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septiembre 04, 2022

"El Cajero"

Fuente: 
Antología  general de la poesía en La Libertad (1918-2018)
Bethoven Medina
Lima : Academia Peruana de la Lengua, 2019, pp.101-102
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"El Cajero" 

Clodomiro Magno Guevara  "Clomague"  
[Huamachuco 1898-1951]

Resoplando en el gajo melodioso
de saúco que su mano ha modelado,
waitanea con ritmo cadencioso
el tambor de pellejo bien templado

Quién como él cuando Octubre ha despertado
o Agosto, con sus días de alborozo
no hay un músico, entonces más mimado
que el cajero montes y bullicioso

Del gran Santo de Asís en los altares,
¡es de verle!, chambergo a medio lado,
golpe y golpe a la "caja" en un rincón

Mientras mozos y mozas populares,
van danzando con mucho desenfado,
embriagados de inkásica emoción



origen de la foto aquí

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Vídeo

Los chirocos de San Alfonso



Enlaces

Los cajeros o chirocos de Santiago de Chuco
El folklore de Huamachuco y su evolución - conferencia, agosto 2020 [min. 43:40: "Música tradicional autóctona y folklórica"  por  Marino Esteban Ruiz Castillo]





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abril 25, 2018

"Contribución al conocimiento de los juegos en el antiguo Perú"


Fuente:
Peruanidad / órgano antológico del pensamiento nacional
Lima : Ministerio de Gobierno : Dirección de propaganda e informaciones, Vol. II, set-oct. 1942, N° 10, pp. 831-837


Contribución al conocimiento de los juegos en el antiguo Perú
Emilia Romero


CF. el trabajo de la misma autora: Juegos del antiguo Perú: contribución a una historia del juego en el Perú
[México DF : Ediciones Llama, 1943, 40 p.]


El presente trabajo tiende meramente a catalogar algunos de los juegos que practicaban los antiguos peruanos, y sobre los cuales hay referencias históricas y tradicionales. Presentamos aquí los mejor conocidos y difundidos en el país.


Wayru

Bertonio lo describe así: “Huayrusitha, Piscasitha, jugar con unas piedrecillas, adelantándolas en sus hoyitos, según los puntos de una manera dé dado grande; en uno de estos juegos, van adelantando las piedras alrededor o en círculo, en otros dan vuelta como río” (1). Morúa dice: “Jugaban estos indios con un solo dado que llaman Pichca, de cinco puntos por un lado, uno por otro, dos por otro y por otro tres, y el otro lado cuatro y la punta con una cruz que vale cinco, y el suelo del dado veinte y así juegan hoy en día; y esto lo usan así los indios como las indias aunque fuera de conejos, que ellos llaman cuye», no juegan cosas de plata” (2).  Cobo dice: “el llamado Pichca era como de dados; jugábanlo con un solo dado de cinco puntos que no tenía mayor suerte” (3).  Frase que como se ve ha sido copiada de Gómara y nos prueba que él no vio a los indios practicar este juego.

Amaga refiere que durante el Pakarikuk, o sea el velorio de los difuntos que duraba cinco días, solían los indios jugar este juego y después se dirigían a un río a lavar la ropa del muerto (4). En la descripción del Wayru que aparece en los documentos de Odriozola a que- hemos aludido anteriormente, también se dice que lo jugaban durante el duelo de los entierros de los indios, pero “aun siendo este juego propio de ellos; lo acostumbran muy poco y por lo regular sólo cuando empiezan a beber” (5). Con relación a esta costumbre vemos que hoy en la región de Ancash, llaman Pitchkakuy a la ceremonia de velar al difunto, llevar luego sus ropas a lavar y distribuirlas enseguida entre los deudos del muerto(6).

Esto indicaría que el Wayru era sólo un juego ceremonial y así lo creen Tschudi (7) y Karsten que en nuestros días ha estudiado la supervivencia de este juego entre los indios salvajes del Oriente; pero según hemos visto, Morúa le da un sentido muy diferente. Nos dice con claridad que por medio del dado, jugaban los indios sus animales. Cobo, a su vez, sostiene que los indios jugaban “más por entretenimiento que por codicia de ganancia si bien a veces iba algún precio, como eran mantas, ganados y otras cosas; mas esto era en poca cantidad y sin picarse mucho al juego” (18). En otra parte, el mismo Cobo nos refiere que fue el Inca Túpac Yupanqui quien lo llamó Wayru, en homenaje al nombre de una de sus esposas predilectas, la cual presenciaba una partida de este juego en Yucay y recibió la joya que el Inca ganó al salir vencedor “ y desde este juego mandó el Inca que el número uno se llamase Guayro en toda la tierra en memoria de la suerte y ganancia que con él hizo en nombre de esta señora...” (9).

Veamos ahora cómo otros describen el dado. El padre González Holguín en su Vocabulario quechua se expresa así: “Pichcana, un palo seizabado con que juegan”(10) Bertonio dice que el dado o Pichca es de madera (11) y Morúa explica: “la pisca es como una perinola, aunque no anda, antes arrojan y descubre el punto, como a la taba o dados” (12).

Lo que extraña de este juego es que, si tanta importancia le daban los indios, según se desprenda de lo anterior, no lo hayan representado en los ceramios Que tan valiosa documentación presentan para las demás costumbres aborígenes. Tampoco sabemos que se haya encontrado el dado en las tumbas precolombinas. Karsten recogió entre los indios Canelos del río Bobonaza un dado de hueso que creyó de llama usado para este juego, que conserva el nombre de Wayru, y asegura oue el dado está muy gastado y evidentemente es muy antiguo (13); pero Nordenskiold impugna esta afirmación, probando que el dado hallado por Karsten es de hueso de vaca (14). Parece también que Rivet encontró en la misma región un dado semejante hecho igualmente- de hueso de vaca. Boman afirma haber hallado en las sepulturas indígenas astrágalos de llama aislados, sugiriendo la posibilidad de que se relacionen con la taba y esto ha influido sin duda en la afirmación de Karsten (15).        

Lo que sí está fuera de duda es que en la actualidad el Wayru aún se juega entre los indígenas de diversas regiones. Y creemos que de haberse practicado e» la época precolombina debió haber sido no’ sólo como juego ceremonial sino también de azar, por muy poco dados al juego que hayan sido los indios y por muy estricta que fuese la reglamentación inkaica.


Halankolasitha o Halankolatha

Según Bertonio “es un juego que se parece algo al de las tablas y van adelantando las casas con estas palabras, Halan cola. A su traza llaman Aucattana y al dedo de madera que usan, Pisca. Y a los agujeros u hoyitos del juego les dicen Halancola (16).


Hunkusitha

Según el mismo Bertonio es “jugar como a la taba con un dado grande de madera, adelantando unas piedrecitas en sus casas u hoyos, lo mismo que el halancolatha (17).


Chunkara

Cobo describe este juego que tal vez sea al que alude Garcilaso, como hemos visto anteriormente: “El Chuncara era otro juego de cinco hoyos pequeños cavados en alguna piedra llana o en tabla: jugábanlo con frijoles de varios colores, echando el dado y como caía la suerte los mudaban por sus casas hasta llegar al término: la primera casa valía diez y las otras iban creciendo un denario hasta la quinta, que valía cincuenta (18).


Takanako
Cobo dice: “el Tacanaco era otra suerte de juego con el mismo dado y frijoles de varios colores como el juego de tablas” (19). Podría ser que correspondiese al que en aimara Bertonio llama Halankolatha


Apaytalla

Cobo se limita a citarlo y Murúa lo describe con más detalles. Según él, fue inventado por la koya Anawarke, esposa da Pachakutek, y era así: “es un género de frijoles redondos de diversos géneros y nombres e hizo en el suelo con la cabecera alta de donde sueltan los tales frijoles y el que de ellos pasa adelante y hace ruido, más gana a los otros; está con sus rayas y arcos a manera de surcos y tienen sus nombres particulares. Jugaban así este juego como actos muy ordinarios, que estos indios llaman Pisca, con su tabla y agujeros donde iban pasando los tantos” (20).

En la cerámica Muchik encontramos algunas representaciones en las que creemos ver la reproducción de este juego. Comparando la descripción de Morúa con la fig. 1, notamos una gran semejanza y esto nos induce a emitir la hipótesis de que se reproduce allí una escena de este juego. De ser efectiva probaría que el juego no pudo ser inventado por la koya Anawarke, sino que se conocía desde tiempos anteriores, dado que la cerámica Muchik es anterior al período de los inkas.


Aukay

Descrito por Morúa en esta forma: “era una tabla con frijoles de diversos colores y dificultoso de jugar; echan también la pisca como queda dicho, el cual es un juego muy gustoso” (21).


Kumisitha o Kumisiña

Dice Bertonio que era un juego parecido al de la oca aunque en muchas cosas difiere, pero agrega en otro lado que los indios llamaban también así al juego español del Alquerque y al Ajedrez “porque los indios no distinguen los juegos, sino miran al modo” (22).

Y ahora, si buscamos una descripción española del Alquerque o Tres en Raya la encontramos así: “Juego de muchachos que se juega con unas piedrecitas o tantos, colocados en cuadro, dividido en otros cuatro, con las líneas tiradas de un lado a otro por el centro, y añadidas las diagonales de un ángulo a otro. El fin de este juego consiste en colocar en cualquiera de las líneas rectas los tres tantos propios y el arte del juego es impedir que esto se logre, interpolando los tantos contrarios ((23).

Sería interesante estudiar la influencia que este juego traído por los españoles a raíz de la conquista, tuvo sobre los indígenas y al mismo tiempo llegar a establecer a cuál de los anteriormente citados corresponde el Tsouka, Chukaray, Chunkanti o Shuko, jugado en la actualidad entre los indios que forman las diversas tribus del Oriente Amazónico y que describen Nordenskiold y Karsten (24).

Por otro lado, Nordenskiold sostiene que este último juego, el Tsouka, corresponde al Chunkara descrito por Cobo y que ciertos artefactos indígenas, de madera y de piedra encontrados en las tumbas, los cuales tienen una forma plana con ciertas cavidades regulares abiertas en ellos, debían servir para aquel juego (25). Otros opinan que dichos artefactos servían de contadores o aún de trofeo de guerra, de modo que la afirmación de Nordenskiold sólo se puede admitir como hipótesis hasta que el punto se haya dilucidado por completo.

Fuera de estos juegos que tienen entre sí cierto parentesco y que habría necesidad de estudiar detenidamente a fin de encontrar la correspondencia exacta entre los nombres quechua y aimará, encontramos el siguiente que, a nuestro parecer, tiene también sentido ceremonial.


Chawasiña

Bertonio escribe: “juego bárbaro en que se sacuden unos a otros los mozos divididos en bandos y se lastiman muy bien, y en cada pueblo tienen día señalado para esto” (26). Usaban en él una soga de nervios que tenía el mismo nombre del juego.

Con relación a este juego que bien pudo no serlo, sino más bien una ceremonia ritual, encontramos una descripción dada a mediados del siglo XIX por un misionero que estuvo en las Guayanas y presenció una danza arawak, llamada Maquarri: “Los jóvenes y muchachos fantásticamente adornados, se colocaron en dos filas paralelas, unos frente a otros, llevando cada uno en la mano derecha el Maquarri del cual la danza recibe su nombre. El Maquarri es un látigo de más de tres pies de largo, capaz de producir un golpe doloroso, como puede verse por la forma como les sangran las piernas. Sacuden esos látigos en sus manos a medida que bailan, lanzando gritos alternados que se asemejan a la nota de cierto pájaro que a menudo se oye en la selva. A cierta distancia de los bailarines Se veían parejas de hombres azotándose unos a otros en la pierna. El hombre a quien le tocaba recibir el golpe se mantenía firmemente en una pierna, avanzando la otra; mientras su adversario, deteniéndose, calculaba cuidadosamente la dirección y saltando del suelo para añadir fuerza a su golpe, causaba a su adversario una herida dolo- rosa. Este último no daba ningún signo de haber sido herido, salvo una sonrisa desdeñosa, aunque podía haberle hecho brotar sangre el latigazo que, después de una corta danza, era devuelto con igual fuerza”... (27).


Simpasitha

Entre los jóvenes enamorados se usaba el juego de Simpasitha que Bertonio describe así: “es jugar los mozos y mozas con un cordel que revuelven en los dedos para adivinar si su enamorado la quiere o no. Es como juego de pasa pasa, eso mismo hacen con unos huesecitos que sacan de la cabeza del cuy y los echan en un vaso de chicha y si el uno va tras el otro dicen que se quieren”. Es embuste del demonio, concluye desolado el celoso jesuíta (28).


Puma

Había también otro juego llamado Puma, citado por Cobo y en los vocabularios de González Holguín y Torres Rubio, pero ninguno de ellos da la menor indicación en cuanto a la forma de jugarlo.
Entre los juegos de habilidad física y los infantiles queda aún, más que en los anteriores, la duda acerca de su antigüedad, porque Bertonio que es quien los describe en 1612, no hace la distinción de si fueron o no introducidos por los españoles. Por lo demás, son tan sencillos que bien pudieron haberlos ejecutado los ir-dios sin necesidad de verlos practicar.


Pekositha

No se encuentra en los huacos ninguna representación de la pelota o pekositha y tampoco restos de ella en las tumbas de los aborígenes, pero dos de los cronistas nos hacen sospechar que quizá la jugasen antiguamente. En México y Centro América nos aseguran los arqueólogos que han encontrado señales de que se jugaba el tlaxtli, principalmente entre los mayas del Segundo Imperio, y Nordenskiold que ha estudiado la correspondencia de los elementos culturales entre América del Norte y del Sur, sostiene que el hockey se practicaba entre los indios de los EE. UU. y también entre los del Chaco, en Bolivia, y dice que los Chiriguanos al igual que los Algonkinos jugaban con raquetas (29). En el Perú no se ha encontrado hasta el momento algo remotamente parecido, pero Cabello Balboa nos refiere que Mayta Kapak se hallaba en Korikancha con Apak Konde Mayta y Takachgay, sus primos, y con otros jóvenes de su misma edad jugando un juego de pelota llamado Kuchu, en momentos en que llegaron diez indios con el propósito de atacarlo. Mayta Kapak adivinó la mala intención de los recién llegados y les lanzó la bola con tal fuerza que de un golpe mató a dos (30). Sarmiento de Gamboa por su parte, relata el mismo incidente en forma más sencilla (31)

Sorprende que nadie haga la menor alusión a la pelota en relación a los tiempos posteriores.
Bertonio sin entrar en mayores detalles dice que jugar a la pelota se decía Pocositha y que la pelota, llamada peco papa auqui,era de lana revuelta con mucho hilo. También da diversos términos para el juego de la pelota. Dice que arrojar la pelota se decía Haccotatha y arrojarla hacia arriba Halutatha, Thocutatha (32). González Holguín llama a la pelota papa auqui y jugar a la pelota papa auquicta pucilachiri o papa auqui huan pocllanni. Lanzar la pelota se decía lluspichini y hacerla rebotar lluspircucta cutichini (33). El término papa auki ha desaparecido en la actualidad, pero subsistió por lo menos hasta 1754, época en que según vemos en la edición de ese año del Vocabulario de Torres Rubio, ya se consideraba anticuado (34).

La variedad de términos relacionados con la pelota indicaría que en el caso de haber sido introducida por los españoles, lo fue desde los primeros días de la Conquista.


Hankutatha o Hankutasitha

Los muchachos indígenas parece que tenían entre sus juegos la costumbre de correr asidos el uno detrás del otro, en la misma forma en que lo hacen en todas partes los niños, pero aquí imitaban la forma de la serpiente. Bertonio describe así esta manera de jugar: “Jugar los muchachos asiéndose unos a otros del vestido y corriendo a vuelta de culebra” (35).

Quizá al correr en esta forma los muchachos intentaban imitar la danza de la serpiente que los grandes efectuaban y que nos describen algunos cronistas.


Kiraapasitha

Este juego lo describe Bertonio en esta forma: “jugar los muchachos llevándose unos a otros, sentándose sobre el cuello y colgando los pies, los pechos abaxo del otro” (36). En la actualidad llevar así a un niño en las espaldas se dice “llevar a pache”.              ,


Kuumpikipatha o Kellikipatha

Asimismo practicaban un juego que aún se usa entre nosotros, el cual consiste en poner la cabeza en el suelo, levantando  los pies en el aire y dar un volatín. Bertonio lo describe en esta forma: “boltear los muchachos poniendo la cabeza en el suelo y los pies en el aire” (37).


Thokuhokatha o Thokunokasitha

El salto largo de nuestras lides deportivas, podría también haber sido practicado por los indígenas. Bertonio nos dice: “era jugar a quien salta más, rayando o señalando qué tanto salta cada uno” (38).


Kapanokatha o Killutha kellunokatha

En cuanto a este juego sólo nos dice Bertonio que “era jugar los muchachos dando vuelta con la cabeza” (39). Ignoramos en qué consistía la habilidad de este juego.


Kawisitha o Kawisiña

Este juego lo nombra Bertonio sin describirlo y sólo dice que era jugar a las argollas (49). Podría tal vez tener relación este juego con el “ring-and-pin game” que Nordenskiold afirma haber encontrado en Norte América y que el jesuita Sánchez Labrador encontró en el Paraguay y describe así: “Hacen cincuenta y seis o sesenta argollitas de la corteza dura de una especie de calabaza amarga. Por medio de todas pasan un hilo largo de una vara. La una punta está atada a la última argollita, y la otra a un palito pulido de: casi tres cuartas. Dejan caer todas las argollitas, que estribando unas en otras, están bien juntas. Después las despiden al aire enderezando al mismo tiempo la punta del palito a la primera. No sueltan el palito y la habilidad consiste en ensartarlas todas al aire, y el que lo logra, gana.  “Juéganle muchos en rueda, porque ensarte o no las argollas, la destreza se prueba una vez sola, y después espera que concluyan los demás de la rueda” ((41).


T'inkat'Asitha

Dice Bertonio que es jugar a los papirotes, pero no da ninguna explicación (42). En quechua se decía a los papirotes t’ inkani y dar muchos t’ inkapayni (43).


Kala liwi

Parece que los muchachos tenían un juego a imitación del Liwi que los indios usaban en sus guerras. El nombre de Kala Liwi lo da Bertonio a continuación de Yauri Liwi que nos dice, servía para matar pájaros (44) y kauñusitha o Kauñusiña es jugar con el Liwi. Este era “un cordel de tres ramales con unas bolillas al cabo” y una variedad de él, el T’eketa liwi, era de cuero y los extremos de piedra. No sabemos si el usado por los niños en sus juegos tenía semejanza con éstos, o si lo usaban para matar ellos a los pájaros.

(De la revista “Chaski”)



1.    Vocabulario de la Lengua Aimará, T. 11, pág. 157.
2.    Historia de los Incas Reyes del Perú, T. 11, pág. 177.
3.    Historia del Nuevo Mundo, T. IV, pág. 228.
4.    La Extirpación de las idolatrías en el Perú, pág. 60 (Col. Urteaga-Romero, 2a. serie T. 1). Reproducido por el arzobispo de Villagómez en Exortaciones e instrucciones acerca de las idolatrías de las Indias, cap. XLVI, pág. 171. Col. Urteaga Romero, T. XII.
5.    Duelo de los entierros de los indios, en Documentos literarios de Odriozola, T. IV, pág. 315-316.
6.    Dato proporcionado por el Doctor Abdón Pajuelo, nativo de Huaraz.
7.    Historia de la Civilización y Lingüística del Perú Antiguo, T. 11, pág. 232, Col. Urt.—Rom. T. X.
8.    Historia del Nuevo Mundo, T. IV, pág. 228.
9.    Historia, T. III, pág. 174.
10.  Vocabulario Quechua (1608), parte I, pág. 281.
11.  Ob. Cit. T. 11, pág. 270, y p. 163.
12.  Ob. cit., T. 1, pág. 95.
13.  Ob cit., págs. 7-8 y 14.
14.  Huayra game, Journal de la Societé des Américanistes, T. XXII, Fasc. I, p. 211-213.
15.  Antiquités de la región Andine, T. I, p. 361 - Nota I.
16.  Ob cit., T. I, pág. 273 y T. II, pág. 110.
17.  Ob cit., T. II, pág. 163.
18.  Ob cit., T. IV, pág. 228.
19.  Ob cit.,   T. IV, pág. 228.
20.  Ob cit.,  pág. 95.
21.  Ob cit., pág. 95.
22.  Ob. cit., T. II, pág. 59 y T. I, pág. 40.
23.  Diccionario Enciclopédico Espasa, T. 49, pág. 905.
24.  Nordenskiold, Spiele und Spielesachen im Gran Chaco, etc., págs. 428-429 y Karsten, ob. cit., págs. 34-38.
25.  Spieltische sus Perú und Ecuador, Zeitschrift für Ethnologie, 1918. Heft. 2 y 3, pág. 166-171.
26.  Ob. cit., T. II, pág. 68.
27.  Brett, W. H. The Indian tribes of Guiana, their condition and habits, Londres, 1868, p. 154-157.
28.  Ob. cit., T. II, pág. 317.
29.  Origin of the Indian Civilizations in South America. Goteborg, 1931, pág. 90 y Spiele und Spielsachen im  Gran Chaco, etc., pág. 431-432.
30.  Historia del Perú bajo la dominación de los Incas, pág.    16.
31.  Gieschichte der Inkareichs, pág. 46.
32.  Ob. cit., T. I, pág. 358.
33.  Ob. cit., parte I, pág. 219 y parte II pág. 257.
34.  Arte y Vocabulario de la lengua quichua general de los indios del Perú (Ed. de 1754). Ver la explicación de las palabras que llevan un asterisco.
35.  Ob. cit., T. I, pág. 274.
36.  Ob. cit., T. II, pág. 198 y T. I, pág. 274.
37.  Ob cit., T. II, pág. 62.
38.  Ob cit., T. II pág. 359 y         T. I, 274.
39.  Ob cit., T. I, pág. 274 y         T. II, pág. 46.
40.  Ob cit., T. I, pág. 274 y         T. 119, pág. 38.
41.  El Paraguay Católico, Vol. II, pág. 11 en: Nordenskiold, Origin of the Indian Civilization in South America, pág. 91.
42.  Ob. cit., T. I., pág. 274 y T. II, pág. 249.
43.  González Holguín, ob. cit., parte II, pág. 197.
44.  Ob. cit., T. II, pág. 195. 





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Enlaces

Canciones infantiles peruanas
Canciones, juegos infantiles, pedagogía musical [bibliografía]
Diez juegos del ayer que disfrutaste en tu infancia
Museo del juguete en Trujillo



julio 16, 2015

Publicaciones recientes sobre música popular (Huancayo y Huancavelica)


Los trabajos sobre música popular peruana, si bien han aumentado en la última década, son aún muy insuficientes en relación a este vasto campo de creación cultural.  La textualización aumenta también  en las regiones, algo muy bueno si no fuera por los serios problemas de su circulación y difusión  a nivel nacional.  La iniciativa personal, privada -antes que institucionalizada- hace que, siendo ya un buen esfuerzo publicar, se haga más difícil difundir  fuera de los circuitos editoriales convencionales.   Por lo general, estas publicaciones se venden u obsequian personalmente, y llegan sólo a las personas del círculo social del autor o autora.

En la reciente Feria del libro de Huancayo (24 jun-5 jul) se han difundido algunos trabajos sobre música popular que más que investigaciones académicas ordenan testimonios de parte, estrechamente vinculados a la vida misma de los músicos populares, peculiaridad que les da un valor documental muy especial.  La mayor conciencia  de la historicidad de lo cotidiano motiva la producción creciente de estas publicaciones, para bien del desarrollo de las identidades locales.


1. Guillermo Joo Muñoz

Educador y periodista de larga trayectoria (n. en 1945).  Ambas facetas lo han vinculado estrechamente con el devenir de la historia reciente de la cultura popular huancaína, muy en especial, su música.  Sobre este aspecto, ya ha publicado Tayta Shanty, Fiesta de la Virgen de Cocharcas, Cruces de Mayo, Danzas en el Valle del Mantaro, Danzas de la Nación Huanca.   He podido revisar sus dos publicaciones recientes:



Orquestas típicas de Huancayo / 1926-1985 [Huancayo : C.I.C. Despertar Andino, 2012, 102 p.], ordena información  sobre la evolución de la orquesta típica huanca desde inicios del siglo XX,  cómo eran los conjuntos tradicionales (basados en arpa y violín), y cómo a partir de la década de 1920, a influencia de las bandas de música (se entiende que de origen militar), se enriquecen con los clarinetes, y a inicios de los 40, con los saxos, para convertirse en orquestas típicas. Ofrece una lista de las 30 principales, señalando a Orfeón Huancayo, fundada por Ascario Robles Rodriguez en 1926, como la más antigua.  Su lista se basa en testimonios de primera mano,  sin dejar de citar el libro Valle de Ilusiones de William Beltrán,  donde la orquesta Musa Jaujina de Aurelio Beltrán Chamorro ,aparece ya fundada en 1919. Una breve reseña de estas treinta orquestas y sus fundadores, más anexos con datos básicos de otras muchas de creación más reciente, completan el trabajo.



- Patrimonio cultural de Huancayo / Trayectoria artística de Panchito Leytth y su Estudiantina Perú. [ Huancayo : Biblioteca Municipal Alejandro Deustua, 2014, 80 p.], destaca la trayectoria de este popular músico violinista [Andamarca 1942-2004], integrante y fundador de orquestas típicas y compositor. Fue muy importante para su carrera, su talento y gusto para tocar santiagos (muy tradicionales en su tierra), y su relación inicial con Aurelio Waccha Miranda en la orquesta Los Olímpicos de Huancayo.   A fines de los años 60 cobra personalidad propia y funda  Estudiantina Perú (originalmente, sin saxos y clarinetes, antes bien, con acordeón, violín y guitarras).  La trayectoria de este popular conjunto, sus viajes nacionales e internacionales, sus discos grabados, las composiciones que hizo Leytth (vomo Valle del Mantaro, Mi cielo huanca, Viejo sauce, Huacchalla calpish, etc.), algunas notas periodísticas, y un breve cancionero, completan el trabajo.



2. Marcelino García Palomino

Folklorista-violinista, y empresario piscicultor.  Natural de Huari, provincia de Tayacaja (Huancavelica), conocedor de las diferentes formas musicales y danzarias de su pueblo.



- Historia de la Danza de Tijeras del departamento de Huancavelica / Tradicional "Yunca danza" de la provincia de Tayacaja, sus complicadas y hermosas implicancias / Ayapampas - Pascuas y Zapatín de Pascua [Huancayo : Editora Imprenta Ríos S.A.C.,  2014, 86 p.], ofrece una breve historia de esta danza, vinculada al sincretismo religioso, y la forma como está estructurada tradicionalmente.  En base a ello, propone un reglamento de ejecución, a fin de evitar  recientes "distorsiones". Se trata de una secuencia compleja  de música y danza que alcanza 115 tonos de toque de violín, a través de la cual, se narra la vida pasión, muerte y resurrección de Jesús.  Este ritual (arpista, violinista, danzantes  en competencia y guiadoras) se ejecuta en Navidad.



- Herranza y Santiago.  Folclore popular del centro del Perú.   Melodías de Santiago en cuatro estilos: Santiago "Yunca", Santiago "Jalla", Santiago "Utash", Santiago "Chupurino" [Huancayo : Editora Imprenta Ríos S.A.C.,2015,  102 p.], ofrece información sobre esta festividad ritual rural, muy vinculada también al sincretismo religioso.  El santiago y la herranza  son tradiciones vivas en la sierra centro y surandina, y en este caso, el autor describe las peculiaridades de la zona de Tayacaja.  También se ocupa de los tonos tradicionales de violín en estas fiestas, hace un poco de historia, y rememora algunas leyendas de los tiempos no tan lejanos de los arrieros y abigeos.





Video



Homenaje a 10 años del fallecimiento de Panchito Leytth
video subido por Panamericana Televisión de Huancayo







Mientras Marcelino García Palomino produce la grabación de los 115 tonos de violín que conoce, podemos apreciar este ejemplo del Centro Poblado Matibamba, distrito de Salcabamba, provincia de Tayacaja, departamento de Huancavelica (las cantantes son las guiadoras):

video subido por Danzantes Tijeras Yawar Chicchi






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diciembre 19, 2012

"El Niño Dios cusqueño"


Las celebraciones mestizas de la  Navidad en el Perú, se muestran tan insondables como ricas en sus significados.  En cada pueblo, caserío, ciudad de la costa, la sierra y la selva, las fiestas y ritos muestran matices propios de profunda complejidad, donde bajo el manto de la fe cristiana, perviven  formas nativas de concebir lo divino y lo sobrenatural.  Cuánta esperanza cifrada en la figura de ese niño luminoso llegado de lejos y acogido con tan profunda ternura aún a pesar de la violencia colonizadora de que venía precedido, y qué poco se ha estudiado todo eso.   La tendencia al naturalismo animista de nuestros pueblos, ha convertido al pequeño niño sabio además, en travieso y juguetón, en un pequeño mago que adopta múltiples formas ubicuas según las leyendas de cada lugar.  Ahí están el Niño Perdido, el Niño Dulce, el Niño Fajardito, el Niño Laccho y el Niño Ojje  [Niño Ojecha] de Huancavelica, el Niño Dormido, el  Niño de la Espina  o el reciente Niño Sarawawa del Cusco, el Niño Terremotito, el Niño cabezoncito (o Niño de la Resurrección) o el Niño Chauchita de Arequipa,  el Niño Doctorcito, el  Niño Mariscal Chaperito de Lima... y un largo etcétera.

Además, en otro vasto capítulo de la gesta creadora de nuestro país, encontraremos cómo estas formas de representación se han plasmado en el arte popular con altos niveles plásticos, principalmente  a través de la  pintura, escultura, cerámica, retablo y por supuesto, la danza, la poesía  y la música.

Vale la pena recordar algunos de los pocos trabajos que tocan el tema, como por ejemplo,  La navidad en la literatura peruana [1958] de Alberto Tauro,   La práctica musical de la población negra en el Perú.  La danza de negritos de El Carmen [1982] de Chalena Vásquez, Estampas huancavelicanas de Sergio Quijada Jara [1985], La Adoración de los Reyes Magos de  Margot Beyersdorff [1988]  o los más recientes, Navidad en los Andes de Claude Ferrier [2008] y  La huaylía de Antabamba [2008] de Soledad Mujica.

//marcela  cornejo d.






Fuente:
Artistas populares del Perú
Alfonsina Barrionuevo [texto y fotos]
Lima : Editorial SAGSA, 197?,  240 p., il.


El Niño Dios cusqueño
[pp. 28-35]     


Este es un Niño Dios que no nace en Belén sino en el Cusco, abrigado por el vaho oloroso de la tierra que se viste de fragancias para recibirle. Un Niño Dios que las mamalas de los pueblos arropan con pañales de bayeta. El santo erq'e, [es] amigo de los niños, que llega con las músicas celestes de los phallalla palchascha o pitos de agua cholos.

Un Niño Dios, en fin, que se acuna en el portal de manos artesanas, maestras en tallar carnes de rosa.

Los españoles trajeron al Niño Dios de Occidente, prendido como un killkito o "angelote" de sus capas. Estaba por entrar al mundo andino cuando los indios del Rímac, arrojados de sus tierras, empobrecidos por los usurpadores, lo descubrieron asociándolo a su funesta presencia. Así aparece como much'uyguagua,  "el niño de la miseria", que les quitaba la comida de sus hijos, que los cargaba de tributos, que los llenaba de dolor y los humillaba.

Ellos no comprendían cómo un niño tan pequeño podía ser tan despiadado, pero recordaban que también la deslumbrante deidad del arcoíris esconde a la muerte en sus ropajes.
Este triste renombre no duró mucho y se perdió definitivamente cuando en América prendió la imaginería con una fuerza insospechada.

En las primeras décadas las efigies sagradas llegaban de Europa cruzando los dos océanos. Se sabe que los jesuitas principalmente, se encargaban de abastecer la demanda cada vez más creciente. Ellos tenían sus almacenes sacros e imponían sus precios de acuerdo a los costos de producción, del prestigio del autor o de su taller y los gastos del transporte.
Hasta que un día, para júbilo de los párrocos pobres y las familias sin fortuna, las imágenes se comenzaron a hacer en el Perú y los artistas comenzaron a esculpir formas divinas en los troncos de los cedros generosos y también de la paqpa, más conocida como maguey, madera sumamente liviana.

No se sabe como arranca la imaginería del infante bíblico pero es en Cusco donde el Niño Dios recobra su tierno prestigio como "el niño del amor y de la paz". Si cabe algún antecedente se puede encontrar en Juan Tomás Tuyru Tupa, el más notable de los imagineros de sangre noble del siglo XVI (1580-1640), descendiente por linea directa del emperador Wayna Qhapaq. Nacido en San Sebastián, donde se refugiaron los sobrevivientes de las panakas o familias inkas, Tuyru Tupa Ilegó a ser un escultor de mucho rango. Entre sus efigies que son muy bellas sobresale la Virgen india de la Almudena, famosa porque tiene la tez y los rasgos de las ñustas o princesas imperiales, presentando las mismas características su Niño Dios.

Aunque no hay certeza esta imagen puede ser una de las primeras que se hizo en la ciudad imperial. Sea como fuere, Tuyru Tupa, Melchor Huaman Inka, y cuanto escultor hubo en la vieja capital, inkas y mestizos, sentaron las bases para la fábrica de niños celestiales. Durante el virreinato este Niño Dios, convertido en diminuto viajero, remontó la cordillera por los caminos más ásperos, a lomo de bestia o en el q'epe, o atado de los chaskis, llegando a los lugares más alejados.

Sus belenes, como tenía que ser, también cambiaron con el tiempo, adornándose con arreglos nativos, diversos helechos, ch'anpas o musgos silvestres, maíces recién brotados, el espino y la qaqasunka o salvajina, así como las ramas de sauco y de molle.

El santo niño concebido por los imagineros cholos fue una imagen de tez mate, lograda con una pasta hecha a base de plata, ligero azul cadmio, ocre amarillo y purpura, "que se mezclaba", según dice Teófilo Benavente, experto en arte virreinal, "con una solución de marfil que llevaba como mordiente un barniz cristalino secante de aceite de linaza"; pupilas color canela que al principio se pintaban, que en el mayor de los lujos se llegó a policromar sobre perlas ovoidales sin pasar y que, ahora, se acunan al fuego usando hojuelas de vidrio; paladar que era de cristal azogado con pasta de estaño y ahora de espejo para dar la ilusión de la "saliva" como una gota de luz en la boca entreabierta; dientes de leche de trocitos de marfil o recortados del blanquísimo cañón de las plumas de los cóndores reales; cabellos humanos que se obtienen del chukcha rutukuy o primer corte de pelo de los niños, y que se hierven en limón,  enrollados en canutos de paja; pestañas delicadamente pintadas con plumilla y la renombrada "almita" de oro, que estaba conformada por las finas laminillas, agujetas, anillos, prendedores u onzas de oro que las encopetadas matronas hacían poner en el interior del cuerpo de maguey de las pequeñas efigies, donde también guardaban documentos y cartas secretas.

Si el dominio español tuvo algo de amable para las atribuladas gentes del Ande, que alimentaron con su sangre las mitas, obrajes y encomiendas, fue este Niño Dios, que cobraba vida por milagro para hermanarse con los erq'es o chiquillos indios y escapaba de los brazos de su madre, en las tibias tardes serranas, para jugar con ellos en el atrio polvoriento de las iglesias pueblerinas, ensuciando y gastando sus chapines de raso. Por eso, en algunos lugares, los zapateros remendones estaquillan todavía sus toscos botines de doble suela y, en otros sitios, los preocupados sacristanes lo amarran a la Virgen con tiras de cuero para impedir que se vaya.

Protagonista de mil historias adorables, que se cuentan aI amor de los fogones o a la sombra confidente de los confesonarios, este es un Niño Dios que camina de leyenda en leyenda. Cogiendo estrellas de los cielos de Makay, haciendo florecer con su sangre los espinos de Huaro, aumentando la diáfana dulzura de los puqyus de Acomayo e iluminando con su risa la soledad monacal de los claustros, donde es mimado por las novicias y las monjas que lo tratan como si estuviera vivo y le cambian sus camisitas de nansú, sus enaguas de encaje y sus túnicas de terciopelo preciosamente bordadas, "porque transpira y se ensucia".

En Surimana los hombres del campo le llaman Machu Niño, "porque es viejo y sabe mucho". En Ollanta es el Niño Vicario, consejero de los taitas. En Paucartambo, el Niño de la Luz, que se alumbra en las noches con una vela de las 'tres marías". En Markaqocha, el Niño Cautivo, que se traslada por prodigio a Urubamba, "para visitar a la Virgen de la O que es su amiga. En Vilkabamba, “el Niño de los Pastores", con quienes juega en los rodaderos de piedra hasta que rompe los fundillos y las rodilleras de sus pantalones y acaba hilando vellones de lana en ovejitas misk'una. En P'isaq es el Niño Varayoq, el qollana o capitan de las faenas agrícolas que empuña la vara de mando, con maciza cabeza de plata, cruz  y siete anillos, de los alcaldes indios. En Calca, el Niño de la Qena, que "pasea" por Kachikachipanpa tocando en el hueso de un pajarito. En Oropesa, el Niño de las Chutas, divino robapan que "coge de las canastas los panes olorosos con suave corazón de manteca y los regala a los pobres".

La feria navideña del santurantikuy, que es toda suya, dulcifica el ambiente solemne de la gran plaza cusqueña. Hay ternura en la Waqaypata Inka que lava sus viejas cicatrices con la risa inocente de los pequeñuelos que buscan con afán toda suerte de figuritas para sus pesebres.
Aun esta" por investigar los orígenes de esta feria pero su nombre qechwa, santurantikuy, hermanado con el castellano, que quiere decir "donde se compra santos", hace suponer que fue un mercado establecido por los imagineros del Niño Dios para vender las piezas del misterio pascual, asistiendo a ella cuantos hacían trabajos artesanales para completar la decoración de los "nacimientos". Lo mismo que se hace ahora, pero con las variantes propias de la época. Al principio con los personajes del Nuevo Testamento que le daban sabor a la estampa bíblica, y luego con una serie de creaciones más o menos originales como los viejos tembleques con cuellos de resorte, los pastores de panka de maíz o de hojalata, los músicos cholos de yeso, las parejas campesinas, los ángeles con charango, los reyes magos trashumantes que siempre fueron una novedad por la exótica presencia del elefante y el camello, y también las ovejas de ovillo, de pasta, las cabras, los gallos, los bueyes y los burros, hechos con diferentes materiales, madera, cuero, cartón prensado, alambre, etc.

El ajetreo del santurantikuy dura un solo día, el veinticuatro, pero es el obligado preámbulo de la fiesta navideña en el Cusco, donde hubo hermosísimos belenes que pertenecieron a distinguidas familias. En las primeras décadas del siglo y hasta mediados, aproximadamente, los "nacimientos" de las familias Pinelo, Justiniani, Araníbar y Escobar, entre otras, fueron un motivo de atracción pública por la variedad y calidad de las figuras, -muchas traídas de Europa-, así como por su cantidad, pues llegaban a abarcar varias habitaciones.

Actualmente la población de santos niños en la ciudad es enorme. Se aprecia cada seis de enero cuando los devotos, desde la madrugada hasta entradas horas de la mañana, los llevan a las iglesias dando lugar a un verdadero jubileo, para que los bendigan los celebrantes de la misa de Reyes.

Al día siguiente vuelven a sus urnas, a las rancias petacas y a las antañonas alacenas, pero gracias a ellos los diciembres tienen un sentido más puro, más profundo. Lo mismo sucede en los pueblos con cielo acolchado de estrellas, donde los niños, las mujeres y los hombres de buena voluntad repiten la lírica jornada de Belén. En este caso con un niño serrano, el Niño Dios del Cusco que es toda una institución en el Perú, y al que llevan sus candorosas ofrendas como los huevos de perdiz y los pichones de paloma, las crías de vizcacha y los cabritos de días, los quesillos frescos y la chancaquita misk'i, los cerones de capulí y los tronquitos de qewña, las roscas de miel y las compotas de durazno.


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Niño Chauchita (Cailloma -Arequipa)
Exposición Las travesuras del niño Manuelito  (MNAAHP dic. 2012 - ene. 2013) 



Niño Dormido (Cusco)Exposición Las travesuras del niño Manuelito  (MNAAHP dic. 2012 - ene. 2013) 



Niño perdido
(Estampas huancavelicanas.  Sergio Quijada Jara.  Lima, 1985, p.43)



Niño terremotito (El Pueblo.  Arequipa1° jun. 1997-  imagen accedida en fotografía)




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Video



Jesuspa Mamanman
Bellísimo kacharpari navideño en tono de yaraví
Subido por Angel Romero
 

Ñachus Mamay niwankiña
Ripullayña waway nispa.
May punkutan ullpuykusaq !aaaay!
Qanman hina kusikuspa

Diosllawaña sumaq Ñusta
Tinkunanchis punchaykam
May punkutan ullpuykusaq !aaaay!
Qanman hina kusikuspa

Diosllawaña sumaq Ñusta
Tinkunanchis punchaykam

Kawsaspacha kutimusaq
wayñuspaqa, manañachá
Rikraykita mastarispa, ¡aaaaay!
Hampuy waway niwashanki

[....] 


Ya me dijiste Madre mía
vete ya hijo mío
¿A qué puerta me acercaré?  ¡aaaaay!
¿alegremente como a tí?

Solo con Dios, buena Madre
hasta el día de nuestro encuentro 
¿A qué puerta me acercaré?  ¡aaaaay!
¿alegremente como a tí?

Solo con Dios, buena Madre
hasta el día de nuestro encuentro 

Si vivo, volveré,
y si muero, ya nunca jamás
Abriendo tus brazos ¡aaaay!
"ven hijo mío" me dices

[...]






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