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junio 18, 2017

Carlos Raygada (entrevista de 1951)

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Fuente:
Semanario Peruano
Lima, año V, N° 9, 26 feb. 1951,  pp. 29-31
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Periodistas


Carlos Raygada, crítico de arte de "El Comercio", ha cumplido treinta años al servicio de la profesión del periodismo.  "1951"  ha congratulado al colega y ha recogido en estas páginas, las impresiones y los recuerdos de estos treinta años de labor, que encierran mucho de la historia del periodismo y de los periodistas del Perú.  La conversación que sostuvieron al respecto un redactor de "1951" y Carlos Raygada fue la siguiente:


- Comencé mi actividad periodística -empieza declarando Raygada- como caricaturista, crítico al carbón, como quien dice.  Mi primera caricatura publicada apareció en "Variedades" en 1912.  Tenía yo entonces catorce años.  Era una caricatura de Málaga Grenet, el maestro del género, a quien yo trataba de imitar de la manera más impúdica.  El por lo demás, me alentaba cariñosamente.  Parece que no temía la competencia... Y fue por recomendación suya que mi monigote mereciera los honores de media página en la revista consagradora de esos días.  José Gálvez, redactor-jefe de "Variedades", me lanzó con una cariñosa nota.

-  Tiene usted entonces, más de trreinta años de actvidad periodística....
-En efecto, pero la función propiamente profesional no comenzó sino tres años más tarde.  Fue en 1915, hace treintaiséis años, a raíz de haber hecho unas caricaturas cubistas (¡y todavía hay quienes están "descubriendo" el cubismo en Lima!), que se publicaron también en "Variedades", cuando comencé a ser "cotizado" en los periódicos.  Un semanario político que dirigía don Juan Pedro Paz Soldán, llamado "La Capital", fue el primero en contratar mis servicios periódicamente.  ¡Me pagaba cuatro soles por caricatura!  después subió mi tarifa... y casi todas las efímeras revistas de esos días - "La Actualidad", "Lápiz y Tinta", "Sud América" y otros títulos que no recuerdo-, además de publicaciones más duraderas como "Mundial", y diarios como "La Prensa" (en los días de Yerovi y de Valdelomar) y "La Crónica" (en los tiempos de Hernández y de Góngora) aceptaron mis dibujos.  también se iniciaban por entonces Holguín de Lavalle, Luza, Cárdenas Castro y otros colegas.

-  ¿Se limitó usted a las caricaturas?
- No por cierto.  Hice también ilustraciones, "affiches", portadas para libros y hasta retratos "muy parecidos".  No perdoné ni al paisaje.  pero la caricatura tenía por entonces una función periodística más alentadora.  Eran los días en que uno podía ridiculizar al mismísimo Presidente de la República con cuatro rasgos y una leyenda maligna.  Que lo diga Májaga Grenet, que tanto se atrevió con don José Pardo y hasta con don Augusto Leguía - aunque también podría agregar que él fue uno de los primeros en tomar un barco más que aprisa y a media noche, para librarse de los "soplones"...

- ¿Tuvo usted alguna aventura similar?
- Para decírselo honestamente, yo no era de los más atrevidos.  Mis caricaturas, salvo una que otra libertad de buen humor estimulada por el tipo físico del modelo,  no pasaban de ser unos retratos  deformados con más o menos  "travesura".  la palabra estuvo de moda, pues los periodistas nos llamaban a los caricaturistas, "traviesos".  Y la travesura me proporcionó una suerte de "disgusto agradable" (por lo que significaba de éxito profesional).  Fue en mi primera exposición, que instalé en la [case de] fotografía de Luis Ugarte en 1916, cuando estaba en Mercaderes.  Era una exposición de caricaturas de los miembros del Cuerpo Diplomático.  Y el Ministro de Francia, M. des Portes de la Fosse, al verse y reconocerse, preguntó indignado: "¡Cest moi!", y se retiró violentamente.

-¿Otras exposiciones?
- Participé en algunas colectivas, casi como "pintor".  Pero seguí siendo fiel a la caricatura y volví a exhibir en 1928.  Esta vez dejé a los diplomáticos y la emprendí con los médicos.  Por entonces yo hacía caricaturas para "La Reforma Médica", que dirigía el doctor Carlos Enrique Paz Soldán...

- ¿Le fueron propicios los Paz Soldán?
- En efecto.  Y hasta un retro-Paz Soldán, Marcial Helguero (a quien hube de suceder como crítico musical en "El Comercio", años después).  Marlaci me encomendó los proyectos escenográficos para una comedia suya.  Los hice en colaboración con el pintor Emilio Goyburu.

-  Pero... ¿y la crítica?
-Bueno.  Ya me había iniciado cuando exhibía mis dibujos en 1928.  Por esos años actuaba indistintamente como dibujante y como crítico.

- Y a usted, ¿cómo lo trataron los críticos de entonces?
- Eran muy generosos y amigos, entre ellos los ya desaparecidos Luis Góngora en "Variedades" y Carlos Solari, Don Quijote, en "mundial".  Clodoaldo López también escribió alguna vez amabilidades en mi honor.  Y Abrahan Valdelomar me ha había dedicado años atrás, palabras alentadoras.

- ¿Qué otras actividades periodísticas ha cumplido usted?
- En 1920 fui fundador y director de "Stylo", la primera revista artística de esos tiempos.  Por esos días fundé también, con Santiago Bedoya y Fausto Grandjean, el semanario hípico "El Jockey".  Más adelante fui asimismo fundador del suplemento dominical de "El Comercio", con Manuel Miró Quesada Laos, encargado de la parte literaria y yo de la artística.
En 1930 publiqué, con un grupo de escritores, la revista "Presente", a cuyo acrho quedé después como director artístico.  En 1931 fui redactor de las columnas de música y arte del extinguido diario "El Perú", en cuyos últimos meses asumí también la crítica teatral.  Y desde enero de 1934 pertenezco a la redacción de "El Comercio", ya que mis comienzos de 1921 sólo fueron como colaborador.

-¿Cómo fue su iniciación en la crítica musical?- Por accidente: un compromiso con la pianista romana María Carreras en su segunda visita a Lima en 1921.  la querida María motivó, ¡sin pensar en su responsabilidad, la pobre!, mi cambio de ritmo.  Y empecé a  hacer caricaturas de los conciertos.  Todavía sigo haciéndolas, como usted habrá visto...

-  Es de suponer que estas nuevas caricaturas le proporcionarían también algunos disgustos...
- ¡"Algunos"!, dice usted.  ¡Optimista!  La crítica es, por antonomasia, la profesión de los disgustos.  Míos y de los otros.  Y "los otros", no sólo son los concertistas, agraviados directos, sino también los lectores, los otros músicos y... ¡los otros críticos!

-  ¿Prefiere usted la crítica musical o la de arte, en general?
-En verdad, una u otra cosa son o... no son interesantes.  Todo depende del sujeto.  Una crítica de un concierto de Arrau o de Rubinstein, o de una exposición como la de pintura francesa que tuvimos el año pasado, siempre son sujetos gratos y altamente compensadores.

-¿Cuál fue su posición frente a la ópera?
-Mi posición permanente, la de cualquier crítico musical lógicamente organizado; mi posición circunstancial referente a Lima, la de un opositor sistemático a la manía imitadora del gusto público y de un enemigo del sistema rutinario que parece ser el encanto máximo de la lirofilia limeña.

-Explíquese...
- Muy sencillo es.   Y le agradezco la coyuntura que me ofrece al tratar el tema, porque hace poco se produjo una incómoda interpretación de una frase mía en una conferencia pública, que me interesa aclarar.  Hablaba yo del adelanto musical del público chileno a propósito de [la] ópera, y me referí, quizá en forma excesivamente elípctica a lo que significa la rutina de la ópera en estos países.   Es un asunto digno de tratarse in extenso.  Pero para concretarme al caso de mi declaración pública, quiero dejar sentado que jamás pudo pasar por mi mente -salvo que fuese la de un demente- una expresión despectiva con respecto al genio de Verdi.  Lo que motivó mi expresión - que debo lamentar por lo mal construida y consecuentemente mal interpretada-  es algo que sí detesto y contra lo que no cejaré un punto: la explotación de los gustos elementales de públicos mantenidos durante largos años dentro de limitaciones de repertorio que resultan de la más negativa consecuencia educacional.  Los sempiternos  repetidores de "La Traviata" y de "Rigoleto", parecen olvidar que Verdi escribió cerca de treinta óperas entre las cuales "Otello" hace decenas de años que no se presenta aquí, como tampoco se canta "Don Carlo", "Simón Bocanegra" y otras que constituyen hoy grandes éxitos en países más adelantados.  Y esa maravilla de "Falstaff" no se conoce en el Perú.  ¡Por eso hay que insistir en "La Traviata"! ¿Hasta cuándo?  Y lo propio con Puccini, de quien sólo se quiere escuchar "Madame Butterfly" y la desgastada y odiosa "Tosca": tortura, asesinato,  fusilamiento y suicidio, ¡todo en tres actos! ¿Y quién ha manifestado el menor interés por esa magnífica obra que es "Gianni Schicchi"?  Esta manía de las reiteraciones sistemáticas relega el formidable repertorio lírico italiano a una escasa media docena de títulos, cada vez que se trata de ópera en Lima.  Y eso, a mi modo de ver,  es precisamente el enterramiento del prestigio de uno de los más grandes genios de la lírica, Giuseppe Verdi.  Es interesante la oportunidad de que Lima escuche dentro de poco su famoso Réquiem.  Así comprobará ese público, tan mal habituado, que Verdi hizo algo más que las sentimentales melodías de la joven tuberculosa y las "donne movile", que resultan absolutamente inmóviles en nuestras escasas temporadas líricas.  Opino que la próxima, si llega a contar con el apoyo económico oficial, tendrá que reglamentarse muy severamente para que además del deleite artístico, constituya un efectivo servicio a la cultura.  Que será -y esto también es importantísimo- a la vez un valioso servicio al prestigio del arte lírico italiano, hoy minimizado por intereses de empresarios y por avideces de aplausos fáciles.

- ¿Dónde hizo usted sus estudios de música y pintura?
- El malogrado maestro Fava Ninci me inició en los secretos de la técnica musical.  Pero francamente debo declarar que aprendí mucho en los conciertos y en las exposiciones...

- ¿Fueron siempre tan buenos como para enseñar?
- No siempre, pero los buenos me enseñaron cómo debía  ser el arte; los malos cómo no debía ser.  Un escritor notable ha dicho que gran parte de una buena cultura literaria se hace a base de los libros que no debieron leerse.  Recuerde usted la frase famosa de Goethe acerca de la conveniencia de permanecer en una butaca aún a pesar del mal teatro que nos están dando: "¡se llega uno a penetrar de odio a lo malo!".  Eso lo he experimentado en muchos conciertos.

-  ¿Algunos estudios especiales para dedicarse a la crítica?
- ¡No por Dios!  Ya es mucha suficiencia y pedantería la sola dedicación a la crítica para que haya todavía la premeditación de un estudio especial.  No creo que haya quien estudie para crítico.  Por lo demás, todos somos críticos.  Un buen pintor, un buen profesional cualquiera, ya es crítico ipso facto. El sentido crítico es inherente a la capacidad del artista.  por eso los griegos fueron un pueblo de críticos.  La cazuela del Municipal, en plena temporada, está llena de críticos... ¡Y son de temblar!  Felizmente no escriben...

* El tono generalmente irónico y humorístico que ha venido dando a sus respuestas el crítico, se torna serio y hasta emotivo en sus declaraciones finales:

-  Cuando empecé, en las columnas acogedoras en el Decano, hace treinta años,  no sabía bien lo que era una fuga.  Y lo aprendí en esa cátedra de "El Comercio", que me enseñó mucho, sobretodo cuando me mutilaban los adjetivos tropicales y me recortaban las disgresiones retóricas.  Me hice en "El Comercio", gracias a un apoyo noble y valioso del que sigo gozando, muy reconocido al estímulo y a las enseñanzas de quienes como el doctor Oscar Miró Quesada, que fue el que me llamó a la centenaria casa, nunca dejaron de prestarme su consejo y su generoso afecto.  Sin embargo, fue Don Antonio, años antes de que yo ingresara a la Redacción, quien me brindó el primer estímulo.  Más adelante, otro muerto ilustre, don Aurelio, me dio pruebas inequívocas de paternal afecto.  Nuestro Director actual, don Luis, me ha dado también muestras comprometedoras de su noble consideración, así como el Director Gerente, don Pedro García-Irigoyen.  Todo esto sin referirme con la minuciosidad que pudiera hacerlo, a la efectiva amistad de la generación siguiente,  entre la que cuento con legítimos e inextinguibles afectos.  por último, en este momento en que evoco mi ingreso al diario decano, no puedo dejar de recordar la cordialidad que siempre me brindaron los camaradas de Redacción, Administración y Talleres.




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Carlos Raygada





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enero 27, 2015

La ópera "Bel canto"


Para fines de este año, si no hay mayor contratiempo, se concretará un ambicioso proyecto operístico en Chicago.   El interés que reviste para el Perú es que se basa en la novela Bel canto de Ann Patchett,  inspirada en la toma de rehenes  de la embajada japonesa de Lima por parte del Movimiento Revolucionario  Túpac Amaru - MRTA (1997-98), y en que su director musical es un compositor peruano.   Cómo es visto y ficcionado este drama de violencia política de nuestra historia reciente desde los ojos de una autora norteamericana tiene sin duda interés, como en su momento lo tuvo el británico Nicholas Shakespeare con The dancer upstairs y su adaptación al cine en Pasos de baile (dirigida por  John Malkovich).   El trasunto político y socio-cultural es inevitable aún tomando en cuenta las convenciones de la obra artística  (la personalísima forma de ver, concebir y representar una situación), y sin duda, por su naturaleza, puede generar polémica.  En estos casos percibo productos artísticos que terminan emancipándose de la realidad en que se inspiran, creando ilusiones verosímiles diferentes, adaptadas a la forma de ver, oír y sentir anglo-sajona.  La idea de la polifonía musical como síntesis posible de las diversas voces,  fortuitamente confinadas en la casa del embajador, tratando de comunicarse para lograr un desenlace liberador (que para unos se dio y para otros no, en la vida real), es sugerente.

Sobre la trayectoria de López y este proyecto, paso una traducción aproximada de una entrevista ofrecida a lyricopera.org
//m.c.d.




Sesión de trabajo para  Bel Canto.  Renée Fleming con el director Kevin Newbury, 
el director musical Andrew Davis  y el compositor  Jimmy López  [ext. derecha]
© Jaclyn Simpson 2014




Conociendo al compositor Jimmy López
Lyric Opera of Chicago


Jimmy López ha sido encargado por la Lyric Opera of Chicago, para escribir la música de la ópera Bel Canto. Nacido en Lima, Perú, en 1978, se está posicionando rápidamente como una de las voces más originales de la música clásica contemporánea. En los últimos años, la música de López ha recibido la atención internacional en escenarios importantes como el Carnegie Hall, el Festival de Música de Aspen,  las orquestas sinfónicas de Chicago, Boston, Filadelfia, Atlanta, Baltimore, y Seattle, la Orquesta de Cámara de St. Paul, la Orquesta Sinfónica de Chile, la Filarmónica de Helsinki, y la Orquesta Sinfónica Nacional del Perú. Recientemente López ha completado una pieza orquestal encargada por Radio Francia, para ser estrenada por la Orquesta Filarmónica de Radio Francia en 2012. Jimmy López reside actualmente en San Francisco.  

El New York Times lo ha descrito como "un experto en la orquestación" y el Chicago Sun-Times, declaró que es "uno de los compositores jóvenes más interesantes sin duda, de hoy en día."



Q: ¿Cómo la obra Bel Canto se presta al tratamiento operático?

JL: Es muy obvio que el libro trata acerca de una cantante de ópera y  de cómo la ópera puede redimir a las personas que [por una serie de circunstancias] están juntas. Por otro lado, es increíblemente difícil, porque la novela está llena de música de principio a fin, como una banda sonora musical (durante el cautiverio la soprano Roxanne Coss canta varias arias de diferentes compositores con sus compañeros y [con] los terroristas.) Así que el reto es crear música original para ópera y no un pastiche de arias de ópera. Probablemente voy a insertar algunos hitos musicales realmente esenciales; no será la primera vez que esto se haga en la ópera. Pero es sobretodo la delicada línea que tendremos que dibujar para crear nuestra propia narración de la historia a través de la música.


Q: ¿Cuáles son los retos que está enfrentando?

JL: La historia tiene dos puntos álgidos: cuando los terroristas irrumpen en la casa, y al final, cuando los militares la toman. El reto es mantener el interés y la tensión en la trama intermedia. No podemos olvidar que los personajes están en una situación peligrosa. Ellos se pierden en ese mundo ideal donde Roxanne está cantando y todos están escuchando y un personaje incluso dice: "¿No sería estupendo si pudiéramos quedarnos aquí para siempre?" [?]

Q: ¿Cuáles son los primeros pasos en la creación de una nueva ópera? La temporada 2015-16 está más cerca de lo que parece

JL: El primer paso  es  encontrar un libretista. Tuve una reunión con Nilo Cruz, el dramaturgo cubano. Escribió Two Sisters and a Piano, sobre dos hermanas que viven bajo arresto domiciliario en Cuba, todo el juego que sucede dentro de la casa de principio a fin. Es lo que me hizo pensar que Nilo podía ser el indicado... que fuera alguien interesado en piezas con tintes políticos.


Q: ¿Cómo encontró a Nilo?

JL: Nos tomó mucho tiempo encontrar el libretista. El compositor Kaija Saariaho decía que lo más importante es la química entre el compositor y el libretista para que un proyecto de este tipo tenga éxito. La sugerencia de [convocar a] Nilo en realidad procedía de Renée [Fleming]. Quería trabajar con alguien que pudiera entender las complejidades de la sociedad latinoamericana, por lo que armó una lista de notables dramaturgos latinos e hispanos. Tan pronto como conocí a Nilo, lo supe. !En nuestra primera reunión hablamos sin pausa desde las 10 am a las 5 pm! Es una persona maravillosa y muy comunicativa.


Q: ¿Usted y Nilo imaginan Bel Canto como una ópera multilingüe?

JL: Sí, Español, Inglés y japonés. Esos son los idiomas que hablan los personajes principales. Además, estamos pensando en escribir un aria en quechua, la lengua nativa de Perú.


Q: Cuéntanos cómo se percibe la ópera en el Perú. ¿Es popular? ¿Cuenta con una larga tradición e historia?

JL: No hay una gran tradición de ópera peruana; ninguna asociación/institución se ha dedicado exclusivamente a desarrollar y realizar la ópera, siendo Lima una ciudad de ocho millones de personas; [aún así] Juan Diego Flórez se crió allí y ahora es nuestro famoso tenor.


Q: ¿Escuchaste ópera cuando niño?

JL: Yo no crecí con la ópera. Cuando era adolescente me fascinó mi primer contacto con la Orquesta Sinfónica y con todos los colores [musicales]. Esos fueron mis comienzos. Pero me interesé en la música vocal desde que escribí un ciclo de canciones durante mis estudios. A mi maestro en el Perú, Enrique Iturriaga, le gusta enseñar lied porque la estructura del poema da al compositor la forma, la base para trabajar. Escribí mi primer ciclo de tres canciones para tenor y piano en 1998. Fue una temprana y una gran experiencia de aprendizaje. Me gustaba trabajar con cada palabra, cada frase, cada verso, y traté de desarrollar mi lenguaje armónico. Más tarde escribí un ciclo de canciones para una maravillosa cantante que conocí.

Q: ¿Hay cantantes que te inspiran particularmente ?

JL: ¿Además de Renée? Cecilia Bartoli. Dietrich Fischer-Dieskau. Thomas Hampson... Si estoy escribiendo una pieza para un[a] cantante, me gusta conocer sobre quién estoy escribiendo.


Q: La soprano Danielle de Niese cantará el papel de Roxanne Coss. ¿Conoce su trabajo?

JL: Sí, estoy realmente encantado. Fui a ver la transmisión en HD de La Isla del Encanto en el MET y ella fue simplemente sorprendente de principio a fin. Tiene una presencia muy atlética [positiva] en el escenario y una voz impecable. Es una gran actriz, con la calidad que [el personaje]  Roxanne Coss proyectaría. Dará al papel la gravitación [que corresponde a] una renombrada soprano estadounidense.

Es muy noble de parte de  Renée dar el espacio para que otras sopranos brillen. Como está detrás de todo este proyecto, su presencia de todos modos estará allí.


Q: Usted estuvo en el Perú cuando la crisis de los rehenes en la que el libro se basa. ¿Cuál fue esa experiencia?

JL: Yo tenía 17 o 18 años cuando ocurrió. Se hablaba de eso en las noticias todo el tiempo, y fue largo: más de cuatro meses. Hubo medios de comunicación de todo el mundo que rodearon a la casa durante la crisis.

Fue un Síndrome de Estocolmo invertido. Los terroristas empezaron a simpatizar con los rehenes. Muchos de ellos eran sólo adolescentes, miraban a los rehenes como adultos educados, gente culta que hablaba muchos idiomas. Uno de los rehenes más notables fue el ministro de asuntos exteriores, era la figura política de más alto rango.

Un detalle gracioso: la embajada en la vida real - la residencia del embajador- es una réplica de Tara, la casa usada en Lo que el viento se llevó.


Q: ¿Cuándo se enteró de que había sido seleccionado para componer la banda sonora de Bel Canto? ¿Cuál fue su reacción?

JL: Yo estaba almorzando en un restaurante tailandés y recibí una llamada de mi gran amigo, el director Miguel Harth-Bedoya. Me dijo: "Tienes que ir a casa ahora mismo y subir tu ciclo de canciones a YouTube para Renée las pueda oir."

"Renée quién?"
"¡Renée Fleming!"
"¿Por qué?"
"Ella está en busca de un compositor para un proyecto que está haciendo. Te recomendé".

Después tuve una reunión con Renée y Sir Andrew Davis en su apartamento. Me explicaron acerca de la ópera y que si bien los personajes eran en su mayoría de ficción se basaban en personajes de la vida real. Ella no sabía que yo había vivido la crisis como un adolescente. En ese momento pensé: "Realmente suena como si yo fuera la persona adecuada para escribir esto".


Q: Miguel Harth-Bedoya es un intérprete de su música. ¿Cuándo empezaron a trabajar juntos?

JL: Conocí a Miguel hace años, por 1994. Se ha convertido rápidamente en el más reconocido director peruano y ha estado promoviendo la música sudamericana. Él y Gustavo Dudamel están haciendo un gran trabajo de difusión de este tipo de música.

Cuando tenía 16 años (él es diez años mayor que yo)  estableció la Filarmónica de Lima, y los ensayos fueron en mi escuela. Me quedaba todos los días para escuchar, [me convertí en bibliotecario, seguí la partitura]. Estaba tan impresionado que empecé a escribir para orquesta. Miguel apreció una de mis piezas de ensayo y la grabó. Yo no había estudiado armonía, contrapunto u orquestación todavía. Puede imaginar mi situación, era como una locura. ¡Escribí 110 páginas! y un concierto para piano, y marchas...


Q: ¿De dónde sacó su entrenamiento formal?

JL: En 1995, terminé la escuela secundaria y durante dos años antes de entrar en el conservatorio [Conservatorio Nacional de Música de Lima] empecé a tomar clases privadas con dos compositores, incluyendo Iturriaga, el patriarca de los compositores peruanos. Él fue mi gurú. A veces nuestras lecciones empezaban a las 2 y terminaban a las 10 pm. Me habló de Stravinsky, de Copland, de Honegger en París. Me enseñó contrapunto y armonía y se mantuvo firme en que debía tener una base muy sólida. Tome el asunto como volver a lo básico y no volví a escribir para orquesta durante varios años.

A los estudiantes se les da primero las herramientas [de la música], pero nunca tienen oportunidad de descubrir por sí mismos. La manera en que yo empecé realmente me ayudó. [Cuando] mi maestro me dijo: "No tengas miedo a la orquesta", ya había estado escribiendo para orquestas durante años y estaba muy familiarizado con ellas.


Q: ¿Desde Perú se fue a Finlandia?

JL: Postulé a la Academia Sibelius y volé a Finlandia; era la primera vez que estaba en Europa. Era el único estudiante latinoamericano en toda la academia de al menos un millar de estudiantes, !e incluso aprendí finlandés! Finlandia da un gran apoyo a los compositores contemporáneos, ¡hay
25 orquestas sinfónicas en un país de cinco millones!

Mis años ahí se llenaron de muchos viajes con clases maestras en Europa, y una aproximación a la composición técnica, muy disciplinada. Después de siete años (licenciatura y maestría), me di cuenta de que la alta estética modernista europea no era para mi. Me decidí por California porque
durante los últimos 50 años más o menos, han tenido un enfoque muy peculiar, una aproximación idiosincrásica a la composición muy libre. Voy a terminar mi doctorado en Berkeley en mayo.


Q: ¿Cuál es su enfoque compositivo? ¿Escribe de forma lineal?

JL: No tengo un solo enfoque. En algunas obras empiezo escribiendo una pieza corta y luego orquesto (Lago de Lágrimas, por ejemplo). Pero en otros, como Synesthésie, trabajo de frente con la partitura. Me gusta esto último, ya que me obliga a pensar en el timbre y la instrumentación de inmediato.

Una partitura corta me permite trabajar en posición horizontal; con esto quiero decir que me permite ver la imagen global de una sola vez en lugar de quedar atrapado en los detalles.

Para Bel Canto voy a usar un enfoque mixto pero trabajaré sobre todo con partitura corta porque la forma es tan grande que uno debe tener un mapa global de la pieza para que sea estructuralmente sólida.


Q: ¿Compone al piano con el ordenador, o con otro instrumento?

JL: Yo uso el programa de ordenador Finale.


Q: ¿Qué música le gusta escuchar?

JL: Estoy muy metido en la música clásica contemporánea. No escucho música pop. Me gusta el compositor austriaco GF Haas, algunas de las obras del compositor finlandés Magnus Lindberg, del compositor sueco Anders Hillborg, y el estadounidense John Adams. Mis gustos son bastante diversos, eclécticos, así como como me gusta [oír] la música y escribir música.

Es difícil sacar a Bach del pedestal. ¡Mis primeras partituras eran todas polifónicas y probablemente violaba 100 reglas! Mi música tiene una gran cantidad de contrapunto. A veces escribo corales.


Q: ¿Quiénes son sus compositores favoritos de ópera?

JL: Mozart, me parece perfecto. Él es mi compositor ideal de ópera. Su música se siente sin esfuerzo y sale de forma natural. Siendo un compositor contemporáneo, estoy fascinado con Le grand macabre de Ligeti,  por su enfoque extravagante y su tratamiento vocal extremo, aunque yo no escribiría de esa manera. Rake's Progress de Stravinsky es una hermosa pieza de principio a fin, y Oedipus Rex/Edipo Rey, que está más en el ámbito de un oratorio. Wagner también, por su tratamiento magistral de la voz y orquesta.


Q: ¿Había pensado en escribir una ópera antes?

JL: Sí, me lo han pedido dos veces, pero los libretos no me tentaron. Cuando leí esta historia, fue diferente. Sentí que definitivamente tenía algo que decir.

Lo que más me gusta en la ópera es la obra de arte unificada, y la capacidad de llevar un mensaje a través de muchos niveles. Para ser capaz de integrar la poesía, la música, la literatura, las artes escénicas... no hay otra forma de hacerlo. Eso es muy atractivo para mí.

También estoy interesado en que esta pieza -Bel Canto- no sea tan difícil de hacer.

Es un gran honor ser parte de esto. ¡Estoy muy contento de que esté sucediendo con The Lyryc!


Q: Última pregunta: ¿Ha conocido a Ann Patchett?

JL: ¡Todavía no!



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Audio


Ejemplos del trabajo de composición de Jimmy López




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Enlaces


Jimmy López: la música como fuerza redentora - entrev. de  A. Servat
Entrevista a Steve Nowicki sobre la novela Bel canto





noviembre 12, 2013

"El cóndor pasa...cien años después"



Año 1913.  El compositor Daniel Alomía Robles rodeado del coro de ñustas de la Escuela Normal de San Pedro, en Lima
(esta foto, tomada del diario La Crónica, ilustra el artículo de Antonio Muñoz Monge y Oscar García titulado El vuelo del cóndor -rev. Somos, Lima, sáb. 9 nov. 2013-)


El boceto dramático titulado El Cóndor Pasa... se estrenó un 19 de diciembre de 1913 en el teatro Mazzi de Barrios Altos, con gran acogida de público y crítica auspiciosa de la prensa.   Si bien ya se habían compuesto obras teatrales con temática nacional desde el siglo XIX, lo que había predominado era el tono costumbrista-satírico de los formatos de género chico, o bien, el  tono exotizante (dado que los autores veían desde afuera lo indígena, asociado gruesamente a lo inca) del formato mayor de la ópera.

La estructura  de la obra es  tomada de la tradición teatral de la zarzuela española, por lo  que también se la considera como una zarzuela o melodrama, y el argumento se inscribe dentro del formato del drama romántico europeo.  Sin embargo, dentro de este marco formal  convencional, los autores transmiten por primera vez,  un discurso disidente.  El argumento es de denuncia y protesta contra la presencia avasalladora de la gran minería  en la sierra central del Perú (de capitales norteamericanos), que comenzaba a arrancar sistemáticamente  a los campesinos indígenas de sus comunidades de origen  (mediante el conocido mecanismo del enganche) para explotar su trabajo en los socavones.  Se pone en discusión el rol de los dueños de las minas (como explotadores), de los indígenas (como explotados) y de los mestizos (que aunque ambiguos y en conflicto, se presentan como agentes de liberación).

Un par de años estuvo la obra en cartelera, con buena asistencia de público, pero la situación cambia cuando Billinghurst (un gobernante de orientación populista) es derrocado y se reinstaura una nueva fase del periodo oligárquico.  Desde entonces (1915) hasta hoy, esta obra teatral no se escenificó más en el país.

Lo interesante es que partes de la música  fueron quedando en la memoria popular, resurgiendo en los repertorios de algunos artistas que incluso grabaron en disco.  Luis Salazar propone que Antonio Pantoja, quenista  ayacuchano que viajó con Ima Súmac a Argentina por la década de 1940, y que se quedó a vivir por allá, llevó en su repertorio estas líneas melódicas (entre muchas otras), y que así  los músicos argentinos las fueron  adaptando, atribuyéndolas a antiguas tradiciones musicales andinas, de origen colonial. Tal vez el problema es más complejo, pero es un punto de referencia para entender al menos en parte, las confusiones sobre el origen y la autoría de esta música, que en arreglo del conjunto Los Incas y luego del dúo Simon & Garfunkel se hizo mundialmente conocida.  Una situación que se ha repetido dicho sea de paso, con muchas otras melodías y canciones populares de origen peruano en el concierto de la  llamada música andina latinoamericana de los años 60s en adelante (y  más recientemente hoy, de la cumbia chicha, acogida en países vecinos).

Toda  música fluye libre, como río fecundante por el mundo, pero siempre es bueno conocer sus procesos de evolución de la manera más certera posible, para comprenderla mejor, tanto en lo que se proyecta como en lo que se recibe.  Para este caso, en un trabajo aún inédito hecho en base al análisis formal de las partituras originales, y  a su propia experiencia como músico, Luis Salazar  concluye que Alomía Robles se basó principalmente en tradiciones musicales indígenas de la sierra central  al componer el acompañamiento musical del  texto dramático de Baudouin.

Con motivo del centenario de su estreno, la obra se repondrá en breves días.  Acontecimiento del cual, paso los datos:

El cóndor pasa...cien años después
Libreto: Julio Baudouin
Música: Daniel Alomía Robles
Lugar:  Teatro de la UNI
Fechas:  14, 15 y 16 de noviembre
Hora: 7:30 p.m.
Organiza: Colectivo Cultural Centenario Cóndor Pasa (Mario Cerrón, Luis Salazar)
Dirección: Augusto Cáceres
Dirección musical: Wilfredo Tarazona.
Boletería
 

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Enlaces

Con Daniel Alomía Robles (charla retrospectiva) - entrev. de  Ernesto More en 1936
Daniel Alomía Robles y el nacionalismo musical peruano
El Cóndor Pasa cumple 100 años de su estreno
El Cóndor Pasa en versión sinfónica (por la Filarmónica de Lima)



julio 05, 2013

Una crónica operística de Guillermo Ugarte Chamorro




Fuente:
Centenario del estreno en Lima de la ópera Atahualpa
Guillermo Ugarte Chamorro
Estudios de Teatro Peruano.  Serie IV, N° 154, 1° ene. 1979
Lima : Universidad Nacional Mayor de San Marcos : Servicio de Publicaciones.
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Portada del documento de 3 folios mimeografiados 
(Repositorio: Biblioteca España de las Artes - La Casona de  San Marcos.  El fondo documental legado por  el maestro Guillermo Ugarte Chamorro [Arequipa 1921- Lima 1998] es  tal vez la principal fuente de consulta sobre la historia del teatro nacional.  Requiere de un sistema de catalogación moderno, y de un resguardo adecuado ante  las inclemencias de la humedad del clima capitalino.  Sería deseable su digitalización  y disposición en una intranet o en una web  de acceso público)


Centenario del estreno en Lima de la ópera Atahualpa
Por: Guillermo Ugarte Chamorro

Numerosas son las producciones de teatro lírico inspirados en la figura del inca Atahualpa y compuestas por autores peruanos y extranjeros, algunos de renombre internacional.  Entre ellos claramente se destaca con valores específicos, la ópera en cuatro actos Atahualpa, con música de Carlos Enrique Pasta [Carlo Enrico Pasta] y libreto de Antonio Ghislanzoni.  Su estreno absoluto se efectuó en el teatro Paganini de Génova, el 23 de noviembre de 1875.  En Lima la estrenó en el teatro Principal hace un siglo, el 11 de enero de 1877, la Compañía Italiana de Opera encabezada por la soprano Blanca Montesini.

Carlos Enrique Pasta fue un destacado compositor italiano (Milán 1817-1898) que en diversas oportunidades, residió en Lima animando y prestigiando el ambiente musical.  Pasta está gratamente vinculado a la historia del teatro lírico en el Perú, principalmente por su ópera o drama lírico Atahualpa; por ser el creador de La Fronda, la primera ópera que se compuso en nuestro país (1871), y por ser el primer actor que llevó a la escena peruana los temas musicales indígenas, anticipándose en varios años a José María Valle Riestra, autor de la ópera Ollanta.  En su zarzuela ¡Pobre indio! (Lima, 1868) - con libreto del escritor arequipeño Juan M. Cossio- se escucharon por vez primera en ese género teatral, un huayno y dos yaravíes.  Pasta además, compuso y estrenó en Lima las zarzuelas El loco de la guardilla, La copla del diablo, Rafael Sanzio y Placeres y dolores, estas dos últimas también con libreto de Juan M. Cossio.
En cuanto a Antonio Ghislanzoni, el libretista de Atahualpa, bástenos recordar que fue el célebre autor de la letra de Aída, la inmortal ópera de Giuseppe Verdi.

El argumento de Atahualpa es el siguiente:

Cerca de Cajamarca, las huestes de Francisco Pizarro, descontentas con las vanas promesas de su capitán, deciden volverse a España, y el padre Valverde logra disuadirlas y en nombre de Dios y España, todos juran continuar su histórica empresa.  El emisario Hernando de Soto llega a Cajamarca y anuncia que embajadores el Inca traen valiosos regalos en signo de paz y amistad. Soto, Fernando Pizarro y los embajadores indígenas se dirigen al campamento  de Atahualpa en Huamachuco.  Allí nacen repentinos y apasionados los amores de Soto y Cora, sobrina del inca y sacerdotisa del Sol.  Desoyendo las advertencias el Coro y atendiendo el pedido de Cora, Atahualpa admite como huéspedes a los españoles y los invita a una entrevista en Cajamarca.  En la plaza de esta ciudad, el monarca arroja la Biblia que le muestra Valverde.  Luego de sangrienta lucha Atahualpa cae prisionero y es condenado a muerte.  Cora, aconsejada por Soto, solicita y obtiene del pueblo un inmenso tesoro que, de acuerdo con Francisco Pizarro, es entregado a los españoles a cambio de la vida del monarca [sic.].  Pizarro incumple su palabra y el Inca es ejecutado.  Cora, desesperada, se hiere mortalmente con el puñal que arrebata del cinto a su amado.  Sólo exclama:

"¡Ah, la tierra a nuestro nombre,
deberá temblar de horror!"

El coro a su vez, con las melodías del Himno Nacional del Perú canta:

"Al hermano vengaremos,
como libres viviremos,
o en la lucha viviremos
maldiciendo al opresor"

El prestigio de que gozaba el maestro Pasta y el entrañable tema histórico de la obra, concitaron enorme expectativa en el público limeño que en la noche del estreno, colmó el aforo del Teatro principal.  la interpretación artística satisfizo ampliamente.  Blanca Montesini, soprano, encarnó a Cora; Giovani Carbone, barítono, a Atahualpa, gaetano Ortisi, tenor, a Soto; Catalini Cuyas, barítono, a Francisco Pizarro, y José Magner, bajo, al padre Valverde.  Francisco Rosa dirigió la orquesta.  Pasta fué llamado varas veces a escena y recibió una corona de laurel y un cheque de dos mil soles (suma extraordinaria en aquellos tiempos), obsequio del señor Dionisio Derteano, a quien estuvo dedicado el Atahualpa.

El público concurrió con igual entusiasmo a las siete siguientes representaciones de Atahualpa a pesar de la estación veraniega y de que -como lo anotó El Comercio- uno de los días de función coincidió "con la víspera de la salida del vapor Europa", hecho que siempre alborotaba a las principales familias limeñas.  por su parte, un cronista de El Nacional comentó: "El crítico más severo tendría mil y un elogios a esa excelente obra con que Pasta se ha conquistado un puesto al lado de tantos otros grandes compositores", y añadió que el maestro José Bernardo Alcedo, el glorioso autor de nuestro Himno Nacional, había confirmado la opinión de ese diarios de que Atahualpa "era una ópera que merecía los aplausos del público más inteligente".

En ese mismo año de 1877, la imprenta La Patria de la calle Zárate en Lima, publicó el libreto de Atahualpa, hoy joya bibliográfica por su gran rareza.




mayo 30, 2009

Música culta peruana escrita en el siglo XX (hasta 1970)


Fuente:
Orquesta Sinfónica Nacional
(Cincuentenario del Teatro Municipal, 1920 –1970)
Lima : 1970, s.p.
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Música contemporánea peruana
Enrique Pinilla





El Perú es un país que tiene un pasado artístico de verdadera trascendencia en la historia universal del arte. No solamente la cerámica y el arte textil preincaicos son considerados de inmejorable calidad estética, al lado de la cerámica egipcia, babilónica, cretense, griega y etrusca, sino otras artes, como la arquitectura incaica o el actual folklore, son cada vez más admirados y estudiados en las universidades de los cinco continentes. Las tres regiones naturales del Perú: la selva, la sierra y la costa, poseen desde el punto de vista musical, cantos y danzas de gran originalidad.

La música primitiva (etnomúsica) de la selva, ofrece características que no se encuentran en otras zonas selváticas del mundo. Por ejemplo, las extrañas y bellas modulaciones de los cantos de la tribu shipibo; la forma contrapuntística canónica a sólo medio tiempo, de cada nota del compás, en la tribu campa; las armonías impresionistas en la escala de tonos enteros de los coros de la tribu culina o el microtonalismo ascendente de los largos recitativos de la tribu orejón (sic.).

El folklore de la sierra, es producido por la mezcla de la etnomúsica [quechua] aimará o incaica (hoy casi desaparecida y de la cual sólo han quedado los instrumentos) con la música española, que aportó una nueva escala diatónica más completa que la escala pentafónica. La armonía europea con sus conceptos de tónica, dominante y subdominante, y un ritmo cuadrado que no existe en la etnomúsica selvática peruana. El folklore de la costa recibe, además de los elementos indígenas y españoles, la influencia de la música negroide africana al ser traídos los esclavos en la época de la Colonia. El folklore de la sierra es el que más ha llamado la atención a los musicólogos europeos de París y Berlín, haciéndoles afirmar en repetidas ocasiones que se trata del folklore más rico del continente americano, tanto por la calidad musical de las canciones o de los solos instrumentales como por la extraordinaria coreografía de las danzas puneñas [ilegible], ayacuchanas, huancaínas, cusqueñas.

Un país con semejante tradición popular tiene que tener también su importancia en la historia de la música culta. La música colonial es la más importante del continente, según afirman Andrés Sás y Robert Stevenson (máximos eruditos de esta materia); cuenta con autores de la talla de Tomás de Torrejón y Velazco, Pedro Montes de Oca y Grimaldo, Esteban Zapata Espina (españoles), Roque Ceruti (italiano) y José Orejón y Aparicio, Juan Beltrán, Melchor Tapia Zegarra y Bonifacio Llaque (peruanos), todos ellos compositores de los siglos XVII, XVIII y principios del siglo XIX, que utilizaron alguna vez el folklore costeño de influencia española. En la época republicana, brilla la figura de José Bernardo Alzedo (1788-1878), autor del Himno Nacional del Perú en 1821, 7 misas, motetes, pasiones, villancicos, etc., y de un libro: "Filosofía elemental de la música", publicado en 1869, de trascendencia continental. También pertenecen a este tiempo, dos autores italianos: Claudio Rebagliati (1847-1909), autor de la rapsodia peruana "Un 28 de Julio" para orquesta, estrenada en Lima en la Sociedad Filarmónica, en 1888, y del "Álbum Sud Americano", colección de bailes y cantos populares, escritos hacia 1870, con admirables zamacuecas escritas con muy fino estilo pianístico; y Carlos Enrique Pasta (1855-1898), que compuso la primera ópera de tema peruano: "Atahualpa", estrenada en el Teatro Principal de Lima, en 1877. Estos son los primeros compositores que utilizaron el folklore costeño y el indígena de la sierra, respectivamente.

El objeto del presente artículo es estudiar principalmente la música culta peruana escrita en el siglo XX. Para poder hacerlo hemos creído conveniente dividir al panorama de la música nacional en cuatro generaciones que abarcan incluso ocho lustros del siglo pasado. La primera generación, comprendería los compositores nacidos entre 1860 y 1900. La segunda generación, los nacidos entre 1900 y 1920. La tercera generación, los nacidos entre 1920 y 1935 y la cuarta generación, los nacidos después de esta última fecha.


La primera generación

Dividimos esta primera generación en dos grupos; los compositores que tienen formación europea, que cultivan las grandes formas como la ópera, misas, sinfonías y cuartetos; y los compositores que estudiaron en el Perú, que utilizaron pequeñas formas, como son las piezas para piano y la forma "suite" (conjunto de piezas musicales) y que principalmente han escrito para piano y canciones para voz y piano. El estilo de ambos grupos, pertenece al romanticismo europeo, con empleo de elementos folklóricos en la mayoría de los casos.
Pertenecen al primer grupo, los siguientes compositores: José María Valle-Riestra (1858-1925), nacido en Lima, que estudió en Perú, en Londres y en el Conservatorio de París. En diciembre de 1900, estrena "Ollanta", que es la primera ópera escrita por un autor peruano, no obteniendo mayor éxito. En 1920, se vuelve a tocar esta ópera, transformándose la partitura y cambiándose el libreto de Federico Blume por otro del poeta Luís Fernán Cisneros, siendo esta vez aclamada por el público. Entre otras obras de Valle-Riestra, debemos mencionar la ópera "Atahualpa", que quedó incompleta, las zarzuelas "El comisario del Sexto" y "El cigarrero de Huacho"; la opereta "La Perricholi"; una "Misa de Requiem"; el boceto para orquesta "En Oriente", sus lieders, etc. Desde 1909 hasta su muerte, fue Sub-Director de la Academia de Música "Alzedo". Valle-Riestra tiene en la historia de la música peruana, un puesto excepcional por su sólida preparación técnica, evidenciada en el dominio de las formas musicales y su avanzado cromatismo armónico.

Federico Gerdes (1873-1953), nacido en el Sur del Perú, hijo de un comerciante alemán y de una dama tacneña, viaja a los 10 años a Alemania donde efectúa sus estudios de música. Actúa corno pianista y director en diversas capitales europeas, y en 1908 es contratado por el gobierno del Perú como Director de la Academia de Música "Alzedo" y de la Sociedad Filarmónica. Su llegada a Lima fue de vital importancia para la vida musical de nuestro país ya que continuó la obra del maestro italiano Claudio Rebagliati, en el sentido de elevar el nivel musical de nuestra sociedad, con una beneficiosa influencia germánica. En lo que se refiere a sus composiciones, encontramos 17 obras publicadas en Alemania, Perú y Uruguay, para coro, violín y piano, lieders y obras para piano. Federico Gerdes no cultivó las grandes formas, pero sus pequeñas piezas de cámara son una prueba de su exquisito temperamento romántico.

Renzo Bracesco nace en Lima, en 1888. Inició sus estudios en su ciudad natal y posteriormente los continuó en Italia. En 1923, enseñaba Teoría, Solfeo y Dictado Musical en el Conservatorio de Milán v en 1928 fue Director de la Escuela de Música "Claudio Monteverdi" de esa misma ciudad. En 1948, fue nombrado Director de la Escuela de Música del Norte (Trujillo), habiendo retornado posteriormente a Italia, donde radica en la actualidad. Entre sus obras destacan la "Sonata en Re Mayor" para violín y piano, "Cuarteto en Re Mayor" para cuerdas. "De profundis e Réquiem" para 8 voces sin acompañamiento (estrenado en Lima, en 1949, bajo la dirección de Carlos Sánchez Málaga), misas, motetes, la ópera "Atahualpa" con libreto de Luigi Orsini, y otras obras de cámara y para piano.

Otro compositor del primer grupo es Ernesto López Mindreau, nacido en Chiclayo, en 1892. Estudia música con sus padres y en la Academia Nacional de Música sigue cursos de armonía con José María Valle-Riestra, y de piano con Federico Gerdes. Las obras más importantes de López Mindreau son sus dos óperas en tres actos "Cajamarca" y "Francisco Pizarro" (también llamadas en conjunto el ciclo de "Nueva Castilla"), la "Sinfonía Peruana", "Tema y Variaciones" para piano y orquesta, sus obras orquestales "Yaravi y Ballet" y "Marinera y Tondero", sus canciones, etc. La Orquesta Sinfónica Nacional ha popularizado notablemente su "Marinera", excelentemente instrumentada: pero la mayoría de sus obras permanecen sin estrenar.

Luis Pacheco de Céspedes, nacido en Lima en 1895, cierra el primer grupo de los compositores de la primera generación. Hizo sus estudios musicales en Lima y a los 15 años viajó a París siguiendo diversos cursos con Fauré y R. Hahn. Regresa al Perú al estallar la segunda guerra mundial y en 1941 asume la dirección musical de la Radio Nacional del Perú. Entre las composiciones de Pacheco Céspedes hay que mencionar en primer lugar, sus obras teatrales: "L'Horloge de Porcelaine", ballet en un acto, estrenado en el Teatro "Olympia" por la Compañía Nikita Balieff, en París; "Le Masque et la Rose", ópera en un acto, estrenado en el Teatro de Rouen; Tres Momentos de Ballet "Selva, sierra y costa", y "La Maríscala", opereta en tres actos. Entre sus obras sinfónicas existen dos sinfonías, "Danzas sobre un Tema Inca", la suite "El Paseo de Aguas", etc.

Los compositores que pertenecen al segundo grupo de la primera generación son aquellos que se formaron en el Perú sin tener oportunidad para perfeccionar sus estudios en Europa. Empezaremos en orden cronológico con Manuel Aguirre (1863-1951), nacido en Arequipa, que tuvo una formación autodidáctica. Tiene 12 piezas para piano impresas en Lima, Hamburgo y Bruselas, siendo quizás las más famosas las "Siete Piezas" y los dos álbumes "De mis montañas". Entre su abundante producción pianística debemos hacer mención de las dos sonatas, valses, mazurcas, gavota, preludio, etc. Para canto y piano, compuso canciones con textos de Rosalía de Castro, Mariano Melgar, Gustavo Adolfo Bécquer y con poemas propios. El estilo de Aguirre tiene mucha influencia del romanticismo chopiniano pero llega a conseguir páginas de gran inspiración y con cierta originalidad, derivada del carácter melancólico del folklore arequipeño.

Daniel Alomía Robles (1871-1942), nacido en Huánuco y José Castro (1872-1945), nacido en el Cuzco, deben ser mencionados dentro del segundo grupo de compositores aunque el prestigio de ambos viene más por su labor de folkloristas. Alomía Robles estudió música en Lima. Castro fue autodidacto y no recibió lino unas cuantas lecciones del maestro ecuatoriano José Francisco Nieto, siendo el primero en el Perú en afirmar que la música indígena pre-colonial tiene una escala pentafónica y que este sistema está fundamentado en la sucesión natural de quintas, en una tesis sustentada en 1897. José Castro compuso valses de concierto, fantasías, marchas, polkas, canciones escolares, etc., sin utilizar las melodías populares ni "su" descubierta escala pentafónica. Daniel Alomía Robles, en cambio, utilizó el folklore peruano en la gran mayoría de sus composiciones. Según el catálogo publicado en el Boletín Bibliográfico de la Biblioteca Central de la Universidad Mayor de San Marcos (julio de 1943), la obra del maestro huanuqueño llega a un total de 1,015 piezas registradas, entre composiciones originales y recopilaciones folklóricas. La obra de Alomía Robles tiene una positiva importancia dentro de la historia de la música peruana, por ser el primer autor que consagra casi toda su producción a la exaltación del folklore nacional. Su célebre "Colección de melodías populares" permanece, desgraciadamente, hasta hoy inédita.

Luis Duncker-Lavalle (1847-1922), nació en Arequipa y se dedicó a la música lo mismo que sus hermanos Adolfo y Roberto, especializándose además en matemáticas, idiomas y en astronomía. En 1917, viajó por 5 años a los Estados Unidos, pensionado por el gobierno de Manuel Pardo. Aparte de su "Marcha nupcial" para orquesta y de algunas canciones, su obra es esencialmente pianística, habiendo llegado a ser un excelente virtuoso de este instrumento.

Francisco González Gamarra (1890) nació en el Cuzco y fue educado musicalmente por sus padres y por Don José Castro. En realidad, es un autodidacto que ha llegado a escribir importantes páginas como sus "Paisajes Musicales" (1935) para piano y coros, siendo el primer autor peruano que "desarrolla" el material folklórico serrano de la misma forma como 'Duncker-Lavalle "elabora" el folklore costeño. González Gamarra no utiliza los temas de las melodías populares sino que crea sus propios temas musicales utilizando la escala pentafónica.

Otros autores de la primera generación son Octavio Polar (1856-1916), Daniel Hoyle (1869-1940), Juan de Dios Aguirre (1880-1963), J. F. Chanove Zegarra (1885- ), Walter Eduardo Stubs (1891), Alberto Mejía (1896), Baltazar Zegarra (1897), Roberto Ojeda Campana (1898), y Rosa Mercedes Ayarza de Morales, la más genuina representante del folklore costeño y autora de hermosas canciones como "Tu ausencia es un silencio", "Si mi voz muriera en tierra", "Canción de cuna", etc.


Segunda generación

Está formada por los compositores nacidos entre 1900 y 1920. Encontramos fundamentalmente
cinco nombres: Monseñor Chávez Aguilar (1898-1950), Teodoro Valcárcel (1900-1942), Raoul de Verneuil (1901), Alfonso de Silva (1903-1937), Roberto Carpió (1900) y Carlos Sánchez Málaga (1904). Con excepción de Chávez Aguilar, la mayoría de los autores mencionados hicieron sus estudios de música en el Perú. Es verdad que Valcárcel y Silva estudiaron algún tiempo en Europa (en Milán y Madrid, respectivamente), pero no llegaron a finalizar ningún ciclo de estudios. El simbolismo literario europeo de Verlaine, Rimbaud, Mallarmé y Maeterlink y la pintura impresionista francesa, influyen en el Perú en artistas como José María Eguren y Vinatea Reinoso, de la misma forma como Debussy y Ravel, dejan su huella en las obras de los compositores de la segunda generación.

Una notoria característica de estos autores es la adopción de las pequeñas formas musicales, al igual que el segundo grupo de los compositores de la primera generación. Únicamente, Chávez Aguilar ha escrito grandes formas como sus dos Misas (en honor de Santa Rosa de Lima y por el centenario de la batalla de Ayacucho), el "Vesperale Completum", el 'Te Deum" para cuatro voces mixtas, las óperas "L'Oca" y "La regina in berlina" y su Divertimento Musicale "La beffana", aunque sus obras más características y que más valor musical tienen, son las concebidas en pequeñas formas, como son sus "Ocho variaciones sobre un tema incaico", los "Seis preludios incaicos" y la "Suite peruana" realizadas para piano, donde la sabiduría armónica del maestro limeño se evidencia en el libre tratamiento del folklore peruano.

Las pequeñas formas en los compositores de la segunda generación, los llevan esencialmente a componer obras para piano o canciones, siendo muy escasa la producción orquestal entre los años 1920 y 1940, que es el período en que se han producido la gran mayoría de las obras de estos autores. Roberto Carpió y Carlos Sánchez Málaga no han compuesto para orquesta y las obras orquestales de Valcárcel, han debido ser reinstrumentadas en su gran mayoría por Rodolfo Holzmann y Albin Berger. Citaremos entre las obras de Valcárcel, los dos poemas sinfónicos: "Reflejo en la cumbre" (1929), "En las ruinas del templo del Sol" (1940); y las dos suites sinfónicas, ambas obras escritas en 1939. Y sólo queda por mencionar, las tres creaciones sinfónicas de Alfonso de Silva: la suite "Instantes" (Lima, 1921 - París, 1923), el boceto sinfónico "Cuento de Hadas" (Lima, 1921-1924) y la "Canción amarilla" (Lima, 1924), que son quizás las mejores partituras orquestales escritas en la segunda generación. Pero insistimos en que, a pesar de la utilización de la orquesta, los compositores no tienen interés en emplear 'las grandes formas sinfónicas y que más bien se limitan a crear pequeñas piezas, agrupadas casi siempre en la forma de "suite".

En la forma "lied", destaca Alfonso de Silva con 17 admirables canciones, que lo colocan en envidiable lugar en toda la historia de la música hispanoamericana, por la riqueza armónica y la belleza de las melodías. También ocupan un lugar importante los "30 cantos de alma vernacular" de Teodoro Valcárcel, con melodías propias del autor, escritas en gran parte en la escala pentafónica con excelente tratamiento del piano acompañante. Roberto Carpió, en un ambiente más impresionista, crea sus canciones "Ya dormir", "La cristalina corriente", "Alba de sueños", etc. Igualmente mencionamos los "lieder" de Carlos Sánchez Málaga: "Distancia", "Huayno", "Palomita de nieve", etc., donde se hacen presentes el ambiente arequipeño y la forma del yaraví, en una apropiada estilización. Para piano solo, destacan los "Poemas Ingenuos" de Silva; las Estampas del Ballet "Suray Surita" de Valcárcel; el "Nocturno", 'Tres Estampas de Arequipa", "Cuatro miniaturas" y "Suite para piano" de Carpió; y "Vísperas", "Caima" y "Acuarelas Infantiles" de Sánchez Málaga.


Tercera y cuarta generaciones

Pertenecen a esta generación los compositores nacidos entre 1920 y 1935. Son los siguientes: Rosa Alarco (1918), Enrique Iturriaga (1918), José Malsio (Lima, 1924), Celso Garrido Lecca (Piura, 1926), Armando Guevara Ochoa (Cuzco, 1927), Jaime Díaz Orihuela (Arequipa, 1927), Luis Iturrizaga (Lima, 1927), Francisco Pulgar Vidal (Huanuco, 1929), Armando Sánchez Málaga (Lima, 1929), José Belaúnde Moreyra (Lima, 1930), Olga Pozzi Escot (Lima, 1931), César Bolaños (Lima, 1931), Leopoldo La Rosa (Lima, 1931), Luis A. Meza (Lima, 1931), Edgar Valcárcel (Puno, 1932) y Alejandro Bisetti (Lima, 1932).

Haremos un estudio en conjunto de las características generales que son comunes en estos jóvenes compositores. La mayoría de ellos se han educando en Europa o en Estados Unidos, recibiendo una sólida formación académica que les permite poder resolver cualquier problema técnico y abordar los géneros y formas musicales. Por este motivo, la tercera generación se aproxima más a la primera generación que a la segunda, por la adopción de las grandes formas musicales. En lo que se refiere a los estilos, no podemos encontrar unidad en esta generación ya que se cultivan a la vez el impresionismo, la politonalidad, el dodecafonismo, el puntualismo, la aleatoria y el folklorismo estilizado.

Vamos a mencionar algunas obras sinfónicas de los músicos de la tercera generación, instrumentados por los propios compositores (hecho poco frecuente en la segunda generación) y casi todas estrenadas en el Perú, Estados Unidos y Europa: "La Canción de Rolando", "Suite para Orquesta" (Primer Premio del Festival de Música de Caracas) y "Vivencias I-IV", de Enrique Iturriaga. "Concertó Grosso para cuatro violines, fagote, clarinete, piano y orquesta", "Obertura Sinfónica", "Divertimento para orquesta", "Danza para orquesta" y "Rondó Concertante", de José Malsio; "Sinfonía en tres partes" y "Laúdes", de Celso Garrido Lecca; "Estampas peruanas", "Poema sinfónico N' 2", "Trilogía peruana" y "El drama del Ande", de Armando Guevara Ochoa; "Rapsodia arequipeña" para piano y orquesta, de Jaime Díaz Orihuela; "Variaciones para orquesta", de Luis Hurrizaga; "Taki N° 1" y "Suite mística" para orquesta de cuerdas, de Francisco Pulgar Vidal; "Cuatro Minués", de José Belaúnde Moreyra; 'Tendero" y "Ensayo 1956" para cuerdas, de César Bolaños; "Primera sinfonía" y "Cristos" para conjunto de cámara, de Olga Pozzi Escot; "Mercedes Barrientos" y "Cáritas" (Operas), "Música 1963", "Música 1964", "Rosmanyá", de Leopoldo La Rosa; "Obertura festiva" y "Suite para cuerdas", de Luis A. Meza; y "Sinfonietta" y el estudio sinfónico "Queñua", de Edgar Valcárcel.

En la música de cámara, los compositores de la tercera generación también manifiestan su predilección por las grandes formas, como lo evidencian los "Cuartetos de cuerdas" escritos por Celso Garrido Lecca, Francisco Pulgar Vidal, Olga Pozzi Escot, Luis A. Meza y Edgar Valcárcel; los "Quintetos" de José Malsio y Celso Garrido Lecca, ("Divertimento") y las "Sonatas para piano" de José Malsio, Edgar Valcárcel, Francisco Pulgar Vidal y Luis A. Meza.

Siguen empleando el folklore peruano Rosa Alarco, Armando Guevara Ochoa, Jaime Díaz Orihuela, Francisco Pulgar Vidal, Leopoldo La Rosa y Luis A. Meza. La mayoría de los compositores de esta generación, han usado el folklore en sus primeras composiciones, evolucionando posteriormente hacia una música pura que no utiliza las melodías o los ritmos populares. La politonalidad es empleada por José Malsio, Rosa Alarco, Armando Guevara Ochoa, Francisco Pulgar Vidal, Luis A. Meza y Alejandro Bisetti. La dodecafonía es utilizada por Enrique Iturriaga, Luis Iturrizaga, Armando Sánchez Málaga, Olga Pozzi Escot, César Bolaños y Edgar Valcárcel. Este último y Leopoldo La Rosa, también han creado formas aleatorias. La música electrónica ha sido practicada por José Malsio y parece ser la tendencia predominante en las actuales experiencias de César Bolaños.

Han impreso sus obras: Rosa Alarco, Francisco Pulgar Vidal y Alejandro Bisetti en Lima; Enrique Iturriaga en Buenos Aires; Olga Pozzi Escot y Celso Garrido Lecca en Estados Unidos; Luis Iturrizaga en Alemania. Practican la dirección de orquesta: José Malsio, Armando Sánchez Málaga, José Belaúnde, Leopoldo La Rosa y Luis A. Meza. La dirección de coros: Rosa Alarco, Enrique Iturriaga, Celso Garrido Lecca, Jaime Díaz Orihuela y Leopoldo La Rosa.

Algunos de los compositores de la tercera generación radican en el extranjero, muchos de ellos en forma permanente. Celso Garrido Lecca vive en Chile, aunque está actualmente con una beca en los Estados Unidos. Olga Pozzi Escot es profesora en el Conservatorio de Nueva Inglaterra, de Boston. Jaime Díaz Orihuela sigue estudios de perfeccionamiento en composición con Francisco Calés Otero, en Madrid. Luis Iturrizaga vive en Alemania, con una beca del Senado de Berlín. César Bolaños tiene una beca del Instituto Torcuato Di Tella, de Buenos Aires, para trabajar en música electrónica en el Departamento Audio-Visual. A pesar de esta dispersión, la tercera generación está al día de lo que componen cada uno de sus integrantes. En Lima, la Orquesta Sinfónica Nacional estrena frecuentemente obras de estos compositores, existiendo además muchas oportunidades para escuchar sus obras de cámara.

Los 16 compositores de la tercera generación que mencionamos en el presente artículo, no han tenido casi sucesores. En realidad, la cuarta generación de compositores no existe. La presencia de algunos jóvenes como Rafael Junchaya (1939), Jorge Chiarella (1943) o Jaime Delgado Aparicio (1943), que son promesas en la historia de la música peruana, no justifican la existencia de una auténtica nueva generación. ¿Por qué se ha producido este vacío de vocaciones por la composición musical? Es una pregunta muy difícil de contestar. Lo que sí es cierto, es que los jóvenes actualmente sólo desean su titulo musical académico para poder enseñar en escuelas y colegios, y no les interesa mucho, al parecer, componer música. Quizás la creación de numerosos premios de estímulo, podría fomentar el deseo de crear música en las nuevas generaciones. Podría también ayudar la organización de conciertos especiales con obras de los jóvenes compositores.


Los músicos extranjeros radicados en el Perú

La mayoría de los músicos de la primera generación tuvieron influencia de los pedagogos italianos que se radicaron en el Perú en la segunda mitad del siglo XIX como Claudio Rebagliati, Salvador Barriola, Francisco de Paula Francia, Carlos Enrique Pasta y Napoleón Mafezzoli. De las composiciones de Rebagliati y Pasta ya hablamos anteriormente. En el siglo XX la influencia de los maestros y compositores extranjeros continúa con la positiva obra de Enrique Fava Ninci, Vicente Stea, Andrés Sás y Rodolfo Holzmann. Principalmente, Sás y Holzmann han sido los maestros de casi todos los músicos de la tercera generación. Diremos muy brevemente algo sobre estos maestros extranjeros, nacionalizados peruanos.

Enrique Fava Ninci nació en Italia en 1883 y murió en Lima en 1949. Vino al Perú en 1909, enseñando Teoría, Solfeo y Armonía en la Academia Nacional de Música y en el Conservatorio, llegando a ser Director en 1931. También dirigió orquesta y algunas temporadas de ópera en nuestra capital. Entre sus obras que tienen relación con el folklore peruano mencionaremos tres composiciones para orquesta: el "Himno Ayacuchano", la obertura "Alfonso Ugarte" y el ballet "La cadena de Huáscar".

Vicente Stea nació en Italia en 1884 y murió en Lima en 1943. Su llegada al Perú data de 1917, dedicándose a ser maestro de canto, director de óperas y fundando la Sociedad del Cuarteto, que dio magníficos conciertos de cámara. Igualmente, Stea fue un célebre director de orquesta, siendo con Federico Gerdes un auténtico precursor de las actividades orquestales en nuestro país.

Andrés Sás, belga nacido en París en 1900, llegó al Perú en 1924. Fundó con su esposa, la pianista Lily Rosay, la Academia Sás-Rosay en Miraflores, célebre institución conocida por casi todos los compositores y pianistas peruanos. Actualmente enseña Armonía y Contrapunto en el Conservatorio. Como musicólogo, realizó investigaciones sobre el folklore peruano y la música colonial, llegando a ser uno de los más grandes eruditos del mundo en esta última especialidad. Algunas de sus obras emplean el folklore, como las tituladas "Aires y danzas del Perú", "Suite peruana", "Preludio y Tocatta", escritas para piano; "Tres estampas del Perú", "Poema indio" y "La leyenda de la isla San Lorenzo", para orquesta; "Recuerdos" y "Rapsodia peruana", para violín y orquesta; coros; canciones; etc.

Rodolfo Holzmann nació en Alemania en 1910, llegando al Perú en 1938, como profesor de oboe, ingresando posteriormente como violín de la Orquesta Sinfónica Nacional. Su labor más importante fue como profesor de Composición del Conservatorio. Al mismo tiempo realiza interesantes investigaciones musicológicas sobre los compositores peruanos de los siglos XIX y XX, destacando los catálogos publicados por él de los compositores D. Alomía Robles, Vicente Stea, Alfonso de Silva y Teodoro Valcárcel. Sus obras musicales que tienen relación con el Perú son las siguientes: "Pequeña suite" sobre motivos del folklore peruano, y "Niñerías" para piano: "Suite arequipeña" para orquesta; "Concierto para la Ciudad Blanca" para piano y orquesta, diversas obras corales y sus instrumentaciones de las obras de Manuel Aguirre, Teodoro Valcárcel, Daniel Alomía Robles y Francisco González Gamarra. Rodolfo Holzmann es actualmente jefe del Servicio Musicológico de la Escuela Nacional de Música y Danzas Folklóricas, y maestro de composición en la Escuela Moderna de Piano, en Miraflores. Prepara últimamente dos obras basadas en temas folklóricos de gran parte de los departamentos de nuestro país cuyos títulos serán "Costa, Sierra y Montaña: Música tradicional del Perú" y "Panorama de la música tradicional del Perú".


parte de las imágenes incluídas en el texto impreso:

Claudio Rebagliati

José María Valle Riestra - Carátula de la ópera "Ollanta"

Luis Duncker Lavalle
(esta foto, que acompaña junto a las otras el artículo impreso como siendo de Luis Duncker Lavalle, parece corresponder a uno de sus hermanos. Una imagen más certera del maestro músico es ésta)


Carlos Sánchez Málaga


Leopoldo La Rosa (izq.) y Luis Alva



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Video
"La marinera"
Autora: Rosa Mercedes Ayarza
Canta: Bartola

En la foto , Olga Vásquez y Mendoza Reyes de la Compañía Pancho Fierro (1956)
Con este título figura en el disco "Rosa Mercedes Ayarza - Una leyenda", sin embargo, en este video, que ofrece una grabación antigua de Doña Mercedes, se señala como título "Soy peruana"

Soy peruana, soy limeña (bis)
caramba, soy la flor de la canela (bis)
y a mi son alegre y retozón baten las palmas (bis)
caramba y el que vé, peruano sea (bis)
a los pobres y a los ricos,
les da un vuelco el corazón
(bis)
cuando oyen cantar mis coplas, con guitarra y con cajón (bis)
y es que soy y es que soy, y es que soy la más criolla
y es que soy y es que soy, y es que soy la verdadera
alma grande de peruana
(bis)
y es que soy, La Marinera



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Enlaces

Procesos iniciales de la identidad musical en el Cusco
Creación musical en Arequipa, brevísima relación
Daniel Alomía Robles en primera persona
Armando Guevara Ochoa
Las zamacuecas de Claudio Rebagliati

Un panorama musical por Carlos Sánchez Málaga
Morir en primavera Armando Robles Godoy, sobre Enrique Pinilla
Amistad entre pentagramas - "Cuatro compositores representativos de la generación del 50 celebran más de medio siglo de amistad y música..." [Francisco Pulgar Vidal, César Bolaños, Edgar Valcárcel y Leopoldo La Rosa] - Rev. Variedades, jun. 2008





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noviembre 03, 2008

El mítico país de los Incas en la ópera europea



Mítico, en el sentido de algo hecho de leyendas tendientes a la idealización. Los Incas, eran unos "otros" tan lejanos como fascinantes de los cuales se sabía, gracias a Garcilaso de la Vega (más literato que historiador), que habían sido capaces de forjar un Estado de bienestar ideal, casi utópico. El siglo XVIII fue el Siglo de las Luces y la Ilustración; en consonancia, la sociedad francesa culta (aristocrática o burguesa), necesitaba expandir su conocimiento y visión del mundo periférico, integrado al logos europeo con la Conquista. Durante los siglos XVI y XVII todo europeo no español estaba prohibido de ingresar libremente a las colonias hispanoamericanas hasta que en el siglo XVIII -cuando la casa de Borbón desplaza a la casa de los Austria e instaura una serie de reformas bajo un régimen de despotismo ilustrado- comienzan a darse algunas autorizaciones a misiones científicas francesas (Feuillé, Frezier y La Condamine principalmente). El científico francés, en concepto de Déborah Poole ("Visión, raza y modernidad. Una economía visual del mundo andino de imágenes", 2000) encarnaba el cuerpo social de la naciente nación francesa en tierras que hasta entonces desconocían de primera mano, y es el que comienza a aportar los elementos para construir la imagen subjetiva (y no precisamente ingenua) de ese "otro" tan lejano. Para sustentar su avance geopolítico y económico sobre Hispanoamérica, Francia e Inglaterra se propusieron desacreditar moralmente la conquista española a través de la famosa "leyenda negra", idealizando a las civilizaciones conquistadas y sojuzgadas hasta entonces. Las más emblemáticas, naturalmente, fueron la de los incas y la de los aztecas. Cuando se disipa la turbulenta época de la revolución francesa, y las colonias hispanoamericanas se independizan formalmente de España (década de 1820), comienzan a venir viajeros europeos nuevamente, y con más libertad, siendo franceses, británicos y alemanes los más numerosos. El contexto es otro, el perfil de los viajeros es más diverso (no sólo son funcionarios de su gobierno, sino científicos, o simplemente viajeros suficientemente solventes para costear tan desafiante aventura, autodidactas con sed de mundo), el objetivo colonialista de la expansión económica es el mismo, pero la idealización se acaba. Con distinto tono, desde la franca simpatía a la crítica sin concesiones, y según los lugares donde estuvieron, los viajeros europeos emitieron juicios sobre nuestra sociedad (Lima en particular, como capital del país) que en general, más allá de lo etnocéntricos y subjetivos que puedan ser, resultan vigentes de cara a las reflexiones de hoy.
// marcela cornejo


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Fuente:
"El Dominical" de El Comercio
Lima, 2 de noviembre de 2008, año 55, N° 32, p. 10

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Perú lírico: Incas y mestizos en la ópera
Hernando Torres-Fernández


Una romántica versión de nuestro país viven las óperas de compositores como Rameau, Offenbach y Verdi gracias a historias de incas, romances virreinales y mestizos.




afiche de "Les indes galantes" de Rameau y Fuzelier, compuesta en 1735 (en: Visión, raza y modernidad. Una economía visual del mundo andino de imágenes" - Deborah Poole, 2000, p. 53)


Hay dos tipos de referencias al Perú en la ópera. Por un lado están las obras que tienen al Perú o a su historia como escenario y aquellas que, si bien se desarrollan en Europa, tienen como protagonistas a personajes peruanos. Están, además, aquellas óperas en las que se hace solamente una breve o anecdótica mención -siempre favorable- a nuestro país.

La primera gran ópera con un acto completo dedicado a nuestro país (el segundo, titulado "Los incas del Perú") es la que hizo el compositor francés Jean Philippe Rameau en 1735 llamada "Las indias galantes". Es en realidad una ópera-ballet en cuatro partes que transporta sucesivamente a los espectadores a Turquía, Perú, Persia y América del Norte.

El acto dedicado a los incas, que ciertamente no tiene ninguna reminiscencia de música peruana, se inspiró en la literatura de viajes e historias, muy popular en aquella época. Dura casi 40 minutos y trata de una historia de amor entre un conquistador y una princesa inca, idilio al que se opone el gran sacerdote Huáscar, que fallece en un terremoto, pues nuestro país ya era conocido por sus fuertes movimientos telúricos.

Destacan el aria de Huáscar y el coro de ñustas interpretando un himno de adoración al sol -"Brillant soleil"- y otro coro que anuncia el sismo titulado "Dentro de los abismos de la tierra". El aria final del sacerdote Huáscar se denomina "La flamme se rallume encoré" ("El fuego se reaviva") que termina con su muerte al caerle una enorme piedra encima. El año 2004 la Ópera Nacional de París puso en escena una exitosa versión cuyos extractos pueden verse en You Tube.

Giuseppe Verdi compuso en su juventud la ópera "Alzira", cuya trama se desarrolla en la Lima del siglo XVI. El libreto de Salvatore Cammarano -libretista de varias óperas de Donizzetti- está basado en una historia escrita nada menos que por el gran Voltaire, en 1736, llamada "Alzira o los americanos". Se trata de una tragedia lírica en tres actos sobre un triángulo amoroso entre Alzira, hija del cacique Ataliba, Zamoro, joven cacique enamorado de Alzira -amor que esta corresponde- y Gusmano, el nuevo gobernador español que desea casarse con la protagonista por razones políticas. La ópera, después de una serie de hechos violentos, tiene un final feliz pues Alzira y Zamoro terminan uniéndose en matrimonio.

"Alzira" fue estrenada en 1845 en el teatro San Carlos de Nápoles con éxito moderado. Para varios críticos y especialistas de hoy, el propio Verdi y la gente de su época fueron injustos al no valorar las cualidades de esta obra. No está, ciertamente, entre las más famosas y representadas de las 27 que compuso Verdi, pero tiene partes sin duda emocionantes y admirables. "Alzira" fue interpretada en Lima en el 2001 en versión de concierto, gracias a Prolírica y a su fundador, el maestro Luis Alva.

No fue esta la única relación de Giuseppe Verdi con el Perú. Casi veinte años después, en 1862, estrenaría "La fuerza del destino" en el Teatro Imperial de San Petersburgo, ópera basada en la obra de teatro "Don Álvaro o la fuerza del sino" del dramaturgo español Ángel Saavedra, Duque de Rivas. La ópera es un melodrama en cuatro actos con libreto de Francesco María Piave. Verdi hizo en 1869 una segunda versión que se presentó en el Teatro alla Scala de Milán y que es la que se conoce hoy en día. El libretista que lo ayudó a realizar esta versión fue Antonio Ghislanzoni, el mismo que escribió "Aída" y, coincidentemente, la ópera "Atahualpa" de Carlo Enrico Pasta, compositor milanés que vivió largo tiempo en nuestro país.

El personaje principal de "La forza del destino" es nada menos que un peruano, Don Álvaro, descrito como "peruviano discendente da una stirpe reale perseguitata dai dominatori spagnoli" ("peruano descendiente de una estirpe real perseguida por los dominadores españoles").

No voy a relatar la trama de esta ópera de música realmente conmovedora; solamente mencionaré que se trata de una verdadera tragedia amorosa en la que mueren asesinados los principales personajes: la amada de Don Álvaro, Leonora, a manos de su vengativo hermano Don Carlos, herido poco antes y letalmente en un duelo por Álvaro; y el Marqués de Calatrava, padre de Leonora y Carlos, también a manos de Álvaro pero accidentalmente, -al principio de la ópera- provocando que aquel lance antes de morir una maldición contra su hija, cuyos amores desaprobaba. En la primera versión de la ópera, Álvaro, al contemplar la muerte de su amada, se lanzaba por un precipicio, maldiciendo el destino.

La obertura de "La forza" es una de las más interpretadas en el mundo y anuncia de manera inconfundible la tragedia y también la pasión de los que se aman. Una de las principales arias de Don Álvaro se titula "La vita e inferno all'infelice" en la cual lamenta su triste suerte. El texto castellano es el siguiente: "La vida es un infierno para el infeliz... / ¡En vano deseo la muerte! / ¡Sevilla! / ¡Leonora! / ¡Qué recuerdos! / ¡Oh noche que me quitaste toda la dicha! / Seré eternamente desgraciado, está escrito. / Del yugo extranjero, quiso mi padre / liberar a su tierra natal / y, uniéndose / a la última de los incas, / confió en ceñirse la corona. / ¡Vano intento! / ¡Nací en una cárcel; / el desierto me educó; / vivo porque se desconoce / mi real estirpe! / ¡Mis padres soñaban con un trono / y los despertó el hacha! / ¿Cuándo acabarán / mis desventuras?"

Un año antes de la segunda versión de "La forza", en 1868, Jacques Offenbach estrenaba una opereta en dos actos: "La Perricholi", pronunciada por los franceses como "la Perichole", basada en la comedia que en 1830 escribió Próspero Merimée titulada "La carroza del santo sacramento", obra sobre el poder político y religioso, ambientada en la Lima del siglo XVII e inspirada en la relación del virrey Amat con Micaela Villegas, actriz y cantante de entonces, sobre la cual Ricardo Palma escribiría una de sus célebres tradiciones. Es una auténtica pequeña ópera bufa -muy popular en los teatros franceses y europeos- con una serie de enredos en los que intervienen los mencionados personajes con los nombres alterados.

En cuanto a las referencias anecdóticas al Perú, hay tres en igual número de óperas importantes, dos de las cuales se representan continuamente en los principales teatros del mundo: "El viaje a Reims", de Rossini; "Cosí fan tutte", de Mozart; y "Madame Butterfly" de Puccini.

En Italia, desde el siglo XVII hasta nuestros días se dice, para referirse a algo valioso: "¡Vale un Perú!". Y esto es lo que exactamente le dicen en la ópera "Cosí fan tutte" al médico que cura a dos de los protagonistas, Ferrando y Guglielmo y, en "Madame Butterfly" de Giacomo Puccini -que apreciaremos en Lima en estos días- a Pinkerton.

Finalmente, en "El viaje a Reims" de Gioachino Rossini, el personaje Don Profondo interpreta un aria titulada Medaglie incomparabili (Medallas incomparables) en la que parodia -incluyendo los acentos- a varios de los personajes, ridiculizando el discurso habitual de cada uno de acuerdo con su nacionalidad. Cuando le toca el turno al español, la enumeración de blasones y viejas glorias se ve coronada con dos perlas del Perú, grandes como nueces: "E, grosse come noci, / ¡sei perle del Perú!".


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Video

Aria "Oh, quel diner", de "La Perichole" de Jacques Offenbach
Teresa Berganza - mezzo soprano española





Des Indes Galantes - Rondó
(en versión concierto)

Jean-Philippe Rameau
Cantan: Magali Léger y Laurent Naouri
Musiciens du Louvres bajo la dirección de Marc Minkowski




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