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agosto 21, 2010

Charango cholo


"Biografía de mi charango"
Luis Nieto
A Humberto Vidal


Charanguista en estación de ferrocarril de Machu Picchu - fotograma de película de Watson Kintner (1950)



Tu vida comienza con un disparo
al corazón herido de la guitarra
que se deshizo en lágrimas...

Pobre guitarra de pena!

Desde entonces, ella camina
del brazo de un sollozo,
toda vestida de llanto.

Charango, charango cholo:
naciste de la herida de un canto
a la orilla misma de la queja.

Una flor de sangre
te mira desde el polvo
y una paloma llora entre tus manos...

No sé por qué, pero siempre te persigue
el viento de las guitarras
hasta llagar la quena
que te crece en el alma.

Vestido con tu poncho de canciones,
envuelto con tu bufanda de auroras
y de trinos,
todo llovido de pájaros,
te has ido en aventura a las punas más altas.

Allí comenzó la historia de tus hazañas.

Borracho de waynos,
bebiendo a tragos largos el cañazo de tus penas,
te hiciste forajido cazador de sollozos.

Desde la cumbre de un grito,
te pusiste a merodear
el rebaño de miradas de las cholas bonitas.

Galopando en el lomo de un silbido,
agitando al aire libre tu chullo dominguero,
quemaste el cielo serrano con el arco-iris
de tu waraka de siete colores.

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Oh, charango, charango cholo,
camorrista y jaranero:
un día cualquiera, a la hora del alba,
te hiciste bandolero de puna brava.

Cómo se estremeció bajo el cuchillo de tu risa
el sembrado de jilgueros
que nacía en el corazón de las cholitas.

Cuando te veían venir de lejos,
de tan lejos,
los gorriones que cantaban en los ojos capulíes
de tu Antucacha,
se morían de golpe al borde de las lágrimas...

Cuántas veces sobre su pecho golondrina
te vi degollar las palomas cautivas de sus senos
bajo un cielo de waynos,
en tanto que un río herido de torcazas
descendía al corazón agónico de las guitarras.

Desde entonces, charango,
mordido por una jauría de recuerdos,
vas caminando por una floresta de disparos,
mientras el alarido de las kantutas
te crece como un incendio entre las manos.

Cuzco, mayo - agosto de 1942

En: Charango. Romancero Cholo (Cusco : Instituto Americano de Arte, 1942)
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Carnaval
Lucio Vita
DVD Charango Qorilazo del Perú vol II.
subido por pepecharango




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Enlaces

Espíritu bohemio en la inmensidad de la puna
K'ajelo: el mundo del K'arabotas 

"Walaycho"

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julio 02, 2010

La Wifala en las provincias de Azángaro, Melgar y Lampa (Puno)



Fuente:
Tradición. Revista peruana de cultura
Cuzco: Grupo Tradición del Perú (Director: Efraín Morote Best)
Año II, vol. IV, set 1951-ene 1952, N° 11 pp. 26-39

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La Wifala
Lizandro Luna


Sumary


The Wifala is a typical dance of the provinces of Azángaro, Melgar and Lampa in the department of Puno (Perú). This is done by men and young women. Tbough there are two kinds, "puna wifala" of the high plateaus and the "llaqta wifala" of the people in the low part, it is belitved that represents the hunting of animals since the Inca times as also today. Through documents done in a literary manner - because the author is a literat- there is work to do for the future.

Sommaire


La Wifala est une danse typique des provinces d'Azangaro, Melgar et Lampa, département de Puno, Pérou. Cette danse exécutée par des jeunes filies et des jeunes grens a deux varietés: celle des paysans des hauts plateaux "La Puna Wifala" et celle des vallées. "la Llaqta Wifala". Il semble que les deux danses représentent la chasse collective qui depuis l'époque incaique á nos jours se réalise au carnaval. A travers cette documentaron littéraire se recontre de notables éléments d'etudes et de renseignements pour de futurs travaux.

[siguen sumarios en italiano y alemán]




wifalas en Azángaro



Naturaleza de la danza

La Wifala, es el alma del Ande que se engalana de colores y se empenacha de músicas guerreras. Viene desde pretéritas edades. Su caudal es de siglos. Nutrida por la savia de la tradición, profundamente enraizada en el alma de la raza, no envejece nunca. Eternamente joven, siempre móvil, renovada y cambiante, la Wifala es la expresión más cabal de la naturaleza sonora y poderosa de los Andes. Por eso es ágil, cantarina, límpida como los arroyos que bajan de las cumbres. En su ritmo, en su música, en su canto vibra la grandeza cósmica. La Wifala es el himno dionisiaco del indio a sus dioses tutelares. A la Pachamama materna, a los Aukis y Achachilas misteriosos. En alas de su alegría, ese himno se eleva como el humo de sus fogatas con un fervor que tiene mucho de religioso y litúrgico.

Esta fiesta de esencia panteísta explosiona una sola vez al año en la época en que las lluvias llegan con su abundancia generosa a fecundar la tierra. Cuando el campo se cubre de un manto verde y las sementeras se empenachan de flores. Cuando brotan las pariciones y un hálito genésico vibra en las majadas y en el vuelo de las aves. En la danza de la Wifala, vibra poderosa el alma folklórica del Ande. La Wifala es ágil, rítmica y guerrera. Jugosa como los frutos de la tierra. Fecunda y turbadora como la selva. Viene del pasado. Tiene la fuerza de la realidad histórica. Es trasunto de edades pretéritas en que el Ande se estremecía con las grandes hecatombes litúrgicas de los "chakos" imperiales. Por eso es bizarra esta danza india. Por eso es viril, amplia y rotunda como los perfiles del altiplano. En su música, en su ritmo, hermano del vértigo, vibra la naturaleza andina en todo su esplendor y grandeza.

Etimológicamente. Wifala, en el idioma vernáculo, significa euforia o derroche de alegría. En todo el Altiplano, como en Bolivia, Wifala es bandera, enseña o estandarte. Algo que flamea, que reluce, que sobresale.

¡Wefay! ¡Wefaschay! son sus hurras de júbilo, sus voces de mando. Al conjuro de ellos, crepitan las hondas de caza, ululan los pututos guerreros. En alas del vértigo de la danza, las parejas de hombres y mujeres evolucionan raudas al compás de la música que les insufla un vigor y resistencia increíbles. De ahí que la Wifala sea patrimonio exclusivo de jóvenes. En ella no pueden tomar parte nunca hombres ni mujeres en la madurez. Caerían rendidos al comenzar. La Wifala es por y para la juventud. Así le requiere la naturaleza de esta danza que exige agilidad de vicuña y vigor físico extraordinario. Los pies descalzos, los músculos tensos, el alma salvadamente libre, para ganar la pampa a toda carrera o escalar el cerro en las caprichosas evoluciones del "Chako". Siempre la virilidad, siempre la hombriedad [sic.] serraniega en todos sus jiros [sic.], en todas sus figuras y evoluciones. La Wifala es el hombre en tensión, como una honda agitada por brazos hercúleos, prontos a lanzar su proyectil. La metáfora es exacta. la Wifala es danza multitudinaria. De naturaleza social. Toman parte en ella de veinte a cincuenta parejas o más. Pero es condición esencial que deben bailarla mozos solteros de uno y otro sexo, exclusivamente. Así lo ha establecido la costumbre. Esto gradúa la fuerza que exige el holocausto del vigor mozo, la resistencia granítica y virilidad hirviente de la juventud.

Una pareja que va adelante dirige la danza. Esta pareja se llama:' "guiadores", en quechua, "pusaq" o los que conducen. Tiene que ser la mejor de todo el conjunto. Seleccionada escrupulosamente, debe reunir cualidades físicas excepcionales. El hombre debe ser un atleta. La" mujer, la más hermosa y atractiva; la mejor formada y la más resistente. Una escultura de ñusta broncínea que, a la armonía de sus líneas, una el donaire, la gracia y el encanto que sepa encender en todo el conjunto ese fervor y esa alegría jocunda que es la característica de esta danza viril y arrebatadora. La pareja guiadora responde, pues, un estricto y severo sentido de selección. Metafóricamente esta pareja es la bandera de la Wifala. O la Wifala misma, en su sentido simbólico.

Wifala de chako

Hay dos clases de Wifala. La de "chako" y la Wifala Qakcha. La primera tiene por escenario el campo y actúa en los elevados estadios de la puna brava. Es Wifala campesina (puna wifala) creada para la caza multitudinaria o sea para el "chako" de animales salvajes que era costumbre llevar a cabo en los días del carnaval.

La Wifala de Qakcha es Wifala que actúa en las poblaciones y poblados indígenas (llaqta wifala). Esta variación de la wifala se distingue por su vestimenta, por sus instrumentos musicales y por su música, aunque la coreografía es la -misma en ambas. La diferencia esencial reside en la música. La música de la Wifala de puna es profundamente sentimental. La tristeza es su tónica. Es música de páramo. En sus notas vibra la tristeza infinita, la sensación de soledad, el silencio impresionante de la puna. Las vastas extensiones silentes, el silbido enigmático de las vicuñas, el canto fino y triste de las codornices montañesas, el chasquido seco y crepitante del rayo, todo esto está reflejado en la música sentimental y triste de la Wifala de "chako", Esa música es hija del medio telúrico. En ella vibra el dolor como nota culminante.

Instrumentos musicales

El instrumento musical de la Wifala de puna es la flauta llamada "pinkillo". Tiene cinco orificios. La característica del instrumento es emitir notas tristes, que es la tónica de esta clase de Wifalas. El instrumento de acompañamiento es el tambor. Este se llama "Unu-kaja" que significa caja de agua. Es un pequeño tambor cilíndrico fabricado de madera, lata o barro cocido. Lleva en sus dos extremos parches de pergamino de oveja. Sobre uno de estos parches va un parche que previamente debe estar remojado en agua. De ahí le viene el nombre. El parche mojado produce al tocarlo un sonido peculiar y muy característico de bombo. En el lado opuesto lleva una cuerda de tripa con "charchas" de madera que, al percutir "sobre él parche, produce vibración semejante al zumbido de moscardones. En las comparsas de Wifala acompañan a las quenas hasta diez o más tambores de "Unu-kaja, de varios tamaños, que emiten distintos tonos. El conjunto de estas orquestas de Wifala impresiona por la tonalidad de su música plena de tristeza. Esa música de páramo. En ella vibra un dolor ancestral.

Veamos su vestimenta. La Wifala de puna usa vestido sencillísimo pero limpio. Los hombres visten de blanco de pies a cabeza. Llevan saco y pantalón de fina bayeta. A la espalda un atado ligero, en una manta sencilla. Cruzadas sobre el atado, van dos hondas (warakas), fabricadas con cuero de crías de llama blanca. Estas hondas se llaman "Kholiachas" o también "Pukllay-waraka", que significa honda de carnaval. Otra de estas hondas llevan los hombres sujeta a la muñeca por una gazada y con ella producen un chasquido seco parecido al crepitar de los cohetes. En algunos lugares difiere la costumbre. En lugar de hondas, los hombres portan un bastón largo de "lloqe" para el "chako". Completa la indumentaria masculina una honda de las descritas, amarrada a la cintura.

Las mujeres llevan generalmente pollera de bayeta de color azul obscuro o negro; chaqueta roja de la misma tela bordada profusamente, aunque en la actualidad usan de franela u otro material. Una montera corriente, adornada con -trencillas de colores y dos rozoncitos bicolores encima. También, como los hombres, llevan un atado a la espalda con dos hondas cruzadas. en la mano derecha un banderín blanco, el que van batiendo durante las evoluciones de la danza.

La liturgia del chako

Esta danza tiene variadas figuras. Veamos la clásica escena del Chako.

El "Chako" es la expresión fiel del sistema cooperativo comunitario instituido en la época incaica. El deporta de la caza multitudinaria era ejecutado ante el Inka por grandes masas humanas que, formando un cerco inmenso en torno a los animales montaraces, como vicuñas, venados, etc.; se iba cerrando al son de músicas guerreras y algarabía de cazadores, hasta que los animales quedaban aprisionados dentro del gigantesco cerco humano, como dentro de un anillo movible, en el que eran cogidos vivos.

Antecede al ritual del "chako" la escena litúrgica denominada "mesa-chak'a" o también "k'intusqa". Esta es la clásica ceremonia de la ofrenda a la Pachamama, divinidad telúrica a la que el indio rinde veneración y homenaje. Esta escena es la "paga" para que permita que la -caza sea fructífera y los animales salvajes se dejen coger con facilidad.

Por tradición, los lugares del "chako" son determinados en cada región. El escenario de la ceremonia es también ya conocida y se le designa con el nombre de "Chako-tiyanapata".

Preside el ritual el indio más antiguo, el más caracterizado por su edad y conocimiento, el portavoz de la tradición milenaria. En el coloniaje lo representaba el "Jilakata" y en el incanato el "kuraka". Lo acompaña su esposa o sea la "T'alla", vocablo que quiere decir matrona. Una mesa de piedra antigua, que fuera puesta con el rito especial de la liturgia pagana, es la que sirve para la ceremonia. Sobre ella extienden un costal viejo a manera de mantel. Y debe ser viejo porque si fuera nuevo, consideran que sería una afrenta para el dueño de la prenda. Sobre ese tendido extienden un mantel tejido de lana de llama (istalla) que debe ser de color blanco, con guardas de colores. Sobre este mantel ponen una buena porción de coca fresca, pero de hoja íntegra. La cantidad de coca debe estar en proporción al número de asistentes al ritual, tanto de danzarines como de espectadores.

Al centro del mantel, colmada con coca, se coloca como trofeo gran botella de alcohol preparado. A su costado un jarro que debe de plata antigua, de la época colonial.

Comienza la ceremonia.

Los hombres más viejos y caracterizados del ayllu, los "kuraq-runas", y también las mujeres de éstos, las "mamakus", toman asiento alrededor de la mesa. En los asientos de honor está la clásica pareja del "kuraka" y la "Talla". Se nombra en seguida a un servidor llamado' ''servicio" para ayudante de la ceremonia. El "servivio", en alta voz, requiere a la concurrencia para que participe en la solemnidad ritual de la ceremonia. Haciendo un círculo en torno a la mesa se sientan, en pleno suelo todos los concurrentes, hombres, mujeres, jóvenes y viejos. Luego el que preside, descubriéndose religiosamente, invita a las mujeres a que inicien el rito del "K'intusqa". Esto tiene su porqué. Para el indio, la mujer, por su sexo y como tal, por el fenómeno del parto, es 'hermana de la tierra. La tierra produce frutos. En esto se parecen tierra y mujer. Y también todo lo que produce. Esto, en la creencia indígena, tiene el significado de una reina que se designa con el nombre genérico de "Qollana" cuya significación es: productora. Invocando a la divinidad telúrica a la Pachamama buena, a los diosas lares, así como a todos los circunstantes, cada una de las mujeres escoge, con amorosa pulcritud, tres o cuatro hojas de coca "k'intu", que quiere decir hoja entera y las depositan, con una reverencia, en el jarro de plata que está al centro de la mesa. Las hojas da coca deben ser colocadas verticalmente, con el peciolo abajo. Debe observarse inalterable este ritual, porque si las hojas se colocan en sentido inverso, significan muerte. Los hombres simultáneamente hacen la misma operación. Entonces el hombre "servicio" presenta el jarro para que cada uno de los concurrentes deposite su ofrenda. Después de haber preguntado si todos han cumplido con la ofrenda, coloca el jarro sobre la mesa.

Ahora viene el brindis del "kuraka". Colma el jarro con alcohol. Con fervor religioso invoca a la divinidad telúrica. Implora que dé fuerzas y resistencia a los jóvenes. Que les dé agilidad, agudeza de visión y tenacidad para que el "chako" sea como ellos quieren. Que reine la alegría. Que la fiesta sea digna de los dioses en cuyo honor hacen esta ofrenda. Invoca y llama en su protección, en nombre de toda la comunidad, a los "Aukis" o "Apus" más cercanos a la comarca. En cada región, estos "Apus" están personificados o representados por las cumbres más elevadas. Son los Dioses-montanas que, desde su aislamiento misantrópico, presiden la vida comunitaria. Son los picachos tutelares que atalayan las comarcas y ayllus. De ahí los nombres propios con que los designan. Así, en Azángaro, los cuatro "Apus" son los siguientes: "Arikomay-Sisko", "kuntur uma-Pablo", "Auki-Suruphana" y "Jurujuruy-Apu". Cada una de estas "cumbres, que emergen enhiestas sobre el encrespamiento de montañas que las rodean, están aureoladas por un halo de leyendas. Para el alma panteísta del indio, son divinidades pétreas que presiden su vida, señalándole rumbos buenos o malos, según las acciones de cada hombre. Son fuerzas sagradas. Pe ahí el fervor panteísta, la solemnidad sacerdotal con que el indio invoca a los "Apus" de su comarca, a sus aukis tutelares. El último "Apu" es el del lugar donde se celebra la ceremonia. Este es invocado en último término.

Volvamos a la ceremonia. Realizada la invocación, el "kuraka", "con inquietante solemnidad, echa su aliento largo rato al jarro donde están las ofrendas de todos los presentes. En seguida, con el mismo fervor, derrama unas gotas del licor en las cuatro esquinas de la "istalla" o mantel. Este acto simboliza la ofrenda del indio a los cuatro suyos" del Imperio, o sea a los cuatro puntos del Tawantinsuyo, acto litúrgico que ha conservado la tradición desde la época incaica. En seguida entrega el jarro de las ofrendas al ayudante. Y éste procede a la operación del "Challasqa" o sea a derramar el contenido del jarro. Fiel a la liturgia solar, eleva la ofrenda al cielo y, con una profunda reverencia, vuelca el contenido del jarro hacia el Este, porque la Mitología le enseña que en esa dirección está la cuna del "Tata-Inti", el Padre Sol, áureo Dios del Imperio. La divinidad solar que adoraron sus mayores y en la que, a través de los milenios, sigue creyendo en lo profundo de su alma.

El indio acaba de ofrendar al Sol el presente de teda la comunidad. Reina un silencio sepulcral. Los concurrentes sobrecogidos e inmóviles, esperan con indecible curiosidad el resultado de la ofrenda colectiva. Todas las miradas convergen en el fondo del jarro, qué hace las veces ahora de un oráculo. Si en el fondo del jarro ha quedado adherida siquiera una sola hoja de coca, eso significa que la ofrenda ha sido rechazada. Si esto ocurre, se remedia el augurio mediante un enjuague con una porción de alcohol. Esto constituye el "haytiykusqa". Es creencia que esto sucede cuando alguno de los oferentes ha hecho la ofrenda sin fe (wahsonqo). Nunca falta, un descreído o un Judas en la sociedad. A la inversa. Cuando el contenido del jarro se vacía totalmente, es buen augurio. Significa que los Dioses tutelares han recibido la ofrenda con agrado. La fiesta tiene que resultar magnífica. El indio de "servicio" regresa y exclama alborozado que los Dioses han aceptado la ofrenda y que están agradecidos. Y musita un fervoroso "¡Diospagrachun!" (Que Dios se lo pague).

El Presidente o "kuraka" vuelve a llenar con alcohol el jarro y dejando caer unas gotas a la tierra, se pone de pie. Hace una reverencia con unción sacerdotal y rubrica la ceremonia asperjando a toda la concurrencia y sellándola con un sonoro y estentóreo "¡Wefay!"'. Es el ¡raa! del indio en los actos solemnes de la liturgia. Ese "Wefay" es la señal del brindis. El "kuraka" extrae de su "chuspa" un vasito y corría botella en la mano invita ceremonioso a toda la concurrencia. Varias botellas se agotan en la invitación. El indio que tomó asiento a la derecha del "kuraka" es el encargado de" repartir la coca en pequeñas porciones a todos.

Ahí termina la ceremonia de la ofrenda. Toda la concurrencia se pone de pie dando las gracias con una exclamación unánime. Entre tanto, la comparsa de Wifalas ha realizado igual ceremonia que la descrita, con la única diferencia que no ha usado para ella una mesa de piedra. Lo ha hecho en forma más rudimentaria porque su misión es sólo amenizar la ceremonia de los mayores. Los padres o abuelos del "ayllu". El bronco ulular de los "pututos" o clarines de -cuerno de vaca, los "¡Wefay!" estentóreos anuncian la iniciación del "chako”. Las "Wifalas" con su banda parten raudas hacia el lugar designado. Atruena la música. Hay un alegre flamear de banderines y un furioso crepitar de hondas.

A los hurras de "¡Wefay! ¡Wefascháy!" toda la comparsa o comparsas se ponen en marcha. Trazando figuras geométricas, avanzando, retrocediendo, las hileras paralelas de nombres y mujeres, evolucionan raudas en el estadio de la pampa, Diríase que llevan alas invisibles en los pies. Crece a cada instante el ritmo de la danza. Es una Maratón disciplinada y armónica en que música y danza se confunden en una sola emoción estética. Ahora se alejan. Parece que volarán. En el flamear agitado de sus banderines está prendida la emoción de toda la comunidad que, recogida en silencio, contempla de lejos el espectáculo. Las comparsas de Wifalas, como tropas de asalto que van a tomar una posición enemiga, escalan el cerro. Es la escena central del "chako". Pronto el bronco ulular de los clarines, el chasquido crepitante de las hondas, las músicas marciales, anuncian la coronación de la caza. Las Wifalas han llegado a la cumbre con los trofeos del "chako". Es la culminación de la fiesta. Desde el risco más elevado se levanta al Dios de los Andes el himno pagano de la raza de bronce.

Las escenas del "chako" tienen sus cantos alusivos a la caza de animales salvajes; pero siempre, en estas coplas, la ironía fina y cortante se trasluce. Como en ésta:

Tarukaiapas, wikuñatapas, Wefaschay
Majadanmanta t'aqaqsi kani, Wefaschay
Chayllaraqchus mayllaraqchus, Wefaschay
Munasqaytaqa mana t'aqayman,Wefaschay

A los venados, a las vicuñas
de su majada yo sé separar
Siendo así, siendo asá
Al que quiero ¡no separaré!

Estas coplas las entonan las mujeres de la comparsa. Resalta el amor.

La Qakcha

La Qakcha es una variedad de la Wifala. Propiamente es la Wifala de pandilla, estilizada, que no es danza exclusiva del carnaval. Esta clase de Wifala se emplea también en la celebración de los matrimonios indígenas y mestizos y para amenizar las corridas de toros que tienen lugar en las festividades patronales de los pueblos. Con el nombre genérico de Qakchas se designan vistosas comparsas de Wifalas que dan extraordinario relieve a las fiestas.

La Qakcha es la expresión del agro ante el anuncio de la cosecha próxima. Esta danza denuncia un contenido sexual que se manifiesta en muchas de sus figuras coreográficas que rotura la tierra. El hombre lleva una prenda femenina en la cabeza, la clásica monteras de cinta. La montera de gala que usa la mujer en las fiestas del pueblo. Esta prenda expresa el contenido sexual de la Qakcha. En todos sus jiros y evoluciones, las amplias polleras, en su roce continuo y excitante con la pareja, van encendiendo gozo, que más tarde, al morir la fiesta, explosiona en frenéticos encuentros amorosos de las parejas.

La Qakcha es la voz musical de la tierra. Como una savia vital invade al hombre, se inyecta en todo su ser. Corre en su sangre y su piel, transmitiéndole su ritmo jocundo.

Los varones bailan frenéticos, imperturbables, mientras las jóvenes hacen girar el abanico de sus faldas, mostrando sus enaguas policromas, rojas celestes anaranjadas, en torno a las broncíneas piernas que se ven hasta más arriba de los muslos. Giran como flores de gigantescas corolas invertidas. En su esencia cósmica, esta danza es la expresión musical y coreográfica de la naturaleza. En ella arde la magia de los avalares del alma popular, creadora de ritmos y armonías.

La Qakcha no es una danza exclusivamente indígena. Hay en ella el sello de la influencia española, visible en las prendas de su vestimenta y en sus instrumentos musicales, el redoblante o tambor y la quena pentafónica conocida con el nombre de "qasa" porque lleva una incisión en la embocadura.

Vestimenta

La indumentaria de la Qakcha. en armonía con la naturaleza de esta danza aborigen, es más vistosa, más elegante. Dos signos de la influencia hispana. Los hombres llevan un terno de fina bayeta negra. Van tocados con monteras de cinta labrada puestas de largo, las que van sujetas a la cabeza con largos pañuelos de zaraza. Llevan los pies calzados. Es la diferencia más saltante con las Wifalas de "Chako", en que los danzarines van con los pies descalzos. Sobre el atado de fino tejido, van dos hondas cruzadas. En la mano derecha, sujeta a la muñeca, otra de idéntica factura.

La faja ("chumpi") en los jóvenes de la Qakcha tiene que ser muy elegante y vistosa. Esta prenda corresponde a la corbata en el misti, y por eso constituye el exponerte del buen gusto del que la lleva, exponente de personalidad. En esta prenda íntima conocen las jóvenes indias el gusto artístico y la calidad económica del joven que es su pareja. Los extremos o "watos" son adornados con bastantes adornos ("T'ikachas") y se ha visto fajas hasta con ocho en cada "wato". Como complemento, una elegante bolsa ("chuspa'') de fino tejido, de manufactura "chaya" o montañesa, donde los tejidos sobresalen por su finura y el matiz llamativo de los colores que entran en su composición.

En la espalda llevan un atado de pañolón negro ("lliklla") al que cruzan dos hondas de carnaval ("qhollachas"). Estas hondas son hechas de finos cuentos blancos de crías de llama. En trechos van adornadas ron hileras de colores llamativos. En la mano derecha llevan un banderín bicolor que remata, en su pequeña asta, en una borla de colores de lana de oveja. Esta prenda se llama "qolqapata". Las mujeres llevan este mismo banderín, pero de color blanco íntegro que se llama "wifala", de donde seguramente proviene el nombre de esta danza. Nombre simbólico.

En las mujeres, la prenda más saltante es la elegante montera de cinta llamada "tapé" porque es de franjas doradas o plateadas. Hay que advertir que esta prenda la usan sólo las mujeres de buena posición económica, pues son muy costosas, valiendo en la actualidad de Ochenta a cien soles. Los hombres llevan monteras más sencillas llamadas "kimón". Van adornadas con trencillas de varios colores que forman el barbiquejo. Las mujeres llevan este adorno sobre la nuca mientras que los hombres la usan bajo la barba.

Vistosas chaquetas de franela de colores ciñendo el tally [talle] y abriéndose en amplio vuelo sobre la pollera, que generalmente es de color granate o rejo encendido. Para dar bastante vuelo a la pollera, las mueres llevan varios refajos de diversos colores. La faja o "chumpi" que ciñe el talle es muy elegante, con varios adornos o "t'icachas". La elegancia y vistosidad de esta prenda íntima en la mujer, tiene su motivo. La mejor prueba de verdadero amor en la joven es el obsequio a su galán de uno de les adornos (“t'isno") de su faja, lo que tiene para aquél, un valor inestimable. Como remate de la indumentaria, llevan prendidas al pecho un reboso de castilla rojo, celeste, rosado o verde, estilo mantón. Un lujoso alfiler de plata llamado "tupo" les sirve de broche.

Varias sortijas de metal amarillo adornan los dedos de ambas parejas. Los hombres también llevan, cruzado a la espalda, zurriagos finos con mango de metal amarillo llamado "alkimía".

Las jóvenes wifalas se preparan para tomar parte en las comparpas desde una semana antes de la fiesta, poniendo especial esmero en su adorno y vestidos. Es así como arreglan su peinado que es una tarea pacientísima y laboriosa, pues deben hacerse en el cabello de cincuenta hasta cien trenzas delgadas y finas que se llaman "saqapas"'. Puede afirmarse que para ellas y sus parejas es un acontecimiento solemne el formar parte de las comparsas, pues es la única vez al año que se lavan la cara ("uphakuy") y se higienizan el cuerpo. Y esto tiene su explicación. La Wifala es la ocasión propicia en que los jóvenes llegan a conocerse y amarse, de ella salen las parejas de novios camino al matrimonio. Y, para un acontecimiento de esta naturaleza, tienen que presentarse completamente limpios y luciendo indumentaria irreprochable! Esto explica el esmero e interés que ponen, los jóvenes en realzar sus atractivos. Añádase a esto el arte que deben poner en la danza y el canto, y como corolario, la resistencia física de que deben hacer gala. En ambas clases de wifala. las mujeres acompañan a la música en su terminación con' cantos y estribillos para cada clase de pieza musical, y los varones rematan con sus estentóreos ¡Wefay!.


Música e instrumentos

La música de la Wifala Qakcha se caracteriza por su ritmo. Es alegre y movidísima, música exclusiva de "wayño", o sea del compás de seis por ocho. Y tiene que ser así porque actúa en la población. Largo y variado es su repertorio musical. La de esta Wifala es una música que invita a la danza y pone una alegría desbordante en las almas. Música hecha para la alegría jocunda del carnaval.

Los instrumentos musicales son la quena que se llama "q'ena-qasa", con una perforación en la embocadura. Tiene seis orificios. El redoblante o -tambor es el instrumento de acompañamiento. Su repiqueteo rápido acompasa la danza en su ritmo vertiginoso.

Coreografía

Varias figuras coreográficas ejecutan las Wifalas de "Chako", danza exclusiva de la fiesta del carnaval. Y también las de Qakcha, aunque con pequeñas diferencias. La mayor "parte de las figuras están inspiradas en motivos totémicos. Así tenemos las llamadas "Tarukacha", "Wiskacha", etc. Otras inspiradas en flores como "T'ika-thaski", "T'ikacha". etc. La más sugestiva de estas figuras es la llamada "Guerra-tupay".

Guerra-Tupay

La "Guerra-Tupay" es un encuentro guerrero. Es, posiblemente, el ¿mulacro de los lances de guerra entre tribus o "ayllus" antagónicos. ¿s una parodia de esos encuentros que ahora se hace por diversión, con espíritu humorístico. Pero, muchas veces, cuando se exceden las mujeres castigando a los hombres, el simulacro degenera en sangrientas peleas, cuyo incentivo generalmente son los celos.

Las parejas inician la danza a los compases, de la a.iegre música de esta figura. Con las hondas enlazadas en el cuello, brota el ritmo del "wayño"- Bailan cantando. Las mujeres, en las vueltas eme dan, van abriendo y cerrando el abanico de sus polleras. Las coplas alusivas de la "Guerra-tupay" son contestadas por los hombres intercalando el estribillo ¡Wefaschay! A la mujer le dan una honda especial trenzada y dura que remata en punta de cerda y en algunos casos se ha visto que llevan alma de vidrio molido.

Toda la comparsa forma un círculo en cuyo centro hay una piedra que sirve para apoyar el pie a la pareja que le toca hacer la guerra. La mujer va midiendo con su honda el cuerpo de su pareja, mientras canta sus coplas alusivas. El hombre pone sobre la piedra una de las piernas con el pantalón suspendido hasta la rodilla. La mujer, en son de burla, mide con la honda el cuerpo de su pareja. Le enseña la punta de la honda amenazándolo y haciendo chasquear el látigo en los intervalos. Primero le suena despacio como compadeciéndose de su contrincante. Luego, con una sonrisa burlona, descarga un fuerte latigazo en la desnuda pantorrilla de la pareja. Pronto huellas rojas, que a veces sangran, vetean la musculosa pantorrilla. El hombre debe sonreír demostrando indiferencia para no dar lugar a que se rían los otros danzarines. Debe demostrar su hombría.

He aquí algunas coplas de la Guerra-tupay con su respectiva traducción:

Qhari kaspaqa
¡Wefaschay!
Chakiykita churay
¡Wefaschay!
Qhari guerraqa
¡Wefaschay!
Asichikunsi
¡Wefaschay!

Warmi guerraqa
¡Wefaschay!


Si eres hombre
¡Wesfaschay!
Pon el pie
¡Wefaschay!
La guerra del hombre
¡Wefaschay!
hace reír
¡Wefaschay!
La guerra de la mujer
¡Wefaschay!
Hace llorar
¡Wefaschay!


Si la honda hace sangrar las pantorrillas, las coplas son como sinapismos para la hombría. La mujer se burla donosamente de su pareja poniendo en duda sus virtudes masculinas. Todas las coplas de esta i figura están inspiradas en un agudo sentido de burla.

Este lance de la "Guerra-tupay" es un reflejo de la naturaleza del amor indio en que el cariño se demuestra con dolor, "Donde hay maqakuy hay munakuy", dice un reirán semi quechua, cuya traducción es "donde hay golpes, hay cariño". Así es el amor del indio. Si la mujer demuestra tenerle alguna simpatía a su pareja, le repite los latigazos aún hasta E! tercero. Si sangra, es mejor. Así le quedará al hombre un recuerdo indeleble y él no parará hasta hacerla suya. Para terminar, la mujer enlaza a su pareja con la honda y la retira al círculo de danzarines. Ahora le toca su turno al hombre. Enlaza también a la chola y la coloca al centro. Hace un simulacro. Le remanga la pollera con el pie y procura que el látigo roce suavemente como una caricia la bien torneada pantorrilla de su pareja. Mas hay que saber distinguir. El hombre sólo usa con ella esa suavidad. Pero si. al contrario se ha mostrado indiferente y no le ha hecho sangrar, entonces, el hombre se venga dándole un latigazo de verdad para despertar interés hacia él. Tal es la técnica del amor. De estos lances, muchas veces derivan matrimonios.

El turno sigue. Las parejas Ejecutan la figura guerrera, pero ya no con el ceremonial que usó la primera. Si un mestizo interviene en; la "Guerra-tupay" es seguro que sale mal parado porque las jóvenes: indias lo castigan con dureza, que es así como le demuestran su simpatía.

Wiscacha

Las parejas se toman de las hondas. Y siempre danzando llegan a formar con ellos la figura de una vizcacha. La música es especial, Los versos son alusivos a este animal de piel suave, pies ágiles y orejas suspicaces. Las mujeres cantan. En cada verso los hombres contestan con el estribillo ¡Wiskachay!


Imata rurankí
qaqapi tiyaspa
wiskachay
inti qawarisqa
sunkhata pilaspa
wiskachay

Qué es lo que haces
sentada en la peña
wiskachay
mirando el sol
alisando tus barbas
wiskachay.

La figura resultante, como un trofeo, la presentan al anfitrión de la fiesta. Ya sea el Gobernador del distrito, los jefes del "ayllu'", o el patrón, si la escena es en una hacienda. Es una reminiscencia del "Chako".


Taruka

Igual que la figura anterior, la comparsa de Wifalas ejecuta con sus hondas la figura de un venado. La música es apropiada. Y los versos son alusivos al "chako" de ese animal. Ellas cantan:

Kaytaq kay taruka.
Wefacha Wefaschay
Chakra mikuq taruka
Wefacha wefaschay

Kaytaq kay oqa suwa taruka
id. id.
papa suwa taruka
id. id.


Este es ese venado
Wefacha wefaschay
el que daña las chacras
Wefacha wefaschay

Este es el venado ladrón de okas
id. id.
el venado ladrón de papas.
id. id.

Esta figura representa el simulacro del castigo a los venados que hacen daños en las sementaras. Bailando, toda la comparsa lleva la figura hecha con hondas a la autoridad. Esta debe hacer ademán de señalarlo y castigarlo para que los animales dañinos no sigan procreando. Como premio, la autoridad obsequia a la comparsa una botella de alcohol y un atado de1 coca para que ésta haga la ceremonia de la "t'inka", que consiste en la repartición de una porción del regalo a cada bailarín. Entonces, cada uno de la comparsa introduce el dedo índice en la copa de alcohol y haciendo resorte con 'el pulgar salpican el liquido sobre la figura del venado.

Chinkay-chinka

Esta figura es la parodia de una pareja de enamorados que hace el simulacro de perderse. También tiene su música y letra propias. Para esto, la autoridad, como aprobando la unión de la pareja de amartelados, les obsequia una media botella de alcohol y su atado de coca para que lleven a cabo su proyectada fuga del hogar.

La mujer canta:

Ima chinkaytas chinkayman
Chinkay-chinka
(coro de mujeres)
Chulla ponchoyoq maqt'awan
id. id.

Los hombres contestan:
Ima chinkaytas chikayman
Chinkay—chinka
Chulla phuliuyoq pasñawan
id. id.

Cómo llegaría a perderme
id. id.
con cholo de un solo poncho
id, id.

Corno llegaría a perderme
Chinkay chinka
con chola de un solo mantón
id. id.

La media botella y el amarre de coca los utilizan para el simulacro de la adivinación que hará el "yatiri". Termina la escena. El hombre se ha perdido decepcionado de que la mujer no quiere seguirlo.

T’ikacha

Todos los danzarines hacen con una honda un círculo que semeja el cáliz de una flor y con otras simulan los estambres. Cuando se baila se derrama mixtura de pétalos y de flores a los espectadores. La música es propia de la figura. Bailan y cantan:


Jallu punay jallucha
Wefacha wefaschay
Sumaq t'ika jallucha
id. id.
Rurun t'ika jallucha
id. id.
Warmaypaq simin jallucha
id, id.

Flor de puna brava
Wefacha wefaschay
linda flor de jallu-jallu
id. id.
Flor en botón de jallu-jallu
id. id.
flor como los labios de mi amada
id. id.

El "Jallu-jallu" a que alude esta figura, es una flor silvestre que crece en la puna brava. En carnaval sirve para decorar monteras y sombreros de las Wifalas, Y también para hacer con ellas callares, que los bailarines obsequian a las autoridades y jefes del "ayllu".


Isicha puyto

En esta figura se entrelazan las hondas de cada pareja con la que les sigue. Bailando en círculo y haciendo crepitar con las "warakas", los hombres empiezan a burlarse de las mujeres cantándoles coplas satíricas.

Serenillas wayta

Este nombre significa pluma de sirenas jóvenes. Se baila al final de la fiesta. Es el remate de la? figuras de la Wifala. Los danzarines bailan colocándose las hondas en torno del cuello, como para lucir su hermosa factura. Terminada la figura se retiran para descansar.


T'ika thaski

Después de haber hecho la presentación del "T'ikachasqa", los danzarines colocan en el suelo las hondas en formas caprichosas y palmeando con las manos, bailan pasando encima de ellas, pero sin pisarlas, conservándolas limpias y cantando el verso propio de esta figura.

Área de dispersión

La danza de la Wifala se encuentra muy extendida en el Altiplano, Pero es danza propia de la provincia de Azángaro y Melgar, parte de Lampa, variando en música e indumentaria en cada pueblo, especialmente en el Altiplano aymara.

Podemos afirmar que los núcleos más puros de la Wifala de Qakcha están en Azángaro. Tenemos datos aún no confirmados de que es originaria de Asillo. Este distrito es el más antiguo de aquella provincia, pues su fundación española data del siglo XVI o sea por los años de 1584. En este pueblo la influencia española fue más acentuada por ser la Subdelegación del Corregimiento de Paucarcolla o (Pawqarqolla) que abarcaba toda la región de Azángaro y otras provincias.

En la danza de la Qakcha es saltante la influencia de la cuadrilla española, lo que puede observarse en las diferentes figuras de su coreografía. En ella toman también parte los mestizos del pueblo. Se ha trasmitido por la tradición. Después de que se realizaban los grandes "chakos", en la época de la colonia, los españoles, atraídos por la música de esta danza y por su belleza misma, se disfrazaban con los vertidos indígenas y eran absorbidos por el vértigo arrebatador de la Wifala y la belleza de las broncíneas danzarinas. Hoy toman parte en ella los mestizos en el pueblo de Asillo. (1)

El instrumento musical de la Wifala varía también con las regiones. Así tenemos que la Wifala de Santiago de Pupuja usa una quena gigantesca que se llama "toqoro". Sus notas son graves y emite una música triste y rara. Su .característica es la inarmonía. La vestimenta es la más exótico que hemos visto en toda la región. Hombres y mujeres van ataviados con varias sartas de madejas de lana de muchos colores. La música y danza de este distrito de Azángaro será materia de un estudio aparte.

El trabajo de recopilación para el presente estudio, en parte, encontró un colaborador eficientísimo e inteligente en el señor J. Alberto Resello Paredes. Va para él nuestro vivo agradecimiento.

Azángaro, (Puno), 1951.








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(1) En 1934 se realizó en Puno un concurso de música y danzas vernaculares del Departamento. En este primer gran torneo de que se tiene memoria, el conjunto Wifalas de Asillo conquistó el primer premio, entre más de cincuenta conjuntos de danzas que acudieron de todas las provincias del Departamento.

NOTA: La escritura de voces quechuas es la de TRADICIÓN - Véase Nos. 1 al 10. Sólo se ha conservado la CH de las formas antiguas e introducido la J y G, excepcionalmente.


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Enlaces


XVII Festival de Danzas Autóctonas y XII Festival Nacional e Internacional Tinajani (Melgar, Ayaviri) - 26 de junio de 2010
Tinajani 2010
Pujllay:  danza quechua centro-surandina de origen prehispánico  (el caso de Apurímac)
Pujllay:  danza quechua centro-surandina de origen prehispánico  (el caso de Cusco)


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febrero 10, 2010

Del pukllay al carnaval



Danza carnavalesca de huaylillas [sic. - debe referirse al huaylas] en Huancayo - Pierre Verger
("Fiestas y danzas en el Cuzco y en los Andes". Buenos Aires: Ed. Sudamericana, 1945, 2da. ed. -1941, 1ra. ed.-)

En contraste con las fiestas rurales, las fiestas de carnaval urbanas en Latinoamérica tienen mayor influencia occidental, siendo recurrentes las figuras del Ño Carnavalón o Rey Momo, de las bandas de copleros que discurren en contrapuntos verbales callejeros, de las comparsas barriales o institucionales que exhiben lucidos disfraces en el corso del día central, y claro, de las reinas. El juego irreverente (y muchas veces violento) con agua también es un factor en común.

Pero estas manifestaciones recurrentes se enriquecen y matizan con las costumbres y tradiciones de los pueblos mestizos que han fraguado y fraguan incesantemente las identidades urbanas en nuestro continente. Las coplas por ejemplo, se nutren de la coyuntura y la idiosincracia local, lo mismo pasa con los personajes representados mediante máscaras y disfraces. Más que sincretismo (como se ve en pueblos más rurales e indio-mestizos), lo que se produce cada año en este evento es un incesante barroquismo, una incansable búsqueda por superarse a sí mismos en el desafío al tiempo lineal e irreversible de la vida cotidiana. El olvido temporal de esa irreversibilidad y de las convenciones sociales que incomunican a las personas... eso pretende el paréntesis del carnaval, el desborde, la catarsis, la temporal victoria de Dionisio frente a Apolo, del pensamiento mágico frente al pensamiento racional; ambos al fin, partes complementarias de la dualidad humana.

Sin embargo, a medida que la globalización avasalla con su poder homogenizador -regida por la fría economía-, las fiestas populares como las de carnaval, se van despojando de su sentido mágico-religioso, se van convirtiendo en empresas orientadas a capitalizar conscientemente los bienes simbólicos de las expresiones culturales que las constituyen.

Hay consenso en la idea de que la afirmación de la identidad es un legítimo vehículo de desarrollo material y espiritual, tal vez la mejor forma de contrarrestar el avasallamiento mencionado. Sin embargo, al enfrentar al mercado globalizado expresado en un creciente turismo ávido de exotismo, se tiende a priorizar el beneficio económico que éste trae. Por ejemplo -sin negar el hecho real de que toda expresión cultural se recrea y evoluciona permanentemente- es cada vez más frecuente la consciente estilización, tergiversación o invención de las tradiciones, a fin de que estas sean más vistosas y "vendibles". Este objetivo creciente tiende a erosionar ciertos aspectos esenciales de la ritualidad que sustenta la espiritualidad de los pueblos. Se escenifica más no se vive la experiencia como antes, cuando no había tantos concurrentes foráneos. Cabe preguntar hasta qué punto son exhibibles -y/o vendibles- los aspectos esenciales de la ritualidad y la espiritualidad popular, cuáles son los límites. Cabe preguntar también si no es mejor alentar un turismo que no exotice sino que sea vivencial, que signifique reconocimiento y respeto mutuo, y no sólo una transacción de servicios .

En el mes de febrero, todo el Perú es fiesta de carnaval, cada cual más espectacular, desde aquellas que tienen el formato occidental, hasta aquellas que son más rural-andinas, es decir, más vinculadas a la ritualidad ancestral del ciclo agrario y la fertilidad. Destacan por ejemplo, el carnaval de Cajamarca, el carnaval amazónico de Iquitos, el carnaval huamanguino, el carnaval puneño, el carnaval de Arequipa. También están las fiestas del Pukjllay andahuaylino, el Qatun Pukjllay huancavelicano, etc. Menos publicitados, pero más conservados en su ritualidad, son los carnavales o fiestas de pukjllay en los cientos de pueblos andinos que celebran la fertilidad de la Pachamama, como el carnaval de Arapa, el carnaval de Cabanaconde, los pukjllay de los pueblos del Cusco, de Apurímac, etc.
//marcela cornejo




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Audio

Carnavales de Cajamarca (click)

El carnaval de Cajamarca es un los más publicitados hoy en día, aunque no el más antiguo (surge como espectáculo aproximadamente en la década de 1930). La ciudad ha sido declarada por el gobierno como capital del carnaval peruano con fines principalmente turísticos.
Los Reales y Los Tucos están entre los más populares y genuinos representantes de la música cajamarquina.



1.- Aquí está mi carnaval - Los Reales de Cajamarca
2.- Costumbre tradicional - Los Tucos de Cajamarca


Costumbre tradicional

La costumbre es la costumbre
costumbre tradicional
ahí en mi tierra de Cumbe
gozan de el carnaval
matar tu [¿cuche?] cebado
y comer tu chicharrón
con tu guitarra cantando
alegrando el corazón
se comen cuicitos fritos
con su papa y su rocoto
y se asienta con su chicha
bien sabrosa en su poto
cantando en una cuadrilla
se goza de lo mejor
la china se enamora
del cholo que es buen cantor
polvo y polvo a la china
y su agua para mojar
cantando en una cuadrilla
costumbre tradicional



Video

Recuerdo a mi tierra

Música: Juan Cruz Cahuina
Letra: Nuevo Amanecer
Carnaval del valle de Callapani, en el distrito de Santiago de Pupuja (provincia de Azángaro - Puno)





Jóvenes "urpis" y  "maqtas" cantan melodías de pukllay o carnaval
(Apurímac)
subido por angel orlando delgado huamali






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Enlaces

Pukllay, Pukjllay, Pujllay Puhllay:  danza quechua centro-surandina de origen prehispánico  (el caso de Apurímac)

Pukllay, Pukjllay, Pujllay Puhllay:  danza quechua centro-surandina de origen prehispánico  (el caso de Cusco)
Fêtes et usages des Indiens de Langui (Province de Canas, Département du Cuzco) - Andrés Alencastre y Georges Dumézil
Batallas rituales, juegos rituales: El componente pukllay en el chiaraje y otras manifestaciones andinas - Manuel Arce Sotelo
La fiebre del carnaval peruano
La historia cambia, las costumbres también pueden hacerlo. Paremos las yunsas
Cambian fiesta del cortamonte por el plantado de árboles - Junín ("...Bordan esperanzas de vida, los árboles con sus verdes hojas, sol, tierra, agua hacen bello y dulce nuestro paraíso, con pureza de brisa amorosa qué dulzura nuestra tierra Jauja”).

mayo 11, 2009

Pujllay: danza quechua centro-surandina de origen prehispánico (caso de Cusco)

Un documento sobre las celebraciones del pujllay (pukjllay, pukllay, puhllay, etc.) o carnaval rural en el sur andino. Algunos quechuístas cuestionarán el modo de transcripción de los cantos (la falta de consenso es uno de los mayores problemas en la escritura quechua), lo que no impide apreciar su belleza. Uno de los cantos transcritos alude al ayllu de los Lares o Laris sobre el cual se asentó un repartimiento colonial y posteriormente el distrito del mismo nombre (uno de los 8 de la provincia de Calca).
"Pujllay" es un concepto quechua que significa aproximadamente, "juego" o "intercambio". Este componente del "juego", entendido como un contrapunto pactado, se presenta en distintas fiestas rituales de carácter agrario, sobretodo entre los meses de diciembre y febrero, cuando comienzan las lluvias. Los rituales son tanto guerreros (como es el caso del "Chiaraje" o el "Takanakuy") como amorosos, entre la juventud casadera. El objetivo es propiciar y celebrar la fertilidad de la Pachamama: buenas cosechas, buen ganado, re-generación comunal... y de manera especial, restaurar el equilibrio cósmico entre los opuestos complementarios. Los elementos de catarsis social y celebración de la fertilidad y la vida, lo han vinculado con el tiempo y el progresivo mestizaje, al concepto del carnaval occidental. 
Las celebraciones del pujllay rural sobreviven sobretodo en Cusco, Apurímac, Huancavelica, Ayacucho, zonas altas de Arequipa, zonas quechuas de Puno. Lamentablemente, su práctica ritual retrocede frente a la escenificación folkórica para el turismo. Sólo en las fechas precisas, los jeans y las zapatillas ceden a las polleras, sombreros, mantas (llicllas o aguayos), y demás elementos del traje tradicional.
//marcela cornejo



Fuente:
Perú Indígena
Lima : Instituto Indigenista Peruano, Vol. IV, N° 9, abr. 1953, pp. 125-134
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Puhllay, fiesta india (*)
Jorge A. Lira


joven maqta en feria de Písac-Cusco
(
fuente de la foto)


Como torrente de color y música que salía por entre cauces de granítico Andes [sic.], el rumor magnífico del Puhlláy indio irrumpe [por] doquier. En todos los pueblos de la cordillera india la omnipotencia de esta clásica locura del Puhlláy indígena embarga profundamente el espíritu del hombre. Cada ocasión me fué propicia para analizar detalles de esta feria estética de los andes peruanos. Y deducí tratarse de un acontecimiento de enormes proporciones, de un sentido no solo emocional, sino de un sentido estético social-religioso-telúrico. Es pues un hecho excepcional; irrupción afectiva y mental de la prepotencia del hombre autóctono, moviéndose triunfal en el más puro e incontaminado esplendor vernáculo pese al maremagnun que esfuérzase por hundirlo y perderlo para siempre.

Un punto de partida histórico del Carnaval indio no encuentro. Se pierde en su remotísima edad primera. Pero confieso que, tampoco me he preocupado [de] buscarlo en documentos bibliográficos pues, entiendo que debe ser raro. Sin embargo quedo persuadido que posiblemente, cuantos se ocupan de esta materia, le han dado una procedencia europea como si Europa fuera el cordón umbilical de nuestra cultura. Empero, convencido yo de nuestra excepcional cultura nativa, le atribuyo una génesis india, autóctona cien por cien. El Puhlláy del Perú indio tiene distintivos y características de pureza inconfundible. Por todos sus costados es vernáculo, autóctono, muy indio.

En primer lugar, su sentido estético social está por encima de toda otra concepción, común a los pueblos de origen no indio. Su entrelazamiento con el panteísmo, las prácticas rituales con que comienza esta fiesta, es argumento de primer orden. La parte estética que más ahínco cobra por la insuperable belleza de la indumentaria indígena, rivalizadora de la propia naturaleza, por sus matices, el alarde de formas y el simbolismo de las labores. Las canciones y su música es de absoluta inspiración india. Y lo estupendo está que tiene música propia, canciones propias y hasta danzas propias exclusivas. Esa profusión de motivos e inspiración con gentil sobriedad en todo orden es admirable. A base de muchos siglos de evolución y depuración ha sido logrado. Y qué pureza en todo, pues permite advertir no estar influenciado ni por lo exótico ni por las maneras de los ayllus vecinos y comarcanos. Cada pueblo, cada ayllu con su personalidad, su individualidad virgen inconfundible, con ese "ego social" que es marca de cada grupo étnico, sin romper tampoco la unidad y armonía social que liga a esos pueblos con nexos íntimos en las formas sustanciales de vida y relaciones universales. Tan estrecho es todo ello sin dejar de ser individual y universal que, difícil podrá ser roto ni en los siglos venideros. Es el espíritu mismo que no puede desaparecer. Sería imposible echar los Andes por tierra; así firme es el espíritu del hombre autóctono que se nutre de la perennidad de las cumbres mayestáticas.

La propia denominación de Puhlláy al Carnaval, indica diáfanamente ser un hecho social religioso-telúrico precolombino de uso inmemorial dentro de los núcleos étnicos del Tawantinsuyo. La incursión europea, parece, casi nada influenció sustantivamente al Puhlláy autóctono. El carnaval de los blancos, más bien parece se vio obligado a asimilar elementos y pugna ahora mismo por arrebatarle valiosos motivos al juego vernáculo de América india, o bien pretende mezclarse, incursionando bárbaramente.

Así el preámbulo carnavalesco es el Jueves de Compadres, fecha dedicada a éstos. Las esposas, las viudas y las demás mujeres, en este día hacen honores al sexo fuerte. Por la mañana son las atenciones con un soberbio ponche "reforzado". El almuerzo es todo un alarde de arte culinario. Los picantes y las bebidas ex-profeso preparadas es suficiente para enardecer los ánimos más pusilánimes con el calor de la alegría. Las canciones, la música y el baile hacen su éxodo en una contienda de galanteos, en las que mixturas, flores, papel picado y las serpentinas decoran este retablo carnavalesco.

El Jueves de Comadres precede al Carnaval. Desde las vísperas son los preparativos. Se mata gallinas y conejos. Se degüella cerdos y corderos. Todo se dispone debidamente. Por la noche, entre diez a dos de la mañana, los compadres recorren ciertas casas de sus comadres. Sigilosamente, en la puerta de casa, de la dormida de cada comadre orlan con festones de enredaderas silvestres, con hierbas hediondas, de donde cuelgan sapos, quijada y canilla de animales muertos, cabeza de perro, calavera de burro, alguna muñeca feamente modelada de paja de puna o de malezas, y el suelo [lo] siembran de ceniza y mixtura de flores significativas.

Cuál sea el origen de esta costumbre ni su significación, no se puede decir con certeza. A mi juicio es una creación nativa posterior, pues es de notar que esto prima más en el pueblo mestizo, y no en el indio ni en el blanco.

El Jueves de Comadres es un neto homenaje de atenciones y galanteos a viudas y solteras. Por la mañana mandan decir misa y muy acicaladas asisten a dicho acto religioso. Al retornar a sus casas sirven sendos vasos de buen ponche espumoso, el mejor pisco de la región y el lechón calientito. Si el día es lluvioso, los compadres dicen que las comadres están llorando. Algunos traviesos como para el caso logran subir al campanario de la Iglesia del pueblo y doblan a muerto. Las comadres molestas por ello motejan a los del sexo fuerte, y éstos se burlan de ellas con sátiras. Así comienza el contrapunteo y viene el juego con mixtura, harina, polvos de olor, serpentinas. Y hasta una jarana inicia la fiesta, rematando casi siempre una borrachera.

Pero el verdadero Jueves de Comadres indio es el Cháku, la cacería de animales vivos. Los cholos y los indios más "ternejos" salen al Cháku. Escalan lomas y cerros donde saben hay madriguera de zorros y guarida de pumas, de venados y cóndor. Acechan desde por la mañana. Rodean y cazan vivos algunos de estos animales.

Con extraordinario aparato, montados en caballos belicosos y cerreros hacen la entrada triunfal al pueblo a horas de la tarde, dando una vuelta a la plaza con algazara, gritos, hurras, aplausos y canciones del pueblo. Los sones carnavalescos invaden [por] doquier el espacio. Grupos de mujeres muy ataviadas, portando cestitos de quesos frescos, cebollas y hortalizas cubierto[s] con pétalos del campo, batiendo banderolas blancas hondas multicolor[es], bailando y cantando siguen a los valientes mozos portadores de animales logrados por la destreza y el riesgo.

Los animales traídos son puestos en libertad en el ámbito de la plaza del pueblo, donde cierran las bocacalles el gentío. Allí los animales son perseguidos en medio de gran vocerío de la multitud que especta el acontecimiento, calzándolos nuevamente. El primer animal cogido es llevado como presente donde la primera autoridad, el señor Gobernador. El segundo animal es para el Párroco, y el tercero y último para el Alcalde y el Juez. Cada animal es conducido en medio de gran animación y bulla, con música y bailes, por grupos aparte de gente perteneciente a los ayllus más notables de la comarca.

El principal del ayllu y el mozo que dio caza al animal hacen la entrega del presente a las citadas personas representativas del pueblo, quienes al aceptar dicha atención regalan propinas y agasajan con licores y serpentinas a los más connotados del grupo. Las mujeres ofrecen como presente sus cestitos. Cumplido este protocolo social indio retornan todos a sus ayllus entrada ya la noche cantando las wiphas [¿wiphalas?] del Puhlláy andino, cuando han bebido sobradamente entre compadres a la buena del acontecimiento. Así pues comienza el carnaval indio.

La víspera del Domingo de Carnaval, hay una ceremonia nocturna el Haywachikuy, ofrecimiento a los manes.

Esta ceremonia nocturna tiene un interés notable, por sus antecedentes y manera social religioso-telúrica. Se trata de un culto excepcional a [la] Pachamama, considerado como númen titular que ampara prodigando favores con los frutos de su seno. Como custodio y vigía que guarda al hombre atalayando sus actos en todo momento, encarnada en la cumbre principal hacia donde se dirigen todos los ojos durante la vida. También a [la] Pachamama, considerada como piso, sitio y suelo que sustenta las plantas del ser viviente. La ceremonia está mezclada con costumbres báquicas degenerando la "T'inka" inicial de ofrecimiento del licor precioso a la Tierra, a la cumbre de nieve eterna, al lar, a la fuente, al lago, al río sagrado y hasta al ganado que nos sustenta con su carne [y] su sangre, y protege con su piel y su lana.

Un informe directamente recibido de Eugenio Kkéspi, más o menos a la letra dice así: "Días antes compran de los chifles los chiuchis (de plomo), kkóri y kkólkke 'káytu, kkóri y kkólke t'ánta, los sullus de carnero, de pakocha, wik'úña y llama; mazorca de maíz blanco sin faltarle un solo grano, incienso, claveles, píñis, arroz, pallares, garbanzos, sullukus, wayrurus. Todo completo sé compra. Después entra el huevo, chicha, vino, coca. Todos los de la casa se congregan a eso de las 10 u 11 de la noche. Todos se sientan en círculo. Tienden un costal y sobre ello una unkhuña. Antes se dan a las manos una entrega de coca, aun a los pequeñuelos y hacen el akúlli. El jefe de la casa o el más caracterizado escoge la ofrenda, poniendo previamente la porción de coca sobre un pañuelo y otro pañuelo donde irá colocando las cosas de la ofrenda según la selección. Todos cuantos están ponen a ese pañuelo un gran puñado de coca. El jefe o principal pone media docena de k'íntus de las hojas más hermosas de coca selecta, en nombre de la casa. También para el ganado media docena de k'íntus y después fragmentos de unto o de llama sobre cada k'íntu. Después para sus chacras de riego y para los temporales. Luego beben licor y hacen el ch’allaskka sobre el pañuelo. Mastican coca. Tras esto nuevamente comienzan a poner los chiuchis, por orden. Luego mojan un táku en vino y dibujan con él en el choclo y en el huevo unas figuras simbólicas. En el huevo generalmente la imagen de algún ganado y en el choclo círculos de la parte superior a la inferior. En seguida se reviste el huevo y el choclo con kkóri y kkólkke t'ánta, liándolo con kkóri y kólke 'káytu. Colocan el huevo y el choclo y le hacen abrazar con el sullu. Tras esto rocíanle vino y licor (aguardiente). En el 'koymina encienden bosta hasta que esté bien encendida y quede hecha una ascua viva. El Jefe lleva allí la ofrenda y envuelto en su papel coloca sobre el fuego. Previamente hacen el ch'uya (purificación) del fuego derramándole licor y chicha, que mezclando agua, vino y chicha con kkañiwa y maíz crudo molido, entregan al fuego haciendo el ch'alláskka, excitando más el fuego".

Luego regresan a la habitación y no se permite salir ni mirar el fuego donde arde la ofrenda presentada a Pachamama. Más bien en la habitación inciensan el mama'kepi. En este lío están los wakiullas, limitas, aysachas, khuyas, etc. También contiene los simulacros de estuco del ganado (enkkas). Algún fragmento de aerolito caído del cielo. También el wihllu kéru (concha marina tuerta) que sirve para recoger la sangre del ganado cuando se marca. El cuchillo también está en el mama'kepi, que se saca sólo para cortar la oreja del ganado cuando se marca, y que jamás se lleva ni se usa para otra cosa.

"Siguen conversando y bebiendo, hasta el amanecer. Cuando está clareando traen papa wáyk'u y moraya phássi. Evaporando echan a una lláta y comen con uchu kuta bien picante".

"Después salen a contar su ganado sin marca, para señalarlo la mañana de ese día. Luego arrean el ganado al mejor pasto para que coma lo más satisfactoriamente, hasta el medio día. Lo regresan a la kancha el ganado, y ellos se ponen a seleccionar la coca. Con el tumi cortan la oreja del animal y reciben la sangre en el wihllu kkéru, lo que mezclan con vino y lo beben a cantidades mínimas, dándose unos a otros, por orden. En seguida todos se trasladan a la killka, que suele estar en .un sitio ad hoc de la casa, llevando sus ofrendas, licores, mama'kepi y las orejas cortadas en la marcación del ganado, arreando el rebaño a sus diferentes reparticiones en la kancha".

"En la killka abren la piedra que cierra y miran cada uno si las orejas y los k'íntus puestos el año anterior se encuentran blanquísimos como tiza casi floreciente".

"Si así se encuentran es muy gran signo, y dicen que sus ganados no enceguecerán ni morirán, y más se propagarán. Si las hojas de coca de la killka están denegridas y las orejas roídas por los gusanos, dicen que el ganado se tornará como basura, de mala calidad, y se diezmará".

"Entierran pues en la killka las orejas junto con los k'íntus muhllus, unto, incienso y maíz parakay".

"Cierran la killka tan herméticamente con su propia loza, para que de ningún modo penetren ni alimañas".

"En ese día (Domingo de Carnaval) dicen, que hará gran viento y no deben andar porque hará daño. No hay que ir por los caminos. Los ricos hacen gran fiesta en casa bailando, sirviéndose meriendas y agasajando al pastor de sus majadas. Ya el día siguiente pueden visitar y hacer la fiesta donde quieran". (1)
Hasta aquí el informe verbal de Eugenio Khéspi, de enorme valor.

Se infiere pues que Puhlláy es un acontecimiento de interés insospechado. Es la fiesta de la deidad telúrica llamada "Puhlláy". Es el dios del ganado. Por eso se generaliza en todas las latitudes donde hay ayllu o grupo indígena. No hay casa por modesta que esta sea donde la ceremonia del Haywachikuy deje de tener lugar. A esta ceremonia, como su consecuencia, el lunes y el martes de carnavales invade el regocijo, el juego y la libertad de elegir consorte.

El Miércoles de Ceniza, en los sitios y pueblos más remotos toca a su fin el gran juego, la gran Kkháswa, el Puhlláy. Es el día del Kacharpári, la despedida. En el Cusco le llaman el Carnaval de Pihchu, nombre de la colina a donde salen todos los de la urbe sagrada a enterrar el carnaval. Personifican al carnaval en un muñeco de hierbas hediondas, feo y desaliñado, ataviado pésimamente. Este simulacro [lo] depositan en una fosa cavada en sitio aparente, sobre cuyo entierro zapatea la plebe al son de guitarras y quenas, cantando la canción de los blancos:

Cantemos, bailemos
Sobre esta granada
Hasta que reviente
Agua colorada.

Quién inventaría
Estos carnavales.
Alguna muchacha
Que alegre estaría.

Desde Chukiwana
Me mandaron flores
En una canasta
Llenita de amores.
Cantemos, bailemos
Con toda la gana
Hasta que reviente
Agua colorada.

Pero en los pueblos y en los ayllus también salen a la una colina. Al son de arpas, de tinyas y de dulces kkenas, todas las gargantas cantan:

Kacharparilláway
Puhlláy!
Chokkarparilláway
Puhlláy!

May ñanchallánta
Puhlláy!
Kay úray ñanllánta
Puhlláy!

Wanáku rumíwan
Puhlláy!
Chunkkarparilláway
Puhlláy!


............
Suéltame, déjame
¡Alegría del Puhlláy!
Arrójame, lárgame
¡Diversión infinita!

Pero, por cuál camino
¡Placer del Puhlláy!
Por esta vía de abajo
¡Fiesta loca del corazón!

Con piedra de compunción
¡Oh Carnaval!
Arrójame, espántame
¡Puhlláy enloquecedor!

En otros pueblos indios, en valles y cumbres, hasta que muera el día, con toda la efusión del alma despiden el Puhlláy, y cantan diciendo:

Láris 'kássa púka phállchay
Láris pata púka phállchay,
Pírakk, máyrakk t'ipisúnki
Pírakk, máyrakk pallasúnki.

Manárakk ñokka pallasiákktiy,
Manárakk ñókka t'ipisiákktiy,
Pírakk, máyrakk t'ipisúnki,
Pírakk, máyrakk pallasúnki.
Ñókkas ichákka pallaykíman
Ñókas ichákka, t'ipiykíman,
Pállay, pállay llihllitáyman,
Pállay pállay punchituyman.

Takiyúnay patapikka
Tussuyúnay papapíkka
Yúyu kkorállas tutayásian
Yúyu kkorállas tutayásian

Muyuyllárakk muyurísun
Tussuyllárakk tussurísun
Káy túkuy súmakk panpachápi
Káy túkuy múnay wayilachápi.

Schaynatáchus tussuyunári
Schaynatáchus takiyunári
Schaynachatamá takiyunákka
Schaynachalama tussuyunákka.

Yánkkan mámay kachawánki
Yánkkan táytay kachawánki
Pánti t'íka pallakúkkta
Pánti t'íka pallakúkkta.

Pánti t'íka pallaskkáypis
Pánti t'íka t'ipiskkáypis
Imaynachápis rikukúni.
Hyk'aynachápis rikukúni.

Kkháyna wáta púhllakk mássiy
Kkháyna wáta kkháswakk mássiy
Máytakk káypi kúnan kánchu
Máytakk káypi kúnan kánchu.

Kkhaswayllárakk kkhaswarísun
Muyuyllárakk muyurísun
Káy túkuy súmakk panpachápi
Káy túkuy súmakk panpachápi.

Imay upátakk káy upári
Imay lonlátakk káy lonlári
Takiyllápis yachachína
Tussuyllápis yachachína
(2).
............

Encendida flor del abra de Láris
Encendida flor de la montaña de Láris
Quién será, cuál será el dichoso
Que te arrancará, el que te recoja.

Sin que te haya recogido primero
No arrancándote antes yo,
Ay, quién te arrancará para sí
Quién te llevará encendida flor del monte.

Yo si al arrancarte
Yo pues si te recojo lo haría
A mi llihlla primor de colores
A mi ponchito de bellos dibujos.

En la cima donde yo canto
En la cumbre alta donde bailar solía
Crecieron las ortigas que ensombrecen
Las malas yerbas que la ocultan.

En la cuchilla para tramontar
En esa altura por donde pasaré
Yerbas de nabos cierran el paso
Muchas malezas tupidas todo lo oculta.

Al hombre maleza de la vida
A mozuelos como ortiga despreciables
Se les arroja primero por los rincones
Se les arranca como basura de campos a los bordes.

Unas vueltecitas demos pues antes
Bailaremos, danzaremos, primero
En ese lindo suelito
Sobre este prado tan verdecito.

Ayayay, acaso así se bailará?
Así acaso deberá cantarse?
Mira, así con gusto hay que cantar
Así con gracia pues, se baila.

Ay, ay madre para qué
Ay padre para qué pues
Dijiste vaya al campo a recoger
A juntar flores de otro monte.

Cuando juntaba flores bellas
Estando en el monte buscando pantis
No sé que me ha pasado
Ay, algo me tiene perdida.

Dónde estará pues
Acaso está aquí el galán
Mi compañero de danza y juego
El que antaño retozó jubiloso conmigo?

Retocemos, retocemos, retocemos alegres
Vueltecitas demos pues aquí
En este suelito parejo .
Sobre la felpa del pastal.

Mira que demente habías sido
Ay, una fatua te muestras
Ya que necesitas aprender todavía
A cantar, a danzar, con todita el alma.

Concluyamos pues afirmando que, el Puhlláy indio es una fiesta autóctona excepcional; es un culto a la Pachamama, a la agricultura y a la fauna. Es la gran fiesta situada entre el Inti Raymi y el Aymuray (La Cosecha), mantenida hasta el presente con máxima pureza por grupos étnicos del Tawantinsuyu. Únicamente el Inti Raymi le habrá superado en magnificencia e importancia. [El] Puhlláy en mi concepto es la divinidad festiva, el Man geórgico de los Inkas.

Posteriores investigaciones más exhaustivas revelarán que no es un acontecimiento pasajero donde la orgía enseñorea, ni una diversión en que sólo predomina[n] las bajas pasiones, como se la hace resaltar. Tengo fundadas esperanzas que los investigadores nuevos aportarán nuevas luces sobre este tema todavía no fundamentalmente discutido.

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(*) Véase el Diccionario Kkechua-Español del autor, para todas las voces indias usadas en este trabajo (en el artículo impreso, sigue este sub-título: Autor del Diccionario Quechua - Filólogo - Doctor en Derecho Canónico)
(1) Véase pág. 86 N° 186 de Farmacopea Tradicional Indígena y Prácticas Rituales del Autor.
(2) Cantos de Amor, obra inédita del Autor.


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Cada pueblo tiene su propia música y danzas de carnaval (o pukjllay), sólo dos referencias de la mucha variedad que hay:


Audio


Me quito...Carnaval-Pukjllay de la provincia de Canas (Cusco)
Los Tupac Amarinos (Gabriel Larota Catunta y Valeria Ankasi)

Gracias al quechuañol se puede percibir algo de la desembozada picardía de las letras


Video

Yana waqaq - Waqanky
Qashwas en celebraciones de carnaval en Cotabambas (Apurímac)
Unión Musical Haquira
Fotos y edición: Anita Saladino



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Enlaces


Pujllay:  danza quechua centro-surandina de origen prehispánico  (caso de Apurímac)
Batallas rituales, juegos rituales: el componente pukllay en el chiaraje y otras manifestaciones andinas - Manuel Arce Sotelo (rev. Perspectivas Latinoamericanas, N° 5, 2008)
Batallas rituales en los andes ("Granizo de piedras y ríos de sangre: tinkuy o tupay en Chiaraje, Tocto y Mik´ayo") - Maximo Cama Tito
Carnaval de Tinta (Cusco) - partitura para quena




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