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diciembre 17, 2013

Eguren y la música

Poeta puro que hilvana imágenes de sueños.  Onírico, nocturno, misterioso.  En sus versos transitan criaturas surgidas de sus propios recuerdos y lejanas mitologías: infantes risueños,  doncellas perlinas, delicadas, dioses germanos, latinos  u orientales....  Todo lo existente se alegoriza epífánicamente en su  juego textual.  No sólo usa el poder  semántico de las palabras, sino que procura  una sinestesia en  justa concisión (contenida, tendiente al hermetismo, a la miniatura), por ello su noción de texto se proyecta también especialmente, a la pintura, la música y la fotografía.  Ejemplo patente de ello es su serie de lieder:

      Los amores

      de la chinesca tarde, fenecieron
      nublados en la música azul
      (Lied I - fragmento)
      
Eguren fue también pintor, fotógrafo y  amante de la música.  Por ello es posible encontrar en sus poesías  una musicalidad de la imagen que más que externa o tangible, es interna, latente, recurso expresivo de la poesía moderna que lo lleva a ensayar una original  lírica del silencio (cf. Núñez 1999).  

Además, fue fino prosador.  Entre 1930 y 31 escribió unas meditaciones publicadas en diarios y revistas que fueron reunidas posteriormente bajo el título Motivos.  En ellas la música ocupa lugar principal.  Las más condensadas son Sintonismo y Eufonía y canción, buenos textos para trabajar una estética e incluso una filosofía de la música.

//m. cornejo d. 



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Fuente:
Motivos.
En: José María Eguren.  Obra poética.  Motivos
Ricardo Silva-Santisteban (prólogo, cronología y bibliografía)
Caracas : Biblioteca Ayacucho, 2005, pp. 257-263
 (pdf)















Sintonismo*

La música es la expresión directa del sentimiento. Es la risa o el lloro que lanza lo profundo de nuestra existencia conmovida. El músico vierte en el piano su angustia y su contento, su fantasía y abstracción. La música es sucesiva como la respiración y la conciencia, pero la ilación de sus notas forma unidad acústica. Es simple y compleja como la vida. En las aves es una emoción recóndita o una llamada de amor; en el hombre emanación del espíritu y dádiva del corazón. Sus atributos son inmensurables, su esencia ignota. La infancia sueña en la cuna de los principios y cree oír la celestial sonata. Recuerdo las primeras canciones de mi niñez, delicadas como las clavelinas de las mañanas azules; los primeros sones del valle, expresivos, y los ritmos lontanos de los insectos de la noche serena. El campo tiene afinidades infantiles; de aquí que el hombre generalmente lo olvide y el niño lo ame con regocijo. La naturaleza es un inmenso surtidor de sones finos y temerosos, exhalados por miríadas de entes frágiles. Es música expresionista esta sinfonela campesina; cada timbre diverso que escuchamos denota una entidad. No arriba a variaciones individuales; es la canción inconclusa; pero dice la voz simbólica de los paisajes sensibles. La música es propia del hombre compositor; los demás seres naturales no la integran. Pero en la naturaleza todo se unifica; y así como hay ejemplares que son puntos de enlace entre órdenes zoológicos, hay aves como el ruiseñor posesoras de la virtud humana de creación. Particularmente los seres campestres no brindan riqueza musical; pero sí una entrada melódica desconocida. Sorprenden los murmurios de la oquedad y el canto exótico de las aves migratorias. Yo vi una tarde en la landa verde, elevarse un pájaro como una tórtola grande de terciopelo oscuro, con una cinta blanca. Despedía un canto melodioso que resonaba en los oteros. Lo vi rondar en el aire, como un acordeón alado; ejecutó dos motivos y se perdió a mi vista en la oscuridad del monte. Era un canto langoroso, un lindo trémolo, que distante de sus amores modulaba este fino volador sureño. Otra vez, en una curva del camino, me sorprendió la suave música de un sauzote que delineaba una glorieta de encaje verde. Era un cuarteto concertado por el árbol y la fuente, un ave violinista y los bajos del viento. En algunos lugares montuosos, las colinas se pueblan de un carrizo áspero y fino que despide acento extraño, hondo suspiro, con resonancias harmoniosas, voz de tristeza, de piedad y consolación. Si se inventaran instrumentos que dieran sonidos idénticos a los que despide la naturaleza silvestre, se arribaría a un módulo diferencial, a nueva expresión excelsa. Grandes músicos se han inspirado en la campiña y se han unificado con ella en sus estados sensitivos. Beethoven en su Claro de Luna espejea la melancolía, la abstracción desolada del astro pálido. Beethoven es el metafísico de la harmonía. En ninguna música se siente vibrar los nervios como en la de Beethoven, se compenetran en ella de tal suerte que le comunican su calidad física. La música de este genio es una creación de cuerpo y alma; se caracteriza por los arrebatos que le remontan a la sublimidad. El Claro de Luna con sus notas románticas y desolaciones azules es el misticismo de la Naturaleza.  En la Novena se oye sobre los sonidos instrumentales una harmonía silenciosa, emanación del misterio. El niño acepta primeramente la melodía, después el contrapunto enriquece su campo auditivo, que llegará al cuarto tono, que se aviene con la música del campo. Metafóricamente la escala diatónica podría ser el agua; la cromática, las flores y el ritmo el insecto leve, tintineante, de las noches tiernas. La música se complace en arabescos y forja todos los castillos. Es amiga de los sueños deliciosos y tan novelera y matizada como ellos. Puede despertar una ficédula o dormir un sueño de amor; ser un suspiro o un lamento religioso. Nada tan fino como la Primavera de Mendelssohn para dormir una belleza en el bajel de la elegancia; nada tan glorial como la música de Falla para tocar el cielo. El vanguardismo abre los campos dilatados de la música. Debussy, Ravel, Prokofieff ponen un pensamiento harmónico en cada frase musical. Stravinsky transmuta las figuras. Sus princesas danzarinas son unas muñecas extravagantes y encantadoras. Su Berceuse no es la cuna de la infancia sino la mecedora de la muerte. Chopin es el músico prodigioso. Nada atrae en el mundo bello como la delicadeza y el misterio. Chopin pinta sus nocturnos con los colores de la noche y lanza escalas finales que terminan en un arrullo.  Su música lleva consonancias pintorescas, flota en los corredores embarandados de los jardines, se mece en la hamaca y despierta a la niña con un beso. Su maestría logra que el piano dé el sonido de otro dulce instrumento. Si este avance se aplicara a los de cuerda y viento, el arte ganaría una melopea deliciosa y nueva. Tocamos el linde sonoro de los mirajes y damos en el crucero de las posibilidades. Chopin es un gran inductor del recuerdo. Por asociación de ideas, trae a mi memoria un piano antiguo en la sala silenciosa de una hacienda. Allí dormitaba sin otra compañía que obscuros duendes alados y los insectos nocturnos. De tarde en tarde se animaba la sala de parejas alegres y lo adornaban con floreros azules. Niñas rubias tocaban en sus notas marfileñas el impromptu feliz, acompañadas de los lueñes rumores de la campiña obscura. Han pasado los años; pero me parece que el piano conservara las visiones idas. Es inanimado pero figura tener muchas almas. Ha sentido en su fondo el espíritu de Chopin y hay divinas huellas en sus notas y registros. Hoy está enmudecido, pero podría ser un maestro del pasado y concertar en las almas la filarmonía. La música es persuasiva y sugerente; señala vías rosadas y paraísos perlinos; los ensueños, las almas matizadas y los símbolos. Mendelssohn despierta figuras tenues. Tengo un recuerdo musical que sería una pintura. Una tarde, en la sala azul, una niña de ojos verdes tocaba el laúd antiguo de cuello largo y fino. Tenía en su postura incomparable gentileza. Su semblante era una joya de marfil y esmeralda, con luz melodiosa. Sus ojos eran notas suaves y su boca el signo de una canción. Irradiaba una simpatía y ensueño que parecía la imagen de la gracia y la sonrisa. Este recuerdo es de melodía. En nuestros tiempos la música se ha modernizado con Honnegger, Milhaud y otros, inclinados a la síntesis liberadora y a la sugerencia incógnita. La música es la mansión encantada que llora y ríe gracias si el genio acierta a levantar su velo enigmático. Angustiosamente pretendemos alcanzar la altura canora y anhelamos el diafragma que diga la palabra bella. Vamos por la región de lentitudes y de tarde en tarde se nos abre una puerta luminosa. ¿Adónde nos llevará este arte de los misterios sensibles? ¿Comprenderemos la música que llevamos en el alma? Cuando un genio musical toca su canción mañanera adivinamos el motivo, pero no los pensamientos, imágenes y sugerencias del artista. El día que leamos como en un libro y la sintamos en verdad pura, habremos, descifrado la esfinge. Sabremos reconditeces de la vida; las ideas innatas de la música y la razón del ideal y la hermosura. La celestidad del corazón que canta la afinada sinfonela de la esperanza y del amor.

* El Comercio, Lima, 6 de julio de 1930, p. 11.





Eufonía y canción*

La música de la palabra admite todo género de variaciones. Son inagotables las voces de idiomas y dialectos conocidos, pues solamente de insectos hay veinte mil nombres vulgares. La fonética cuenta innumerables sonidos, todos asequibles a la voz humana, que podrá formar con ellos nuevas palabras. Si Beethoven y Bach son considerados los primeros músicos del instrumento y el canto, Lamartine y Poe lo son igualmente de la poesía lírica. La música de la palabra es el complemento del canto, marca un colorido visible y atesora inflexiones para los seres y las cosas, para los matices del sentimiento y la forma. Hay palabras definitivas en su sonido expresivo como amor, alegría, ternura, mañana, tarde, noche y tantos otros vocablos eufónicos, de significativa justeza. Hay palabras que pronunciadas al acaso despiertan simpatía, hay otras que por su acento y significación producen estremecimiento estético. La emoción llega a lo íntimo cuando la voz humana canta la palabra y nace la canción. Esta música flébil de agilidad y terneza, nos aduerme en la cuna y nos acompaña en la vida como un regalo de Dios. Rememoro que de niño la oí en mi sueño y la cantaba con el candor de los años, durante todo el día. Su acento me pintaba paisajes en violeta y azul; cada palabra bella me parecía un cuento. Veía a través de las canciones las cosas ledas. En ese tiempo de gracia, miraba las viñetas preciosas de la fosforera, las porcelanas y el confitero y cantaba estas figuras. Veía los dibujos de las piezas de música con indecible placer.  Estos grabados me atraían por el buen gusto que los realzaba. Los músicos presentan ilustraciones deliciosas. Recuerdo un paisaje en rosa que me ensoñaba con suave tristeza; otro de elegante perspectiva y de alegres horizontes difuminados, me incitaban a correr por ellos. Se avenían con las canciones que ilustraban, a tal punto que causaban una sola impresión. Los músicos prueban buen gusto no solamente en los cromos y acuarelas que eligen, sino también en los títulos de sus piezas que revelan elegante fantasía. Luego prendía en la canción el recuerdo de las amigas bellas que veía por las tardes en mis paseos. La melodía y las palabras de una cantinela italiana me recordaban una de ellas. Era una niña de ojos azulinos de luminez incomparable. Hay probadas analogías entre las palabras dulces y ciertos semblantes. Y toda cantinela es una derivación humana. Estas manifestaciones obedecen a analogías sutiles. La palabra es una figura y la música una forma sonora, que coinciden con ciertas bellezas en pasión y gracia. Hay una telepatía del sentimiento creador de imágenes y las almas separadas pueden estar unidas por este sentimiento. Los arquetipos de la memoria seguramente son telepáticos, ya que ésta procede por imágenes. Es posible que un recuerdo olvidado por una persona aparezca en la memoria de otra distante. La memoria despierta en imágenes o figuras, sigue un proceso estético de evocaciones como la música, que es la voz del recuerdo. Se diría que la canción forma parte de la vida porque nace en ella y sentimentalmente la perpetúa. La palabra posee el sentimiento por su melodía, y al recibir el canto humano, no pierde su calidad fonética. En el silencio del campo se oye una canción flébil cuyas letras se adivinan apenas. Es la llamada de amor de los pájaros errantes. Así en los pasados días cantaban dispersos los gentiles trovadores de largas bandolas, portadores de anhelos y dulces romanzas. La canción no solamente es de recuerdo, también es de esperanza. No es harmonía de guerra que abriga la muerte, ni la de Roncesvalles melancólicos, sino las florecidas, llenas de amor feliz; el Ranz des Vaches, de las nostalgias y del lucero esperanzado. La música evolutiva del recuerdo podrá extremar la canción y convertirla en personaje musical. La de la esperanza es un ser intangible que nos dice al oído palabras de consolación. Los infantes napolitanos improvisan; vagan con sus cornamusas alegres y copleros, y tocan el alma con el acento de sus dulces cavatinas. Las notas de primavera son festivas y la  campiña tiene la esperanza, que suena en la palabra sugestiva, en la canción viviente, que nos transporta y sublima.


* Presente, No 1, Lima, julio de 1930, p. 9. Conservado en dos hojas mecanografiadas de 22,1 x 33,9 cm., del DAPS en la Biblioteca Nacional. Está firmado por Eguren.




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Enlaces


Sonido y silencio en la poesía de Eguren - Estuardo Núñez (Alma Mater N° 16, Lima, 1999) 
Los enigmas de Eguren - José Miguel Oviedo ( Vuelta N° 252, 1997, México)
Las foto-miniaturas de José María Eguren y las reflexiones sobre las imágenes técnicas - Alejandra Torres
Los Lieder de José María Eguren (1874-1942) como dispositivo poético - Hervé Le Corre  (Signa Nº 10,  2001, España)
Dificultad de Eguren - Daniel Devoto (Cahiers du monde hispanique et luso-brésilien  N° 8, 1967, París)
La danza clara - landó compuesto por Daniel Kiri Escobar  sobre una adaptación del poema del mismo título de Eguren.






septiembre 29, 2012

La quijada o carachacha


Ultima actualización: 30 jun. 2014


Son de los diablos, son, 
que venimos a bailar, 
y el pícaro Cachafaz, la quijada va a tocar...
[atrib. a Fernando Soria Menacho "Ño Bisté", c. 1940's]



Este es uno de los instrumentos más caracterizadores de la sonoridad mestiza afro-peruana.  Hay documentos sobre su uso desde siglo XVIII, que connotan un  arraigo popular sostenido hasta el presente,  a pesar de la condición prácticamente marginal en que tuvo que sobrevivir hasta hace pocas décadas.  Aparte del término convencional de quijada, el pueblo le adjudicó otros de carácter onomatopéyico como carachacha, charrasga, carraca, carrasca, charaina, etcétera.  Sin embargo, hoy  se usa más comúnmente  el término quijada o quijada de burro (aunque no sea sólo de burro). En inglés se llama donkey jawbone.

No sólo en el Perú se toca.  También está documentado su uso en Cuba (donde acompaña el son y el punto), República Dominicana, Haití, en la costa Pacífico de Colombia (como el Chocó), Costa Rica, sur de México (Oaxaca en la costa Pacífico y Veracruz en la costa Atlántica),  en Guatemala, Belice (donde acompaña, junto a tambores, la música buru), y en Chiloé (sur de Chile).  En algunos países su uso ha cobrado fuerza en décadas recientes:
  • ...Años atrás, las quijadas de burro se veían sólo en los potreros, semienterradas y en medio de algún hormiguero, sin embargo, a partir de que en algunos países hispanoamericanos se empezó a utilizar como instrumento musical, se han convertido en un objeto comercial... [Al son de la quijada -  Tlacotalpan, Veracruz]
En otros, se habla de la recuperación de este instrumento, que había caído en desuso, como en Costa Rica.   Este es un terreno aún muy movedizo, precisamente por la escasa investigación especializada  (histórica y musicológica) que el humilde maxilar ha merecido.   El denominador común es la casi nula investigación de su periplo americano y su evolución performática, siendo pocas ideas las que se tienen por seguras: que se trata de un instrumento afro-americano, y que se usa para acompañar música mestiza afro-americana (entendiendo lo afro-americano por lo afro-latinoamericano).  De todos modos, habiendo una muy alta probabilidad de esta certeza, creo que esto puede ser aún revisable; habría que indagar más en la historia musical hispana, e incluso de la costa occidental africana y el Magreb. Es claro que este instrumento debió surgir en una cultura cuya economía tenía incorporado sistemáticamente el uso de la fuerza motriz de los animales de que provenía (caballos, mulas, burros, asnos), y cuyo entorno geográfico debía ser predominantemente árido y seco (como es el caso precisamente de la costa peruana), condición que podía propiciar su espontáneo descubrimiento.


Archivo TAFOS (Roxana Chávez, Chincha, 1997)


Referencias históricas en el Perú: 

Tenemos varias referencias textuales e iconográficas sobre el uso histórico de este instrumento.

El texto más temprano conocido a la fecha es de 1775, de Carrió de la Vandera  (Concolorcorvo), quien consideró la música de los negros mucho más grosera que la de los indios, en particular la producida por esos maxilares chirriantes, que le sonaban destemplados.  Notemos  que se refiere al uso de este instrumento por  los negros bozales, no ladinos:
  • ...Las diversiones de los negros bozales son las más bárbaras y groseras que se pueden imaginar. Su canto es un aúllo. De ver sólo los instrumentos de su música se inferirá lo desagradable de su sonido. La quijada de un asno, bien descarnada, con su dentadura floja, son las cuerdas de su principal instrumento, que rascan con un hueso de carnero, asta u otro palo duro, con que hacen unos altos y tiples tan fastidiosos y desagradables que provocan a tapar los oídos o a correr a los burros, que son los animales más estólidos y menos espantadizos. En lugar del agradable tamborilillo de los indios, le ciñen [a su tipo de tambor] un pellejo tosco. Este tambor le carga un negro, tendido sobre su cabeza, y otro va por detrás, con dos palitos en la mano, en figura de zancos, golpeando el cuero con sus puntas, sin orden y sólo con el fin de hacer ruido. Los demás instrumentos son igualmente pulidos, y sus danzas se reducen a menear la barriga y las caderas con mucha deshonestidad, a que acompañan con gestos ridículos, y que traen a la imaginación la fiesta que hacen al diablo los brujos en sus sábados, y finalmente sólo se parecen las diversiones de los negros a las de los indios, en que todas principian  y finalizan en borracheras.   [El lazarillo de ciegos caminantes desde Buenos Aires, hasta Lima... Alonso Carrió de la Vandera - Concolorcorvo [1775].  Caracas : Biblioteca Ayacucho, 1985, pp. 175-176 - énfasis agregado]

Fernando Romero encontró referencias textuales sobre este instrumento en el Mercurio Peruano de 1791.  Se trata de un texto suscrito por José Rossi Rubi, quien corrobora  la observación de Concolorcorvo de su uso por negros bozales antes que ladinos:


  • Ya hemos dicho que la música de los bozales es sumamente desapasible. El tambor es su principal instrumento, el más común es el que forman con una botija o con un cilindro de palo hueco por dentro. Los de esta construcción no los tocan con baquetas, sino los golpean con las manos. Tienen unas pequeñas flautas que inspiran con las narices. Sacan una especie de ruido musical golpeando una quijada de caballo ó borrico, descarnada, seca, y con la dentadura movible; lo mismo hacen frotando un palo liso con otro entrecortado en la superficie. El instrumento que tiene algún asomo de melodía es el que llaman marimba. Se compone de unas tablitas delgadas y angostas, ajustadas a cuatro líneas de distancia de la boca de unas calabazas secas y vacías, aseguradas éstas y aquellas sobre un arco de madera. Tócase con dos palitos como algunos Salterios de Bohemia. El diámetro de las dichas calabazas que vá siempre en disminución, lo hace susceptible de modificarse a las alternativas del diapasón, y no deja a veces de rendir un sonido tolerable aún para los oídos delicados. Por lo demás, debemos confesar que, en la música, en el baile, y en otras muchísimas relaciones dependientes del talento y el gusto, muchísimo más atrasados están los negros en comparación de los indios, que los indios respectivamente a los españoles [Conclusión del rasgo sobre las congregaciones públicas de los negros bozales - José Rossi Rubí.  En: Mercurio Peruano. Lima, 19 de junio de 1791, N° 49, ff. 120-125 - énfasis agregado]

Poco después Felipe Bauzá y José Espinoza pasaron por la ciudad como parte de la  expedición científica española Malaspina (1789-94).  En un texto atribuido erróneamente al naturalista Tadeo Haenke, mencionan  algunos aspectos de las costumbres populares  limeñas, llamándoles particular atención las de la población de origen africano:
  • ...Asistían los negros [a la fiesta del Corpus Christi], unos con las cabezas adornadas con plumas de gallos, otros con tarjetas en los brazos y palos en las manos figurando una especie de batalla, pegándose golpes a compás de la música en los escudos unos a los otros, quienes repetían lo mismo a su vez. Hacían otros de reyes y de reinas, yendo debajo de un quitasol con su compañía de criados, y con una gravedad y mesura que excitaban la risa. No les falta gracia para bufones a estas pobres gentes, que se olvidan así de su esclavitud y presentan varias de las costumbres de su patria. / Los instrumentos que usaban eran también de bambú, llevados a espaldas de un negro, yendo detrás el que los toca. Además llevan una especie de salterio formado de varias tabletas de diferentes dimensiones puestas en series, en cuya parte inferior cuelga de cada una una calabacilla, cuyo conjunto suple la caja con cavidad que hay debajo de las cuerdas de cada instrumento para que se aumente el sonido. Éste se parece al zumbido del agua cuando cae de un pozo y retumba. Llevan también manojos de cascabeles y panderos, formando con todos estos instrumentos una música ruidosa y alborotadora [...] Distínguense sus danzas con los nombres de Tarengo, Caballo cojo, Don Mateo, el Torito, el Matatoro, el Zango, el Agua de nieve, etc. Por lo general baila uno solo, y el mayor aguante constituye su habilidad. Otras veces bailan dos o cuatro personas, cantando al mismo tiempo y haciendo contorsiones ridículas y opuestas a la decencia, pero que no tienen la menor influencia entre estas gentes cuyas impresiones cesan con la diversión. Tocan durante esta sesión, además de los instrumentos ya citados, unas pequeñas flautas que suenan con la respiración de la nariz; golpean también con una quijada de caballo o borrico descarnada, con la dentadura movible, y frotando un palo liso con otro entrecortado en la superficie. Forman con todos estos instrumentos una música ruidosa y desapacible... [Carácter, genio y costumbres de los limeños y estado de las ciencias en Lima.  En: Descripción del Perú.  Por Tadeo Haenke, socio de las Academias de Ciencias de Viena y de Praga.  Lima : Imprenta El Lucero, 1901, pp. 20-43 [352 p.] - énfasis agregado] 

Concolorcorvo (1775), Rossi Rubi (1791)  y Bauzá-Espinoza (1789-94) ofrecen claras referencias sobre danzas e  instrumentos que la población de origen africano desarrollaba en la costa central por lo menos desde la segunda mitad del siglo XVIII.  Entre los instrumentos es notoria la presencia de la quijada además de unas marimbas rústicas, flautas pequeñas sopladas por la nariz, pares de palos frotados  (uno liso y otro dentado), panderos, cascabeles, y algunos tipos de tambores membranónos, sean percutados con las manos o con palillos, destacando uno que era llevado encima de la cabeza o en  la espalda (¿el hombro más bien?) por uno  para que otro lo percuta por atrás.  Tomemos en cuenta que debieron haber diferencias claras entre los instrumentos que tocaban los negros bozales y los ladinos, los cuales por deducción lógica, debieron ser cada vez más dados a adoptar los instrumentos de cuerda de los salones en que servían.  Estas diferencias debieron notarse  hasta las primeras décadas del siglo XIX cuando termina el abyecto negocio esclavista y se fusionan  en una amalgama común, cada vez más mestiza y diversa, las prácticas musicales de los afrodescendientes.

De las referencias iconográficas, tan o más elocuentes que los textos,  la más temprana es la del  Códice Trujillo del Perú, elaborado entre 1782 y 1785:


Danza de Diablicos (Códice Trujillo del Perú - il. E145) 
Se observa la ejecución de tres instrumentos: guitarra, quijada y cajita


Desde las primeras décadas  del siglo XIX, Pancho Fierro trazó varias acuarelas con la danza del Son de los Diablos, de las cuales sólo se difunden masivamente unas cuantas (no todas las acuarelas que se le atribuyen salieron de su mano; es claro que más allá de su vasta obra personal, legó un estilo para graficar estampas costumbristas de la época).  En casi todos los apuntes referidos a la danza del Son de los Diablos aparece el ejecutante de quijada o carachacha en primero o segundo plano, acompañado siempre de un ejecutante de cajita y frecuentemente de guitarra y de arpa.  Algunos ejemplos:

Danza de Diablos el Día de Cuasimodo
Colección de The Hispanic Society of América  
["Tipos del Perú. La Lima criolla de Pancho Fierro". Natalia Majluf, Marcus B. Burke. Madrid : El Viso, 2008, p. 120]

 Sigue el Son de los Diablos / (El diablo de la cajita) (1820)
[colección de la Pinacoteca Municipal Ignacio Merino - Municipalidad de Lima]




Portada del LP Lupe Parrondo y un siglo de música peruana [1972],  donde se aprecia el Son de los diablos acompañado con quijada, arpa y guitarra
La imagen  proviene del blog Vinilos peruanos, donde podremos escuchar cinco zamacuecas 
del siglo XIX recopiladas por Claudio Rebagliati.


En un  clásico texto de 1939 de Fernando Romero, Instrumentos musicales de la costa zamba, encontramos dos acuarelas de Pancho Fierro en que podemos ver el desarrollo del Son de los Diablos con arpa y guitarra, además de las infaltables quijada y cajita.  Otras imágenes sobre el uso de la quijada en esta danza, se pueden ver aquí.

Los documentos señalan que la quijada se ejecutaba en las fiestas coloniales de Corpus Christi y Cuasimodo,  que eso persistió a inicios de la república, y que se desplazó con más vigor desde fines del siglo XIX a inicios del siglo XX, a las fiestas de carnaval,  que es donde ha quedado -con recesos y reactualizaciones- hasta la fecha.  El género que acompaña la quijada es  principalmente el Festejo que (de acuerdo a Alicia Maguiña) engloba al Alcatraz, al Ingá y al Son de los Diablos.   En performances escénicas de décadas recientes, más sofisticadas (con influencia de jazz y bossa nova), podemos ver la quijada acompañando ya no sólo festejos sino landós y otros géneros.  Podemos apreciar la forma de acompañar landó con este instrumento, aquí.


Aspecto físico

Se trata de un maxilar inferior que perteneció alguna vez a algún buen burro, mula, asno o caballo.  Este maxilar debe tener los molares posteriores aflojados de sus alvéolos, no así los caninos frontales. Una  zona entre los molares y caninos, en la parte de la barbilla,  queda libre, para que la mano del ejecutante pueda sostener el instrumento por esa parte.   Como varios otros  instrumentos de la música afroperuana, éste surge de reutilizar algo que está en desuso o descartado (ha sido el caso también del cajón y de la cajita).  En este caso, el factor climático jugó su rol.  Las osamentas de los nobles animales de trabajo (de campo, de arrieraje...), que permanecían mucho tiempo a la intemperie,  bajo el sol  inclemente y entre el seco suelo costeño, debieron poner a punto esas quijadas, sin mayor tratamiento químico, descubriendo espontáneamente su sonoridad a quienes las manipulaban, personas humildes que carecían de monedas para comprar instrumentos, y que por ello debían inventarlos de las formas más heterodoxas e ingeniosas.

Nicomedes Santa Cruz explica  la forma de limpiar y aflojar los molares:
  • ...si al fin tenemos la suerte de conseguir una quijada, lo más probable es que no suenen sus molares por conservar adheridos, entre las piezas y alvéolos, restos momificados de carne.  Conviene entonces rociar ron de quemar sobre las muelas y prenderle fuego por unos instantes.  Repetir  esta operación varias veces y finalmente, remojarla bien en ron de quemar y dejarla en el techo o azotea para que seque al sol..  Al cabo de varios días de repetir esta última operación se advertirá que las muelas empiezan a aflojar y al menor golpe sueltan su peculiar sonido -carraquiento, de donde viene el onomatopéyico nombre de caracacha, hoy en desuso -. [La quijada de burro. Nicomedes Sata Cruz.  La Nueva Crónica - Suplemento.  Lima, domingo 11 nov. 1973, p. 19] 
En la costa peruana la quijada opera como instrumento de percusión e idiófono  a la vez, debido a las variadas formas de ejecución, por:
  • Golpe de mano
  • Percusión rítmica de mano
  • Sacudimiento (el ejecutante levanta el instrumento al aire y lo sacude)
  • Raspado (para esto se usa un complemento llamado raspador que puede ser una pieza de hueso, de palo -madera- o un peine)


Nicomedes Santa Cruz, Ronaldo Campos, Caitro Soto (1970's)


 Áreas donde se ejecuta:

Según el Mapa de instrumentos musicales de uso popular en el Perú [Lima : INC, 1978, pp. 52-53], tenemos las siguientes áreas, que coinciden con las de las antiguas intendencias coloniales de Trujillo y Lima, sobre la costa centro-norte:
  • Ica: Chincha, Ica, Pisco
  • La Libertad: Pacasmayo, Trujillo
  • Lambayeque: Chiclayo, Lambayeque
  • Lima: Cañete, Chancay, Lima
  • Piura: Ayabaca, Morropón. Paita, Piura, Sullana, Talara.

El vibraslap

La modernidad globalizada ha producido un instrumento que emula el sonido de la quijada.  Fué inventado y patentado en 1997 por Martin Cohen, dueño de la compañía Latin Percussion, especializada en instrumentos de percusión.  Concebido como vibraslap, se comercializa también como donkey call o rattleslap.  A diferencia del maxilar tradicional, éste se hace de varios tamaños y materiales, por lo general, metal y madera.  Podemos ver detalles sobre este instrumento aquí.


//marcela cornejo d.

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Video



Pepe Villalobos acompaña un festejo de su inspiración (Chinchiví)(1)  tocando quijada.
Grabación de estudio con Lucila Campos, aquí
Subido por



Apaña el algodón negrito
moja los palitos 
Que con la muñiga
pronto van a arder 
Cansado termina
la faena del campo
pero muy contento
se va calentando
Negro se pone guarapo
cuanto toma chinchivi
negro se pone sabroso
cuando toma chinchivi
Chinchivi  hace reír
chinchivi  hace gozar
Negro se pone guarapo
cuando toma chinchivi
negro se pone sabroso
cuando toma chinchivi
Ay, Chinchivi hace reir
chinchivi hace gozar 



Audio

Arroz con concolón (2)
Interpretación: Juan Criado (Cantautor - en la imagen del audio se le ve con el rostro pintado y con una quijada) y La Cuadrilla Morena



Cómo va doña Francisca,
sírvame algo de almorzar.
Yo vengo de la limpiada,
me voy pa' Lunahuaná.
Me voy a ver a mi zamba,
me lo ha dicho don José
que esa cosita buena/seria
no se debe de perder
Arroz con concolón 
con su bitute, ollita nomá
Ollita nomá
con su bitute ollita nomá...
Bueno, adiós, doña Francisca
ya me voy a retirar.
Cuando vea del ganchete
ya verá usted, ya verá.
Cuando me vea del brazo
del negrito Nicolás,
se va a tomar su cañazo,
ya verá usted, ya verá
Arroz con concolón 
con su bitute, ollita nomá
Ollita nomá
con su bitute ollita nomá...




1 Chinchiví (afronesgrismo): tipo de chicha hecha a base de caña de azúcar, aromatizada con nuez moscada, jengibre (kión), clavo de olor, canela y flores de sauco,  consumida popularmente en la costa central  peruana (Lima, Ica, parte de Arequipa), especialmente por la población afrodescendiente.
2. Concolón (afronesgrismo):  parte quemada del arroz, que se pega a la olla.



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Enlaces


El festejo - Juan Criado y Lito Gonzales (1967)
Foto en FB del Seminario Afroperuano de Artes y Letras



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octubre 17, 2011

Felix Casaverde Vivanco 1947-2011



...Yo toco la guitarra desde los siete años, y no sé porqué la toco porque mi padre no me enseñó.  La toco porque escuchaba en mi casa siempre la guitarra, mis tíos ... Hayre iba a mi casa... Augusto Bañón [o Ballón?] el compadre de Pinglo,  Coco Ramírez...

Mi papá nunca quiso que yo fuera guitarrista porque la bohemia nunca paga bien... el caso es que mi tío Jorge que tocaba la guitarra en el conjunto Hermanos Casaverde, se enferma y se muere de tisis.. entonces yo tengo que reemplazarlo a los 15 años, tocando la guitarra eléctrica, y ahí comienza mi vida profesional.

... Mi padre me decía "tú tienes que tener una profesión".  Todo mi estudio es sobre mecánica de automóviles y de motores diesel.  Hice la escuela secundaria en la Gran Unidad Escolar Ricardo Palma, de Surquillo.   Entonces Carlos P[ickling], muy amigo de la familia, va a la casa y dice a mi padre "oye Lucho, porqué tu hijo que toca tan bien no está en la orquesta de la Fuerza Aérea",  tocando la guitarra seguro [...] y bueno le dije  "ya bestial", y postulé a la banda militar.  Postulé a los exámenes y gracias a Dios los pasé bien, y de los...  200, 300 que se presentaron a la banda militar, el único que quedé fui yo, a todos los volaron, ya sea por una razón o por otra.  Esto sobretodo fué una cuestión muy [emotiva] a mis padres, especialmente a mi mamá.  Me parece verlos allá en el [...] viendo que me van a entregar mi diploma...

...[de Chabuca Granda] tenía la referencia de mi madre porque mi madre trabajó en casa de Chabuca, fué ama de su hermano menor de Chabuca, César cuando ella vivia en la Bajada... en los Baños de Barranco.

...  [no leía música, ahora si, soy autodidacta y me ha costado] en aquella época yo tocaba por hipnosis diría yo.  Todo lo que hice [...], que veo con mucho agrado que se repite con gente como mi gran amigo Ernesto Hermosa, Segio Valdeos, Pocho velarde [...] me da mucho agrado porque al final si prendió la idea de un nuevo género en este neofolclor, porque para mí es un nuevo folclor.  Cuando en una época los jazzistas decían que eran cosas de negros, acá en Lima, cuando recibieron a "Tarimba negra" [1978, con Chabuca Granda y otros artistas] acá, y me preguntaban "Félix ¿esta es tu música?"  "si", "pero esto es cosa de negros, es festejo" "si, pero lo está cantando Chabuca, está cantando un festejo, un landó..."... para cambiar un poco la mentalidad y que la gente decida ya no copiar el jazz norteamericano, sino tratar de hacer su folclor...


Fragmentos de la conversación que tuvo Félix Casaverde con Mabela Martinez en el programa "Sonidos del Mundo" en este video


Video


Cuatro tiempos jóvenes negros  
Disco Tarimba Negra (1978)
subido por chabuca granda: tema





Toques de guitarra
Félix Casaverde con Julio Tirado en el cajón
Centro Cultural de España. Lima, 24 de julio de 2009


Uno



Dos





Enlaces


Entrevista reciente (fragmento, de una nueva película de Javier Corcuera)
Sobre el estilo innovador de Félix Casaverde (... los códigos de la música negra peruana, y por tanto la música peruana, se basaban desde tiempos muy lejanos en la improvisación, tradición que se ha desarrollado como concepto en escuelas como la del Maestro Casaverde [...] No me complace situar al Maestro como acompañante de voces, puesto que él no acompaña sino presta un lenguaje de diálogo donde, el o la cantante encuentra un idioma para su voz, construye el barco donde la voz navegará en un mar de infinitas posibilidades...)




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abril 10, 2009

No, no, no

Un hermoso landó del cantautor Andrés Soto en dos versiones.
Siempre, el arte que con-mueve por su ética y su estética, y sobretodo su vigencia, es deliberadamente arrinconado y/o tergiversado, aún cuando en este caso, la interpretación de la Cecilia Barraza es excelente. Pero en fin, ese arte siempre está por ahí, para dejarse encontrar.


Versión "aligerada" por las disqueras, en la voz de Cecilia Barraza



La vida que me ha tocado
desde niña/o me ha engañado

Dicen que el maíz se ha partido
en un lado y en su opuesto
uno se pudre esperando
y otro se nutre exigiendo
La cebada le dice al trigo
donde está el pan del mendigo
el trigo replica en morse
en la panza del vecino
Señores yo les prometo (bis)
la solución a su ruego
aunque me quede sin medio
no, no, no las verduras
no, no, no que lisura

Lo exigo y lo siento
sin hombre sol, agua y viento
yo no preparo el alimento
Cuando el cultivo y la siembra
pierden toda su vigencia
por la necedad del hombre
no, no, no
Interviene entonces la papa
el rabanito el camote
y todos preguntan dónde
está la tierra labrada
Señores yo les prometo (bis)
la solución a su ruego
aunque me quede sin medio
Que situación

la que le ha tocado vivir a mi suelo
tan inmaduro y barbecho
Señores yo les prometo (bis)

la solución a su ruego
aunque me quede sin medio

Versión original en la voz de Aída García-Naranjo (click)



De Casagrande a Pomalca
hoy se levanta la esperanza...
Dicen que el país se ha partido

en un lado y en su opuesto
uno se pudre esperando
otro se nutre exigiendo
Paseaban sus ayes dormidos

en las casas de trabajo
viviendo a fuerza y constancia
entre el trapiche y la zafra
Una mañana muy temprano

la gota rebasó el vaso
machete en brazo a la vida
y azúcar en las mejillas
Señores yo les prometo (bis)

la solución a su pliego
aunque me quede sin medio
No, no, no,

Esto no lo aguanto yo
esta historia se acabó
lo exijo y lo siento
sin hombre, sol, agua y viento
yo no preparo el alimento
Son hombres fuertes en el trabajo

y la rutina los trajo abajo
entre miseria y aguardiente
no no no
La historia relata el pasado

para explicar el presente
y los hombres en mi canto
ponen la frente combatiente
Señores yo les prometo (bis)

la solución a su pliego
aunque me quede sin medio
no no no

no hay verduras
no no no
que lisura
no no no
Qué situación la que le ha tocado
vivir a mi pueblo
tan inmaduro y tan necio
no no no.......




"Andrés Soto. Patrimonio Cultural Vivo de la Nación"
Grabado en vivo en el Auditorio del Museo de la Nación. Lima-Perú, 04 sep. 2002

  • Autor, compositor e intérprete: Andrés Soto
  • Artistas invitadas: Pamela Abanto, Elsa Palao, Aída García-Naranjo, Julie Freundt, Cecilia Barraza
  • Músicos: Marco Iriarte (guitarra), Carlos Pastor (Bajo), Lucho Berenguel (percusión), Gonzalo Landázuri (teclados), Juan Daniel pastor (batería)
CD producido con el apoyo de Alain Charbit, la Corporación José R. Lindley y la Universidad Ricardo Palma, presentado en octubre de 2008. Complementa sonoramente el libro "Testimonio de Obras: Canciones, Epístolas y otros Adefesios", presentado ese 04 de sep. de 2002.
Temas:
  1. El ropavejero
  2. Tu mirada y mi voz
  3. Quisiera ser caramelo
  4. Los niños que en mente tuve
  5. Vivando vivanderas
  6. Poniéndole ají a la vida
  7. Cabeza gacha
  8. Cacanusa
  9. El bribón
  10. Negra presuntuosa (Pamela Abanto)
  11. Al adalid (Elsa Palao)
  12. No no no (Aída García-Naranjo)
  13. Es Amador (Julie Freundt)
  14. El membrillito (Cecilia Barraza)
  15. El tamalito



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Enlace


Andrés Soto 1981





septiembre 04, 2008

El canto de las tórtolas




"Trazos"
Eugenio Buona (*)
Lima, 1988, p. 13




El canto de la tórtola

Justo cuando el gris del amanecer empieza a teñir las cortinas de la habitación, empieza también el tierno cu-cu-lí de la tórtola. Parece recordarnos con su canto que allí donde se levantan casas, hubo árboles, sembríos, piedras y aire limpio, y que lo importante es cantar aunque el alféizar haya sustituído a la rama. Recuerdo de niño ásperas manos color de tierra moldeando palomas huecas de arcilla; al soplar por un orificio se desgranaba el dulce canto: cu-cu-lí, cu-cu-lí. Rastros de mi infancia, huella que deja en el polvo el haz de leña que carga el burro, humo de esa leña, pies descalzos. Cu-cu-lí, cu-cu-lí, arrullo matutino, que aligera el cansancio de los años vividos

15/5/85
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"3 cuentos & 60 crónicas"
Eugenio Buona
Lima, julio 1983, pp. 105-107



Ciro

Todos los miércoles nos reuníamos en esta misma página; él con sus crónicas peruanísimas, yo con mi breve "Pie a Tierra". Miércoles y sábados publicaba "Expreso" sus artículos. El jueves, cerca de las seis de la tarde, unas horas antes de morir, vino trayendo su trabajo póstumo. "Ya estuve dos veces en el Cusco y pienso volver apenas tenga tiempo". La muerte no lo dejó tener tiempo.
Quisiera aclarar algo, antes de proseguir. Cuando muere un hombre importante, adquiere de inmediato una dimensión rotunda; son muchos los "espontáneos" que se apresuran entonces a decirnos en notas y artículos, "yo lo conocí", "yo fui su amigo", "él me decía", en un comprensible afán de verse salpicados con algunas gotas de su grandeza. No quisiera que el lector me incluya entre estos profesionales de la necrología. Además de las vinculaciones amistosas e intelectuales con "Expreso", desde que éste se fundara hace algo más de cinco años, Ciro Alegría tuvo la generosidad de prologar mi último libro de cuentos. No puedo dejar de hablar de él en este primer miércoles de ausencia. Dicho esto, prosigo.
Para muchos, Ciro era un hombre hosco, vanidoso. "Ese señor es un malcriado, cuando entra a la oficina ni saluda", me decían algunos empleados del departamento de Contabilidad. Parecía ser eso, es cierto, pero también muchos saben que bajo esa apariencia, que detrás de esos gestos duros, se ocultaba un hombre tímido con una gran capacidad de ternura.
Hace más o menos un año, Hernán Velarde invitó a comer a su casa a Ciro y a su mujer. Después de unos rocotos rellenos apagados con vino, se inició una charla variada, viva, tachonada de evocaciones provincianas. Ciro defendía amablemente al folklore de la Sierra y Selva norteños de la entusiasta y laudatoria descripción del folklore sureño que, ilustrada con excelentes grabaciones de huaynos y yaravíes, hacían Hernán y Alfonsina. Ante la evidente desventaja que significaba la total ausencia de discos de música norteña, sucedió lo inusitado: Ciro se puso a cantar.
En medio de nuestro sorprendido silencio, entonó, con voz y gesto temblorosos, una vieja canción de los balseros del río Marañón, una de esas canciones que parecen lamentos y que, seguramente, los hombres de la selva cantan para romper la soledad o, simplemente, para dejar que se vaya yendo por el aire la tristeza.
Quería nada más, contarles esto. Porque de entre todos mis recuerdos, éste de Ciro cantando esa noche, es el que más ha crecido en mi memoria. Y el que más me está doliendo en este primer miércoles de ausencia.
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(*) Francisco Vallebuona Cárdenas escribía como Eugenio Buona. Era un escritor completo, un gran escritor que no formó parte del cenáculo literario hecho de best-sellers y fama. No era pobre, era más bien de clase acomodada (si bien nos deja entrar en su niñez de clase media modesta en Barrios Altos); pero su verso y su prosa en un economía textual directa y depurada, lo describen esencialmente humano, profundamente peruano y universal porque habla, ora desde trazos de su experiencia de vida, ora desde la ficción, de la interrogante constante: La vida, la muerte, el amor, la nostalgia, la infinita soledad. Falleció hace pocos años. Sus obras de poesía: Pie a tierra (1955), Historias como fábulas, Territorio del hombre (1960), Letánicas (1963), Los arúspices (1977), Tu poblada herida; su narrativa: Mercedes Rueda (1966), 3 cuentos & 60 crónicas (1983), Trazos (1988), su columna Pie a tierra en Expreso (desde 1966 hasta los 90). Con Marco Antonio Corcuera, fué director de Cuadernos semestrales de cuento, que aparecieron en Lima entre 1967 y 1969.

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Audio



"Quisiera ser caramelo" - landó
El 4 set 2002 en el Museo de la Nación, Andrés Soto presentó su libro "Testimonio de obras. Canciones, epístolas y otros adefesios", fué ocasión en la que el INC lo declaró "Patrimonio Cultural Vivo de la Nación". Se grabó este evento, que incluye la grabación en vivo de sus temas musicales.
subido por melo zegarra



Quisiera ser caramelo de mil colores y aromas
Quisiera ser como el tiempo que no le teme a las horas (bis).
Podría entrar a tu estancia y dar calor a tu alcoba.
Podría ser como el viento y acurrucarme en las olas (bis).
Qué solitaria mi suerte, maldito amor el quererte (bis)
Podría ser pasajero de tu vagón hoy vacío.
Podría ser siempre dueño de tu mirada sin brillo (bis)
Ven a mis brazos niña, solita y desposeída
Ven a mis brazos pronto te espera la bienvenida
Zamba qué me das, dámelo todo,sino, no me quedo
Quisiera ser caramelo de mil colores y aromas.
Quisiera ser como el tiempo que no le teme a las horas (bis)



marzo 14, 2008

Sobre el zamba landó



El Zamba Landó era un género musical cultivado por la población afrodescendiente de Cañete y el norte de Lima en el S. XIX.

Según Nicomedes Santa Cruz, el género "madre" del cual proviene, el Landó, nace a su vez del Lundú o Londú de Angola. Siguiendo a D. Nicomedes, el Lundú africano llegó a nuestras costas del centro y del norte desde el S. XVI; en el primer caso habría derivado en Landó, en el segundo, en Lundero.

En un largo artículo sobre cuatro géneros costeños de raíz africana -Agua'e Nieve, Ingá, Cumananas y Samba Landó-(*), D. Guillermo Durand Allison expresó sus abiertas reservas sobre la hipótesis del lundú angoleño. Refiere también que los hermanos Augusto y Elías Ascuez recordaban dos Zambas Landó que escucharon a fines del siglo XIX en la casa de su tío Mateo Sancho Dávila, quien residía en el barrio de Malambo (Rímac). Una de ellas, que al parecer es estrecho antecedente del tema "Zamba Malató" decía así:

La negra se menea (coro: landó)
debajo'e la batea (coro: landó)
samba malató (coro: landó)
samba malató (coro: landó)

La otra, refiere al transporte en pequeñas locomotoras urbanas (maquina, maquinaria...) y a fundos rurales de Lima que han desaparecido con la expansión urbana:

Máquina'e Caudevilla, ¿con quién me rebuscaré? (coro: ¿con quién)
Máquina'e Chuquitanta, ¿con quién me rebuscaré? (coro: ¿con quién)
Máquina'e Chacrecerro, ¿con quién me rebuscaré? (coro: ¿con quién)
Máquina... maquinaria ¿con quién me rebuscaré?
María Salomé (coro: Quién te lo ha dicho)
María Salomé (coro: Quién te lo ha dicho)
Por aquella cruz divina
Por aquella cruz divina
Qué bella que está
Qué bella que está



De acuerdo a Guillermo Durand Allison, Zamba Malató, descrito como Landó en el álbum Cumanana de 1964, es de por sí una innovación del Zamba Landó de las lavanderas original, tanto en la música (la estructura rítmica original era como la del Festejo, el Alcatraz, el Ingá, el Son de los Diablos, etc.), como en la letra (introducción del uso de palabras de entronque africano como "poñocororó").

Si bien Don Guillermo Durand y otros autores como Juan Carlos Castro Nue no vieron con la mayor aprobación estas innovaciones (¿"purismo"?), también es cierto que éstas son parte consustancial -incluso necesaria- de toda evolución musical, lo importante es mostrar calidad creativa, y respeto a la fuente, a la estructura rítmica original. Desde la óptica de Durand, Zamba Malató ya no sería un verdadero Landó o Zamba Landó porque se ha salido de la estructura rítmica original (lo mismo sucede con el famoso Samba landó de Inti Illimani). De todos modos, como cuenta Octavio Santa Cruz, la creación o re-creación del Zamba Malató surgió del forro y sin premeditación aquella madrugada(**).

No hay duda de lo bien [peruano] que suena, sobre todo en los rasgueos de guitarra de Vicente Vásquez. En la percusión estuvieron Oswaldo Vásquez (***) -cajón- y Guillermo Regueira "El Niño" -cueros: conga y bongó-. "El Niño",  músico cubano que hizo familia y se asentó por aquí, introdujo algunos toques de la percusión afrocubana, lo cual se hacía por primera vez en un producción discográfica de música afroperuana. El aporte de este músico se hizo en función del enriquecimiento de lo afroperuano, algo lícito en todo proceso de innovación creativa. ¿Cambió parte del ritmo?, entonces para los puristas quedaría la pregunta de si semánticamente debe ser o no landó, para los dialécticos, al parecer, no.
//marcela cornejo



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(*) Canto y danza. Cuatro expresiones de la costa peruana - Guillermo Durand Allison. Cuadernos Arguedianos, II época, Año 2, N° 2, mayo 1999, pp. 25-38. Lima, Escuela Nacional Superior de Folklore "José María Arguedas".
(**) "Al grabar [...] Cumanana (1964) llevamos al disco un antiquísimo landó que de niño escuchara en la voz de mi madre...". Citado por Guillermo Durand, op. cit., p. 35.
(***) Octavio Santa Cruz menciona el nombre de Oswaldo Vásquez entre signos de interrogación, es decir, es muy probable, pero no está confirmado 100% (Hacia un nuevo folklore afroperuano)


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Links:

Danzas afroperuanas - Chalena Vásquez


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Video:

"Zamba Malató"
Las fotos muestran imágenes de Chincha (Ica) y Yapatera (Piura).
"Cumanana. Antología Afroperuana" (tercera edición) Philips. Lima, 1970
Album producido por Don Nicomedes Santa Cruz y su Conjunto
Danzas incluidas: Son de los Diablos (Comparsa callejera); Ingá (Danza del muñeco); Negrito (Danza o habanera); Ahí viene mi caporal (Panalivio); No quiero que a misa vayas (Zaña); Samba-Malató (Lando); Mándame quitar la vida (Marinera, resbalosa y fuga).






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marzo 03, 2008

Coco Vega

Almorzaba pasadas las 3 de la tarde cuando comenzaron a sonar las primeras notas de un festejo que no conocía. Dejo de comer y me quedo escuchando. Al poco Elena Romero nos dice que se trata del tema (precisamente) "Festejo" de un joven músico llamado Coco Vega (Jorge Vega Ugaz), que es piurano, guitarrista clásico, y que está promocionando su más reciente  disco: "Máncora".
En 1991 llegó a Lima para tocar con la Sinfónica, recibió una beca de estudios en el Conservatorio Nacional de Música, ha alternado con grupos como "Aranjuez" y maestros como Raúl García Zárate, Abel Carlevaro, Alexander Sergei, Tom Paterson Luis Orlandini, Piraí Vaca... y ha hecho numerosos recitales en el Perú y el extranjero.
Durante el mes de marzo se dedicará a promocionar su disco y posterioremente viajará a ciudades del norte de Chile y a Albacete (España), donde ha sido requerido para mostrar su música peruana contemporánea, que sin perder las estructuras tradicionales propias, se enriquece tomando de los aires del flamenco y del jazz.
En "Mancora" se concentra en la composición y arreglos de temas propios, basados en ritmos tradicionales de la costa peruana.



Discografía:
“Mi Guitarra y Tu” (1991)
“Recital Latinoamericano” (2001)
“Aranjuez” (2001) con el Cuarteto de Guitarras Aranjuez
“Contrastes” (2002) con el Cuarteto de Guitarras Aranjuez
"Máncora" (2008)




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Audio





1. El zapateo de Amador
2. Festejo
3. Palenque




Otra selección en soundcloud:

1. El zapateo de Amador
2. La cadenciosa
3. Marinera y Tondero


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Enlace:

Blog





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septiembre 16, 2007

El canto de Susana Baca



Fuente:
Rev. Somos N° 184
Lima, 15/09/07, pp. 78-80
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“Yo soy una guerrera”
Entrevista de Enrique Sánchez Hernani





Susana Baca, flamante embajadora de las aldeas infantiles S.O.S. en favor de los niños abandonados, habla de sus luchas para salir adelante.

Contra viento y marea, la intérprete de María Landó ha sabido imponerse a la indiferencia e incluso al rechazo de los medios en el Perú. Hoy es una artista reconocida mundialmente como “la diva del Pérou Noir” y una de las principales exponentes de la worldmusic. La Embajada de Francia la condecoró en mayo con el grado de Caballero de la Orden de Artes y Letras. Pero, sin duda, fue el Grammy que ganó el año 2002 -con su disco Lamento Negro- lo que la consagró definitivamente. Buen momento, pues, para ensayar un recuento de su vida.

Ahora que eres reconocida y que viajas invitada alrededor del mundo, ¿crees que ya has logrado lo que te proponías como artista?

Creo que sí. Acá en el Perú hubo una época en la que tuve mucha incomprensión hacia mi trabajo. No tenía un espacio para hacerlo. Entonces me bastaba un salón y le cantaba solo a los amigos. Aquí he tenido muchos fracasos económicos; hacía conciertos y la gente no iba. Entonces dije, no, yo miro para afuera y se acabó la historia, me iré donde me entiendan.

¿Qué cosa fué lo que te animó a perseverar?
Creer en lo que haces, ¿no? Yo creo profundamente en lo que hago. Aunque a veces tienes tus dudas y te preguntas para qué sirve la música.

¿Y tú has descubierto para qué sirve?

Sí. Yo he visto los ojos de la gente cuando canto. También me lo han dicho: sienten paz al oír mi voz.

Hay gente que al oír mis discos siente ternura. El canto sirve como un bálsamo.

¿Cuándo lo descubriste?
Un día una señora entró a mi camerino con su madre y me dijo: mi madre estaba muriéndose, pero a partir de hoy día, al escuchar tu música, quiere vivir. Que me digan eso me hace pensar que la música sirve.

PIEDRAS EN EL CAMINO

Cuando recién empezabas y todo era difícil, ¿tuviste alguna vez miedo al fracaso?

Más bien no veía el éxito. Mi madre, que era amiga de Felipe Pinglo y Pedro Espinel, vio a muchos artistas vivir en la indigencia. De niña yo dejaba los juegos para estar al lado de los músicos y de repente comencé a cantar. Allí mi madre se dio cuenta de que estaba predestinada para la música y sintió pánico. Por eso me hizo estudiar para maestra. Yo estudié en La Cantuta. Allí asistí a conferencias de Manuel Scorza y Julio Ramón Ribeyro. Tuve mucha suerte. Un día fui a la casa de Juan José Vega y llegó José María Arguedas; me quedé con la boca abierta. Mis maestros fueron Oswaldo Reynoso y Juan Gonzalo Rose.

Cuánto privilegio.

Es cierto. Creo que allí nació mi vocación por cantar poesía. Por un lado tenía los valses y la música afroperuana, que escuché cuando abrí los ojos. Pero llegó un momento en que sus letras no me decían nada. No era lo que yo quisiese [quería] expresar.

A pesar de que te acompañaron de niña...

A pesar de eso. Es que la lírica es importantísima, por eso me he aprovechado de la palabra de los poetas. Yo he cantado un poema bellísimo de Oquendo de Amat sobre la mujer, cuando los valses hablan pestes de ella. Yo he conocido a mujeres que, como dice Silvio Rodríguez, no hay libro que las aguante, por sus historias. Allí están mi madre y mis tías, que fueron amas de leche de muchos señores de la aristocracia. Ellas les pusieron el sentimiento por la música criolla a esos muchachos, a esas familias.

Esa rama de tu familia, ¿que mas te ha regalado?

Nos enseñaron a no odiar. La historia de la esclavitud fue algo terrible, pero nadie quiere el dolor. El pueblo afroperuano, a pesar que eso nos dañó, ha devuelto la historia con música, alegría, danzas, con un arte que te emociona profundamente.

En tu camino, ¿qué fue lo más difícil?

La segregación. Hay gente que se molesta y dice que en el Perú no hay segregación; así me lo dijo la otra vez un alto empresario. Señor, le respondí, usted es blanco. Pero a mí sí me han cerrado la puerta en la cara. Le abrían la puerta a Ricardo (su esposo) y luego me la cerraban a mí.

¿Qué cosa ha dejado en ti esto?

De todas maneras te quedan marcas, como grietas, porque eso te hiere. Pero sigo sin la capacidad de odiar. No puedo. Lo que quiero es enseñar a las nuevas generaciones que eso no puede ocurrir. Hemos vivido en medio de la inconciencia. ¿Cómo saliste adelante? Yo soy una guerrera. Mi madre me enseñó a luchar. Yo la vi trabajar todo el tiempo, desde que abrí mis ojos hasta que ella los cerró. Yo siempre insisto. A veces me han cerrado puertas; yo me he dado media vuelta, pero me he dicho: ya vas a ver que la vas a tener que abrir.

¿En qué casos ha ocurrido eso?

Con los medios. En mis comienzos, cuando cantaba a Vallejo y Romualdo, nunca tenían cuidado con lo que escribían sobre mí; me alteraban nombres o situaciones. Cuando me nominaron por primera vez al Grammy, algunos dijeron, no, Susana no está nominada, están nominados los Super Seven. Pero no sabían que ellos cada año hacen un disco con invitados y ese año estuvimos Caetano Veloso y yo. Y ese disco sí estaba nominado.


COSAS DEL PASADO

¿Qué es lo más malo que recuerdas?

Recuerdo un conflicto tremendo, cuando se nominó el 31 de octubre como Día de la canción criolla. Había un conflicto entre Halloween y la canción criolla. Entonces a mí se me ocurrió decir que cambiemos el día. Uyyy, me comieron viva. Me enfrentaron con todos los criollos.

Y en cambio, ¿con qué recuerdos eres feliz?

Cuando gané el Grammy. Ya tenía entonces cinco o seis años trabajando duramente en Europa y tenía prestigio en Canadá y los Estados Unidos. Entonces estaba de gira por Estados Unidos. Lamenté no haber estado en mi casa, porque todos mis amigos hubiesen venido y hubiéramos hecho una fiesta. También cuando me ofrecieron una condecoración como nieta de cañetanos. Primero el alcalde de San Luis me llevó a su casa y de allí me trasladó en un carro a San Vicente. Había mucha gente, varias bandas de música, al punto que pensé que celebraban alguna fiesta, cuando me entero que era solo para mí.

Y, ¿qué te duele recordar?

Me duele recordar que mi mamá no haya disfrutado de lo logrado. Se me murió mucho antes. Recuerdo que cuando gané una mención en el Festival de Agua Dulce, mi mamá se fue temprano al mercado a comprar para el almuerzo, pero regresó tardísimo, después de contarle a todas sus caseras que su hija posiblemente iba a ser una profesional de la música.

UN MUNDO DE CANCIONES

Hablando de música. ¿Qué música te deja extasiada?

Voces como la de Camarón de la Isla, que te penetran en el alma. Después la música antigua cubana o Ismael Rivera, o Billy Holiday. La música huanca también...

¿Cómo? ¿La música Huanca también?

Yo he estado en Accolla, trabajando como maestra y he visto a su banda; era sublime. Una noche viajaba a Huancayo y vi en el camino algo que iluminaba la luna: era una banda de saxos que caminaba entre un sembrío de quinua, con ese color conchevino de la quinua. Qué belleza. Era un cuadro de Humareda.

¿Y hay algún tipo de música que te disgusta? ¿Escuchas cumbia peruana o reggaeton?

Uyyy, eso no me gusta, pero no me vayan a linchar. Entiendo que es una música catártica y que le guste a los muchachos, pero yo poner esa música, nooo.

¿Qué tipo de canciones te gustaría poder interpretar?

Algunas canciones de Celia Cruz que a mí me parecen inalcanzables. Me encanta ese swing, su manera de cantar, me emociona, sobre todo la época cuando estaba con la Sonora Matancera.

¿Alguna vez has llorado con alguna canción?

Claaaro. Por ejemplo al escuchar a Paco Ibáñez cantar su historia sobre los lagartitos con su delantalito blanco. Eso es una belleza.

¿Quiénes están en el altor de tus intérpretes preferidos?

Jesús Vásquez, Chabuca Granda, don Augusto Ascuez y la alegría de los tonderos de Cecilia Barraza; la adoro. Ahora estoy escuchando mucha música antigua de New Orleans.

¿La música te deja tiempo para hacer otras cosas que te gustan?

Sí, cocinar y bailar (risas). Me encanta

La fama, ahora, ¿de qué manera te ha cambiado la vida?

Procuro hacer mi vida normal. Y mira, aunque yo ya había pasado por escenarios inmensos en Europa, recién cuando me dan el Grammy es que en el Perú se enteran de mi trabajo, después de tantos años. Mira, los domingos salgo a pasear a mi perro, voy al mercado cercano a comprar mis alimentos y recibo el cariño de la gente, de las vendedoras que a veces no me quieren cobrar. Yo disfruto de eso. Lo único que ya no hago es subirme a buses.

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Links:




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Video

Versión de 1990 con el acompañamiento de Félix Casaverde, Roberto Arguedas, Antonio Gonzales y Juan Medrano "Cotito".






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