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febrero 23, 2015

Notas sobre el uso de la concertina en la música peruana



Conshyamino, concertinista-acordeonista de Pallasca (Ancash)
Fotograma tomado de este video


Como muchos otros instrumentos de origen europeo, la concertina ingresa al espacio musical peruano desde fines del siglo XIX por vía del colonialismo económico.  Su principal puerta de entrada fue el espacio amazónico, acompañando a los aventureros europeos atraídos por el boom cauchero. Probablemente algunos agentes insertados en la creciente minería transnacional de la sierra, o músicos rioplatenses que visitaban principalmente las ciudades de la costa, trajeron algunas concertinas, pero lo que he podido verificar a la fecha es el ingreso de este instrumento principalmente por el espacio amazónico.

Al día de hoy termina de desvanecer su presencia en la música popular peruana ante el empuje de instrumentos más modernos como la guitarra eléctrica, el bajo eléctrico, la batería, el saxo,  la trompeta, etc. Sobreviven algunos viejos cultores llenos de añoranzas que pocos escuchan.  Las viejas concertinas van desapareciendo de las heredades familiares, sea porque los mayores van  falleciendo,  por desinterés  de los herederos, por las averías irremisibles que impone el paso del tiempo, o todo a la vez.  Poco se repara en su valor testimonial de una interesante historia cultural musical que involucró varios departamentos del país y que llegó a ser centenaria.

La concertina es un tipo de acordeón (instrumento aerófono de fuelle) que puede ser bastante más pequeño, de forma hexagonal u octagonal, con botoneras en los extremos  (que activan los fuelles) , sin teclados, y con correas para sujetar manos  o  dedos, según el tipo.   Algunos tipos de concertina son  más grandes, como la que tocaba el Conshyamino (al punto de hacer dudar a sus paisanos si era concertina o acordeón, llamándolo acordeonista o concertinista); el detalle físico más notorio es que no tienen teclado sino botones (ejemplo).  Hay distintos tipos de concertina, pudiendo ser principalmente unisonoras  (una nota por botón) o bisonoras (dos notas por botón, una al abrir el fuelle y otra al cerrarlo).  Sobre su invención:
  • ... Concertina: El físico inglés Charles Wheatstone (1802-1875) patentó el 19 de Junio de 1829 en Londres la concertina, instrumento cromático (daba la misma nota abriendo y cerrando el fuelle) basándose en el symphonium de 1825 al que añadió un fuelle 70. En 1834 Karl Friedrich Uhlig construyó la primera concertina alemana, diatónica, que tenía mayor tesitura y resonancia y un sonido más noble que la inglesa. Esta concertina dio paso al bandoneón 71, inventado en 1840 por Heinrich Band (1821-1860) en Alemania [Hermosa 2013 : 19] (1)
En nuestro país fue un instrumento preferido de viajeros por su pequeño tamaño, lo que permitía su cómodo transporte.  Esto lo vinculó directamente, como ya está dicho,  a los aventureros caucheros (extranjeros y peruanos) y a los comerciantes  trashumantes o "aviadores" que  proveían el circuito económico cauchero, y que eran por lo general de origen andino.


El Mapa de Instrumentos... de 1978 [Bolaños Et.Al.]  proporciona la siguiente información sobre la presencia de la concertina en el Perú.  Tomémoslo como un estado de la cuestión aproximado de las décadas de 1960 y 70.    Se incluyen los datos del acordeón para poder relacionar la afinidad presencial de ambos instrumentos.    Como podemos notar, a falta de un registro cabalmente completo, se señala que se pueden encontrar en "todo el Perú":

  • 5.- Acordeón.- Es el instrumento europeo que se ha incorporado no hace mucho al uso popular en varias regiones el país.  A veces se toca en vez de la concertina.
    Ubicación geográfica: AMAZONAS: Bongará, Chachapoyas, Luya, Rodríguez de Mendoza; AREQUIPA: Arequipa; CAJAMARCA: Cajamarca; CUSCO: Acomayo, Anta, Cusco, La Convención, Quispicanchi, Urubamba; LIMA: Yauyos; PUNO: Azángaro, Chucuito, Huancané, Lampa, Puno, San Román; SAN MARTIN: Huallaga, Lamas, Mariscal Cáceres, Moyobamba, Rioja, San Martin; TACNA: Tarata; y todo el Perú. [...]
  • 6.- Concertina.- Es el instrumento europeo similar al acordeón, de figura hexagonal u octagonal, de fuelle más largo que el de aquel instrumento, y teclados de botones en ambas caras o cubiertas.
    Ubicación geográfica.- AMAZONAS: Bongará, Chachapoyas, Luya, Rodríguez de Mendoza; ANCASH: Aija, Carhuaz, Huaraz, Sihuas, Yungay; CAJAMARCA: Celendin; HUANUCO: Huánuco, LIMA: Cajatambo, Yauyos; PUNO: [s. ref.]; SAN MARTIN: Huallaga, Lamas, Mariscal Cáceres, Moyobamba, Rioja, San Martín, y todo el Perú.
    [Bolaños Et. Al. 1978: 175-176]

En el presente texto se dan sólo algunas trazas informativas provenientes de diferentes fuentes para tener  una idea  basta del arraigo de la concertina en la región amazónica y andina.  Hace falta hacer recopilación oral en campo y estudiar estos instrumentos como objetos culturales, sean de fábrica como artesanales, tanto en su morfología como en su aspecto técnico, sonoro y de las prácticas socio-culturales que involucraba.  Reparemos por ejemplo, en el sonido onomatopéyico  que el recordado Demetrio Román Casamayor (activo en los años 40 y antes)  podía hacer brotar de su concertina... ¿era de fábrica, era artesanal? Lo que conducía a la generación de varios tipos regionales de concertina popular peruana  (sea en la técnica de  su manufactura-ejecución o simplemente ejecución) no llegó como vemos, a trascender el plano de lo estrictamente popular-oral.


Espacio amazónico

Se  puede inferir bastamente que el instrumento se insertó en las ciudades, poblados y
campamentos  ribereños, desde el departamento de Amazonas por el norte hasta el de Madre de Dios por el sur en la segunda mitad del siglo XIX, y que ha ido cayendo en desuso en la segunda mitad del  XX hasta su casi desaparición en la década de 1990 al presente.  

Cuando convergían para aprovisionarse, descansar o distraerse de sus azarosas travesías, los caucheros sabían que debían hacerse de "...armas de fuego, de bastantes víveres, y sobretodo harta cachaza o aguardiente, ventisho y mashato, cuando no de cognac y hasta champaña.  Además cada cual se procura, quien un acordeón,quien una concertina, un tambor, una flauta, un pífano, una guitarra o cosa parecida, para alegrar la fiesta o mejor dicho la borrachera..." [Buenaventura 1982 : 191]

El destacado estudioso de la cultura musical amazónica  (musicólogo, educador e investigador), Luis Salazar Orsi, señala: "La concertina fue el instrumento más usado y querido por los músicos  pioneros de la Amazonia, ya que, además de las cualidades mencionadas para la guitarra, la concertina posee un timbre tristísimo y melancólico, una línea melódica quejumbrosa en el registro agudo, particularidades estas muy acordes con la soledad y el recogimiento lírico de estas gentes, inmersos por muchos años en condiciones de vida específicas" [Salazar Orsi 1986 : 10-11].


Concertinista riojano Marcelo Reátegui en la danza de diablos de la fiesta del Corpus Cristi (1952)
(foto de Luis Salazar Orsi)


Amazonas

Ha tenido presencia en la música de las provincias de Bongará, Chachapoyas, Luya y Rodríguez de Mendoza.
[por completar]


San Martín

Carlos Velásquez, de Saposoa, comenta en su blog: "La concertina fue un instrumento muy popular. Los caucheros la llevaban para distraer su soledad en el abismo de los bosques y hasta se escuchaba la concertina en las canoas y en las balsas a lo largo de los ríos. Los shilicos (celendinos de las serranías de Cajamarca) eran comerciantes por excelencia, les llamaban los judíos peruanos, ellos siempre llevaban concertinas a la espalda y la tocaban en las pasadas de los caminos o en la puerta de sus tiendas, en el silencio de las noches: huaynos, tristes, yaravíes en añoranza de la nativa tierra distante.Aparte de la concertina, los instrumentos más comunes en la selva son la quena, guitarra, flauta,acordeón, clarinete, violín, mandolina, cabaquiña, banyo, bombo, tambor y redoblante" [Velasquez 2015].

En Rioja la concertina estuvo presente en las fiestas populares, siendo las principales la del Corpus Cristi  (v. foto) y la de Carnaval:  "...Juan Carlos Méndez Alvarado, presidente del carnaval, señaló que esta actividad costumbrista muestra una danza que antiguamente se celebraba en el Corpus Christi.  El baile, solmene y multicolor, se ejecuta con instrumentos denominados concertina, acordino o rondín, acompañados por el ritmo peculiar que producen los golpes de los pies sobre el suelo, conocido como zapateo. Agregó que su origen es evidentemente colonial, con adición de rasgos típicos regionales que la particularizan, diferenciándola de otras regiones..." [s.a. -AHORA-: 2013].  En esta ciudad es aún muy recordada la dama riojana Luisa Solsol Díaz  [Salazar Orsi 2015], de la cual puedo citar:
  • En los días de carnaval, y con ocasión de celebrar matrimonios, bautizos, lantacucheos o cualquier otra fiesta, doña Lucha [Luisa Solsol Díaz, Rioja 1888-c.1966] desempeñaba el rol principal, encargándose de divertir las reuniones con las alegres notas de una concertina, instrumento musical donde entonaba con gran destreza las diferentes melodías de la región, como la pandilla, el chimaychi, el vals y cualquier otro ritmo de moda para estimulara los bailarines.  Para tal efecto, doña Lucha, pra mostrar su ingenio, cogía la concertina con sus dos manos y suspendía el instrumento sobre su cabeza, bailaba entre el público y entonaba las bellas melodías para terminar con una agitada pandilla.  Más tarde salía del lugar rumbo a su casa sin dejar de tocar el instrumento, circunstancia por la que los baularines, con alegría desbordante,  la acompañaban hasta la puerta de su casa bailando y vivando por la bella reunión que terminaba [Del Águila 2016 : 9-10]
En Juanjui tenemos la memoria de un concertinista que según Izquierdo Ríos, y no obstante las marcas físicas de su azarosa vida, sonaba como uno de los mejores del mundo:   ...Con Ruperto Maldonado, natural de Juanjuí, llegué a intimar mucho; nos hicimos amigos entrañables. Me acuerdo de él como si lo estuviera viendo en este momento; era tuerto del ojo izquierdo y tenía un grueso lunar negro en el cachete; siempre estaba alegre y haciendo chistes de todo; era de buen corazón, a pesar de que dicen que 'hombre con señal es malo'. Tocaba la concertina extraordinariamente; creo que era el más grande concertinista del mundo. Con qué gracia cantaba y tocaba aquello:  'Si quieres comer iguana/ Vámonos a la chiringa'... [Izquierdo Ríos 2010 : 401].

Haciendo un poco de historia para rastrear el inicio de la presencia de este instrumento en el espacio amazónico peruano, podemos apuntar al tristemente recordado explotador cauchero Julio César Arana, nacido en 1864 en Rioja (un pequeño poblado insular entre los andes y el feraz bosque amazónico), quien aprendió a tocar concertina a los 11 o 12 años para enamorar a la que sería con el tiempo su esposa, Eleonora Zumaeta: "...rara flor riojana de ojos azules y particularmente bella, tres años mayor que él [...] Si los acrósticos tampoco lograban la rendición de su amada, había que reforzar el asedio con otras artes. Estudió guitarra, acordeón y concertina para deleitarla con improvisadas serenatas..." (Lagos 2005 : 17).  Aprendió pues, por el año 1875 o 76, lo que permite suponer que la concertina ya circulaba por esos lares, al menos entre los sectores de colonos criollos y mestizos, desde la década de 1870 o 60, pocas décadas después de su invención.



Loreto
Dama loretana con concertina [Fuentes 1908 : 187]


En Iquitos  se  ha tocado concertina en las reuniones de amigos, fiestas familiares y sociales.  A principios del siglo XX era notoria la afición de  las mujeres por tocarla.  Hildebrando Pérez anota su predilección por la concertina y el acordeón en ámbitos populares, pero no dejó de estar presente, junto al piano, en los salones, como muestra la fotografía que inserta en su trabajo:

  • ...[la loretana] Es aficionadísima á la música y al baile. Las niñas de la  alta sociedad tocan con buen éxito el piano; las mujeres del pueblo el acordeón y la concertina, por los que tienen marcada afición. /  Todas bailan con mucha elegancia y hasta corrección ...[Fuentes 1908 : 189].  
Esta notoria afición femenina se dio también en otros departamentos amazónicos como el departamento de Ucayali, donde se puede mencionar a la pucallpina Laura Babilonia del Águila, abuela del célebre Wilindoro Cacique [Matos Tuesta 2012] o a la ya mencionada Luisa Solsol Díaz, del departamento de San Martín.

Las fiestas populares también fueron escenario de la concertina, siendo la fiesta de San Juan (24 de junio) la principal expresión de confluencia colectiva e intercultural:
  • “...alegres y divertidas fiestas sociales y populares amenizadas con pifano (especie de quena pequeña), tambor y bombo, para más tarde añadir el clarinete, la flauta, la concertina, el acordeón y la guitarra, y seguidamente, con orquestas de diversos instrumentos musicales” [Navarro Cauper].
  • ...La crecida multitud se repartió por lasa casas y las chacras a terminar los preparativos para el baile.  Había muchos jabalíes asados, que el día anterior fueron quitados a los matanceros.  Como el año pasado, prepararon un sinnúmero de comidas y diversas clases de chicha.  El almuerzo fue amenizado con guitarras,  quenas, tambores, concertinas, roncadoras y pífanos.  En la tarde se terminó de armar el barullo.  Los indígenas sacaron a relucir tamborines y el baile continuó hasta el amanecer.  Ellos exhibieron de vez en cuando sus autóctonas danzas, ejecutadas al ritmos de sus propias piezas musicales, achispándose con las bebidas, en un caudal pujante de alegría [Calvo de Araujo 1942 en 1963 : 151-152]
Entre 1941 y 1942 el educador, escritor e investigador amazonista Francisco Izquierdo Ríos publicó 46 poemas en la revista magisterial Trocha, cuando trabajó como Inspector de Educación en la ciudad de  Iquitos.  Se  refieren a  distintos aspectos de la cultura amazónica, siendo dos de ellos dedicados a instrumentos  musicales, uno indígena y el otro europeo: Manguaré alude al instrumento de percusión indígena de carácter guerrero, y La concertina al instrumento aerófono de fuelle que acompañó al colono aventurero.  Este segundo poema:  "...muestra el afecto y sentimiento del cauchero, que se manifiesta a través de las notas musicales desplegadas mediante los acordes de la concertina" [Marticorena sf : 4]


Pasco y Huánuco (selva central)

En esta región -bastante cercana a Lima-, la presencia de colonos tiroleses conllevó también la presencia de sus propios instrumentos, uno de los preferidos, la concertina.  En este caso fue una incursión de colonización económica pero también socio-cultural, pues  no se trataba de aventureros en busca de  rápida fortuna, sino de personas que  buscaban establecerse y dedicarse fundamentalmente a la agro-ganadería.  Entre ellos, la concertina, el rondín y la guitarra han sido de los instrumentos musicales preferidos para evocar sus añoranzas y re-crear su música [Godbersen 2003 : 85].  En el presente siguen practicando su música con los instrumentos  con que arribaron sus antepasados y otros más modernos.


Madre de Dios

La extracción cauchera, muy intensa en la amazonia norteña (desde el Caquetá y el Putumayo), se fue proyectando hacia el sur, y con ella las prácticas culturales colonialistas que involucraba.  Los caucheros que incursionaron en el departamento de Madre de Dios a inicios del siglo XX  también alegraron sus soledades con concertinas:  "...En 1912 el gobierno peruano dirigió una expedición para trazar la ruta colonizadora hacia las profundidades de Madre de Dios.  Puerto Maldonado fue establecida como capital de la región aquel año, siendo sus primeros pobladores caucheros y obreros (Reyna 1942). La economía basada en el caucho comenzó  a desarrollarse. Los "aviadores" eran comerciantes del boom de la goma que "habilitaban  a las personas que buscaban trabajar en la jungla".  A cambio de grandes cantidades de goma (comerciada en "fabricos" (2) ) los "aviadores" proveían harina, carne salada, guisantes, azúcar, café, utensilios de comida, armas, y en algunos casos incluso una concertina (Flores 1987 : 22).  También era posible para los caucheros comprar cigarros, Vermouth, bizcochos ingleses y otras finas comodidades (Casaverde 2008).  Aunque los caucheros estaban asociados a la producción, el entender cómo devinieron a su vez en consumidores en una economía desarrollada en torno a una actividad extractiva, ofrece una llave para entender Madre de Dios hoy.  Rochard Wilk (2006 : 150) sostiene que "nuevos patrones de consumo pueden  ayudar a preservar instituciones culturales existentes, causar cambios radicales y abandono de practicas culturales o trazar nuevos, "acriollados", híbridos o complejos mestizajes que son simutáneamente nuevos y viejos, locales y globales".  Madre de Dios encaja bien como sitio para el estudio de una "cultura cosmopolita" de consumo, tanto en el paisaje social pasado como presente..." [theobrero.com] (3)



Espacio andino

La presencia de la concertina en el espacio andino ha sido también importante.  Los comerciantes que iban y venían de la zona amazónica (los "aviadores"), introdujeron su uso en los apartados pueblos serranos.  Los testimonios encontrados dejan notar que los celendinos (dep. de Cajamarca) fueron de los más destacados en este rol articulador,  por lo menos en lo que respeta a la sierra norteña (de los departamentos de Piura, Lambayeque, La Libertad  y Ancash).


1. La Libertad

En la sierra liberteña se ha tocado la concertina en los bailes mestizos pueblerinos.  Uno de esos pueblos es Santiago de Chuco, tierra del poeta César Vallejo.  En consonancia con su patronímico, su fiesta principal, entre el 13 de julio y el 2 de agosto, es la del apóstol Santiago el Mayor, santo que sustituyó (o más bien encubrió) en el panteón peruano al dios Libiac o Illapa (análogo a rayo o trueno).   Son varios los bailes indígenas y mestizos que se despliegan a lo largo de la fiesta, entre los segundos  encontramos el uso de instrumentos de origen europeo: "...bailan y cantan al son de la caja y la huaytana (flauta alargada), la traversera (instrumento de carrizo), el clariente, y algunas se acompañan con concertinas y violines" [Espejo 1965]

Es probablemente el testimonio de Francisco Izquierdo Ríos, uno de los más elocuentes sobre el uso de la  concertina en la sierra liberteña, habiendo dejado trazada la figura de al menos un diestro concertinista  de la década de 1940, el cholo Casamayor:  "Demetrio Román Casamayor/ Es el mago de la concertina, a la que ha agregado más teclas y ha conseguido  reproducir en ella el canto del gallo y el cloqueo de la gallina.  Primero arranca en su concertina el  canto del gallo, luego rompe con un estremecido triste o un alegre tondero.  Es de verlo desafiando a  tocar concertina a sus rivales, con la cabeza en alto, el sombrero de junco ladeado, el gesto provocativo  y el arrogante canto del gallo de su instrumento, al que mantiene en el aire,  a la altura de su rostro...  Al término de la ejecución reproduce el cloqueo de la gallina, tratando así de ridiculizar al ejecutante  rival y provocando, por supuesto,  la risa de los espectadores./ Estas particularidades referidas a su concertina las emplea también en las serenatas. Casi nadie quiere competir con el Cholo Casamayor"  [Izquierdo Ríos 1949 en 1989 : 166]

Al describir las danzas y las músicas de la fiesta patronal del Apóstol Santiago el Mayor en Santiago de Chuco, cuyo día central es el 25 de julio, Izquierdo Ríos amplía su reseña acerca de los géneros populares mestizos no sólo andinos sino costeños, que se acompañaban con concertina:

"Concertinas/  Aquí encontramos nuevamente al cholo Demetrio Casamayor, 'el mago de la concertina'.  Aquí está este cholo ingenioso, ahora sin el sombrero de junco, con un cigarro encima de la oreja derecha y medio chispo, entusiasmando al público con su eximia maestría en tocar la concertina, su ingenua altanería, y el canto del gallo y el cloqueo de gallina de su instrumento... yaravíes, marineras, tonderos, cachuas (huainos, valses, tristes, arrancan sus hábiles dedos a la dócil concertina.  Al término de cada tonada el público le exige, le pide: '¡otro, otro!'.  Y el cholo Casamayor no se hace rogar.  Así, ante la solicitud general, toca y canta 'La chongoyapana', el famoso triste norteño:

      si no tienes nuevos amores,
      ya no me quieres...

Otros concertinistas (del lugar y de otros pueblos) también actúan, pero Casamayor es el campeón indiscutible de la concertina en Santiago de Chuco.  No tiene rival. En los pueblos de la selva también acostumbran tocar concertina, sin embargo ésta no goza del auge o importancia que tuvo en la época de la apoteosis del caucho; no había cauchero que no la llevara, junto con la carabina Winchester y la tishelina (4), para desfogar en ella añoranzas en la soledad de los ríos y de los bosques.  Asimismo, los shilicos (celendinos, de Celendín, provincia del departamento de Cajamarca), la mayoría de ellos comerciantes desde que nacen y que, en esos afanes, se van por todas partes, llegan a la selva con su concertina a cuestas, a la que hacen llorar tristes huainos, y por las noches, en las puertas de sus tenduchas, en esos pueblos apartados  y solitarios."  [Izquierdo Ríos 1949 en 1989 :  187].  La relación socio-cultural de la sierra cajamarquina con la sierra norte liberteña se hace evidente en el famoso Carnaval de Celendín, muy popular e interpretado por conjuntos celendinos y de Santiago de Chuco.

En el Acto primero, Cuadro primero, de la obra teatral Colacho Hermanos (farsa en tres actos y cinco cuadros), César Vallejo, al retratar un día dominguero en Taque, aldea andina, menciona el uso de este instrumento por indígenas campesinos, lo que indica una transversalidad de uso no sólo de clase, sino étnica, que llegó a tener este instrumento:  "Es domingo.  Se ve pasar por la calleja, yendo y viniendo del campo, numerosos campesinos - hombres y mujeres-.  Los hay bebidos y camorristas.  Otros cantan o tocan concertina y  acordeón..."[Vallejo 1999 II : 403]


2. Cajamarca

Por su ubicación  geográfica entre la franja alto-amazónica del norte y las zonas andinas de los departamentos costeños de Piura, Lambayeque y La Libertad, así como por la clara vocación andariega y comerciante de sus habitantes -en particular los celendinos- Cajamarca fué como una bisagra que expandió  el uso de la concertina en una amplia zona norteña, sobreviviendo hasta hace poco en los pueblos apartados.

Hubo extendida tradición concertinera en Cajamarca, en particular en Celendín, de la cual al día de hoy quedan evocaciones nostálgicas:  "...La primera mitad del siglo pasado fue fructífera para los músicos populares: acordeonistas, concertinistas, guitarristas, violinistas y cuanta orquesta se formó estuvieron de plácemes porque tuvieron trabajo continuo. Entonces no existían los aparatos de sonido de hoy y cualquier celebración y jolgorio necesariamente tenía que contar con el  concurso de estos virtuosos de la música. Celendín, tierra de artistas, tuvo grandes músicos como “Los Copochos”, don Clemente Rodríguez, don Juanito Vargas, el insigne ciego de San Cayetano, don Pancho Cortegana, etc..."  [Piritaño 2008]

Ciro Alegría (Huamachuco 1909- Chaclacayo 1967), escribió una hermosa novela corta titulada Siempre hay caminos (1961) que confirma esto.   Su protagonista, un celendino aventurero llamado Candelario, encarna el espíritu de los hombres de tierra adentro de la primera mitad del siglo XX, aún muy compenetrados con la naturaleza, en los que lo racional y mítico juegan en su comprensión del mundo y en sus formas expresarse.  El evento de la concertina es de antología:  "...Sentóse de nuevo en la banqueta, tarareando el yaraví minero, y luego ordenó a Domi que le llevara la concertina.  La pequeña hízolo así al instante, sacándola de la habitación mayor.  Candelario se recostó contra la pared, cruzó las piernas y, afirmando el octagonal instrumento sobre las rodillas, abrió el fuelle.  La concertina fue como una oruga melodiosa.  Sus notas largas y melancólicas se extendieron blandamente en la noche [...] Del yaraví minero pasó Candelario a tocar otro igualmente triste, y las gimientes melodías valían como palabras de quebranto.  La música del pueblo peruano está hecha mayormente de llanto y Candelario entraba en tal pesadumbre, como en un recinto sonoro, a deplorar sus propias penas.  Súbitamente quiso alegrarse y tocó una jubilosa marinera, pero no persistió en el empeño entusiasta.  Sacó de su concertina tonadas melancólicas.  Tocaba un pasacalle errabundo, cuando el caballo relinchó a lo lejos... "[Alegría 1961 en 1983 :  23 y 25]

En las notas de un casete de música campesina del programa Tierra Fecunda, realizado en la década de 1980 se señala que la concertina es un "instrumento desconocido" en el medio peruano, sin haber reparado que en esos años el declive de su uso, otrora floreciente, ya venía de décadas atrás.  El método de la etnografía sincrónica evidencia en este caso sus vacíos.  El registro sonoro corresponde a una marinera cajamarquina interpretada con una concertina casera, hecha por el propio ejecutante:  "Marinera de Llucchubamba/  La concertina es un instrumento casi desconocido para los peruanos, que tiene alguna similitud con el acordeón.  Sin embargo, en la lejana Cajabamaba, provincia del departamento de Cajamarca, don Gualberto Alvarez Olano ha logrado fabricar, en forma totalmente artesanal, su propia concertina.  Con la participación de sus hijos ha formado el conjunto Los engreidos de Lluchubamba, que nos interpreta con este instrumento una marinera con fuga de huayno" [Thorrez 1986]


3. Ancash



Conjunto Ancashino Atusparia, fundado en 1927.  Al centro, concertinista Juan Maguiña Gonzales

La presencia de la concertina en este departamento parece vinculada a la influencia de la sierra liberteña  y del departamento de San Martín.  Probablemente también, en alguna medida, de Pasco y Huánuco, donde hay notoria presencia de colonos de origen tirolés.  A la fecha sólo puedo mencionar su uso acompañando las Danzas de Pallas del Callejón de Huaylas y en conjuntos musicales tipo estudiantina.  El principal conjunto, sin duda, es el Conjunto Ancashino Atusparia, uno de cuyos fundadores, Juan Maguiña  Gonzáles, fue un diestro concertinista. Otros conjuntos similares son el Centro Musical Luzuriaga (con Gumercindo Ramos en la concertina) ,el Conjunto Los Trovadores Chiquianos (con Perfecto Bolarte Calderón en la concertina), el Conjunto Los Andes de Ancash, formado por Pastorita Huaracina  en 1954 [Raymundo T. 2009 : 8], entre otros.

Precisamente, al destacar el rasgo característico del huayno ancashino en relación a otros estilos
regionales, José María Arguedas señala su ejecución con concertina, característica relevante hasta hace pocas décadas:   "El huayno, en las cuatro regiones del Perú, se baila con arpa y violín acompañados de otros instrumentos, diferentes según las regiones: quena y mandolina en el centro y en el sur, mandolina, guitarra y concertina en el área de Ancash, clarinete y saxofón en el Valle del Mantaro..." [Arguedas 1976 : 222].  

Una de las principales precursoras de la grabación y masificación de repertorio andino peruano, Pastorita Huaracina, cantó en sus inicios (años 40) con el Conjunto Ancashino Atusparia.  Posteriormente, cuando conformó el Conjunto Los Andes de Ancash en 1954, que marcó  el despegue de su carrera [ Raymundo 2009 : 9], siguió contando con un concertinista, característico de los ensambles ancashinos de la época.  Sin dejar de ser estandarte de la música ancashina, Pastorita Huaracina construyó un repertorio de canciones andinas de diferentes partes del Perú, que llegaron a ser muy populares -casi canónicas- en su interpretación.  Esta voluntad de cohesionar-empíricamente- un mapa musical andino a través del repertorio,  implicaba también el uso de los trajes típicos (más bien, adaptaciones de los mismos) con los cuales hacía sus presentaciones.  Detalle que José María Arguedas tomó en cuenta para aconsejarle en su momento, el conservar y reivindicar lo "tradicional" y lo "auténtico" no sólo de la música sino de los trajes.


Conjunto Los Andes de Ancash fundado en 1954.  Arpa, violín, mandolina y concertina
Pastorita Huaracina viste la adaptación de un traje de la zona de Canchis (Cusco)
La imagen proviene de un  LP 33 rpm de los años 60, después grabado en casete, cuyos datos están aquí.  


Del uso de la concertina  en la provincia de Pallasca (limítrofe precisamente, con la sierra liberteña) Bernardo Rafael Alvarez testimonia la memoria del músico invidente Pedro Gutiérrez,  activo en las primeras décadas del XX,  muy querido y recordado: "...Don Pedro Gutiérrez, 'El Conshyamino', nuestro folclorista invidente, cuando lo conocimos solía ubicarse en una de las bancas de la Plaza de Armas (casi siempre en la que da hacia la iglesia). Con un seseo muy particular, secundado por el acompañamiento jadeante de “su acordeón o concertina”, protegido por su poncho y sombrero, rodeado por los chiquillos del pueblo y –cómo no- vigilado por la “Repolla”, su mujer, entonaba huaynos y guarachas: 'En el cielo las estrellas', 'Mi cafetal...y “La piedra de mal rodar”', su canción emblemática.  No faltaba - como en todas partes- algún mozalbete zamarro que –candorosamente perverso- le jugara una broma pesada, como presionar una tecla de su instrumento, alterando, así, la ejecución del tema musical; don Pedro se enfadaba por un instante, soltaba sin mucha convicción un carajo, pero inmediatamente sonreía y continuaba con la música. Nosotros nos alegrábamos con su alegría y nos conmovíamos con su emoción. La destreza que demostraba al hacer brotar las notas de su muy humilde instrumento, era la misma cuando confeccionaba las proverbiales “andaritas” (especie de flautas de pan hechas con cañas de carrizo), perfectamente afinadas como para pergeñar, en las noches de luna llena, las melodías inolvidables del “Zorro negro”; o para que Julio y “Shantel” -dos de sus principales usuarios- pudieran familiarizarse con la nobleza del arte órfico (su padre -nunca olvidado, especialmente por su cálido y generoso corazón-, don Santiago Zanelly, era, probablemente, el más entusiasta “cliente” de don Pedro). Durante las primeras décadas del Siglo XX, sabemos que la animación musical de las fiestas familiares del pueblo, más que la Victrola, corría a cargo de El Conshyamino. La aparición del retumbante “Pick up” prácticamente desplazó a ambos. La Victrola se convirtió en pieza ornamental o de museo y don Pedrito, tal vez invadido por una honda tristeza pero jamás deprimido, trasladó su centro protagónico a la Plaza, mas nunca se alejó de los corazones. Más que un personaje, llegó a ser un símbolo. Los pallasquinos lo guardamos en nuestra memoria y sabemos que él y don Víctor Alvarado, don Pancho Nina, don Lorenzo Paredes...forman parte de la identidad espiritual de nuestro pueblo. Hablar de Pallasca es no olvidarse de ellos, tanto como de El Chonta, de Tambamba, de Santa Lucía; de la “293” y sus entrañables “maestros”; del Toro de trapo, de las “luminarias” y del grog…A nosotros, por lo menos a nosotros, cuando niños, don Pedro Gutierrez nos dio una lección imborrable –como todas aquellas que se dan sin palabras, que se dan con el ejemplo: amen lo nuestro con todo el corazón [...] De Isabel Miranda hemos dejado de escuchar (su padre fue -lo conocimos- don Santiago Miranda; ¿se acuerdan de él?). En los años 60 grabó un disco (probablemente otros más, no lo sabemos), en el que –como está escrito en otra parte- se dibujaba musicalmente a Pallasca y su fiesta patronal, la Fiesta de San Juan Bautista.  Un segmento de aquel tema musical decía: 'Toque, toque don Pedrito su acordeón o concertina, para bailar por la Calle Grande con mi linda pallasquina'..." [Alvarez 2007]


4. Puno


Conjunto Masías, importante conjunto musical puneño de la década de 1940.  El concertinista se llamaba Telmo López.
(fuente: Música, danza, tradición y personajes puneños.  Augusto Vera Béjar.  Arequipa, 2006, p. 125)

Miguel. N.  Angles, concertinista en el Centro Musical Huancané
[fuente del fotograma: este video]



La presencia de la concertina en la música puneña se da, como en el caso de Ancash, principalmente en los conjuntos mestizos urbanos tipo estudiantina.  Portugal Catacora refiere que su introducción, junto a otros instrumentos como el violín, el saxofón, el clarinete, la trompeta y  el acordeón, es una innovación que desplaza instrumentos en uso a inicios del siglo XX como la quena y la bandurria:  "...La bandurria ha sido desplazada por la mandolina y la quena ha desaparecido. En cambio se han agregado el piano acordeón, la concertina, el violín e instrumentos de viento como el saxofón, la trompeta y el clarinete...." (Portugal Catacora 1981).  La presencia de la concertina en el departamento de Puno es un poco posterior a su llegada a la región amazónica.  Aún  cuando su vecindad con el departamento de Madre de Dios hace pensar en una ruta de llegada amazónica es probable que su arribo se haya dado también por el lado boliviano, dada la afinidad de lenguajes musicales en el espacio colla altiplánico.  A diferencia del ámbito boliviano en que se hicieron grabaciones discográficas dedicadas expresamente a este instrumento, en el departamento de Puno la concertina ha tenido una presencia, aunque  de larga data y aún vigente, menos relevante:   ...La sonoridad lograda entre las mandolinas y el acordeón constituye una característica básica del orgánico [sic.](5) en tanto que está presente en todas las estudiantinas altiplánicas. En algunos casos, en reemplazo del acordeón han sido incorporados otros aerófonos de lengüeta como el bandoneón o la concertina los que han tenido menos permanencia [Ponce 2008: 117-118]

Estudiantinas como el Centro Musical Moho, el Centro Musical Huancané, el Conjunto Masías entre otras,  tuvieron concertinistas en sus filas.  Del  C.M. Huancané por ejemplo, es muy bien recordado  el concertinista y compositor Miguel N. Angles [cf. este video, seg. 50].   En Lima el Conjunto Musical Brisas del Titicaca, tuvo la participación del concertinista y profesor  Antonio Pinazo a. "Librito", apodo relacionado a su pequeño instrumento [Autores varios 1998]

Las estudiantinas puneñas se componen de instrumentos de cuerda (mandolina, guitarra, guitarrón, charango, chillador, y opcionalmente violin, viola, chelo, contrabajo) y de fuelle (concertina o acordeón).  Actualmente, cada vez más, se incluyen instrumentos de viento (trompetas con sordina, trombones, saxos, clarinetes...) y percusión (bombo, tarola, sonajero...)

5. Cusco


Al menos en la primera mitad del siglo XX, la concertina tuvo uso popular en el Cusco, en el sector urbano mestizo, o "cholo".  La foto siguiente, incluida en la publicación Encanto y celebración del huayno [Montoya : 2013],  ilustra una fiesta de carnaval al son de guitarras y concertina. La libación de chicha se alterna con la libación de cerveza, momento de tránsito hacia la hegemonización comercial de la bebida extranjera.  Huaynos carnavaleros y marineras eran los géneros predominantes en las carnestolendas de este sector social.  La foto confirma la idea de que el El Mapa de Instrumentos... de 1978 [Bolaños Et.Al.], como se cita líneas arriba,  requiere complementación diacrónica y actualización, pues no señala el uso de la concertina en el Cusco, más sí del acordeón. Esto puede indicar que en la década del 70 ya no se tocaba concertina en el Cusco, o que el registro no fue  lo más óptimamente acucioso.  Probablemente su uso no fue masivo y dependió de la mayor o menor vinculación de los músicos empíricos a un mercado itinerante de estos instrumentos.   ¿Se fabricaron artesanalmente en el Cusco, como en otros departamentos?,  queda la pregunta, pues la foto indica una concertina muy probablemente, de factura europea.




// marcela cornejo d.



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Notas


(1)  Las páginas 49 a 52  de este trabajo detallan el  puntual desarrollo performático  académico de la concertina en la Inglaterra victoriana.  En el ámbito popular, la concertina tiene  notoria presencia en la música irlandesa.
(2) Fábrico significaba provisiones para un periodo de 6 meses.
(3) "...In 1912, the Peruvian government led an expedition to forge the path for colonists to move deeper into Madre de Dios. Puerto Maldonado was established as the capital of the region that year and the first townsmen were caucheros and obreros (Reyna 1942). An economy around rubber began to develop. ‘Airmen’ were traders in the rubber boom who “enabled people seeking to slingshot into the jungle.” In exchange for large amounts of rubber (traded in fabricos,) the ‘airmen’ provided flour, salted meats, beans, sugar, coffee, eating utensils, shotgun, and in some cases, even a concertina (Flores 1987:22). It was also possible for caucheros to buy cigarettes, Vermouth, English cookies, and other fine commodities (Casaverde 2008). Although caucheros are associated with production, understanding how they became consumers in an economy developed around extraction is key to understanding Madre de Dios today. Richard Wilk (2006:150) contends that “new patterns of consumption can help preserve existing cultural institutions, cause radical change and abandonment of cultural practices, or forge new “creolized,” hybrid, or complex mixtures that are simultaneously new and old, local and global.” Madre de Dios bodes well as a site for the study of a ‘cosmopolitan culture’ of consumption, whether in the past or present social landscape..." [theobrero.com]
(4) Vasija  o taza que recoge el látex de caucho
(5) Alude al concepto orgánico sonoro de la estudiantina altiplánica, utilizado en su trabajo

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Fuentes (bibliográficas y electrónicas)


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1983   Siempre hay caminos.  Lima  : Biblioteca Nacional del Perú : Serie Perulibros

Alvarez, Bernardo Rafael
2007 De Diego Mejía a Santos Villa, una historia de metáforas y acordes.  Lima, texto subido el 15 oct.

Arguedas, José María; Angel Rama (comp.)
1976 Señores e indios. Buenos Aires :  Arca Editorial

Autores varios
1998 Referencias evidentes de la fundación de Brisas del Titicaca.  Revista Aswan Qhari

Bolaños, César; Virgilio Roel, Alida Salazar, Fernando García [eds.] Alfonso Respaldiza [dibujos]
1978    Mapa de los Instrumentos Musicales de uso Popular en el Perú: Clasificación y Ubicación Geográfica. Lima: Instituto Nacional de Cultura-INC : Oficina de Música y Danza.

Buenaventura L. de Uriarte, Dionisio Ortiz
1982 La montaña del Perú: trabajo inédito.  Lima : Gráfica 30

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1963    Paiche / Novela amazónica.  Arequipa : Cuzzi Impresores, 280 p.

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2016     Luisa Solsol, símbolo de lucha. En: Relatos mágicos.    Moyobamba : Aberto Vásquez y Luis Salazar Orsi [eds], Serie Trocha Cultural N° 12, pp. 7-12

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1965 César Vallejo: itinerario del hombre 1882-1923.  Lima : Librería-Editorial Juan Mejía Baca

Flores Heredia, Gladys
2010    Francisco Izquierdo Ríos.  Obra completa.  Lima : Universidad Nacional Mayor de San Marcos ; Gobierno Regional de San Martín, Tomo I [cuentos]

Fuentes, Hildebrando
1908   Loreto.  Apuntes geográficos, históricos, estadísticos, políticos y sociales.  Lima : Imprenta de la Revista, tomo I

Godbersen, Guillermo
2003 Colonización alemana en la selva central del Perú.  Lima : Servicios Generales Rene

Hermosa, Gorka
2013    El acordeón en el siglo XIX .  Gipuzkoa : Ed. Kattigara

Izquierdo Ríos, Francisco
1989 César Vallejo y su tierra.  Lima :  Ediciones SEA,  4ta ed. [1ra: 1949], 192 p.

Lagos, Ovidio
2005 Arana, rey del caucho.  Terror y atrocidades en el Alto Amazonas.  Buenos Aires : Emecé, 408 p.

Marticorena Quintanilla, Manuel
s.f.       La revista Trocha y Francisco Izquierdo Ríos en la literatura amazónica.  Iquitos : Universidad Científica del Perú, 6 p.

Matos Tuesta, James
2012    Murió mamá de Wilindoro Cacique.  Nota subida el  27 mar.

Montoya Rojas, Rodrigo
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Navarro Cauper, Alfonso [cit.]
1978  La Fiesta de San Juan Bautista, Patrón de Iquitos. Iquitos, 23 jun.

Piritaño, Crispín
2008     Nasherías: un violín sorochuquino.  Celendín, Subido el 6 ene.

Ponce Valdivia, Omar

2009    De charango a chillador.  Confluencias musicales en la estudiantina altiplánica.  Santiago:  Universidad de Chile : Facultad de Artes, tesis de magíster

Portugal Catacora, José
1981     Danzas y bailes del altiplano.  Lima. Ed. Universo.

Raymundo Taipe, Jesús
2009     Canto a la dama de los andes. Variedades, supl. semanal de El Peruano.  Lima, pp. 6-8, N° 124, 1 a 7 jun., pp. 6-8

Salazar Orsi, Luis.
1990    Apuntes para el estudio de algunos temas clásicos de la música popular amazónica.  Shupihui.  Iquitos : CETA, vol XIII, Nro. 47-48, pp. 4-13

2015   Uso de la concertina en la selva peruana.  Rioja, feb.

S.a.
2013     Lanzan tradicional carnaval riojano.  AHORA.  Tarapoto, año XVIII, N° 60511, 19 ene, p. 11
200?      http://theobrero.com

Thorrez López, Marcelo (notas de casete)
1986     Tierra Fecunda: Música campesina del Perú.  Lima : CEPES, folleto + casete

Vallejo, César
1999 Teatro completo. Lima : PUCP, vol II [3 vols.]

Velásquez, Carlos
2010     El folklore en la selva.  Saposoa, texto subido el 25 ene.





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Video


Marinera de llucchubamba 
Por: Los Engreídos de Llucchubamba (Cajamarca)
Una marinera tocada con una concertina artesanal, hecha y tocada por don Gualberto Alvarez Olano
Casete: Tierra Fecunda. Música Campesina del Perú (Marcelo Thorrez López -notas de casete.  Lima : CEPES, 1986, vol. 1)
subido por ccolca





Llanto del indio  (vals andino)
Conjunto Ancashino Atusparia
(guitarras, violines y concertina)
subido por Ivan Robles




Pañuelo blanco o Azangarina querida (huayño puneño)
Los Compadres de Azángaro
subido por Miguel CARCAUSTO VARGAS





Sentimento Pozucino (Oxapampa, dep. de Cerro de Pasco)
Johann Koehle, ¿compositor y concertinista?
subido por Peter Unbehauen






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Enlaces

Uso de la concertina en la selva peruana - Luis Salazar Orsi
Arquitectura y paisaje: La Concertina
Siguiendo a los arrieros de Celendín - Arturo Mori Hidalgo





junio 08, 2010

Julio Benavente Díaz


No había mucha información sobre el maestro charanguista Julio Benavente Díaz en la web; pero recientemente un usuario de youtube ha subido algunos videos de él tocando en vivo. En 1985 el maestro Benavente fue invitado a Francia para realizar una serie de conciertos en varias ciudades, el 1° de diciembre del 1985 se grabó este especial en la región de la Bretaña.


Eres linda
Marinera con fuga de huayno (*)
Charango: Julio Benavente Díaz
Guitarra:
Rafael Parejo


Tu eres linda, tu eres bella, hermosa mujer,
tu eres la aurora que alumbra al amanecer (bis)
Tengo que volver, tengo que volver,
al amanecer, tengo que volver...





Sara Tarpuy - wanka agrícola

Ollantay - jarawi

Ripukunay Q'asapatapi - huayno


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(*) Esta marinera es conocida también como Bella mujer en la interpretación de los Hermanos Delgado de Arequipa; fue grabada en 1970 en el LP El yaraví arequipeño, que acopió un conjunto de canciones representativas de la ciudad.  Parece tratarse de una creación popular  extendida en el sur andino, y que el maestro Benavente hizo la recopilación y arreglo al estilo cusqueño.





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Enlaces


Julio Benavente Díaz, "El Dios del charango" (La hora del charango: Sentimiento cholo, cusqueñidad y peruanidad p. 150, vista parcial) - Zoila Mendoza W.
El t'ipi, cuerpo sonoro en el charango de Julio Benavente Díaz - Omar Ponce Valdivia
Charango y canciones del Cuzco -Charango and songs from Cuzco (CD) - Julio Benavente Díaz



Actualización a jul 2014:
Julio Benavente Díaz.  Patrimonio.  Cusco : Ministerio de Cultura - Dirección Desconcentrada de Cultura, N° 2, feb. 2014

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agosto 12, 2008

Soleada lejanía del alma



Arequipa, soleada lejanía del alma, aldea de la ternura;
tu nombre lo escribe un vuelo tendido de golondrinas
Tus árboles envejecidos lejanos se mecen en mi cariño
y toda mi pena callada se va alegre a repartirse
en las alas de tus pájaros
(...)
Arequipa, te recuerdo callado, triste como tus tardes;
pero así me quedo con los ojos abrazados a tus crepúsculos
y mascando una rama de tu cielo


"Ausencia de Arequipa" - Guillermo Mercado




Buenos vientos, briosos y frescos corren en Arequipa por estas semanas. De esos que transportan música para ventilar el espíritu. Parece ser que la Municipalidad Provincial está decidida a volverle a dar a Arequipa la categoría de foco cultural que tuvo siempre, y que acusó prolongado receso desde los años 80, no sólo en el ámbito de la música. De la nutrida agenda por las celebraciones del Aniversario de la ciudad (15 de agosto) se destacan varios eventos:

El 5 de agosto el Coro Mixto y la Orquesta Filarmónica de la Universidad Católica de San Pablo ofrecieron un concierto de homenaje al compositor Aurelio Díaz Espinoza. El Coro interpretó sus villancicos, mientras la Filarmónica interpretó su Suite Sinfónica Escenas de Mi tierra” (constituida por "La Reseña", "Río Chili" y "La Catedral") y el bello poema sinfónico "El Molino". Cerraron con broche de oro interpretando en conjunto el Himno de Arequipa, compuesto por el Maestro, cuyo retrato ha sido incorporado a la Galería de Arequipeños Ilustres del Museo Histórico Municipal.

Del 5 al 8 de agosto La Municipalidad Provincial, el INC y el Centro Cultural “Chuklla” realizaron el VI Festival Internacional de Guitarra, con la participación de músicos de España, Chile, Bolivia, Escocia, Francia, Argentina, Costa Rica y Perú. Clases magistrales y conciertos en el teatro Municipal animaron durante varios días a la ciudad. Lo interesante es que por estos días están realizando giras post festival por ciudades como Aplao, Camaná, Mollendo, Tacna, Ica e Iquique.

La Orquesta Sinfónica del Conservatorio Nacional de Música dirigida por el Maestro arequipeño Dante Valdez se presento los días 10 y 11 de agosto en la ciudad. Participaron los cantantes arequipeños María del Carmen Rondón Málaga, Miguel Florez, Patricio Cueto y la soprano argentina Ana Ruzieska. Ha sido la primera vez que la Sinfónica se despliega en pleno, con 60 músicos, con un repetorio de temas clásicos (como la "Sétima Sinfonía" de Beethoven) e interpretaciones inéditas de música arequipeña grabadas por Dante Valdez con la Filarmónica de Bulgaria en el disco Arequipa y el Cóndor, Música para el Mundo".

El 21 de agosto está programado un Recital de gala en Homenaje a Pedro Ximenez Abril y Tirado un compositor arequipeño no sólo virtuoso sino de los pocos latinoamericanos que innovaban la música con géneros autóctonos a inicios del siglo XIX, y que ha sido aún poco estudiado entre nosotros. El concierto estará a cargo de la pianista boliviana María Antonieta García Meza (Ximenes Abril vivió varios años hasta su muerte en Sucre, donde están el grueso de sus partituras), Octavio Santa Cruz (Lima) y Percy Murguía (Arequipa).

El 12 de setiembre en el Instituto Alemán de Arequipa, Ernesto Mayhuire, joven guitarrista que desarrolla su carrera entre Suiza y el Perú, ofrecerá el concierto "De Johanne Sebastian Bach a Pedro Ximenez Abril Tirado". El 18 de setiembre estará en Lima ofreciendo otro recital.

El riesgo de perder la denominación de Patrimonio Cultural de la Unesco, hecho público hace pocas semanas ha hecho que todos/as, empezando por Simón Balbuena Marroquín, el alcalde, apunten no sólo a seguir las recomendaciones de la Unesco, sino a asumir de una vez, un compromiso con el rango histórico social y cultural que nuestra ciudad merece.
//marcela cornejo


"El Campo, La Ciudad" (mural-detalle), Teodoro Nüñez Ureta
vista completa

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Audio
Temas tradicionales
(
player externo)
  1. "Yanahuara" (huayno) -Trío Yanahuara
  2. "Arequipeñita" (huayno) - Trío Yanahuara
  3. Carnaval miraflorino - Los Mistianos
  4. "Chachani" (pampeña) - Los Mistianos
  5. "Chaque tripas" - Los Dávalos
  6. "Despertás arequipeño" (marinera) - Los Mistianos
  7. "Flores del campo santo" (marinera) - Dúo Paucarpata
  8. "Mi pichoncita" (pampeña)- Los Mistianos
  9. "Pajarillo cautivo" (yaraví) - Hermanos Delgado
  10. "Ruegos" (yaraví) - Trío Yanahuara
  11. "Yo no he venido a llorar" (yaravi) - Hermanos Azpilcueta
  12. "Lamento del Misti" (fox incaico) - Trío Yanahuara


Las flores del campo santo (*)

¡Ay no sé que tienen!
las flores del campo santo (bis)

Que cuando las mece el viento mi vida
parece que están llorando (bis)

Tu tienes una trenza
que partes de frente igual (bis)

Quisiera un peine de nácar mi vida
para poderla peinar (bis)

Ahora sí que me muero mi vida,
porque lo quiero


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(*) Esta letra es una adaptación de las coplas de una una jota aragonesa que Miguel Arnaudas recogió en su Cancionero Popular de la provincia de Teruel . Podemos encontrar también estos versos adaptados en la hermosa canción La llorona, de México. En cada caso, el género musical es distinto.




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febrero 16, 2008

Dos géneros populares en la Arequipa del siglo XIX




"Jorge o el hijo del pueblo" de María Nieves y Bustamante, publicado en 1892, es tal vez la mayor novela romántica y épica escrita por una mujer en el Perú del siglo XIX. La autora (1861-1947), entrejete ficción y realidad histórica con una gran solvencia narrativa, tanto en la descripción del proceso socio-político, como del drama amoroso entre Elena y Jorge, marcado por el sino cruel del amor imposible. Se basó en fuentes directas, sean orales o escritas, dando varias referencias a pie de página precisando sus datos. Prefirió utilizar un lenguaje formal y correcto en su escritura, sin reflejar en toda su dimensión, la riqueza coloquial y los modismos del habla popular arequipeña, recurso literario que recién vendría en el siglo XX. En la presentación de la edición leída Enrique Chirinos Soto observa el particular hecho de que las esposas de los caudillos involucrados en estos enfrentamientos, fueran arequipeñas: Cipriana De La Torre de Vivanco, Francisca Diez Canseco de Castilla, y Victoria Tristán de Echenique.


El fondo de la trama narrativa es la guerra civil más larga y una de las más sangrientas que ha tenido el Perú republicano: la revolución que inicia el pueblo de Arequipa acaudillado por Vivanco, contra Castilla, a fin de inhabilitar la Constitución liberal que hizo promulgar siendo presidente provisorio, y en rechazo a la corrupción y la dilapidación de la hacienda pública. Es preciso acotar que Vivanco no estuvo a la altura de sus seguidores, careció del liderazgo necesario y no retribuyó con la confianza debida al pueblo que lo seguía.


Este enfrentamiento se dió entre noviembre de 1856 y marzo de 1858, finalizando con la victoria de las fuerzas de Castilla, que terminaron de romper la tenaz resistencia del pueblo arequipeño a un altísimo costo de vidas humanas. Esta hermosa novela es un himno al fervor cívico de la Ciudad Blanca, cuyo summun es la gesta heroica del histórico batallón "Los Inmortales" (del cual forma parte el personaje de Jorge, gran artista del pincel no obstante su oficio de carpintero). A mediados del siglo XIX Arequipa observaba una tendencia bastante conservadora y clerical, fuertemente unida a principios cívicos. A fines del siglo XIX, el progreso generado por el boom lanero, la actividad mercantil e industrial, y el ferrocarril, produjeron una clase media de obreros, artesanos y estudiantes con mayor acceso a la educación y apertura a las nuevas ideas, que serían los motores de las luchas liberales (anticlericales y descentralistas) en la ciudad, y que tuvieron fuerza  hasta mediados del siglo XX.


En los dos capítulos transcritos abajo, se narra la práctica de dos géneros musicales en días de pleno asedio de las fuerzas de San Román -general castillista- a la ciudad: la mozamala (zamacueca o marinera) y el yaraví (un Imposible, característico del estilo melgariano). El uno costeño y el otro serrano, géneros emblemáticos del país confluidos en la idiosincracia de un pueblo mestizo que teniendo fuertes rasgos regionalistas, siempre ha evidenciado su profunda vinculación a los procesos culturales nacionales, no sin imprimir su estilo propio.



//m. cornejo


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Fuente:
Jorge o el hijo del pueblo
María Nieves y Bustamante
Arequipa : Corporación Departamental de Desarrollo, INC-Aqp, 1983, 594 p.
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(José es el padrino de Jorge, quien tomando su cumpleaños de pretexto, organiza una fiesta para presentar a la joven Virginia a su ahijado, a fin de que olvide a la señorita Isabel Latorre. No sabe que el verdadero amor de Jorge es Elena Velarde.)


XLV
El cumpleaños de José

Tres semanas después de lo expuesto en el capítulo anterior, José celebraba su cumpleaños con inusitada pompa.

No era solamente el deseo de divertirse lo que obligaba al honrado artesano a gastar en un día las economías de varios meses; otro fin se proponía.

Sus cavilaciones respecto a Jorge, eran cada vez más tenaces. No hacía muchos días que Luis había elogiado la dulzura de la voz de su amigo, aquella vez que ambos cantaron frente a los balcones interiores de la casa de Latorre, atribuyendo su melodía a lo entristecido que se hallaba esa noche el ánimo de Jorge.

Esto puso el colmo a los temores de José, quien después de pasearse largo tiempo en su cuarto, llamó a Rosa y conferenció con ella en secreto, haciéndole presente que amaba a Jorge como a un hijo y que pensaba en darle esposa. Recordó con este motivo a una tal Virginia, hija muy engreída de una honrada lavandera, la cual había estado en el colegio; sabía leer, escribir, peinarse y vestirse bien y nunca se había ocupado más que de la costura y las mallas y era muy virtuosa. En concepto de José, ésta era la única novia posible para su sobrino. Empero había la dificultad de que Jorge ni aún la conociese y esto era lo que se proponía salvar, invitando a la madre y a la hija, por medio de Rosa, al convite de su cumpleaños.

Esta aceptó la idea con el mayor entusiasmo.

- Hablales de Jorge -dijo José- diles cuanto él es, que no se necesita mayor elogio y no te olvides de ponderar su voz y lo muy bien que toca y canta.
- Descuida, que nada se me irá - repuso Rosa.
- Hagamos el último esfuerzo por distraer su pensamiento - dijo en alta voz el artesano, luego que estuvo solo.

El programa se cumplió al pie de la letra.

Por la mañana hubo misa de salud en Caima, con los padrinos respectivos. De regreso tuvo lugar el almuerzo expresamente preparado para el señor Cura, a quien tanto estrecharon que se vio precisado a aceptar. Presidió él la mesa, tomando asiento el del onomástico con su padrino don Rudecindo y Jacinta, que fue la madrina. Rosa, Jorge, Luis y los chicos.

Terminado el almuerzo, se retiró el señor Cura a quien acompañaron hasta la puerta los dueños de casa con visibles muestras de cariño y respeto.

Después cada uno se retiró a sus ocupaciones y las mujeres a hacer los preparativos del caso. Cerca de las dos de la tarde principiaron a llegar los convidados.

Cuando los hijos del pueblo se divierten, no necesitan de las ceremonias y cumplidos que gastan las clases elevadas y que por lo regular sólo sirven de fastidio.

La civilización ha dispuesto que las más elegantes formas oculten el rencor, la vanidad y la envidia que devoran a la culta sociedad.

Los hijos del pueblo no necesitan recurrir al antifaz cuando los ha reunido la amistad y la franqueza para darles un momento de alegría. Si alguno de los invitados tiene diferencias con otro, lo manifiesta sin rebozo al dueño de la fiesta y no asiste. La hipocresía, no hallando cabida en los talleres ha ido a refugiarse en los salones, donde magníficamente ataviada preside los festines.

Las familias de los artesanos, llegaron, pues, a casa de Rosa, alegres y sencillas. Las mujeres aseadas en sus vestidos y con dos trenzas bien peinadas; los hombres cubiertos de polvo; aquéllas venían de sus casas, éstos... de las trincheras.

José los recibió con su acostumbrada amabilidad. Tan luego como entraron Virginia y su madre, Rosa avisó que os picantes estaban en la mesa. Con demostraciones de entusiasmo se recibió la gran noticia y como no había tiempo que perder, todos se dirigieron al corredorcito que ya conocemos.

La mesa había crecido, gracias a tres o cuatro más que se le habían agregado; dos manteles y medio recién lavados, aunque sin almidón ni plancha, las cubrían. Los platos de todo porte, forma y color habían sido recopilados de toda la vecindad, incluso de casa de los convidados; en análogas condiciones estaban los cubiertos v las fuentes.

Estas contenían cuanto la cocina arequipeña tiene de más apreciado: conejos asados en palito, occopa adornada con cau cau, huevos duros, aceitunas negras y verdes loritos de liccha; seviche de camarones crudos; desastillado de boquillas; pollos hervidos con cebolla, peje-reyes al horno con llatan de rocotos, mote de habas con chauchas cocidas: quesos asados con papas, etc., etc.

Los alegres comensales prorrumpieron en aclamaciones al ver mesa tan bien provista: sentáronse en las bancas que les estaban destinadas y el banquete se celebró amenizado con enormes vasos de chicha. Pronto los cántaros quedaron vacíos, pasando su contenido más que a los estómagos a las cabezas de los artesanos.

La alegría, el entusiasmo, la algazara, subían de punto a cada momento. Los jóvenes prodigaban requiebros a las muchachas, la gente formal hablaba de política, trazaba planes, daba batallas, juzgaba a los militares, zahería a los unos, se burlaba de los otros, mezclando chistes, agudezas, ocurrencias originalísimas, todo en medio de carcajadas, choques de vasos, golpes de mesas, de un estruendo, en fin, capaz de poner en conmoción al barrio entero.

Luis y Jorge, a alguna distancia de la mesa, conversaban en voz baja, no sin gran contrariedad de las muchachas, que en vano se esforzaban por llamarles la atención.

Virginia que era la más bonita, y en su vestido y maneras revelaba cierta superioridad sobre las demás, tenía a un lado a su madre y al otro a Rosa, que la colmaba de atenciones; José de vez en cuando abría un paréntesis a la política para ocuparse de ella: y con satisfacción creyó notar que Jorge la atendía algo más que a las otras.

Esto, sin embargo, no era cierto. Para el joven cuanto le rodeaba le era indiferente.

Las sombras que principiaron a reemplazar al sol, advirtieron a la reunión que el día tocaba a su fin.

- ¡Diantre! - exclamó José dándose una palmada en la frente - ¡No hemos ido a la trinchera!
- ¡Caramba! ¡Cómo se nos ha ido el día! - dijo otro.
- Qué dirán de nosotros! - objetó don Rudecindo
- Irán mañana - dijo Jacinta - alguna vez se han de faltar
- Tiene Ud. razón, ahora sólo debemos pensar en dos buenas guitarras, que harta falta están haciendo - dijo un joven llamado Narciso
- Si, si, que bailen, que canten, dijo José
- Yo tengo una vihuela de primera clase -dijo Don Rudecindo- si quieres iremos a traerla.
- Sí, porque la mía está descompuesta
- Vamos – dijo Narciso poniéndose el sombrero- yo tocaré la de Ud. Don Rudecindo, Jorge tiene otra lindísima.
- Vamos, pues.

Ambos salieron sin que la mayor parte de la reunión se hubiese apercibido de nada.

A las ocho de la noche la sala principal de la casa de José estaba casi convertida en una Torre de Babel, donde cada cual procuraba expresar su buen humor de diferente modo.

Unos cuestionaban, otros cantaban, aquéllos ensayaban brindis, éstos se sentaban en el suelo en torno de una botella a la cual apostrofaban en medio de las risas de los demás.

Don Rudecindo, en un extremo de la sala sentado en una silleta sin espaldar, se aplicaba a templar una guitarra, con tanta fatalidad que cuando ya principaba a preludiar una moza-mala, ¡zás! se arrancó una cuerda.

-Mira, Andrés – dijo a un chico que estaba a su lado- ve a comprar una prima y una segunda de donde doña Toribia, ¿conoces?
-Si, a la mitad del callejón.
-Eso es.
-Que tiene un loro en la puerta.
- La misma. Toma hijo, toma; pero no hay sencillo.
-¿Y si no hay vuelto?
-Lo dejas. Anda volando.

Don Rudecindo puso en la mano del muchacho un peso fuerte y éste salió brincando.

-Que bailen doña Jacinta y don Silvestre, una glosa don Rudecindo – dijo Virginia.
- Han ido por cuerdas.

Las muchachas hicieron un gesto de impaciencia.

- Qué, ¿se han arrancado? – preguntó José aproximándose
- Si ahijado, falta la prima

José tomó la guitarra para componer la cuerda.

-Es demás ahijado, se ha roto de muy abajo, ve Ud?
-Tiene Ud. razón, padrino pero para un baile de pañuelo no hace falta la prima; lo que siento es estar con el brazo mal.
-¡Un baile de pañuelo! – gritaron varios
- Que toque Don Rudecindo.
- A eso voy - dijo éste tomando la vihuela y rasgando con todas sus fuerzas
- Parejas! - gritó José con solemnidad. Al punto salieron dos.

Jacinta y don Silvestre, Narciso y Virginia. Don Rudecindo cajeaba con los dedos sobre la vihuela. Por fin, las parejas se pusieron en movimiento y ahijado y padrino empezaron a glosar

El naranjo en el huerto
No da naranjas
Porque da los azahares
De la inconstancia.

Para qué me dijiste
Que me querías
Que sólo con la muerte
Me olvidarías.

Al llegar aquí José gritó: - ¡Fuego!

Al instante todos los presentes principiaron a jalear, unos con las manos, otros golpeando las mesas o las bancas; pero todos acompasadamente sin perder el aire de la música. El baile se hizo más arrebatador y los cantores, sin pérdida de tiempo, continuaron:

Fuego violento mi alma
Fuego violento
Me violentas el alma
Y el pensamiento
Ayayay y así decía
Un enfermo de amores
Que se moría.
Que se moría, sí
Que se moría.

- Dos, dos, dos, uno sin otro no vale, uno sin otro no vale.

Don Rudecindo volvió a principiar.

Desde entonces la jarana subió extraordinariamente de punto.

Las mozamalas se sucedían sin interrupción, los glosadores se turnaban y las copitas de resacado iban y venían, sosteniendo el buen humor.

Los borrachos empalagosos, que después de fastidiar a todos terminan por dormir, no pertenecían al número de los amigos de José. Todos eran artesanos honrados y pundonorosos como él.

Por eso la alegría, no el desorden, presidía la fiesta.

Rosa notó la ausencia de Jorge y de Luis y se lo hizo advertir a su marido en voz baja.

- Es verdad - dijo José-, ¿dónde se habrán ido?

Y salió en su busca.

Si el lector quiere seguirnos, podremos encontrarlos antes.

XLVI
El yaraví

La luna cruzando solitaria por el transparente azul del cielo enviaba raudales de luz de plata sobre las frescas plantas del jardín.

Jorge sentado bajo la frondosa parra, sobre un banco de piedra, contemplaba su misteriosa carrera.

La noche estaba deliciosa. Una aura juguetona y ligera rozaba la frente del joven.

La algazara de la función, los cantos, las carcajadas, el sonido de las copas llegaban hasta él, levantando un eco doloroso en su corazón.

Aquella alegría le hacía daño, le envolvía en una tristeza indefinible.

Luis le había dicho que iba a ver a Cecilia y lo había dejado solo.

No hallándose Jorge con ánimo dispuesto para tomar parte en la diversión y atraído por los encantos de la naturaleza, prometió a su amigo aguardarle en el jardín.

La serenidad de la noche, la apacible claridad de la luna, el delicioso ambiente de las flores, los misteriosos genios de la soledad, se apoderaron de aquella soñadora alma de artista y principiaron a pulsar sus fibras, cual las de una lira.

Nunca como en esos momentos había sentido Jorge la necesidad de amar y de ser amado; pero en su corazón sólo había el vacío y la desolación.

Sus ideas fluctuando en un océano de tristeza, eran vagas e inconstantes, hasta que fijándose en los primeros años de su infancia, despertaron sus adormidos recuerdos.

Su madre surgió de improviso del seno del pasado. Era una mujer hermosa, cuya rubia cabeza adornada con algunos hilos de plata, se inclinaba al peso de un dolor oculto.

Su Padre... ¡Ah! Era la página en blanco de su historia.

¿Qué misterio envolvía su nombre? ¿Por qué nunca lo había oído pronunciar?

Acaso por la primera vez de su vida Jorge se hacía estas preguntas.

Jorge tenía la idea de que su padre había muerto antes de su nacimiento; mas esta noche, por primera vez, pensó que era lo más extraño, que un hijo, sin ser expósito ignorase el nombre del autor de sus días, por primera vez fijó su consideración en que además de la de su madre, debería tener otra familia y se admiró de que jamás le hubiese dicho nadie: eres mi pariente.

Jorge retrocediendo hasta su cuna, se encontró con Elena. Entonces cambiaron de dirección todos sus pensamientos y fueron a reconcentrarse en aquella niña tan bella como candorosa, que se le apareció sonriente como la luz matinal. Después apagándose poco a poco esa sonrisa, la vio trocarse en lágrimas y éstas en diamantes que la resignación puso en forma de diadema sobre aquella frente casi infantil, que el martirio circundaba de luz.

El estrepitoso jaleo de una mozamala despertó al joven de su ensueño.

Tenía los ojos humedecidos y su mirada se encontró con la argentada luz de la luna, entre cuyos rayos había creído encontrar su visión.

- Que se repita, que se repita - gritaban los jaranistas entre risas y palmoteos.

Jorge se estremeció.

Parecióle que la realidad se burlaba de la ilusión y que lanzaba a su rostro una carcajada cruel.

Aquel rumor de fiesta, aquella algazara que zumbaba en sus oídos, mientras en su alma se alzaba el funeral de la esperanza, era un contraste que helaba la sangre en sus venas. Una mano se posó en su hombro y Jorge se volvió con un movimiento nervioso.

Era Luis.

- ¿Tan pronto? -preguntó Jorge tratando de tomar su acento y aire habitual.
- Fui volando, la he visto, está bien - repuso Luis con su atolondramiento de siempre.
- ¡Jorge! Luis! - gritó José desde el patio.
- Allá vamos - contestó éste y volviéndose a su amigo: tenemos que cumplir nuestro compromiso - dijo.

- ¿Cuál?
- ¡Toma!, el del yaraví; no sé qué laya de cabeza es la tuya que no te acuerdas de que nos comprometimos con tu tío a cantar uno.

- Tienes razón, lo había olvidado.

Jorge se puso de pie.

- Espera - dijo Luis, deteniéndole-, quiero decirte una cosa.
- Di.
- Tu tío mira con muy buenos ojos a Virginia.
- ¿Y qué?
- Rosa le hace muchas atenciones.
- ¿Qué hay de extraño?
- Que puede importarte mucho.
- ¿A mi?...
- Como que si la chica te gusta...

Jorge hizo un movimiento de displicencia.

- Tienes amplia protección - concluyó Luis.

En los labios de Jorge se dibujó una de esas sonrisas indefinibles que le eran peculiares en determinados momentos; y por toda respuesta, dijo secamente:

- Vamos.
- ¡Hola!, desertores, ¿dónde han estado? - fue el saludo casi unísono que se hizo a los jóvenes cuando entraron a la sala.
- Merecen un castigo.
- ¡Que se les multe!

A la vez, lo menos ocho copitas amenazaban a nuestros amigos.
- ¿Quieren que cante? - preguntó Jorge.
- Sí - respondieron infinidad de voces.
- Pues entonces no me obliguen a tomar.
- ¿Que no ha de tomar?, ¡no faltaba otra cosa!
- Si no quiere por bien, tomará por la fuerza - dijeron varias mujeres.
- Sí, tome Ud., tome Ud. - decían varios presentándole las copitas.

Luis, que no se hizo rogar tanto y que ya tenía la copa en la mano, dijo a su amigo:

- Mira que se van a enojar contigo si no tomas. José también le decía:
- Condesciende con los amigos; un poquito no ha de hacerte mal.

Jorge aceptó una copa con la condición de que no habían de exigirle otra.

- Se lo prometemos - repusieron.
- Entonces, a la salud de todos ustedes.
- Lo mismo digo yo -agregó Luis-, pero ustedes nos acompañarán .
- Con el mayor gusto. Las copas se llenaron.
- ¡Salud!
- ¡Hurra!

Chocáronse los cristales, suspendióseles a los labios y desapareció su contenido.

- Ahora ¡a tocar!
- ¡Que cante Jorge!
- ¡Que cante Luis!
- ¡Un yaraví!
- ¡El prometido yaraví!
- Vamos, Jorge, esta niña sólo ha venido por oírte cantar - dijo José indicándole a Virginia.
- Voy a hacer lo que pueda, tío.

Luis sonrió maliciosamente.

Don Rudecindo aproximó la guitarra que apenas tenia tres cuerdas.

Luis desapareció, volviendo a los pocos minutos con una hermosa vihuela que entregó a su amigo.

El tomó la de don Rudecindo -Pero si no tiene cuerdas- dijo.
- Todas se han reventado - repuso aquél.
- Aquí hay encordadura completa - dijo Jorge sacándola cuidadosamente envuelta en un papel, de la caja de su vihuela.
- Arréglala tú - dijo Luis, dándole la guitarra de don Rudecindo.

Jorge la tomó y principió por quitarle las tres cuerdas viejas.

Como la operación era larga, todos volvieron a su primitiva diversión y renació la algazara.

Entretanto, Rosa sentada junto a Virginia, hacia el panegírico de Jorge.

José desde un ángulo de la sala, observaba a su sobrino, que ocupado en templar la vihuela, hablaba de vez en cuando en voz baja con Luis y a veces se sonreía.

- Esto va bien -pensaba el honrado artesano-, desde que le dije que Virginia quería oírle cantar, con todo entusiasmo se ha dedicado a arreglar la vihuela. Ahora parece que nada echa de menos; ni a Isabel; aseguro que en este momento no se acuerda de ella; ya debe estar convencido de que semejante amor es una locura y que Virginia le conviene; ahora veremos el canto que le dedique; eso será lo que esté acordando con Luis, un triste que parezca una declaración, un elogio a sus ojos, a sus cabellos…

- ¿En qué está Ud. pensando, ahijado? - dijo don Rudecindo, poniéndole la mano sobre el hombro - ¿O es que está Ud. durmiendo?
- No, padrino - repuso José sobresaltado por lo inesperado de la pregunta.
- Silencio, señores - dijo una voz que partió del lado de nuestros jóvenes amigos.

Al mismo tiempo se oyó un preludio tranquilo y dulce.

Todas las conversaciones se cortaron, todos los rumores se extinguieron.

Jorge y Luis se acompañaban maravillosamente con sus guitarras.

Los dulces sonidos fueron resonando cada vez más expresivos.

Gemían las cuerdas como el viento entre las selvas.

Diríase que un espíritu inmortal vagaba entre las vibraciones, que un alma sollozaba en los tañidos de esa música esencialmente nacional.

Los oyentes dominados por aquellos sonidos que les eran tan conocidos como sus propias lágrimas, tan familiares como sus propias penas, tan identificadas con su corazón, como su misma alma, guardaban religioso silencio.

El sereno semblante de Jorge iba adquiriendo el tinte de la melancolía más dulce; Luis, insensiblemente cambió la expresión de su fisonomía juguetona, por un aire impregnado de tristeza.

Al fin, de los labios de ambos jóvenes salió más como un suspiro que como un canto, esta estrofa:

Yo te dejaré de amar,
Se acabará mi pasión,
Seré ingrato a tus favores,
Y en otra pondré mi amor.

- Bien, muy bien - murmuró José, sin poderse contener.

Terminado el primer pasa-calle, como si Jorge reuniese sus perdidas fuerzas, tornó a cantar con enérgico a la vez que apasionado acento:

Cuando deje de alumbrar
El sol de oriente a poniente,
Cuando se consuma el mar
Y muera todo viviente,
Yo te dejaré de amar.

Jorge había pronunciado con tanta fuerza de expresión, con tal acento de verdad la apasionada estrofa de Melgar, que causó una verdadera conmoción.

José acababa de convencerse que nada había conseguido.

Cuando a todo corazón
Se le acaben sus latidos,
Y cuando no haya canción
De las aves en sus nidos,
Se acabará mi pasión.

Las cuerdas de los sonoros instrumentos sollozaban.

Cuando todos los verdores
De los campos se marchiten,
Y cuando todas las flores
En sus jardines no habiten,
Seré ingrato a tus favores.

Jorge pronunciaba las palabras una a una, como si pretendiera ser escuchado por otros seres que no se hallaban allí.

El silencio reinaba en torno de los jóvenes cantores.

Las notas más imperceptibles se oían.

Las voces se dejaron oír por última vez:

Cuando todo resplandor
Se obscurezca al medio día,
Cuando no sienta calor...
Usaré de alevosía
Y en otra pondré mi amor.


Cuando la última nota del yaraví se extinguió, muchas lágrimas silenciosas corrían y el aplauso general sólo vino después de un momento de silencio, sucediéndole otro más prolongado.

La emoción había sido verdadera.

Jorge se sonreía

Hubiérase dicho que disfrutaba de una victoria, gozándose en el dolor de sus víctimas.

Al fin José preguntó, con mal disimulada impaciencia:

- ¿Tú has compuesto esos versos?
- No, tío; nunca habría podido hallar yo imágenes como esas para expresar la imposibilidad del olvido; sólo Melgar pudo encontrarlas.
- A ti sólo te gustan las composiciones de ese poeta.
- Porque ninguno ha expresado el sentimiento, la ternura, el dolor, como él. Guerrero y poeta, patriota y amante, cantó a su amada y dio a su patria la vida. Desgraciado como todo hombre de espíritu superior, su amor no fue comprendido y su sacrificio no obtuvo recompensa; la patria no ha levantado un monumento a su memoria y sobre su tumba no hay una sola corona de laurel (*).

- Que cante Jorge otro yaraví - dijo Virginia.

Sí, sí, que cante, que cante.

Jorge volvió a coger la vihuela.

Dulce y tristísima la armonía, inundó de nuevo la habitación; el aire la levantó en sus alas, la llevó fuera y la dilató en el espacio y fue a herir otros corazones, con notas vagas, errantes, cual perdidas saetas emponzoñadas con dulcísimo veneno.

A la misma hora dos personas, una mujer completamente envuelta en su negro manto y un hombre embozado hasta los ojos, atravesaban Puente Viejo (**) con dirección a la ciudad .

La mujer parecía caminar difícilmente y se apoyaba en el brazo de su compañero.

El puente estaba solitario.

La luna rielaba sobre el agua del río Chili cuyo monótono sonido era el único que se percibía.

Por último, una campana de melancólico tañido, vibró en medio del silencio.

La mujer se detuvo; su compañero la imitó.

- Las nueve en Santa Teresa - dijo aquélla con voz dulcísima - ¡Qué triste es esta campana! y lanzó de su pecho un suspiro.
- ¿Estás fatigada? - preguntó el hombre con interés.
- Un poco; el viaje a caballo me ha hecho mal.
- Por eso me he apresurado a ponerte en tierra, dejando los caballos en el tambo.
- Sí, a pie estoy mucho mejor. ¿Distará mucho la casa?
- Unas cinco cuadras. La familia de tu amiga debe estar esperándonos; el arriero llegaría esta mañana.

Dieron algunos pasos más. La mujer volvió a detenerse.

- Enrique -dijo -, ¿qué bulto negro es ese que diviso?
- Debe ser la trinchera.
- ¿Y tu pasaporte?
- Aquí debe estar - repuso el hombre sacando del bolsillo una cartera y revisando los papeles a la luz de la luna -, aquí está - agregó.
- Vamos, pues - dijo la mujer dando sola algunos pasos vacilantes.
- Cuidado, no te vayas a caer, -dijo el hombre apresurándose a darle el brazo y agregó con afectuosa entonación: —Estás muy débil, mi querida Elena.

Poco después los dos viajeros se internaban en las desiertas calles de la población.

La campana de Santa Teresa continuó dando las nueve, triste y pausadamente, como un toque de agonía.


[...]
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(*) Posteriormente, Arequipa, al celebrar el centenario de su nacimiento, ha hecho su apoteosis y le ha levantado un monumento.
(**) Hoy Puente Bolognesi


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Video
El Pajarillo
Yaraví anónimo del siglo XIX
Recopilado y arreglado por Claudio Rebagliati.  No se especifica el origen pero por el formato (en música y acompañamiento con piano) responde al estilo del  yaraví arequipeño académico cultivado desde el siglo XIX.
Disco: "Mundo Azul. Piano popular del Perú". Homenaje a Doris Gibson (2010)
Piano: Flor Canelo



Marinera arequipeña con fuga de pampeña
La marinera es  del maestro charanguista Angel "Toro" Muñoz Alpaca; la pampeña se titula Mi pichoncita, compuesta por el charanguista Oswaldo Lima Manrique,  del conjunto Los Mistianos.
Conjunto Temple Diablo
Arreglo para cuarteto de guitarras: Pedro Rodríguez.
(Homenaje a Don Avelino Rodriguez por sus 50 años de trayectoria artística -ICPNA de Miraflores, 31 oct. 2007)