilería, carpinteros, escultores, alfareros, herreros, sastres, sombrereros, tintoreros, doradores, pintores al temple" y hasta oficiales de relojería.
Hoy en día aún tenemos en el Puente Bolognesi varios de estos tradicionales negocios. Estos comerciantes fueron el complemento de los tambos y sus futuros moradores. Desde mediados del siglo XIX la ciudad fue ofreciendo mejores servicios en hoteles cerca al mercado San Camilo, por lo que los tambos fueron siendo ocupados como viviendas permanentes por los artesanos y comerciantes. Así surge una modalidad arequipeña del vecindario popular, del lar de la clase artesana y obrera: patios comunes, macetas con flores y hierbas frescas para la comida, batanes, caños, lavaderos, tendales y baños comunes... y claro, hartas historias y chisme. La frecuente ausencia de ventanas, se compensaba dejando las recias puertas abiertas, con un biombo que dejaba un metro o metro y medio entre el dintel y el espacio interior; solían verse macetas de flores y un banquito para sentarse un rato a ver afuera, ir escogiendo el arroz, pelando las papas o las habas para el chairo, la timpusca o el chaque, o simplemente conversar.

Quién de los arequipeños no hemos tenido entrañables amistades o familiares que vivían en estos tambos, o no hemos ido a la humilde costurera, o la verdulera, que complementaba su precaria economía con estos negocios, sea en sus habitaciones o en las afueras de los tambos. Muchas veces las personas de clase media y alta veían con distancia y reticencia este mundo de gente sencilla y honesta, que se ganaba el sustento con sus manos.



Principales tambos (datos de la Oficina Técnica del Centro Histórico de Arequipa, a 2004)

Declarados monumentos históricos:
  • Tambo de Bronce. Barrio El Solar, calle Puente Bolognesi 333 . Actualmente son propietarios de este monumento 21 familias que lo usan para vivienda y algunos para negocio. Se ha concluido el proyecto de restauración.
  • Tambo del Matadero. Calle El Solar 419, barrio del mismo nombre. Funcionaba como camal, de allí el nombre. En la actualidad habitan en él 35 familias. Se ha concluido el proyecto de restauración
  • Tambo Ruelas. Calles Beaterio 157-159 y Recoleta 100, es probable que exista desde el año 1700. Su característica singular es la superposición de estilos que presenta: colonial, republicano y contemporáneo y es el único que conserva su autenticidad y carácter.
  • Tambo de la Cabezona en la calle Puente Bolognesi. El mayor y más bello tambo. Se está haciendo el levantamiento y relevamiento familiar. Es el segundo en tamaño.
  • Tambo de la Ranchería en la calle Octavio Muñoz Nájar. Actualmente desocupado y en proceso de habilitación de centro comercial).
  • Tambo de los Jesuitas en la calle Palacio Viejo. Actualmente funciona como comisaría de la PNP.
En proceso de ser declarados monumentos:

En la calle Puente Bolognesi existen tambos menores, que están en proceso dedeclaración como:
  • Tambo Las Carmelitas, vivienda tugurizada 10 familias.
  • Tambo Negrón, vivienda tugurizada, 6 familias.
  • Tambo Flores, conservado y reciclado para uso comercial.
  • Tambo Salas, en la calle Beaterio. Está en abandono y desocupado.
  • En la parte posterior del Mercado San Camilo a inicios del siglo XX se edificó un gran hospedaje de sillar que muchos años después se tugurizó, es la famosa Casa Rosada.
  • En el Barrio del Solar, en la calle Moral se construyó un gran complejo para obreros, es el llamado “Castillo del Diablo”, el mayor tugurio de Arequipa.
Cabe mencionar otros tambos históricos como los siguientes: Tambo Morte Musca, Tambo de Santiago, Tambo de la Quiteña, Tambo de Barreda, Tambo del Buque, Tambo de la Palla, Tambo de Gutiérrez, Tambo de la Ranchería (de la calle Octavio Muñoz Nájar, recientemente demolido).

Nuestros tambos poseen un valor histórico y monumental único, nos trasladan a esa Arequipa de veras, de fuertes aires hispano-medievales, austeros, recios y bellos al mismo tiempo, pero también con el sello popular del artesano y el comerciante criollo, indígena y mestizo, que bien hacían maravillas con sus manos, bien nos traían desde lejos la (deliciosísisma) chalona de lengua de carnero, o los quesos de Pampacolca o de Paria... Vivencias que palpamos en nuestra infancia, y que nos han marcado para siempre. No valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos...

Los tambos son parte esencial de una forma muy particular de vivir el mundo, por ello, enhorabuena por los proyectos de restauración que hacen justicia a nuestra bella de propios y extraños, Arequipa, Patrimonio Cultural de la Humanidad.

//m.c.d.

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Crónica sobre el tambo "La Cabezona"
(click para ampliar)




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La gloria del sillar de Arequipa ("...Las fachadas de sillar no se pintaron jamás y es inaceptable que algunos malos ‘decoradores’ insistan en maltratar el Centro Histórico de Arequipa pintando las fachadas de piedra de todos los colorines imaginables, para convertir a la Ciudad Blanca en un gigantesco chifa al aire libre") - César Coloma Porcari
El Barrio del Solar - fotos (recientemente restaurado)